jueves, 3 de agosto de 2017

Contra el liberalismo, el dominio de internet y el Estado

Ciudad de México | Desinformémonos. En el siglo XIX uno de los problemas teóricos y situacionales más importantes que se discutía, consecuencia del surgimiento del proletariado y la revolución industrial, era el de la organización social del trabajo. Bien dice Wallerstein que las tendencias Socialistas, Conservadoras y Liberales no son sino una: liberalismo. Nostros agregaríamos también al Anarquismo (clásico), pues qué otra cosa es sino liberalismo hablar de “maximización de la libertad” como hacía Kropotkin. Una sentencia que nos remite a la discusión sobre el trabajo y la producción de valor, que ya Marx y Proudhon debatían y que no por “casualidad” los argumentos desarrollados por ambos partían de definiciones liberales sobre lo que es la propiedad, el trabajo, la riqueza, lo justo, el valor.


Desde mediados del siglo XIX se han documentado múltiples formas de organización del trabajo, en Asia, África, América, Europa y todos los continentes habidos y por haber. Marx y Engels elaboraron su teoría sobre el Estado a partir de la lectura de trabajos sobre parentesco en sociedades no europeas. Liberales, marxistas y conservadores, se enfrentaron también en las ciencias sociales. Polanyi, entre muchos otros críticos, cuestionó el liberalismo que se había incrustado en las ciencias sociales y particularmente en la economía, pues en si misma la separación de la economía en las ciencias sociales es producto del liberalismo, es decir del capitalismo, una cuestión que había sido pasada por alto. Ello ante la evidencia de que en otras sociedades la economía no se considera separada de la dinámica de las las relaciones sociales sino que se encuentra incrustada en ellas, como es en sí aunque nosotros lo separemos, o mejor dicho, nos lo separen los liberales. Triunfadores de una época que ha de acabarse porque su injusticia es y será memorable por el resto de los días de la humanidad.

Además de la concepción liberal de economía, otro tema importante que el velo liberal nubla es la cuestión del Estado. Pasados los siglos podemos afirmar que la idea misma de Estado es una concepción liberal. Viejas y nuevas discusiones en historia y antropología política sugieren que utilizar el término de nación y particularmente el de Estado debe limitarse a formaciones sociales capitalistas, puesto que otros sistemas políticos dan lugar a otras formas de organización social del trabajo. Por ejemplo, sabemos que en el posclásico tardío en Mesoamérica había formaciones políticas centralizadas basadas en el tributo, el parentesco y el tequio, pero quién nos asegura que estas sociedades tuvieran la concepción de Estado, reino o nación para referirse a sus propias formaciones políticas. Así como hay engaño en afirmar que la búsqueda de maximización es el principio transhistórico que guía las elecciones humanas, como afirman los liberales, así también es un engaño afirmar que el Estado es una formación política cuasi perene, la nación su amante inseparable, y que no hay nada más allá de ambos.

Después de la segunda guerra mundial se desarrolló la cibernética, la cual propuso la existencia de sistemas informáticos abiertos autoorganizados, integrados por flujos energéticos en circuitos recurrentes o feedbacks recíprocos, positivos o negativos, tendientes al equilibrio dinámico, mediante la autoregulación y la adaptación. Paul Baran ingeniero pionero en el desarrollo de redes informáticas propuso en 1964 tres sistemas comunicacionales, es decir, de relación e interacción, que hasta la fecha se reconocen como paradigma: la red descentralizada (Descentralized Work), la red centralizada (Centralized Work) y la red distribuida (Distributed Work). La propuesta de Baran ha sido aplicada al mapeo de relaciones sociales, particularmente “redes comerciales” y sistemas de mercado, tanto in situ como en el espacio virtual.

Cada uno de los sistemas comunicacionales propuesto por Baran se caracteriza por distinta formas relacionales, es decir, distintas organizaciones del trabajo, eso significa que el trabajo centralizado (Network), el trabajo descentralizado (Descentralized work) y el trabajo distribuido (Distributed work) producen diferentes sistemas sociales. Es un error afirmar que lo descentralizado es característico del capitalismo. Antropólogos e historiadores han encontrado evidencia de organizaciones descentralizadas en el Perú tras la desintegración del imperio inca derivado de la conquista europea. Mesoamerica mismo en el posclásico tardío no era un sistema centralizado, los mexica no dominaban todo Mesoamérica como algunos han mentido, otros múltiples pequeños y medianos sistemas políticos centralizados y jerárquicos recorrían y habitaban en Mesoamérica. Se hacían la guerra. De esta manera, a pesar de que no sabemos si los mexicas en el posclásico tenían la concepción de Estado o la de Reino, sabemos que su organización social del trabajo era centralizada, jerárquica y expansionista, lo que nos permite establecer semejanzas y diferencias con otras formaciones políticas históricas y establecer tipologías, en este caso, para afirmar que los mexicas eran un imperio de forma estructural en red con un centro dominante ubicado por algunos años en México-Tenochtitlan.
Finalmente, el tercer de los sistemas relacionales, asociado con el parentesco pero que no hay que reducir a él es el del trabajo distribuido o reciprocidad. La reciprocidad está en todas partes. Es sustento mismo de la comunidad. Los ecosistemas recíprocos son territorialmente pequeños en comparación con los imperios y las economías mundiales, afirma Wallerstein, sin embargo, no por ello descartamos que sea posible un macro sistema recíproco, en forma de malla, sin centros dominantes, aunque nadie asegura que en convivencia pacífica…
Una cuestión importante para la caracterización de las relaciones sociales es el punto de la negatividad. Si el don es positivo, la extracción es negativa, quitar en lugar de dar, lo que no significa que esto en si mismo sea bueno o malo, piénsese por ejemplo en los rituales de exorsismo y de expulsión de enfermedades, o por el contrario, en el condicionamiento pavloviano mediante el don. Los sistemas des/centralizados se basan en la acumulación/compartición, pero pueden también estar jeraquizados. Si un sistema es jerárquico es porque se basa en la extracción, quita para obtener, tras lo cual hace una distribución desigual. El capitalismo siempre ha sido un sistema extractivista, porque parte de la extracción de riqueza a partir del trabajo explotado y de la explotación de la naturaleza.

Los sistemas des/centralizados y jerárquicos extraen y redistribuyen desigualmente teniendo por límite la capacidad de carga del ecosistema mismo. Los sistemas políticos basados en el tributo existentes en la Mesoamérica del Posclásico no sólo obtenían riquezas de las poblaciones dominadas dentro del territorio, sino también de otras poblaciones habitantes de otros territorios; riquezas que se distribuían entre la nobleza, y en ocasiones festivas especiales entre todo el “pueblo” -otra concepción liberal. La compartición misma puede jerarquizarse si se privilegian ciertos atributos para la redistribución, hacer casting dicen algunas. Estados como el Cubano ha conseguido hacer una resdistribución “más o menos” justa de la riqueza de la que se apropia. El estado de bienestar keynesiano como el estado socialista, son sistemas altamente centralizados donde el Estado, en un contexto capitalista, funge como la principal empresa en competencia con otras empresas privadas. La nacionalización del petróleo como de otras fuentes de riquezas tenía la intención, ante todo, de que el Estado concentrara la riqueza producida en el territorio para idealmente distribuirla con justicia social entre su población. Nada más alejado de lo que sucedió en realidad a pesar de los mitos cardenistas. El neoliberalismo por su parte, pugna por el desmantelamiento de las empresas estatales y el empoderamiento de las empresas privadas, como parte de un sistema descentralizado, multipolar, donde incluso hay trasnacionales con más poder que algunos poderosos estados.

Dentro del espacio in situ como dentro del espacio virtual existen nodos institucionales de poder de significación. Lo que no se nombra no existe, se dice no sin razón. El surgimiento de “los medios de comunicación” como producto del surgimiento de la opinión pública, el periodismo, la clase política estado-nacional, ha sido una de las irrupciones más importantes en la escena política. En días anteriores, en el contexto de la crisis interna del periódico LaJornada, alguno de sus intelectuales reflexionaba que en todo el mundo los periódicos están en crisis existencial ante la internet. Más allá de los vaivenes económicos que afectan a todas las empresas en este momento, la razón de la crisis de los periódicos es muy simple: hemos dejado de comprar periódicos porque nos hemos dejado de encontrar en sus páginas. Los periódicos han funcionado históricamente como sistemas de acumulación de información que mediante ejemplares impresos la distribuyen al público. Los periódicos (y en general los medios de comunicación) son sistemas jerarquizados, no solamente por la organización del trabajo a su interior, sino porque la información que distribuyen está jerarquizada en importancia de acuerdo a sus intereses políticos. Es así que desde siempre, quienes son noticia, quienes son presentados como actores de la escena política han sido los políticos / criminales, y sus fechorías la noticia diaria. El periodismo liberal está enfocado en el honor. Nadie lo nombra pero está en boca de todos.

En el siglo XIX los periodistas se mataban entre sí por causales de honor. Irineo Paz, abuelo de Octavio Paz, asesinó a balazos al hermano de Justo Sierra, Santiago, en un estúpido duelo de honor. Hoy día, decenas de periodistas continúan muriendo asesinados por dañar el honor (autoestima y reconocimiento público -nada que ver con la decencia-) de empresarios y políticos. Gastar en la compra de un periódico donde los actores son los políticos rateros y asesinos, es un gasto insulzo, un lujo que sale caro darse diario. Por ello es que los periódicos de nota roja siguen manteniéndose con altos volúmenes de venta. Es en sus páginas donde la gente común, de los barrios de las grades urbes, continúa encontrándose: generalmente en fotos donde aparecemos muertos, heridos, accidentados, sucidados, violadas. El problema con la baja en las ventas en LaJornada es que de un tiempo a la fecha hemos dejado de encontrarnos en sus páginas, y me refiero a la generalidad de la gente que resistimos la crisis del Estado y la Sociedad mexicana. A mediados de los 90’s periódicos como El Financiero si bien no cubrían las noticias de la gente de abajo, tenía una significativa sección de “Cartas del lector” donde se publicaban comunicados de grupos guerrilleros, organizaciones sociales y políticas; esta sección luego desapareció. El éxito de sistemas informáticos como facebook o twitter se debe a que en sus “páginas” podemos encontrar noticias de sucesos, muchos de ellos vanos, pero que son escritos por y para nuestros amigos, familiares, conocidos, etc. Durante mucho tiempo, por las notas de “sociales” de periódicos como El Universal, Reforma y otros, hemos podido saber, por ejemplo, de los enlaces matrimoniales entre ricas familias de “alcurnia”, pero nunca de las fiestas patronales de los barrios y pueblos siempre folclorizadas. Eventualmente en LaJornada continúan publicando notas sobre problemáticas en pueblos, barrios, fábricas, pero generalmente en tono de “noticias de la represión” y no cubriendo los eventos de la gente de abajo (“nos mandan un resumen y vemos si cabe, siempre responden los editores cuando se les invita a cubrir un evento).

LaJornada siempre ha sido un periódico asociado intelectualmente a partidos de la “izquierda institucional”, profundamente liberales, primero al PRD y actualmente a MORENA, por lo que para nada es extraño que su “correo ilustrado” sea espacio de difusión para comités morenistas y que desde sus páginas se critique a movimientos sociales anticapitalistas, antiliberales, antiestatales, antipartidistas, lo mismo al EZLN que a la Okupache de la UNAM, aunque por ahí se cuelen textos y autores que le den un tono plural/liberal al periódico. Tampoco debe causarnos sorpresa que cada vez con mayor recurrencia encontremos en los grandes mass media la publicación de informaciones en las que se da cuenta de eventos “intrascendentes” para la vida polítca y aun para la vida cotidiana, pero que tienen millones de likes, miles de millones de visitas que les dan a ganar miles de dólares. La gente los consume porque ahí se encuentra.
Aunque pareciera que los nodos de hosting que brindan servicios de alojamiento web/email/streaming (entre otros servicios) se han multiplicado por todo el espacio virtual -algunos de ellos de carácter autónomo y autogestivo, y que ello constituye en si un sistema descentralizado, sin centros dominantes, esto no es ni parcialmente cierto pues como afirman los compañeros de Críptica, “Internet es una estructura material que se compone de cables submarinos cuyo control da acceso a gran parte del tráfico global de paquetes” (materialidad digital); este control se realiza mediante centros de concentración y distribución de información. Estos cables de fibra óptica submarinos pueden transmitir arriba de sesenta terabaytes por segundo, aproximadamente 500 mil millones más rápido en la tasa de transferencia de datos que el disco duro más rápido Ultra DMA 66 que transmite a 33.3 mbs por segundos o el Ultra2 SCSI LVD que transmite de 40 a 80 megabytes por segundo. Los propietarios de estos cables submarinos son grandes compañías como Level 3, Telcel, Google, Microsoft, Facebook, lo que significa que la mayor parte del tráfico mundial de datos pasa por sus servidores, lo que hace de la internet una red centralizada, regulada y vigilada. México está conectado a la red mundial mediante el Pan-American Crossing (PAC) operado por la empresa Level 3 que corre por el Océano Pacifico con 10,000 kilómetros y que toca tierra en Mazatlán y Tijuana, y recorre el centro de México; el cable submarino ARCOS, que corre por el Caribe con 8,600 kilómetros y que toca tierra en Tulum y Cancún propiedad de la Columbus Networks y recorre quince países de la cuenca del Mar Caribe; y el cable AMX-1 propiedad de Telmex y que viaja más de 17 mil kilómetros enlazando EE.UU., México, Guatemala, Puerto Rico, República Dominicana, Colombia y Brasil. El tendido de fibra óptica en Estados Unidos o Europa es de miles de kilómetros, como puede verse en el mapa que acompaña este texto y se compone de múltiples centros nodales, sin embargo, en otros territorios del mundo la conexión a internet se realiza mediante servidores específicos y únicos, como en el caso de México, África, China, Turquía, lo que permite al Estado censurar lo que en su territorio puede ser accesado en la internet. En este contexto, la encriptación de datos no solamente es una necesidad de los usuarios para preservar su seguridad y privacidad, sino también una lucha contra los grandes dueños y espías del internet. De esta manera, por otro lado, aun cuando la posiblidad de utilizar software libre nos hace parte de la resistencia, las grandes empresas de hardware continúan teniendo el control sobre la producción de equipos informáticos, Appel, Intel, Lenovo, Samsung, etc., lo que sigue poniendo a los usuarios en desventaja tecnológica.

Dejando de lado idealismos, consideramos que la definición más acertada y útil de “revolución”, consignada por Peter Calvert en “Análisis de la revolución” y retomada del diccionario de Oxford es aquella que define revolución como el “derrocamiento completo del gobierno establecido de cualquier país o Estado, por quienes antes habían estado sujetos a él; su sustitución forzosa por un nuevo gobernante o por otra forma de gobierno”. Si el Estado es una red centralizada, lo más lógico es atacar el centro del sistema, su gobierno, así como sus fuentes de abastecimiento de recursos -incluso haciéndolo de manera descentraliada, por ejemplo atacando los pozos petroleros. El problema con la teoría política derivada de esta concepción de revolución es que se plantea la toma del poder del Estado y no la destrucción del Estado mismo, y por tanto el acabamiento del capitalismo.

De acuerdo a Peter Calvert, la única revolución radical es aquella que surgida en la periferia tiene la capacidad de tomar el Estado y llamar a la Asamblea Constituyente, siendo en ese espacio de ideal discusión colectiva y horizontal donde se tiene posibilidad de acabar con el Estado anterior, fundar una nueva organización social del trabajo y una nueva forma de distribución de la riqueza. En este sentido, puesto que no todos los procesos de trabajo son iguales, es muy posible que algunos requieran de organizaciones centralizadas, mientras que el éxito de otros dependa de trabajo coordinado y descentralizado, o incluso primordialmente de trabajo recíproco y distribuido. Demonizar el trabajo centralizado y alabar el descentralizado o el recíproco, es no comprender que distintos sistemas sociales implican distintas formas de organización del trabajo y que la aplicación de uno u otro en procesos del trabajo específicos -como (auto) gobernarse- está en relación a condiciones materiales e intelectuales, por lo que lo injusto o justo de ellos no depende de la centralización, sino de la existencia, o no, de jerarquías internas, de la existencia y polarización de clases, de la explotación de las personas y la naturaleza. En este sentido pensamos que intentar justificar la represión de un Estado, altamente centralizado y jerarquizado como es el venezolano, comparándolo con el estado mexicano, el estado español o con cualquier otro estado fascista es a todas luces un despropósito, puesto que todos los Estados son capitalistas y definitivamente no hay unos más justos que otros aunque se pretenda hacernos creer lo contrario desde Noruega, Alemania, Suiza o España, etc.

La Asamblea Constituyente convocada por Nicolas Maduro, aunque encaminada a reformar el estado venezolano para consolidarlo frente a las amenazas de la oligarquía liberal conservadora entreguista, tiene la oportunidad de poner en marcha un renovado proceso de organización social del trabajo que se oponga decididamente a la dinámica extractivista y explotadora del sistema capitalista. Sin embargo, es claro que no lo va hacer. Por el contrario estamos seguros que siguiendo los pasos de Lenin en 1921, la constituyente decretará una NEP apegada a los principios del capitalismo de Estado. Un destino que vendrá a confirmar lo asegurado por Wallerstein, el socialismo es una variante del liberalismo. Con esta afirmación no pretendemos negar los aportes y las luchas de liberación de los “pueblos” en siglos anteriores, queremos derribar las trabas que nos impiden avanzar en esa misma lucha, el liberalismo y el estado son una barrera ideológica para muchos infranqueable.

Los compañeros zapatistas en su convocatoria del Comparte Digital han cuestionado agúdamente si ¿Es posible otro internet, o sea otra red? y si ¿La Red es un espacio de dominación, de domesticación, de hegemonía y homogeneidad? ¿O es un espacio en disputa, en lucha? De acuerdo a lo explicado atrás, pensamos que precisamente porque el internet es una red centralizada y jerarquizada, es que también a su interior existen espacios de lucha y resistencia contra la dominación, la hegemonía y la homogeneización. Sin embargo, ello no asegura que sea posible otro internet, al menos no si para existir continúa susténtandose en los cables submarinos de fibra óptica propiedad de empresas privadas, y si sigue controlándose centralizada y jerárquicamente, lo que implica nodos institucionalizados de poder significante que nombran y hacen existir lo que conviene a sus intereses. Este mismo argumento es aplicable al Estado.

Es decir, si bien es posible la resistencia ante la dominación y hegemonía del Estado, ello no significa que sea posible un Estado que no esté basado en la acumulación por extracción/explotación, aunque pudiera variar el grado de desigualdad con la que distribuye entre la población su riqueza acumulada ¿o es que lo contradictorio es una utopía ante la sobrepoblación y el agotamiento de la naturaleza?. Pensamos pues, que así como no es posible otra internet tampoco es posible otro Estado, con características justas y libertarias, puesto que ambos sistemas son relacionalmente semejantes. En este sentido y siguiendo a Wallerestein, pensamos que para imaginar y construir sistemas informáticos y de organización social del trabajo, distintos a los que hoy son capitalistas y hegemónicos, tenemos que abandonar de una vez por todas el liberalismo y su postura antropocéntrica e individualista. Enseguida hemos de preguntarnos, reflexionar colectivamente sobre cuáles son las bases materiales y culturales para construir sistemas informáticos, comunicacionales, de intercambio comercial y de organización social del trabajo, basados en la distribución equitativa del placer y del dolor, la riqueza y el trabajo, lo que no niega la posibilidad de la existencia de centros, pero si la de jerarquías, clases sociales y Estados.

Durante y después de las protestas antiglobalización que pusieron en jaque a Seattle en 1999, surgieron en el mundo gran cantidad de “centros de medios independientes”, entre los que destacaba la “red global” Indymedia, la cual de unos años a la fecha perdió toda la presencia que logró a inicios del siglo XXI, debido posiblemente a procesos internos de centralización, burocratización, jerarquización y mediatización, así como por los ataques de censura, vigilancia y represión, de la que fueron objeto, por ejemplo en Génova 2001, Londres 2004, Oaxaca 2006, por mencionar algunos eventos, donde no solamente indymedia fue atacada sino que el ataque fue dirigido contra todos los nodos salientes de información. En la lucha contra la desinformación y la mentira, el surgimiento en todo el mundo de los llamados “medios libres”, estableció múltiples frentes de batalla en contra de los grandes medios de comunicación y manipulación mediática mundial. Dos tendencias se han manifestado en los “medios libres” o “independientes”, la de aquellos que emulan (en pequeño) a los medios tradicionales de comunicación y sus formas de hacer periodismo (liberal), con periodistas amateurs o profesionales, y aquellos que teniendo una posición política clara contra el Estado y el Capital, apoyan dedicidamente procesos de rebelión, autoorganización y autonomía, convirtiéndose así en medios de agitación política más que en simples medios de comunicación. Mucho tiempo nos hemos estado preguntado si es funcional y efectivo centralizar la información como han hecho históricamente los medios masivos de comunicación. Pensamos que más que idear un gran aparato de comunicación intergaláctica por el que nuestro mensaje anticapitalista llegué a otras galaxias, tenemos que construir otro sistema de comunicación para lo cual hay que repensar la transmisión de información de persona a persona, no importando si se realiza in situ o en el espacio virtual, construyendo una malla de reciprocidad informativa que nos permita atacar y resistir, tanto la represión como el derrumbe del edificio (superestruktur), no solamente de los Estados, sino de toda la economía mundial capitalista.

Además de esta labor diaria, feminista y antipatriarcal, consideramos atinado y necesario apoyar la formación de una estructura organizativa como el Concejo de Indigena de Gobierno que vaya alzando la cabeza no sólo ante nuestros oponentes, sino sobre todo como construcción de nuestras formas de autogobierno, autonomía, autogestión y libertad. La guerra se va expandir en un corto tiempo. La narcoviolencia va pegar con fuerza en la ciudad Estado, el distrito federal, la ciudad de México, en el marco de las elecciones del 2018. Si el crímen va tomar la capital, nosotros tenemos que tomar los pueblos y las regiones. En la idea de tomar el Estado, mucho tiempo las regiones han resultado una limitación ante la primacía de la nación mexicana, sin embargo en la idea de desaparcerlo, las regiones serán nuestra fortaleza. Es desde la periferia y no desde el centro que tenemos que idear y construir otros sistema sociales
Una de las tareas del Concejo Indígena de Gobierno, para no convertirse en vanguardia susceptible de ser eliminada, es apoyar el fortalecimiento de otros concejos regionales, lo que significa que la forma estructural de nuestra organización anticapitalista no debe ser en red, con un centro jerárquico, sino en malla y múltiples centros.

Bien decía Pancho Villa, contra lo que aseguraba Zapata en el Plan de Ayala, que la distribución de la tierra y las formas de organización social del trabajo, debían discutirse y decidirse regionalmente y no desde la centralidad del Estado nacional. De las propias y de otras experiencias de lucha en el mundo debemos aprender a resistir, a hacer la guerra, y sobre todo, a construir sistemas sociales basados en relaciones de libertad, justicia, apoyo mutuo. Difundir información, saberes, prácticas, experiencias, de esas luchas que se han dado, que se están dando y que se van a seguir dando, es vital para que caigan todos los estados en todo el mundo, y también el liberalismo y el internet. La MeshWork es posible.