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jueves, 29 de agosto de 2019

Persiste violencia contra las mujeres mexiquenses

En los primeros ocho meses del año consejo estatal que atiende este delito, ha atendido a 762 mujeres violentadas




La violencia física, psicológica, verbal y sexual es un fenómeno persistente contra la población femenina, problemática que atiende el Consejo Estatal de la Mujer y Bienestar Social del Estado de México, una instancia que registra diversos casos de agresión contra mujeres que son tratados en los cinco refugios que opera este organismo dependiente de la Secretaría de Desarrollo Social en la entidad.

De acuerdo con dicho consejo, en los primeros ocho meses del año se han atendido a 762 mujeres violentadas, a quienes junto con sus hijos se les ha brindado apoyo de hospedaje, sicológico, alimenticio, escolar y jurídico.


El caso de Ofelia, una mujer originaria de Almoloya de Juárez, y quien durante ocho años sufrió violencia física, sicológica y verbal por parte de su esposo, llegó a uno de los refugios del Consejo Estatal de la Mujer y Bienestar Social.

Las agresiones no sólo las padeció ella, sino también sus cuatro hijos. En relatos que quedaron como testimonios de manera oficial, Ofelia dijo que “a los 15 días de que me junté con él empezó como jugando a jalarme el cabello, a darme una cachetada, una patada, y yo lo veía como normal, decía, pues es un juego, después él me pedía perdón y yo caía”.

Agregó que su esposo le decía que ella era una infantil; “que yo no servía para nada, que sin él yo nunca iba a salir adelante y sí, llegué al momento de creérmela”.

Sin embargo, sus hijos fueron quienes la motivaron para salirse de su casa y dejar de lado las faltas de respeto, celos y agresiones por las que pasaba, fue así como llegó al Centro de Justicia para las mujeres de Toluca.

Ahí rindió su declaración y fue canalizada al refugio, donde recibió de manera inmediata una casa, ropa y apoyo psicológico para que pudiera salir adelante.

“Me recibieron muy bien, nos dieron ropa nueva, una casita, nos dijeron que nos podíamos bañar. Ahí en el refugio está una escuelita, nos daban talleres, computación, había repostería, nos daban bisutería corte y confección”, comentó Ofelia.

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