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El Mexiquense hoy

martes, 7 de agosto de 2018

Las peregrinaciones.






Recorridos de Fe el profundo sentimiento de devoción impulsaba a los fieles a realizar largos y fatigosos peregrinares hacia los santuarios más famosos.

A través de todas las religiones, el hombre ha caminado hacia sus sitios sagrados. Es la búsqueda y el encuentro de la criatura con su fuente de poder, con el lugar donde encontrará su centro, con el locutorio adecuado a la comunicación trascendente. Podríamos decir que lo que le da carácter al santuario es el culto, y un indicador son las procesiones.
Las peregrinaciones las encontramos tanto como recurrencia a los centros ceremoniales prehispánicos como en la más profunda tradición espaciosa y cristiana. La mayor parte de los grandes lugares de culto católico suplantaron a los antiguos santuarios y nuestro santoral encuentra un gran paralelismo con las funciones protectoras o impetratorias de las antiguas deidades.
Así, los templos marianos sustituyen a los de Tonantzin, Cristo y los santos a Tezcatlipoca, Tláloc, etc., toda la historia de nuestras culturas prehispánicas no puede interpretarse sin la inmersión absoluta en su sentido teogónico. Todo el arte y la creación indígena es un sublime canto espiritual.
El hombre europeo ventiló su rostro con nuevos climas cuando en el ideal de la Cruzada se enfrentó a culturas y a nuevas realidades. Las Cruzadas fueron choques, pero incógnitas despejadas en las dudas de los pueblos, fueron abrazo hacia lo nuevo y amalgamas de comercio que perfilaron frescos derroteros al espíritu.
Los caminos de toda la cristiandad hacia Roma originaron las romerías que concentraban al creyente ante la cátedra de Pedro. Durante la Edad Media, en la búsqueda escolástica de las huellas de los apóstoles o de las reliquias sagradas, se fueron abriendo los itinerarios a las peregrinaciones desde el piadoso v altruista romero hasta el que se cumplía contrito con la penitencia de visitar cubierto de sayal y grillos, los sitios señalados para la contrición. El camino de Santiago Apóstol, bendecido por la Virgen del Pilar, es la Vía Apia de la espiritualidad andariega española y europea. El peregrino se lanza a los caminos de la caridad sin más equipaje que el sayal, el báculo y la confianza en el Dios que no deja morir de hambre a las aves del campo.
Los peregrinos medievales fueron generadores de turismo y de comercio a la vez que actores determinantes en el encuadre de las ciencias humanas. En el México del siglo XVI el celo medieval fue mediatizado por la reflexión renacentista y el mensaje florido a los dioses o gestores naturales, fue callado a la puerta delcuicallio casa del canto.
El sincretismo se dio en las formas encauzadas inquisitorialmente al reducto del atrio. Sólo con el tiempo las imágenes sagradas lograron su fama taumaturga y el pueblo desesperado y fidente volcó su confianza en la intercesión milagrosa. Los polos del poder divino se dieron a conocer por los milagros, y empezó el compromiso del agraciado llevando su exvoto o constancia del favor recibido. La acumulación de éstos incrementaba el fervor y recurrencia al santuario.
Sin embargo, el paso del peregrino no despertó en México la incorporación solidaria de la población transitada. Al no tener en nuestro país la peregrinación el grave aspecto penitencial, no obstante los excesos masoquistas de algunos, hizo que se incorporen a ella mentes aventureras, cuando no encubiertos malhechores que al descuido del piadoso peregrino realizaban hurtos y atropellos. Por lo demás, al faltar el ánimo protector de la población en tránsito tuvo el novel peregrino que autofinanciar su peregrinar.
Los conventos, habitados por dos, tres o pocos frailes nunca tuvieron en México la posibilidad de ayudar a peregrinos y cuando bien les iba, sólo se les brindaba la acogida del ventorrillo o construcción atrial para dar techo a la feligresa en las fiestas patronales.
Uno de los aspectos más ricos de la recurrencia está en la expresión del folklore mediante las danzas y la prestancia del vestido en sus mejores manifestaciones étnicas. Sin duda, el talento transformador del misionero, más que la falta de percepción, como se ha dicho, aprovecha el impulso artístico Y el emotivo del catecúmeno para revitalizarlo en el nuevo culto. La adoración al sol como principio de la creación reverenciando los cuatro puntos cardinales para invocar al astro vector en favor de la fecundidad de la tierra, es el bello rito de la danza del volador que se sigue practicando, cristianizado, en infinitos sitios.
El anacronismo con toda mezcla de culturas lo vemos en las danzas de los Santiagos, los Doce Pares de Francia, Moros y cristianos, Toreadores, Negritos, etc. En los diálogos igual puede faltar una página del texto que interponer una ajena. Quizá el contenido no sea lo más representativo, pero si el vigor y la pasión por el papel desempeñado
Las velas y veladoras juegan un papel importante en el cumplimiento de “la manda” y tienen un doble origen que quizá la rutina ha transformado. La luz es el símbolo de Dios —como lo dice el evangelio de San Juan— y la llama que se ha encendido en nuestros corazones arde en la fe y la esperanza ante el altar de Dios, es decir: “Aquí estoy, te agradezco, te amo”, es el producto de la tierra que el hombre ha transformado y ofrece al creador en sustitución de los antiguos sacrificios.
Hogar significa sitio de la hoguera porque en las primeras culturas la familia se reunía en torno a ella que daba luz y calor. Debajo de ésta se enterraba a los muertos y el fuego perenne extrañaba el amor a la familia, de sus tradiciones y de su Dios.
La generosidad, el estatus o el tamaño del favor recibido se traducen con frecuencia en la copiosidad de las velas, de preferencia de cera, ya que la parafina no involucra la industriocidad de la abeja ni su origen florido. Para nuestros pueblos aborígenes, la flor es el origen de lo bello y lo sublime. Para el pueblo judío, fundador del cristianismo, la ofrenda se hace con lo mejor de los productos de la tierra.
Las Peregrinaciones iniciaron en la Iglesia antes de la paz otorgada por el emperador Constantino en el 313, aunque aumentaron considerablemente cuando la Iglesia gozó de paz y libertad en el Imperio Romano.

Las más antiguas peregrinaciones cristianas tenían como destino Roma y Tierra Santa como a las tumbas de los mártires. La más famosa de las peregrinas de esa época fue una española de nombre Egeria, quien nos narra cómo se celebraban estas peregrinaciones en Tierra Santa en el siglo IV.

Las peregrinaciones en honor a la Bienaventurada Virgen María cobran fuerza entre los siglos V-VII principalmente en Nazareth.

Pero, no es sino hasta los siglos XIV-XVII cuando lograron su más alto esplendor y participación.

En la actualidad, la Iglesia ha encontrado en los últimos Papas el modelo de los peregrinos, que nos recuerdan que el cristiano es ante todo un peregrino (GS 7) y que la Iglesia misma es un pueblo peregrino (LG 8).

La Peregrinación nos ofrece la posibilidad de reencontramos con nuestra propia historia cristiana, nuestra realidad transitoria en este mundo. Pero la nota característica es la forma festiva y gozosa de estas peregrinaciones, que ha de recordarnos que nuestro peregrinar hacia Dios no debe, ni puede ser lastimoso ni triste.

Así pues, las peregrinaciones favorecen la práctica de los valores cristianos, estimulan un culto integral a Dios (ver, oír, cantar, escuchar, tocar, convivir, etc.) Nos dispone a ser agradecidos y ante todo nos recuerda nuestra común subsistencia y la necesidad de una salvación comunitaria.

Pero, la Iglesia no es la única que realiza peregrinaciones, esto también sucede entre los judíos, los musulmanes, los budistas, etc., y los valores constantes son: la purificación, la renovación y la iluminación.

Para la Iglesia, además de esto, la peregrinación cumple con un sentido social: Manifestar públicamente la pertenencia a la Iglesia y en este caso el amor y la devoción a la Virgen María de Guadalupe.

El modo de hacer una peregrinación ha variado con los siglos y con los lugares, pero básicamente ha mantenido su fisonomía. En la antigüedad se hacía así:

1. Se reunían en un lugar sagrado (Templo)

2. Escuchaban la Palabra de Dios.

3. Se instruía sobre el sentido de la peregrinación.

4. Recibían la Bendición para partir.

Nota.- Con esto se quería señalar que es precisamente la Palabra de Dios la que nos abre el camino en la vida y que la iglesia siempre es convocada y dirigida por Dios en todo momento y circunstancia.

5. Los peregrinos se ponían en camino, orando, cantando, conviviendo, conociendo.

Nota. - No se trataba de ir a encontrar a Dios, o a la Virgen o a los santos. Dios siempre está con nosotros y la intercesión de María Santísima y de los santos es constante. No, se trataba ante todo de ir a un lugar donde el peregrino, sentía de una manera en especial esa providencia, esa intercesión siempre perenne de Dios, de la Virgen, de los santos.

6. La Peregrinación, finalmente, no concluye al llegar al santuario o meta de la peregrinación y de participar en los actos de Litúrgicos o de devoción, o en firmar el libro de peregrinos, o de adquirir algunos recuerdos como estampitas, medallas, agua bendita, etc. Se trataba y debe tratarse todavía de " recargar las energías " de cobrar nuevo vigor e impulso para llevar y hacer presente la gracia de Dios al volver a casa. Entusiasmar y alegrar a los miembros de la familia, de la comunidad que no pudieron asistir. Se trata ante todo, de infamarnos en el propósito de extender el Reino de Dios: Una nueva evangelización nueva en su impulso, nueva en sus métodos, nueva en su ardor (San Juan Pablo II).

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