+ Naufragio a la Mitad del Camino
Por ARMANDO SEPULVEDA IBARRA
A la mitad del camino el gobierno del señor Peña naufraga, cautivo de sus errores, entre la sublime mediocridad e ineptitud de su equipo y la suya propia, entre los escándalos de corrupción e impunidad en sus más altas esferas, entre la creciente pobreza e inseguridad, entre la imparable violencia y las matanzas cotidianas y, para aderezarle el pastel por el ¡feliz cumpleaños!, entre el nuevo desplome de la economía, el precio del petróleo y el valor del peso y la huidiza esperanza de ahora sí mover a México más allá de la arenga demagógica, los spots mentirosos y el despeñadero a donde ha orillado al país con ejemplar incapacidad y desenfado.
Por las apariencias y por la verdad histórica, por el sentir general de la sociedad mexicana, el gobierno del señor Peña comenzó hace poco más de un año a devaluarse con celeridad como nuestra moneda, a irse a pique como ningún otro régimen en cortísimo tiempo y a perder aún más credibilidad entre la ciudadanía mientras iban estallándole una serie de problemas creados por la novatez e ineficacia de su clan, el entreguismo al poder económico neoliberal externo, el abandono de la población a su suerte y la escasa pericia (o suma de ignorancia) de su cúpula para conducir los destinos de una nación que ha sufrido, en los últimos treinta años, los embates de gobiernos, partidos y políticos insensibles, distantes y rapaces, sólo aptos, ni duda cabe, para el saqueo de los tesoros públicos y para enriquecer a unos cuantos.
Después de la increíble fuga del ya legendario capo Joaquín El Chapo Guzmán del penal de alta inseguridad del altiplano en julio pasado, un verdadero broche de oro a su gobierno, la raquítica popularidad del señor Peña terminó por venirse a los suelos hasta concitar un repudio de 64 por ciento de los mexicanos a su persona, con la suma del resto de dislates cometidos desde 2012, según la más reciente encuesta del diario Reforma, uno de los pocos medios ajenos al servilismo de la desacreditada prensa incondicional al régimen.
Sólo entre algunos fieles a los favores del grupo en el poder creen sin apostar que el actual huésped de Los Pinos puede atraer el milagro de recuperar fuerza política, empoderarse otra vez e influir en la sucesión presidencial cuando, nadie vacila, sus cartas fuertes, como los señores Videgaray y Osorio Chong, ambos zarandeados por las sospechas y acusaciones de tráfico de influencias y corrupción, han ido de la mano de sus impericias tropezando con fracasos en sus encargos: uno se desfondó con la caída fatal de la economía y otro con el escape del líder del cartel de Sinaloa con el más puro estilo de las películas de Hollywood, como para mover a envidia a sus mejores guionistas y hasta los sepulcros del escritor William Faulkner, hacedor de historias para películas en sus tiempos de gloria.
Junto con el señor Peña y su equipo ruedan cuesta bajo rumbo al abismo, a gran velocidad, los demás personeros del desprestigiado sistema político mexicano allí donde anidan la voracidad y la rapiña de politiquillos corruptos que, a fuerza de engañar al pueblo y validarse con sus complicidades cuando toman para sus bolsillos los dineros de los contribuyentes, han perdido la estima ciudadana. Ningún partido ni institución del estado, ni sus políticos y funcionarios, vaya: nadie de la alta burocracia, gozan de credibilidad o de respeto de los ciudadanos e inclusive se confía más en la policía y otros gremios de inferior ralea que en aquellos desvalijados cascarones y figuras.
Ante el rechazo de más de dos terceras partes de la población a su gobierno y ante la urgencia de hacer algo con premura frente a las nuevas crisis económica, política y social, al menos con intentos de forma, el señor Peña pretende recomponer su tambaleante estampa con una serie de doce cambios en su gabinete, aunque en el fondo envíe el involuntario mensaje de que sus rutilantes estrellas han fracaso tanto así en sus puestos como para removerlos a otra responsabilidad, sin duda como premio a la ineptitud y al amiguismo, o para distraer con otro acto de circo a la robusta inconformidad nacional y, al mismo tiempo, despabilar a los señores del nuevo PRI con la alternativa de placear a los señores José Antonio Meade y Aurelio Nuño, nombrados titulares de la Sedesol y la SEP, respectivamente, como parte de un abanico de aspirantes a la candidatura presidencial más amplio que cuando, hasta agosto, andaban solitarios, con su hándicap, los vapuleados secretarios de Hacienda y Gobernación, Videgaray y Osorio Chong, responsables de la economía y la seguridad del país, en su orden. ¿Alguno tendrá nivel y sesera para aspirar a la Presidencia?
Llega el tercer informe del señor Peña con mucha tela de dónde escoger para repasar el estrepitoso fracaso del grupo de tolucos e hidalguenses que, sin talento ni suficiente probidad, tomaron el poder con la compra de votos y otras triquiñuelas y pillerías, con la visión de entregar los recursos del país, como el petróleo, al voraz capital transnacional, así como para repartirse entre los suyos y empresarios nativos afines a sus intereses otra tajada del gigantesco pastel de la corrupción institucionalizada. A menos de tres años de gobierno aumentó el número de pobres en más de dos millones de compatriotas para sumar más de 55 millones, se devaluó el peso en más de 30 por ciento, volvió a frustrarse el intento de rebasar el mediocre dos por ciento anual en el crecimiento del producto interno bruto; creció en 57,410 el número de asesinatos en 32 meses contra 33,347 en igual período del gris belicista Felipillo Calderón; se disparó la deuda externa y para 2016 habrá un boquete de 326 mil millones de pesos en el presupuesto por la baja en los precios del petróleo. ¿Dónde está la fantasía, la ilusión de las reformas estructurales que ofrecía el señor Peña con la promesa de que posarían a los mexicanos casi casi en el paraíso, aunque renegaran? A la fecha ninguna, ni la energética ni la educativa, han traído algún beneficio, ni por lo visto llegará.
El fracaso del gobierno camina a la par con la estela de la corrupción sexenal que arrancó, al menos a la vista pública, con la puesta en escena de la incómoda Casa Blanca de Las Lomas de Chapultepec de la familia real y las residencias de Videgaray y Osorio Chong adquiridas de la bondad de contratistas predilectos de esta cúpula de la burocracia. Sin embargo, con un hilarante proceder como si fuera tomado en préstamo de una obra de Shakespeare, apareció cual bufón del rey el flamante secretario de la Función Pública, el señor Virgilio Andrade, para decirle a los malpensados que ni su patrón el señor Peña ni su esposa la señora Angélica Rivera, ni su ex jefe el señor Videgaray se involucraron en conflictos de interés cuando adquirieron aquellas mansiones en millones de dólares con la ayuda inmobiliaria de quienes han recibido contratos por decenas de miles de millones de pesos en concursos manipulados por la mano de la corrupción para asignárselos con la opacidad característica de esta camada de notables.
A reserva de contar otras joyas nefastas del actual gobierno, como las violaciones a los derechos humanos, la demencial e impune desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, las ejecuciones de Tlatlaya, Apatzingan y demás y el olímpico cinismo del clan gobernante para evadirse de las culpas, el señor Peña alcanza sin aliento ni poder su tercer año mientras la autoridad se le escurre entre la alegre ineptitud propia y de los suyos, hasta volverse el hazmerreir de las redes sociales.
armandosepulvedai@yahoo.com.mx
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miércoles, 2 de septiembre de 2015
Deslindes
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septiembre 02, 2015
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martes, 3 de marzo de 2015
Mexiquense, el principal medio periodístico de esta región del Valle de México: Armando Sepúlveda Ibarra
Estimado Juan Manuel:
Me es grato saber que El Mexiquense, tu hechura, alcanza con la edición de este martes 4 de marzo de 2015 su estampa 3,000 y llega con el aliento de ser el principal medio periodístico de esta región del Valle de México.
Quienes colaboramos en sus páginas y, de seguro, sus lectores nos congratulamos con el arribo del matutino a esta fecha memorable, distante ya de aquel 8 de diciembre de 1997 cuando salió por vez primera a la luz con el despliegue de información plural y equilibrada.
El esfuerzo tuyo y de tu equipo de trabajo, Juan Manuel, por aventurarse con pasión quijotesca en pos de informar a los ecatepequenses y habitantes de municipios colindantes, con ética y responsabilidad sobre el diario acontecer, ha dado sus frutos y ahora es el momento de reconocerlos e inclusive difundirlos.
Como veterano periodista en el ámbito nacional he visto a lo largo de mi trayectoria, con pena ajena y molestia propia, cómo la inmensa mayoría de los medios del país se entregan en los brazos del poder por monedas (algunos sinvergüenzas hasta se ponen de rodillas) y traicionan la misión del periodismo, que debe ser la consciencia de la nación, servir a la sociedad con sus políticas editoriales y, sobre todo, guardián celoso de la verdad y denunciador de las trapacerías de los gobernantes.
Amigo Juan Manuel: Debo reconocer, para ser honesto, tu respeto absoluto a mis artículos críticos sobre el sistema político mexicano y sus caricaturescos personajes, desde mis primeras colaboraciones hará unos nueve años o algo así y las demás etapas en las cuales me has ofrecido las páginas de El Mexiquense para expresar mis puntos de vista sobre lo que sucede en el país, en el estado y en Ecatepec, con toda libertad.
Es difícil encontrase hoy medios como el tuyo que permitan a sus colaboradores desnudar con la cruda realidad al sistema político mexicano. En momentos de esta crisis general que amenaza al país con despeñarlo, se necesitan aperturas de esta naturaleza que ensanchen y garanticen la libertad de expresión y sirvan para influir en los cambios indispensables para la sociedad y el futuro de las generaciones, porque aún es tiempo de que la prensa sirva para alcanzar un país mejor, con menos retraso, con prosperidad y con políticos impecables, honestos y preocupados por su gente.
Por todo lo anterior, recibe Amigo Juan Manuel un fuerte abrazo por este importante día de la edición 3,000 de El Mexiquense.
Atentamente: Armando Sepúlveda Ibarra.
Me es grato saber que El Mexiquense, tu hechura, alcanza con la edición de este martes 4 de marzo de 2015 su estampa 3,000 y llega con el aliento de ser el principal medio periodístico de esta región del Valle de México.
Quienes colaboramos en sus páginas y, de seguro, sus lectores nos congratulamos con el arribo del matutino a esta fecha memorable, distante ya de aquel 8 de diciembre de 1997 cuando salió por vez primera a la luz con el despliegue de información plural y equilibrada.
El esfuerzo tuyo y de tu equipo de trabajo, Juan Manuel, por aventurarse con pasión quijotesca en pos de informar a los ecatepequenses y habitantes de municipios colindantes, con ética y responsabilidad sobre el diario acontecer, ha dado sus frutos y ahora es el momento de reconocerlos e inclusive difundirlos.
Como veterano periodista en el ámbito nacional he visto a lo largo de mi trayectoria, con pena ajena y molestia propia, cómo la inmensa mayoría de los medios del país se entregan en los brazos del poder por monedas (algunos sinvergüenzas hasta se ponen de rodillas) y traicionan la misión del periodismo, que debe ser la consciencia de la nación, servir a la sociedad con sus políticas editoriales y, sobre todo, guardián celoso de la verdad y denunciador de las trapacerías de los gobernantes.
Amigo Juan Manuel: Debo reconocer, para ser honesto, tu respeto absoluto a mis artículos críticos sobre el sistema político mexicano y sus caricaturescos personajes, desde mis primeras colaboraciones hará unos nueve años o algo así y las demás etapas en las cuales me has ofrecido las páginas de El Mexiquense para expresar mis puntos de vista sobre lo que sucede en el país, en el estado y en Ecatepec, con toda libertad.
Es difícil encontrase hoy medios como el tuyo que permitan a sus colaboradores desnudar con la cruda realidad al sistema político mexicano. En momentos de esta crisis general que amenaza al país con despeñarlo, se necesitan aperturas de esta naturaleza que ensanchen y garanticen la libertad de expresión y sirvan para influir en los cambios indispensables para la sociedad y el futuro de las generaciones, porque aún es tiempo de que la prensa sirva para alcanzar un país mejor, con menos retraso, con prosperidad y con políticos impecables, honestos y preocupados por su gente.
Por todo lo anterior, recibe Amigo Juan Manuel un fuerte abrazo por este importante día de la edición 3,000 de El Mexiquense.
Atentamente: Armando Sepúlveda Ibarra.
jueves, 19 de febrero de 2015
Deslindes
Desmorona al Sistema el Descrédito Mundial
A los gobernantes del nuevo PRI sólo les faltaba pelearse, a golpes y pataletas y respingos triviales, con autoridades y organismos de corte mundial, como la Organización de las Naciones Unidas, para sellar el fin de los tiempos del engaño y la caída de gracia de aquel clan entre las diplomacias, los medios periodísticos y las cúpulas neoliberales del orbe y sus apetencias, después que habían visto de septiembre a la fecha evaporarse su magra credibilidad y confianza internas arrastrados por los escándalos de los crímenes de estado, la corrupción y la impunidad.
Mucho les beneficiaría a los empoderados del camaleónico neopriísmo valorar sus acciones de gobierno y conductas personales con la serenidad que deba otorgarles hallarse en medio del fracaso y la parálisis y, a continuación, mirarse al espejo de los resultados para que, entre el pasmo de su incredulidad y el azoro, sepan distinguir entre la realidad y la fantasía con que vienen exhibiendo sus precarios recursos políticos e intelectuales, inclusive en el fugaz e ilusorio mexican momento y la breve época estelar del salvador de México, títulos nobiliarios y vacuos impuestos por la prensa de interés del gran capital adicta y dispuesta siempre para halagar vanidades tercermundistas y atraer simpatías y ganancias al rapaz neoliberalismo global.
Todo cayó por su peso y el escaparate de la ensoñada prosperidad vino a derrumbarse para los señores del nuevo PRI a partir de cuando sonaba más fuerte el homérico canto de las sirenas a los oídos de los mortales, e insuflaba ánimos como para aventurarse a subir al púlpito y aconsejar a los inexpertos mandatarios de otras naciones, desde la tribuna de la ONU, que volvieran la vista a México y su inminente despegue y copiaran sus pasos firmes a la modernidad y hacia el primer mundo y sus bonanzas… con sólo ceder los recursos naturales del país a la voracidad de las compañías transnacionales del petróleo y el gas, u otros tesoros nacionales para quienes codiciaran llevárselos.
Fuera del país los observadores y la opinión pública ven con frialdad cómo se desmorona el sistema político en su conjunto, con sus viciadas instituciones, partidos corroídos por la corrupción y políticos enriquecidos con su insaciable asalto a las arcas del gobierno. Y al interior nadie quiere mover un dedo para terminar con los latrocinios de los detentadores del poder, llámense altas burocracias o integrantes de las legislaturas.
Por caprichos del destino, impecable a la hora de saldar cuentas y equilibrar las causas con los efectos, la última pompa de jabón de los señores del poder acaba de reventarles en sus rostros: aquella durable burbuja mediática con que ilusionaron a incautos con guiarlos de la mano al país de las maravillas y la riqueza, con el sofístico y cínico arte de asociar palabras hueras con una intención perversa y deshonesta, al fin desapareció de la imaginación colectiva. Viene ahora sobre el gobierno y el sistema político en general el desprestigio internacional más contundente luego de reñir este fin de semana con la resolución del Comité de Desapariciones Forzadas de la Organización de las Naciones Unidas contra la violación de los derechos humanos y las desapariciones forzadas en casi todo México, un triste corolario en el descrédito mundial enriquecido con la interminable cadena de escándalos de corrupción e impunidad entre sus portaestandartes.
Liarse a lo tonto con organismos de la ONU sin más sustento que la charlatanería cuando se lleva a cuestas un increíble y vergonzoso historial de más de 22 mil desaparecidos y más de 100 mil asesinatos entre 2006 y 2015, saldo hasta hoy de la absurda y sangrienta guerra al crimen organizado que inició Felipillo Calderón y continuó Peña Nieto, ha sido uno de los peores errores de la ambivalente diplomacia mexicana y una prueba de que a los señores del nuevo PRI poco les interesa la verdad, la transparencia, el estado de derecho y el imperio de la ley, el respeto a los acuerdos internacionales y la defensa a la vida y los derechos humanos. Fueron con la misma torpeza a medirse en credibilidad y confianza con el uso de la descalificación, la mentira y las verdades a medias, al Equipo Argentino de Antropología Forense, a ver si la verdad histórica de la desprestigiada Procuraduría General de la República sobre el crimen de lesa humanidad de los 43 normalistas de Ayotzinapa, sin más rigor científico que confesiones de delincuentes, se imponía al prestigio mundial de los especialistas sudamericanos quienes dudan de la veracidad de las disparatadas y kafkianas conclusiones de la PGR.
Cuanto más niegue el gobierno la realidad y más desestime las recomendaciones del Comité de Desapariciones Forzadas de la ONU para que a la brevedad cree un padrón de desaparecidos, realice búsqueda de víctimas, prevea el delito, encuentre y castiguen a los culpables y proteja a los migrantes que autoridades y delincuentes desaparecen cuando cruzan el país rumbo a los Estados Unidos de Norteamérica, más crecerá el desprestigio internacional de México en el futuro inmediato por su desobediencia a acatar recomendaciones como si negarse a la realidad pudiera servirle de algo, ni para levantarles la moral ni recuperar confianza entre los mexicanos, ni de los convenencieros medios periodísticos de la globalidad que, hasta septiembre de 2014 cuando terminó la luna de miel, sobaban las vanidosas y ególatras siluetas de los cabecillas del neoliberalismo criollo y hacían sentir en su piel que eran de la misma especie y condición.
Improvisado en la diplomacia, el secretario de Relaciones Exteriores, José Antonio Meade, tartamudeó a mediados de semana ante preguntas de los periodistas sobre el espinoso tema y sólo repiqueteó que el organismo de la ONU incurrió en inexactitudes, pero nunca dijo, quizá porque nadie le indagó, que ni un solo culpable de desapariciones forzadas de dependencias del gobierno o de desapariciones atribuidas al crimen organizado, ha sido castigado a la fecha. Tampoco habló de la siembra de fosas clandestinas en casi todo el territorio nacional, una bonita estampa para que sus embajadores luzcan y promuevan en el extranjero como país seguro para la inversión. Qué dirá el gobierno cuando, ya pronto, la autoridad internacional aborde las ejecuciones de Tlatlaya a manos de la tropa.
A la hora de la verdad los aliados del caduco sistema político mexicano abandonaron a los gobernantes en turno apenas descarriló el tren neoliberal que, como el del cuento El cuentagujas de Juan José Arreola, iba a todas partes del imaginario y, al final, a ninguna. Beneficiarios de las políticas del gobierno, sólo la cúpula empresarial una autoridad eclesiástica ha salido a defender al régimen. Enrique Solana Sentíes, presidente de la Concanaco, dijo que “no permitiremos que ingresen a los cuarteles” los padres de los normalistas como si las instalaciones militares fueran de su propiedad y otros, como el nuevo cardenal Alberto Suárez Inda, en un desafío a la posición del papa Francisco de condena a la barbarie de Iguala, atribuye el movimiento de Ayotzinapa a intereses ajenos.
Más valiera que, por su bien e imagen internacional (vapuleada con tantos escándalos), el gobierno desechara su confianza en las bravuconadas y los ataques y defensas periodísticos infundados, porque el tiempo lo rebasó con una demoledora realidad y desenmascaró los oropeles entre los cuales, a modo de cortina de humo, escondieron en la docilidad de la prensa servil el México real de violencia, inseguridad, corrupción e impunidad, con muchos de sus prohombres como protagonistas. Un descarrile y colapso de estas dimensiones invita a refugiarse en la humildad y acogerse a la verdad y a la ley.
En tiempos azarosos, como los de hoy, Plutarco les aconsejaría: “Los antiguos así lo dicen, escriben y enseñan: que sin la justicia ni el mismo Zeus es capaz de gobernar bien”.
armandosepulvedai@yahoo.com.mx
jueves, 12 de febrero de 2015
Deslindes
Investigar a Peña Nieto, Otra Farsa
Como broma o encargo para un día de los inocentes pasaría esta insólita decisión entre anecdotarios festivos de países democráticos y enemigos de la corrupción y la impunidad, pero manejarlo con bombo y platillo como una política efectiva para combatir los latrocinios entre la alta burocracia nacional suena a paradoja si uno considera cómo la podredumbre sepulta cada día más a las instituciones de México junto con sus cabecillas.
Con el encargo a Virgilio Andrade minutos después de haberlo nombrado titular de la resucitada e infecunda Secretaría de la Función Pública, para que les indague a los tres personajes la forma como se beneficiaron con los inmuebles a precios de ganga y plazos e intereses de cuates, por debajo de las normas del mercado, gracias a sus relaciones y complicidades con las empresas vendedoras Higa y Constructora San Román, se crea otro conflicto de interés y, para elucidarlo, habría que designar a un tercero que investigara a su vez el proceder del flamante nuevo secretario anticorrupción.
Escoger a Virgilio Andrade fue un acierto de Peña Nieto y sus consejeros para sus fines de pretender de nuevo jugarle a la sociedad el dedo en la boca, a reserva de que el acto parece, según la opinión pública nacional, una comedia fallida de Chespirito que delata la nula voluntad política del gobierno para atacar la corrupción, la impunidad, el tráfico de influencias y demás estafas de la clase política. Había para elegir entre otras grandes figuras del viejo y nuevo PRI, para una encomienda tan delicada, a personalidades de las tallas de Carlos Romero Deschamps, Arturo Montiel y Raúl Salinas de Gortari, o quizá el trío componga la terna para un definitivo fiscal anticorrupción por el cual, por cierto, velan armas tanto el PAN como el PRD, en cuyos senos abundan los candidatos a sentarse en el banquillo de los acusados y hospedarse en Almoloya de Juárez, a partir de sus lideratos.
Las cartas credenciales de Andrade revelan su estrecha amistad de muchos años con el secretario de Hacienda y ministro del año, Luis Videgaray, quien fue su jefe en la burocracia; su paso por el fraudulento Instituto Federal Electoral como representante suplente del PRI y después consejero de 2003 a 2010, incluso en 2006 cuando otorgó su votó por el despojo del triunfo de Andrés Manuel López Obrador y la imposición de Felipillo Calderón en la Presidencia de la República entre el cochinero de los notables del IFE. Faltaría mencionar el detalle de que su padre Virgilio Andrade y su tío han sido de antaño los abogados de Carlos Romero Deschamps, ícono de la corrupción activa a la muerte de su padrino Joaquín Hernández Galicia La Quina y el encarcelamiento de Elba Esther Gordillo, ambos otrora figuras de primer nivel del priato.
A su modo el señor Peña Nieto y sus fallidos consejeros, que más bien parecieran sus enemigos cuando le soplan al oído sus estrategias aldeanas para engañar tontos, responden con la torpeza y la superficialidad y el discurso con rollo demagógico y la intención de engañar a los mexicanos y dejarle al tiempo que diluya de las escandalosas marquesinas mundiales su infaltable nombre, si hablamos de la impunidad, la corrupción, la violación de los derechos humanos, las desapariciones forzadas, los crímenes de lesa humanidad, etcétera.
Porque si hubiera una voluntad política auténtica para luchar contra la corrupción y la impunidad en las decadentes instituciones, el señor Peña Nieto hubiera exigido que se creara una comisión independiente, con mexicanos de sobrada probidad y prestigio, para que averiguara entre los ocultos y aún inaccesibles contratos y declaraciones fiscales las formas como él, su esposa y el ministro del año consiguieron sumar a sus patrimonios las mansiones de Las Lomas, Malinalco e Ixtapan de la Sal, que se aquilatan en millones de dólares. Si como dice el propio orgullo de Atlacomulco nada debe ni teme: ningún pantano ha manchado su estampa, debe entonces permitir a un grupo imparcial y honesto que esculquen entre esos tufos de conflictos de interés y sospechas de deshonestidad y resuelva sobre la verdad al margen de los dichos personales de simple bla bla bla que abogan por sus inocencias.
Acá y en el extranjero la noticia de que el señor Peña Nieto pidió que le investigaran se recibió cual anuncio de otro circo más y, sin duda, a todos los críticos de oficio y mexicanos pensadores con tres dedos de frente – como decían antes -- les supo a un simple acto de desesperación de la clase gobernante la falsa y risible encomienda a Virgilio Andrade, para buscar congratularse con medios de influencia mundial, como el inglés The Economist y el estadounidense The Wall Street Journal, rotativos que después de encumbrarlo como el salvador de México y otros títulos propios de la ridiculez periodística, han derrumbado la figura del señor Peña Nieto de su frágil pedestal hasta echarlo fuera del círculo de sus preferidos por – afirma el británico -- hundir a México en “un pantano”, así como enlodarse con las sospechas de corrupción en las alturas.
Da la impresión de que las decisiones para hacer frente a las adversidades prohijadas por sus cadenas de errores, deslices, impericias y barbaridades, sin faltar la corrupción y la impunidad, se toman al calor del nerviosismo y la desesperación por atajar las avalanchas de críticas a nivel mundial, la pérdida de confianza y credibilidad y el aumento acelerado de la desaprobación de los mexicanos a la forma en que Peña Nieto y su equipo de inexpertos y autoritarios burócratas manejan al país, agazapados muchas veces en el despotismo y hasta en la amenaza velada de usar la represión para contener las protestas, el gigantesco descontento nacional contra su mal gobierno.
Han de saber los señores en el poder que para acotar la inconformidad y recuperar algo de respeto entre los mexicanos, necesitan actuar la ley en la mano y con soluciones a los graves problemas políticos, económicos y sociales por donde vienen empujando al país rumbo al indeseable desfiladero, más que discursear con falsedades y la esperanza de que la palabrería vana y complaciente los salvará del juicio popular y los sacará de la barranca adonde cayeron y, de remate, postraron a la nación.
Peña Nieto y su grupo, ni duda cabe, viven presos de ansiedad por escapar de la angustia de hallarse en un pantano de escándalos de corrupción, descrédito y de crisis de legitimidad y están sometidos al escrutinio internacional por los crímenes de estado y el lodazal de corruptelas en todas las esferas de la administración pública, desde burocracias medias hasta el propio debilitado mandatario.
Hijo de sus propias obras, al señor Peña Nieto le urge cerrar el paso al vendaval que fluyó y viene con toda su fuerza arrolladora desde el crimen de estado de Ayotzinapa acosando a su tambaleante gobierno porque, lejos de tomar al toro por los cuernos e infundir confianza entre la gente con respuestas y soluciones acordes a la realidad, su equipo dedica el tiempo a esconder la verdad, a mentir y a desacreditar a los demás como si vivieran los tiempos de la dictadura perfecta, cuando sus actitudes y reacciones a sus conflictos competían con las de las tiranías.
Aun con las farsas de moda, los señores empoderados cuanto más se mueven más se hunden en el interminable pantano de suciedad y falacias, aunque – diría The Economist – “no entienden que no entienden…”
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febrero 12, 2015
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55000 Ecatepec de Morelos, Méx., México
miércoles, 4 de febrero de 2015
Deslindes
Frivolidad y Demagogia Rigen a la Clase Política
La frivolidad y la demagogia alucinan, poseen y dictan el guión de la clase política siempre que vienen como ahora los tiempos electorales o, para ser exactos, las farsas de las elecciones con que, al amparo del habitual cinismo, sus partidos repiten la dosis de imponerse con engaños y desaseos a los intereses y a la voluntad de la sociedad, con el afrentoso aval de instituciones dizque independientes donde todos saben escasea la credibilidad.
En la crisis y decadencia de la partidocracia y sus ilustres políticos de ocasión, atizan más la hoguera del descontento, a todo vapor, la corrupción y la impunidad y su desprecio por la gente y sus necesidades, sobre todo cuando, cegados por la codicia y el egoísmo, corren en grupos de notables en pos de alcaldías y curules que les darán, al arrimarse al erario, manga ancha para aumentar sus riquezas insanas o, decíamos ayer, ponerse a salvo (junto con el botín) del ocioso brazo de la justicia, con el manto del fuero encubridor.
Llegó con este incierto año 2015 la hora estelar de mentir una vez más, como también de despilfarrar multimillonarios recursos públicos tanto por el Instituto Nacional Electoral como por la clase política, con el odioso momento de echar de nueva cuenta las campanas al vuelo por radio, televisión y espectaculares con la oferta política equiparable a un basurero de falsedades, promesas añosas, quimeras recicladas y verborrea aberrante, ofensiva y deshonesta, a través de 18 millones de spots que, por su inmoral contenido para un pueblo acorralado por la miseria, la violencia y la injusticia, deberían avergonzar a los protagonistas y a los autores de esos guiones elaborados por politiquillos y publicistas faltos de ética y cómplices del circo electorero.
Sobresale entre las barbaridades del corrupto y antidemocrático sistema político mexicano, el escandaloso dispendio de recursos para los comicios de junio próximo: sólo el gasto operativo del Instituto Nacional Electoral, sustituto del hacedor de fraudes denominado IFE, ascenderá a la obscena cantidad de 13,216 millones de pesos, incluyendo los morbosos sueldos de los consejeros, por encima de los 200 mil pesos mensuales per cápita, mientras los partidos se llevarán una jugosa tajada de 5,355 millones de pesos para sus campañas y, sin embargo, buena parte irá a parar a los deshonestos bolsillos de sus jerarcas. Suman 18,572 millones de pesos de gastos por la democracia nada más este 2015 en tiempos de crisis económica, miseria, hambre, desempleo, recorte del gasto público, etcétera.
Ningún país, aun ni entre los más ricos del mundo, dilapida con cínica alegría tanto dinero público como el empobrecido México en sus ensayos democráticos, ni convierte los procesos electorales en modus vivendi de grupúsculos que mantienen en rehén a los partidos para saciarse con los dineros del contribuyente vía desvíos de prerrogativas y otras lindezas con que, tiempo ha, el aparato burocrático electorero disfraza el tráfico de los presupuestos, confiados todos en que embaucan a la sociedad con su envejecido truco del atole con el dedo. Este es el abyecto precio de la simulación de la democracia.
Estos días la radio y la televisión saturan sus espacios con los mensajes políticos de los distintos partidos, con sus ofertas de dotar a los mexicanos de un país maravilloso, con riquezas al por mayor justo para todos, un día después de sus tomas de posesión con la magia de sus varitas de Merlín, como remembranza de la promesa-sueño en el tenebroso salinato de colocar a México en el primer mundo. Nada de sustancia figura entre sus dislates oportunistas con que intentan ganar la empatía y el voto de los electores: ni siquiera han variado los tonos y contenidos, ni traen una pizca de originalidad para volver a burlarse de la bondad y la paciencia de los que todavía votan.
Es de llamar la atención que los partidos ignoran en sus spots y mensajes en busca de votos, temas cruciales como la enraizada corrupción en el sistema político mexicano, excepción hecha del despistado y novato legislador Ricardo Anaya, pastor de la diputación del Partido Acción Nacional, quien en su publicidad sale a cuadro con un llamado a enjuiciar a los corruptos, pero dudamos que su ingenuidad ignore que los sexenios de Fox y de Calderón sembraron una nueva escuela de la corrupción y la impunidad comenzando por familiares y amigos de ambos ex que robaron a manos llenas.
Alcanzados sin remedio, pero con gusto, por los tentáculos del poder corruptor, las cúpulas de los partidos de oposición de mentiras, en especial del PAN y PRD, miran a distancia, de lejecitos, sin decir nada y menos enjuiciar, los ruidosos destapes de indicios de corruptelas en torno a los gobernantes descubiertas con las denuncias periodísticas de tráfico de influencias, asignaciones de contratos de obra de rala transparencia, beneficiarios de créditos inmobiliarios de mansiones de lujo y, en síntesis, sospechas de corrupción de los señores Peña Nieto y su esposa y Luis Videgaray, como si ventilarlos en su propaganda electoral el fuego pudiera alcanzarlos por igual y revertírseles una temeraria acusación contra sus pares en el extinto y consentidor Pacto por México, por donde se cocinaron muchas cosas poco claras e inéditas hasta el día de hoy.
Por más que la transparencia figuró en elecciones pasadas como lema de campaña de ciertos candidatos, al momento no se rinden cuentas convincentes y limpias de los destinos de los cuantiosos recursos asignados a los partidos, algunos de los cuales no han dejado de usar facturas apócrifas o infladas para comprobar gastos y evadir que les esculquen sus patrimonios y hallen los desvíos vueltos mansiones o terrenos. Cuando mal les ha ido a los corruptos, se les despachan con una cálida amonestación o el pago de una multa simbólica porque – dirían los clásicos – entre gitanos no se lee la mano.
Tocará al ciudadano común, al legitimador del reparto del pastel entre las mafias partidistas con la inocencia de su voto, elucidar por enésima vez si conviene a sus intereses y los de la nación seguir el triste papel de convalidarlos, o ausentarse de las urnas para dejarles la llaneza del camino para que consoliden sus cotos de poder, o de sumar voluntades, integrarse en objetivos y hacer respetar sus decisiones poniendo un alto a la dictadura de los partidos por el camino de exigir y lograr un cambio real con el consenso de todos los protagonistas, votados y votantes.
A propósito viene con cierta fuerza la estrategia de ciertos luchadores por la democracia, la transparencia y la legalidad, proclives a boicotear el voto en las elecciones de junio, con la creencia basada en análisis superficiales de que así dañarán a las mafias empoderadas en los partidos. Por experiencia se sabe que una abstención en México, natural o calculada, siempre beneficia a los partidos y sus caciques: entre sus planillas se reparten los sufragios según sus porcentajes habituales después de haber abultado de común acuerdo el voto global en la proporción que a cada cual le corresponda, para matizar o desechar de plumazo el abstencionismo.
Convendría al protagonismo volver los ojos a la Atenas clásica de Pericles que llevó a los atenienses a conquistar los derechos de elegir una forma democrática de gobierno, concedió a cada ciudadano el derecho de escoger a sus gobernantes, de votar personalmente sobre cuestiones de política nacional y hasta de turnarse en el ejercicio altos cargos públicos, según cuenta la monumental Historia de la Filosofía Griega, del historiador inglés W.K.C. Guthrie.
Bajo esta perspectiva con el voto de compromiso y condición podría rescatarse la simulada o diminuta democracia actual, parecida a la de la Grecia después de la muerte de Sócrates, de las manos de la frivolidad y la demagogia.
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miércoles, 28 de enero de 2015
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Alcaldes y Diputados, ¡Al Abordaje!
A la voz de “¡al abordaje!”, a semejanza e imagen del antiguo piratear que en su tiempo ilustró la pluma de Daniel Defoe, muchos alcaldes y diputados deshonestos han solicitado licencia para que sus partidos, en una cínica muestra de la crisis moral de la clase política, los nominen candidatos a cruzarse esos puestos de elección, ansiosos hasta consumirse en sus nervios por escudarse en el fuero antes que una eventual lucha contra la corrupción alcance sus manos corrompidas con dineros mal habidos saqueados del erario, de diezmos por asignar obra pública y de extorsiones a empresarios.
Andan algunos de estos delincuentes con licencia, típicos de la época del continuo destape de la cloaca, diciendo a quienes se interesen en escucharlos que sus padrinos, otros corruptos ni duda cabe, impulsarán sus estampas y campañas, de seguro con recursos de procedencia dudosa para la ingenuidad de la autoridad electoral y, sin embargo, clara y cierta para la sociedad víctima de sus pillerías.
Entre dicha fauna nociva de trepadores encubiertos por las mafias que regentean a todos los partidos, como si fueran antros de su propiedad, incluya el amable lector de El Mexiquense a tesoreros, delegados y otros especímenes de la acomodadiza e inepta burocracia del país que buscan con el fuero protegerse de la persecución de sus fechorías o, en el caso de los noveles en estas andanzas, ponerse a tiro de los tesoros públicos para manosearlos y embolsárselos y más tarde, al cabo de dos años de ejercicio, cuando sientan que puedan ser descubiertos, correr en pos del mismo círculo de la impunidad tras el blindaje de las curules.
Existen al seno de las instituciones electoreras padrinos de distinta moral y ética, a escoger según la necesidad individual, algunos encubiertos en las sombras pantanosas de sus historiales y otros abiertos al juego del negocio de traficar con posiciones, desde verdaderos Vitos Corleones que estiran la diestra ante el ahijado, con falsa humildad, para cumplir con el abyecto ritual del besamanos y, por supuesto, recoger la paga por ungirlos, hasta otros de visión usurera que hipotecan al aspirante para que, cuando suba al poder donde hay plata tentadora, comience a sanear el favor con el hurto de dineros públicos.
Por allí alardean ciertos pre candidatos del nuevo PRI a alcaldes y diputados, su padrinazgo (tipo Don Corleone) del ex gobernador del estado de México, Arturo Montiel, con obediencia ciega y lacayuna a las inconcebibles maniobras que este acaudalado pícaro redomado mexiquense, otrora clasemediero de Atlacomulco, realiza entre los pasadizos oscuros de la politiquería amparado – dicen los ahijados -- en su influencia sobre el sobrino huésped de Los Pinos, aunque atraiga con su pasado el repudio público por su deshonesta trayectoria política origen de su descomunal fortuna inmobiliaria y en cuentas bancarias.
Vale asomarse también a otras alcantarillas del podrido sistema político mexicano, siempre que el curioso se cuide de alejarse de las olas, como forma de corroborar a qué niveles se llega al momento de perder la rectitud si acaso la hubo y de entregarse a los placeres de la riqueza fácil, mientras se juega a la democracia y a simular que se representa a los intereses de la población desde las cúpulas partidarias que, todos lo saben, se hallan envueltas en escándalos de corrupción. Allí surge imponente, a la vista general, el desaseo en las candidaturas de la izquierda de a mentiras tripulada por el PRD y la mafia de los Chuchos, desgastados polítiquillos proclives a negociar candidaturas y a arrimarse al gobierno por monedas. Qué decir de los negocios particulares del PT y el dizque Movimiento Ciudadano, capitaneados por modernos barbarojas como Alberto Anaya y Dante Delgado, ambos envejecidos en sus cotos caciquiles pero con el beneficio y gusto personal de haber visto correr por sus manos miles de millones de pesos de los contribuyentes trocados en prerrogativas a los partidos sin el compromiso de rendir cuentas de verdad.
Quién duda que el PAN ha sido parte y fervoroso impulsor y beneficiario de la corrupción durante los desgobiernos de Fox y Calderón y además, ya encariñado con el dinero fácil, viene del priato reciente para acá satisfecho de ser cómplice de gobernantes del nuevo PRI en el saqueo de recursos públicos y de apetecerle el tesoro ajeno. Corre por sus entrañas la suciedad con más fluidez a partir de que Salinas de Gortari los conquistó con prebendas y acuerdos a escondidas, pero el esfuerzo de sus mafias recicladas lo llevó a consolidarse entre los institutos políticos corruptos durante los sexenios de Fox y Calderón, marcados por la inmoralidad. Bajo la férula de Gustavo Madero, antiguo admirador del señor Peña Nieto y embelesado con la utilidad mercantil de codearse con los del poder y el dinero, el Partido Acción Nacional terminó por rendirse a las corruptelas del nuevo PRI y arrió su bandera de oposición hasta ponerla al servicio de Los Pinos con escasa dignidad y para vergüenza de sus fundadores y su militancia honesta y opositora.
Con broche de oro nos aportan los grupos mafiosos del PRD un ejemplo increíble en cualquier democracia, a excepción de una simulada como la de México, para redondear el escenario de la grave crisis política nacional. Acaban de pedir licencia los 14 jefes delegacionales perredistas – así les llaman – del Distrito Federal ¡en bloque! y con la bendición de los chuchos y del jefe de gobierno, el priísta embozado Miguel Mancera, con la meta de postularse a candidatos a diputados, en un acto de desvergüenza y falto de ética que deja al desnudo las cabezotas inmorales tanto de la mafia perredista como al decadente sistema político que ve a los electores, a la sociedad en su conjunto, como un ente fácil de manipular, con el engaño y la dádiva, a favor de los intereses de los modernos Vitos Corleones y sus clanes, comedidos bajo el impulso de su cinismo a escenificar la réplica de las aventuras y repartos de botín de los filibusteros contadas con maestría hace tres siglos por Daniel Defoe en su Historia de Piratas.
Antes que canten los gallos, durante las campañas, fluirán por todos los medios, comenzando por las redes sociales, las historias de la piratería contemporánea: cuánta fortuna inmoral poseen ciertos candidatos a diputados, alcaldes y gobernadores, sus mansiones adquiridas apenas, sus propiedades como grandes extensiones de terrenos urbanos y rurales, sus nuevos negocios como gasolineras y otras empresas, gracias a que desviaron recursos de sus tesorerías, inflaron los costos reales de obra pública y privilegiaron las difíciles de auditar por su escasa vida como colocar luminarias y bachear calles a precios inflados al gusto del tesorero; compraron facturas y usaron otras apócrifas para comprobar el gasto y, para redondear su vocación de corsarios, atracaron con el diezmo institucional a contratistas y concesionarios. Por demás está decir que las denuncias entrecruzadas saldrán de sus mismos partidos.
Muchos candidatos de todos los partidos encajarían en el perfil del ex cuestor Gayo Verres de Sicilia, político romano corrupto descrito por Marco Tulio Cicerón ante el juez como un tipo “que ha robado tanto que puede satisfacer a muchos; que no hay nada tan sagrado que no pueda ser violado, nada tan amurallado que no pueda ser expugnado por dinero”.
¿Sabrán los señores de la clase política, en este nuevo grito lujurioso de “¡al abordaje!”, que a nadie representan, que la gente ya se hartó de sus trapecios y corruptelas y que la cuerda está a punto de reventarse?
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miércoles, 21 de enero de 2015
Deslindes
Indolencia e Ignorancia Empeoran la Crisis
Por Armando Sepúlveda Ibarra
Contra la esperanza de los gobernantes de volver a regodearse en su antigua y cómoda normalidad, aquella de la corrupción y la impunidad, ya vienen este 2015 tiempos más difíciles aún para México, a menos que, en un milagro de autocrítica y un chispazo de inteligencia, los empoderados decidan reflejarse en el espejo de su ineptitud y arrogancia y enfrentarse, con honestidad y sabiduría, a la irritante crisis política, económica y social que avanza amenazante sobre la gobernabilidad, las arcaicas instituciones y sus anquilosadas cúpulas burocráticas, a paso incontenible: al compás del vigor de la protesta social.
Ante el caudal de críticas, marchas y bloqueos contra la violencia, el autoritarismo, la violación de los derechos humanos, los crímenes de estado, las corruptelas de las altas burocracias, el desplome de la economía, la entrega del petróleo al gran capital, el aumento de la pobreza y el cinismo de la clase política, los señores en el poder simulan preocupación y vergüenza sólo con su oratoria hueca y mentirosa, ajena a la realidad, ponen oídos sordos a la contundencia de que, en palabras de Goethe, “ha llegado la hora del cambio” y esperan con impaciencia resurgir de entre sus cenizas como por arte de magia, sin mover un solo dedo para acotar su fracaso.
Aun con el asedio de la fatalidad, más grave todavía con la caída del peso frente al dólar y del precio del petróleo, nada parece despertar de su pasmo a la clase política en el poder desde que la descomposición general del sistema salió a flote y le estalló en sus inexpertas, autoritarias y corruptas manos, con las barbaries de Tlatlaya y Ayotzinapa y, como si quisieran perpetuarse en su mundo de oropel y, al fin, de mera fantasía rosa tipo cuentos de Walt Disney, viven en el limbo divorciados de la ciudadanía y sus problemas y, a lo mejor, hasta piensan que gozan de simpatía y popularidad entre los de abajo, las decenas de millones de marginados, a quienes más agravian y más usan para sus inmorales fines electoreros.
La verdad dispersó las cortinas de humo a partir del crimen de lesa humanidad de los normalistas en Iguala, despeñó a los gobernantes de su mediático y falso pedestal conquistado con saliva, dinero y prensa dócil, los dejó atónitos e indefensos y, de un día para otro, exhibió la precariedad de sus talentos para salvar a México aunque habían dicho, orgullosos y ufanos antes de la prueba inicial, que sabían “cómo hacerlo”.
Atenta e indignada, a la expectativa de la reacción oficial, la sociedad confiaba que para diciembre se harían una serie de cambios y el despido de medio gabinete, sólo por incapaz. Esperaba ajustes de fondo, menos que todo siguiera igual, salvo la novedosa decisión de último momento de cancelar el otrora soñado viaje del señor Peña Nieto a Davos, Suiza, al foro económico cuya tribuna ha sido el encanto de los neoliberales priístas para que los zopilotes de la globalidad agradezcan a los tercermundistas la entrega de sus recursos para saquearlos con el depredador poder transnacional. Mas el sabio retiro de la tribuna y los reflectores con que fantasean los de acá, con ansias de congratularse y lucirse ante el mundo global, obedeció a que como ya muchos analistas esperaban, tropezó el cacareado mexican momento con la triste realidad que develó hacia dentro y fuera del país un sistema político caduco con tintes propios de tiranías.
Atreverse a ir al foro así, con el fantasma de la barbarie, hubiera expuesto la debilidad del huésped de Los Pinos a la ironía de los anfitriones y a la ferocidad de los críticos y demás convidados al encuentro económico, donde hace un año el violento Michoacán desarmó la oferta del orgullo de Atlacomulco para los inversionistas extranjeros, una vez que el organizador abordó el virtual estado de excepción.
A tono con los malos aprendices de la política de a veras o de los más aptos o, mejor dicho, más astutos para el negocio de escasa transparencia con dineros públicos o el tráfico de influencias e intereses para sacar raja inmoral, las altas burocracias del nuevo PRI ignoran qué hacer y cómo ponerlo en marcha para escapar del callejón sin salida adonde las arrojó su incapacidad y soberbia, su heredada guerra de violencia y muerte, sus sistemática violación de los derechos humanos, su proverbial desprecio por la gente y su rapaz apetito por embolsarse ingresos de los recursos de la nación entre sus cuates y socios de ocasión, atentos y siempre prestos a desvalijar a los mexicanos, ahora bajo la voracidad del neoliberalismo. A su lado andan sin vergüenza los cabecillas de los partidos de oposición, hace rato domesticados en hermandad con los señores del poder, cuales pajes del rey y su corte, callados como si tuvieran una larga y sucia cola, escoltándolos en sus maniobras con sospechosos silencios, en especial cuando la prensa libre ha dado cuenta de la corrupción y el tráfico de influencias en las alturas y con empresarios consentidos para hacerse de mansiones, contratos de obras y otras complicidades que escandalizan a México y el extranjero y, sin embargo, hasta hoy nada pasa: todo se escurre en el entre el cinismo y el tiempo.
A pesar de que el proceso de deterioro de las instituciones y sus actuales representantes continúa en peligroso ascenso y, por naturaleza, los señores apoltronados en los mandos más altos pierden cada día más confianza y credibilidad y sus antes garbosas siluetas alcanzan ya ínfimos porcentajes de aprobación entre los connacionales, sus mentes perseveran en divagar y todavía ensueñan con que ya mero aterriza la prosperidad sobre el suelo mexicano. Vislumbran en su imaginación, con avaricia de banquero español en territorio conquistado, el arribo de decenas o centenares de miles de millones de dólares que – insisten encendiendo veladoras a todos los santos -- se preparan a traer las empresas transnacionales del petróleo para succionar el subsuelo mexicano y llevarse los recursos propiedad de la nación a cambio de unos miles de empleos, una renta miserable comparada con el valor real del energético cuando retome su precio, la contaminación y la pérdida de soberanía. Visto con simplicidad: el reparto del botín se divide entre las migajas para el erario contra los grandes negocios y comisiones, la tajada del león, para el gran capital doméstico y transnacional, el cuatismo y la selectiva burocracia que acecha los recovecos de los contratos y sus diezmos. Quisieran olvidar, no obstante, un aspecto toral: la violencia y la inseguridad, la corrupción y la impunidad y, como una tonta estrategia más, esta vez para vender al capital foráneo un México maravilloso y atractivo, aspiran a esconder de nuevo todas las calamidades bajo la alfombra con el burdo control de los medios de comunicación serviles y la descalificación a los críticos y al movimiento inconforme con el desastroso sistema político mexicano.
En un país que desde fuera se ve con mayor claridad cómo se desmorona junto con sus envejecidas instituciones entre la falta de oficio político, la ausencia de un programa de gobierno de verdad con la participación de la sociedad y la sobrada incompetencia y corrupción de la clase política gobernante y de su oposición, encarnada en las trasnochadas y cómplices cúpulas de las corrientes de derecha e izquierda mercantiles, ambas iguales de corruptas, los protagonistas de la debacle ilusionan que con discursos y promesas y una que otra ley de relleno que nunca se aplicará, con más demagogia y verborrea en boca de sus mejores merolicos de aldea estilo César Camacho Quiroz, ex gobernador del estado de México y gerente del nuevo PRI, sofocarán el gigantesco descontento e irritación de la inmensa mayoría de los mexicanos que han paseado su hartazgo por todos los rincones del país a partir de los crímenes de estado de Tlatlaya y Ayotzinapa, con el ultimátum de una renovación del rancio y corrupto sistema político mexicano para que escuche, atienda y sirva a los mexicanos y deje de acaparar los beneficios, los privilegios y las riquezas en las insaciables plutocracia y partidocracia que usufructúan camarillas como si fueran de su propiedad bajo el escudo de la simulación de la democracia.
Allí está el dilema: o cambian ahora o el fervor popular, harto de todo el andamiaje de la politiquería y de la descomposición de las instituciones, los cambiará a su tiempo, cuando llegue la hora…
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miércoles, 3 de diciembre de 2014
Deslindes
Ineptitud y Corrupción Desinflan a Peña Nieto
Por ARMANDO SEPULVEDA IBARRA
Ayuno de recursos políticos e intelectuales, e inclusive éticos, el señor Peña Nieto enfrenta a la gravísima crisis política y social que hunde a todo vapor a su gobierno, sólo con la palabrería de más promesas, culpa a todos del naufragio del país menos a su persona y su grupo en el poder y, en un angustioso intento por escapar de la ira y la protesta nacional en su contra, quiere vender una falsa empatía con las banderas de la inconformidad con el grito de “¡Todos somos Ayotzinapa!”, nada creíble en su boca.
¡Cómo es posible que un presidente recién obsequiado con el título de estadista mundial responda con vaguedades y refritos insustanciales a los reclamos de una sociedad harta de un sistema en descomposición cuyo sostén es la impunidad y la corrupción, mientras la inercia e incapacidad del gobierno del nuevo PRI arrastra a la nación a la ingobernabilidad entre la violencia criminal y el desplome incesante de la economía, el peso y los precios del petróleo, que avisan de la cercanía de una nueva crisis econ´mica encima de la endémica!
A muchos analistas da la impresión de que el señor Peña Nieto, más fascinado por la imagen y la vanidad del marketing a su perfil que encantan a las revistas de la frivolidad, ignora la realidad o carece de ideas, o de plano nadie sabe darle un buen consejo, porque su tercera llamada, tercera, una oportunidad única e irrepetible para convocar a la sociedad y congratularla con un verdadero cambio de rumbo, la desperdició en un decálogo de proyectos sobados que ya aguardaban en las antesalas legislativas y como novedad ofreció un número telefónico nacional para denuncias y el autoritario interés presidencial de mancillar el municipio libre con la desaparición de poderes por la Federación en ayuntamientos infiltrados por el crimen organizado.
Ni una autocrítica salió de labios del señor Peña Nieto cuando la expectativa de su anunciada comparecencia del jueves 27 de noviembre imaginaba que daría la cara, con la valentía y honradez de quien tiene las manos limpias, para esclarecer de una vez por todas ante un pueblo desconfiado y enardecido las sospechas de corrupción en su contra, de tráfico de influencias para hacerse de mansiones, de tener al empresario Juan Armando Hinojosa Cantú de prestanombres desde los tiempos de gobernador del estado de México, de cómo obtuvo sus 15 propiedades con el testimonio de papeles a la vista, de por qué el vendedor de la Casa Blanca de Las Lomas de Chapultec acaparó las licitaciones de las obras más importantes en territorio mexiquense por valor de 35 mil millones de pesos y sigue en racha con las del Gobierno Federal con contratos por otros 25 mil millones de pesos, sin que hasta hoy alguien del clan del orgullo de Atlacomulco sepa o diga o alegue que el controvertido constructor posee una capacidad técnica fuera de discusión y una calidad de primer mundo como para imponerse a compañías de renombre mundial.
Ante la burocracia en pleno y cúpulas empresariales afines a su tambaleante gobierno, bajo un gigantesco escudo nacional que empequeñecía más la criticada silueta presidencial, el señor Peña Nieto jamás habló de la corrupción y la impunidad en su gobierno, ni de la ineptitud manifiesta de su gabinete, ni de los motivos de continuar con la estúpida guerra del señor Calderón que ha costado más de cien mil vidas y la desaparición forzada de otras treinta mil, así como la siembra de incontables cadáveres en fosas clandestinas.
Otra vez había fallado la estrategia de los eruditos amanuenses que redactan los discursos al señor Peña Nieto para que los lea en su habitual telepromter y, para sorpresa del auditorio, ponía en evidencia el talento presidencial con su hueco contenido, ligado de frases hechas, lugares comunes, evasivas, culpas a los demás y por negarse a asumir una responsabilidad ante la inestabilidad del país que ha sido provocada por la ineptitud y la corrupción de los hombres en el poder, por el fomento de la violencia y la impunidad con sus erráticas formas de combatir a la delincuencia y la ilegalidad y por eludir todo cuanto implica el crimen de lesa humanidad de Iguala y decir que solo la autoridad local es la responsable. Por algo sube de tono la demanda de las marchas y manifestaciones tumultuosas, como las del domingo 30 de noviembre pasado, que exigen la renuncia del señor Peña Nieto y rinda antes cuentas claras sobre las sospechas y evidencias de corrupción en el caso de la Casa Blanca.
A juicio de los oficialistas y demás coro de aduladores el señor Peña Nieto esperaba recuperar su figura y simpatía artificial y de mercadología y ponerse a la cabeza de las circunstancias, para salir del ojo del huracán que cada día, al calor de las marchas, manifestaciones, bloques y creciente descontento nacional, viene minando la debilitada persona del huésped de Los Pinos desde los seis asesinatos de Iguala y la desaparición forzada de los 43 estudiantes de la normal de Ayotzinapa, pasando antes por el fusilamiento de 22 presuntos delincuentes en Tlatlaya a manos de militares, hasta el escandaloso espectáculo de corrupción de la Casa Blanca de la pareja presidencial. Empero fue un valioso termómetro para la sociedad y la alta burocracia allí presente que sólo una vez, mientras leía su inconsistente decálogo en Palacio Nacional con nerviosismo y ojos de preocupación ante un panorama incierto, haya sido aplaudido, por cierto con tibieza – decían las crónicas – por aquel dócil rebaño que, por lo regular, le festeja hasta el “muchas gracias” con que concluye su lectura del telepromter.
Había voces incluso oficialistas que suponían que el señor Peña Nieto ofrecería signos de voluntad de cambiar una serie de cosas, con el simple anuncio de destituir a medio gabinete al menos entre un ramillete de ineptitudes y omisiones, que encabezan el procurador, los secretarios de Gobernación, de Hacienda, de Comunicaciones y Transportes, de Educación Pública, de la Función Pública, etcétera. En abono a todo, una encuesta del diario Reforma, difundida este lunes, confirma que todo el gabinete está reprobado y sólo el secretario de Relaciones Exteriores alcanza un mediocre panzazo de 6.1. Al de Atlacomulco tampoco le fue bien en este sondeo: desaprueban su gobierno 58 por ciento de los ciudadanos y 79 por ciento de los líderes de opinión con todo y su codiciado galardón de estadista mundial otorgado en septiembre pasado en Nueva York por los zopilotes de la globalidad.
Ebrios de arrogancia y vanidad, ufanos de saber cómo hacerlo aunque supieran que venían de despacharse a sus anchas en estados donde se gobierna con la corrupción en la mano, el control absoluto de los medios, la represión a los inconformes y la incapacidad para moverse en la democracia y para la negociación política, los señores en el poder creyeron que el dinero como pervertido recurso para vencer o someter, iba a garantizarles la estabilidad, la credibilidad y el consenso y, de paso, la impunidad, como los tiempos en que regaron plata para comprar votos entre los mexicanos más desposeídos.
Por ahora esta clase política instalada en el poder se halla cautiva en el laberinto de sus errores y mediocridad, en espera de un milagro que pudiera congraciarlos con una sociedad a la cual nunca tomaron en cuenta, salvo en los momentos en que abrió los ojos y protestó contra los de arriba, a partir del desbordamiento de Ayotzinapa, para sentarla desde hace dos meses en el banquillo de los acusados y emplazarla a resolver el crimen de Estado de Iguala e iniciar una profunda reforma general.
Ardua es sin duda la empresa que acomete hoy la sociedad con este movimiento nacional contra un sistema corroído por la corrupción y la impunidad y responsable del baño de sangre que ha enlutado a centenares de miles de personas y que este gobierno sin brújula ni rumbo cierto, persiste en continuar.
La cohesión de los mexicanos en estos tiempos de combate a los grupos que utilizan el poder con frivolidad y confunden la política con los negocios, acotará las reformas y los negocios de amigos como el nuevo aeropuerto y otros trapos sucios de este gobierno.
Acaso todavía ignoren los señores del poder que sus planes e ilusiones por perpetuarse en el negocio de la política para enriquecerse con una camada de nuevos ricos, están a punto de precipitarse al vacío e, ignorantes de la realidad que amenaza con el arribo de una indeseable ingobernabilidad, quieren robarse las banderas con el rapport o empatía a través de un grito desesperado de “¡Todos somos Ayotzinapa!” como si la gente fuera tonta y pudieran manipularla con su falsedad.
Por ARMANDO SEPULVEDA IBARRA
Ayuno de recursos políticos e intelectuales, e inclusive éticos, el señor Peña Nieto enfrenta a la gravísima crisis política y social que hunde a todo vapor a su gobierno, sólo con la palabrería de más promesas, culpa a todos del naufragio del país menos a su persona y su grupo en el poder y, en un angustioso intento por escapar de la ira y la protesta nacional en su contra, quiere vender una falsa empatía con las banderas de la inconformidad con el grito de “¡Todos somos Ayotzinapa!”, nada creíble en su boca.
¡Cómo es posible que un presidente recién obsequiado con el título de estadista mundial responda con vaguedades y refritos insustanciales a los reclamos de una sociedad harta de un sistema en descomposición cuyo sostén es la impunidad y la corrupción, mientras la inercia e incapacidad del gobierno del nuevo PRI arrastra a la nación a la ingobernabilidad entre la violencia criminal y el desplome incesante de la economía, el peso y los precios del petróleo, que avisan de la cercanía de una nueva crisis econ´mica encima de la endémica!
A muchos analistas da la impresión de que el señor Peña Nieto, más fascinado por la imagen y la vanidad del marketing a su perfil que encantan a las revistas de la frivolidad, ignora la realidad o carece de ideas, o de plano nadie sabe darle un buen consejo, porque su tercera llamada, tercera, una oportunidad única e irrepetible para convocar a la sociedad y congratularla con un verdadero cambio de rumbo, la desperdició en un decálogo de proyectos sobados que ya aguardaban en las antesalas legislativas y como novedad ofreció un número telefónico nacional para denuncias y el autoritario interés presidencial de mancillar el municipio libre con la desaparición de poderes por la Federación en ayuntamientos infiltrados por el crimen organizado.
Ni una autocrítica salió de labios del señor Peña Nieto cuando la expectativa de su anunciada comparecencia del jueves 27 de noviembre imaginaba que daría la cara, con la valentía y honradez de quien tiene las manos limpias, para esclarecer de una vez por todas ante un pueblo desconfiado y enardecido las sospechas de corrupción en su contra, de tráfico de influencias para hacerse de mansiones, de tener al empresario Juan Armando Hinojosa Cantú de prestanombres desde los tiempos de gobernador del estado de México, de cómo obtuvo sus 15 propiedades con el testimonio de papeles a la vista, de por qué el vendedor de la Casa Blanca de Las Lomas de Chapultec acaparó las licitaciones de las obras más importantes en territorio mexiquense por valor de 35 mil millones de pesos y sigue en racha con las del Gobierno Federal con contratos por otros 25 mil millones de pesos, sin que hasta hoy alguien del clan del orgullo de Atlacomulco sepa o diga o alegue que el controvertido constructor posee una capacidad técnica fuera de discusión y una calidad de primer mundo como para imponerse a compañías de renombre mundial.
Ante la burocracia en pleno y cúpulas empresariales afines a su tambaleante gobierno, bajo un gigantesco escudo nacional que empequeñecía más la criticada silueta presidencial, el señor Peña Nieto jamás habló de la corrupción y la impunidad en su gobierno, ni de la ineptitud manifiesta de su gabinete, ni de los motivos de continuar con la estúpida guerra del señor Calderón que ha costado más de cien mil vidas y la desaparición forzada de otras treinta mil, así como la siembra de incontables cadáveres en fosas clandestinas.
Otra vez había fallado la estrategia de los eruditos amanuenses que redactan los discursos al señor Peña Nieto para que los lea en su habitual telepromter y, para sorpresa del auditorio, ponía en evidencia el talento presidencial con su hueco contenido, ligado de frases hechas, lugares comunes, evasivas, culpas a los demás y por negarse a asumir una responsabilidad ante la inestabilidad del país que ha sido provocada por la ineptitud y la corrupción de los hombres en el poder, por el fomento de la violencia y la impunidad con sus erráticas formas de combatir a la delincuencia y la ilegalidad y por eludir todo cuanto implica el crimen de lesa humanidad de Iguala y decir que solo la autoridad local es la responsable. Por algo sube de tono la demanda de las marchas y manifestaciones tumultuosas, como las del domingo 30 de noviembre pasado, que exigen la renuncia del señor Peña Nieto y rinda antes cuentas claras sobre las sospechas y evidencias de corrupción en el caso de la Casa Blanca.
A juicio de los oficialistas y demás coro de aduladores el señor Peña Nieto esperaba recuperar su figura y simpatía artificial y de mercadología y ponerse a la cabeza de las circunstancias, para salir del ojo del huracán que cada día, al calor de las marchas, manifestaciones, bloques y creciente descontento nacional, viene minando la debilitada persona del huésped de Los Pinos desde los seis asesinatos de Iguala y la desaparición forzada de los 43 estudiantes de la normal de Ayotzinapa, pasando antes por el fusilamiento de 22 presuntos delincuentes en Tlatlaya a manos de militares, hasta el escandaloso espectáculo de corrupción de la Casa Blanca de la pareja presidencial. Empero fue un valioso termómetro para la sociedad y la alta burocracia allí presente que sólo una vez, mientras leía su inconsistente decálogo en Palacio Nacional con nerviosismo y ojos de preocupación ante un panorama incierto, haya sido aplaudido, por cierto con tibieza – decían las crónicas – por aquel dócil rebaño que, por lo regular, le festeja hasta el “muchas gracias” con que concluye su lectura del telepromter.
Había voces incluso oficialistas que suponían que el señor Peña Nieto ofrecería signos de voluntad de cambiar una serie de cosas, con el simple anuncio de destituir a medio gabinete al menos entre un ramillete de ineptitudes y omisiones, que encabezan el procurador, los secretarios de Gobernación, de Hacienda, de Comunicaciones y Transportes, de Educación Pública, de la Función Pública, etcétera. En abono a todo, una encuesta del diario Reforma, difundida este lunes, confirma que todo el gabinete está reprobado y sólo el secretario de Relaciones Exteriores alcanza un mediocre panzazo de 6.1. Al de Atlacomulco tampoco le fue bien en este sondeo: desaprueban su gobierno 58 por ciento de los ciudadanos y 79 por ciento de los líderes de opinión con todo y su codiciado galardón de estadista mundial otorgado en septiembre pasado en Nueva York por los zopilotes de la globalidad.
Ebrios de arrogancia y vanidad, ufanos de saber cómo hacerlo aunque supieran que venían de despacharse a sus anchas en estados donde se gobierna con la corrupción en la mano, el control absoluto de los medios, la represión a los inconformes y la incapacidad para moverse en la democracia y para la negociación política, los señores en el poder creyeron que el dinero como pervertido recurso para vencer o someter, iba a garantizarles la estabilidad, la credibilidad y el consenso y, de paso, la impunidad, como los tiempos en que regaron plata para comprar votos entre los mexicanos más desposeídos.
Por ahora esta clase política instalada en el poder se halla cautiva en el laberinto de sus errores y mediocridad, en espera de un milagro que pudiera congraciarlos con una sociedad a la cual nunca tomaron en cuenta, salvo en los momentos en que abrió los ojos y protestó contra los de arriba, a partir del desbordamiento de Ayotzinapa, para sentarla desde hace dos meses en el banquillo de los acusados y emplazarla a resolver el crimen de Estado de Iguala e iniciar una profunda reforma general.
Ardua es sin duda la empresa que acomete hoy la sociedad con este movimiento nacional contra un sistema corroído por la corrupción y la impunidad y responsable del baño de sangre que ha enlutado a centenares de miles de personas y que este gobierno sin brújula ni rumbo cierto, persiste en continuar.
La cohesión de los mexicanos en estos tiempos de combate a los grupos que utilizan el poder con frivolidad y confunden la política con los negocios, acotará las reformas y los negocios de amigos como el nuevo aeropuerto y otros trapos sucios de este gobierno.
Acaso todavía ignoren los señores del poder que sus planes e ilusiones por perpetuarse en el negocio de la política para enriquecerse con una camada de nuevos ricos, están a punto de precipitarse al vacío e, ignorantes de la realidad que amenaza con el arribo de una indeseable ingobernabilidad, quieren robarse las banderas con el rapport o empatía a través de un grito desesperado de “¡Todos somos Ayotzinapa!” como si la gente fuera tonta y pudieran manipularla con su falsedad.
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diciembre 03, 2014
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miércoles, 26 de noviembre de 2014
Deslindes Sosiego y Cautela en Tiempos de Peligro
En momentos de soledad y rechazo social, cuando ni los de casa abogan en su defensa, los gobernantes necesitan refugiarse en el sosiego y la cautela, ser humildes y conciliadores, alejarse de empresas de riesgo como la tentación de reprimir y, en especial, hacer suya una sabia transigencia para resolver, con claridad y justicia, los conflictos visibles y los enmascarados. Han de saber que la impotencia y la desesperación por la pérdida de confianza y legitimidad ante la sociedad pudieran mal aconsejarles el peligro de rendirse al arrebato y al falso y vanidoso amor propio que los arrastraría al abismo y su fatalidad.
Aquel escenario parece ser un espejo fiel donde los señores en el poder deberían, con alguna pizca de inteligencia, mirarse con honestidad y reflexión en sus arranques de perdonavidas, en sus desplantes de amenazar con la torpeza del garrote diazordacista a la inconformidad general y de echarle la culpa a las distintas clases sociales de pretender, en sus multitudinarias protestas callejeras, desestabilizar al país con sus demandas para que la autoridad deje de proteger y castigue con la ley a los asesinos, a todos los delincuentes impunes y a los corruptos tanto de fuera como de dentro del gobierno.
Ya se había dicho aquí la verdad de que la clase política gobernante va de un error a otro con suma facilidad, con sus falacias y toscas posiciones, en sus afanes y nerviosismo por aclarar situaciones o por contener la gigantesca ola de descontento contra el sistema político y sus débiles y desprestigiadas instituciones. Refleja todo este escenario, con nitidez, la idea de que la alta burocracia se halla al centro de arenas movedizas simbolizadas por el despertar de la gente después de la barbarie de Ayotzinapa y, cuanto más se agita, más se hunde en el pantano que ya amenaza con asfixiarla.
Temerosos del constante avance de la protesta social y desprovistos de una respuesta o solución convincente al clamor de justicia que recorre el país y rebota en el extranjero, a dos meses de la barbarie de Iguala, los señores en el poder quieren infundir miedo con la decisión de criminalizar la protesta y encarcelar a inocentes en penales de máxima seguridad bajo la temeraria acusación de motín y posible terrorismo y otras argucias propias de regímenes dictatoriales enemigos de la democracia y opresores de sociedades que sueñan con la libertad. Por algo las manifestaciones de decenas de miles y miles de mexicanos por las calles de las principales ciudades del país, con eco en muchas capitales del mundo, han acuñado como sus consignas y gritos estelares los contundentes “¡Fue el Estado!” “¡Fuera Peña Nieto!”.
A la espera de mejores tiempos, si estuviera al final de su incierto túnel, el señor Peña Nieto camina solo entre la tormenta de críticas y descalificaciones a su desinflado gobierno y nadie de sus equiperos y correligionarios de primer nivel, ya sean los responsables de la política interna, de la procuración de justicia o de los pastores camarales de su partido, salen a ofrecerle solidaridad o a defenderlo ante el descomunal acoso al caduco sistema político de parte de una sociedad harta de la violencia, los asesinatos, las fosas clandestinas, las desapariciones forzadas, la impunidad, la corrupción, la miseria, el hambre y la consolidación de castas minoritarias que se enriquecen con los recursos de la nación, con los dineros del erario y con la obra pública que se reparte entre amigos, socios y cómplices. Un estado fallido, sintetizaría la aguda visión del presidente de Uruguay, José Mujica, aunque horas después matizaría como cortesía a la diplomacia. Hasta los medios extranjeros que alguna vez, hace poco tiempo, lo consideraron el salvador de México y el exitoso autor del mexican momento que abriría las puertas del país al voraz capital transnacional para llevarse el petróleo, le han dado las espaldas y ahora aguijonean su figura presidencial con las agudas lanzas de tinta y papel de sus escribientes molestos con la crisis social y política. Vaya: ni se diga de la nueva y sorpresiva posición crítica de la cúpula de la iglesia católica mexicana, antigua aliada de los regímenes priístas y panistas, con su comprometido “¡Basta ya!” contra el estado de cosas, espoleada tal vez por el Papa Francisco a ponerse del lado de la sociedad más que de los gobernantes.
La caída de la imagen del señor Peña Nieto y su grupo de notables a niveles ínfimos en México y el mundo, donde a voz en cuello se le reclama hoy sí y mañana también que encuentren a los 43 normalistas desaparecidos por el Estado, juzguen a los verdaderos autores materiales e intelectuales y esclarezcan el móvil, vino a complicárseles más todavía con la denuncia de la valiente y respetable periodista Carmen Aristegui, en su portal Aristegui Noticias, sobre el tráfico de influencias, el conflicto de interés y la sospecha de corrupción en los tejes y manejes de la mansión de la pareja presidencial identificada con ironía como La Casa Blanca de Las Lomas de Chapultepec, valuada nada menos que en siete millones de dólares, inscrita a nombre de la primera dama. Falta saber por qué la construyó y pre escrituró para cedérselas la empresa Ingeniería Inmobiliaria del Centro, propiedad del empresario Juan Armando Hinojosa Cantú, beneficiario de contratos por 33 mil millones de pesos en obras del gobierno del estado de México en el sexenio de Peña Nieto y de otros 22 mil millones de pesos en menos de dos años del actual gobierno federal, a reserva de contabilizar su cuota que iba a recibir como ganadora en el complejo de empresas chinas-mexicanas del proyecto del tren de alta velocidad México-Querétaro, a un costo de 52 mil millones de pesos, concesión cancelada unas horas antes de este escándalo. Fue incluso como echarle más gasolina al fuego seguir el torpe consejo de que la señora Angélica Rivera de Peña fuera enviada a explicar cómo adquirió el costoso inmueble en un video poco convincente, como tampoco satisfizo a nadie el desglose del inquilino de Los Pinos sobre sus 15 propiedades que valoró en 47 millones de pesos y, según dijo sin exhibir documentación, buena parte las obtuvo por medio de donaciones y otras las compró en unos cuantos viejos pesos, aunque la gente esperaba que le informaran dónde fueron las gangas y remates.
Con los ánimos de la población enfurecidos por la ausencia de justicia y los ejemplos de corrupción, los señores en el poder deberían serenarse y ofrecer al país una salida a la grave crisis social y política que envuelve al estado en su conjunto, resolver con la verdad y la justicia por delante el fondo del fusilamiento masivo de Tlatlaya y el crimen de lesa humanidad de Ayotzinapa, e iniciar con ideas frescas, incluyentes y democráticas, un cambio real, una reforma de estado que privilegie a la sociedad en su conjunto y deseche los añejos vicios de un sistema que gobierna para favorecer a una minoría de unos 300 grandes empresarios, grupitos de políticos, alta burocracia, clanes de partidos, clero político, medios periodísticos cómplices y beneficiarios y otros cuantos, mientras la inmensa mayoría de los connacionales viven en el desamparo expuestos a las mafias del crimen organizado y a la de la clase política.
Así es como con sus protestas incontenibles la sociedad requiere que la verdad se ventile en todos sus aspectos, por más graves que parezcan. Entonces a nada deben temer los gobernantes si sus manos están limpias, como dicen tenerlas, ni a que se investigue por el Congreso de la Unión el origen de las propiedades de la pareja presidencial, por salud política y social.
Es oportuno recordar que la milenaria sabiduría china reafirma que lo que uno ha ganado con honradez en virtud de sus méritos previos, llámense mansiones o gobiernos, “constituye una posesión verdadera y no puede perderse”. O lo que con violencia se conquista – sentencia el mismo axioma --también se le arranca con la fuerza.
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miércoles, 12 de noviembre de 2014
Deslindes Ayotzinapa Pone en Jaque al Sistema
A nadie convence y a todos indigna la fantástica trama de horror que el viernes exhibió el procurador Jesús Murillo Karam, con poca fortuna para sus fines, tal vez poseído por la ansiedad de salvar al gobierno de su culpa en el afrentoso crimen de Estado de Ayotzinapa que, vale advertirlo, ya puso en jaque a las instituciones, desnudó la incapacidad oficial para esclarecerlo y desencadenó vacíos de poder y signos de ingobernabilidad.
Antes que el señor Peña Nieto volara a China como si huyera del ensordecedor reclamo e ira nacional y mundial por la barbarie contra normalistas en Iguala y temiera más desgaste a la indumentaria presidencial, la clase política en el poder quiso allanarle una salida airosa con la versión insustancial, con tintes de una terrorífica narración de Edgar Allan Poe, sobre la cuarta muerte de los 43 estudiantes desaparecidos por la fuerza pública entre el 26 y el 27 de septiembre pasado, con violencia criminal, frente a los indiferentes ojos de las policías estatal y federal y de la zona militar.
Con aquel peliculero y fallido libreto el gobierno intentaba además, confiado en la inocencia y sumisión de los mexicanos, sepultar el espeluznante crimen de lesa humanidad, calmar los ánimos, darle vuelta a la página al tenor del clásico borrón y cuenta nueva y, sobre todo, levantarle la cabeza al señor Peña Nieto para cuando hubiera de presentarse ante las economías del mundo en China y Australia con rostro menos sucio, pudiera ofrecerles las bondades de la reforma energética o sus argucias cupulares para entregarles con prontitud los recursos de la patria y abollarle su soberanía por cederle espacios al depredador capital multinacional.
Ni el propio Murillo Karam, con su cansada humanidad a cuestas, creyó en sus débiles y deshilados argumentos que mostró incluso con una gestualidad y tono de voz poco convincentes después de haber dado a la opinión pública, a lo largo de 45 días, indicios de que ya antes habían encontrado, en distintos momentos y lugares, los restos de los normalistas, la primera vez en las fosas clandestinas, la segunda en los basureros de Iguala y Cocula y la tercera bajo las aguas de un río.
En su espectacular conferencia con la prensa el viernes 7, difundida con los avances del marketing manipulador y con las ansias de pegar fuerte y abrir una zanja en el subconsciente colectivo de los mexicanos para colocarlo de su lado frente al descontento general callejero que ya corea a todo pulmón “¡Fue el Estado!” y “¡Fuera Peña!”, el procurador exhibió la flaqueza del gobierno y la desesperación por zafarse del naufragio por donde la tempestad los lleva a pique.
Ni un alma sale a defenderlos del acoso social por el crimen de lesa humanidad, ni siquiera los beneficiarios de las tarjetas de Soriana y Monex a quienes compraron sus consciencias y votos para hacerse del triunfo en las elecciones de 2012. (Valdría la pena asomarse a la historia universal y los avatares de países con sistemas decadentes, con predominio de la corrupción y la impunidad, en especial al axioma de que, en esas condiciones y sin apoyo popular, es difícil sostenerse).
Desprovisto de la contundencia que da la verdad, el señor Murillo Karam balbuceó cuando le preguntaron si los del gobierno consideraban la salvaje agresión a normalistas como un crimen de estado o por qué el ejército, a unos pasos de los hechos, nunca intervino. Iguala no es México, replicó y supuso que los militares, al entrar en acción, se hubieran puesto del lado de los policías municipales (que balearon, secuestraron y desaparecieron a los estudiantes).
Sabe el procurador y sabe también toda la clase política, desde el partido en el poder hasta los autocalificados como de oposición (¿a qué se oponen si comen en el mismo plato?), así como los otros órganos dizque independientes pero a su servicio, que ya nadie les cree sus cuentos ni tienen representatividad alguna de la sociedad y, por lo contrario, por la calle y por todos los rincones del país los tachan de ineptos y corruptos, autoritarios e impunes, antidemocráticos y prepotentes, salteadores del erario y demagogos.
¿Cuántos gobernadores, alcaldes y tesoreros corruptos atraen la memoria del lector con sólo ojear los escaparates del priísmo, el panismo y el perredismo y sus costosos y deshonestos satélites? Y todavía faltaría agregarles sus alianzas con el crimen organizado y el gigantesco lavadero de las campañas electorales por donde se deslizan los dineros mal habidos que después se cobran con territorios como en Guerrero, Michoacán, Tamaulipas, etcétera, etcétera, etcétera.
Algunas veces Murillo Karam tropezó con sus contradicciones, pero la suma de las diferentes películas del gobierno que fueron con los días desechadas, establecen con toda la irresponsabilidad imaginable impropia de cualquier autoridad, que a los 43 normalistas víctimas de desaparición forzada por el Estado, el oficialismo primero los exhuma de fosas clandestinas, luego los encuentra en basureros, más tarde los bucea en ríos y ahora, con el último relato macabro del viernes pasado, para mayor dolor de los padres, los familiares y la sociedad, los agrede, secuestra, tortura, asesina, quema en pira, descuartiza los restos, los embolsa, los transporta y arroja a las aguas de otro río donde conjetura que se diluye toda huella. Ni la fértil imaginación del realizador Albert Hitchcock, con su maestría del misterio y el suspenso, hubiera concebido un terror así de bestial, más cuando nadie justifica una matanza de esta naturaleza, si existiera alguna mente tan perversa y sádica para justificarla.
La pobreza de recursos intelectuales y de ética han llevado de la mano a los gobernantes a poner en cadena nacional la cruel e inhumana exposición del supuesto fin de los 43 normalistas, como certeras puñaladas al corazón de sus padres y familiares y de la opinión pública, con el apoyo científico en la simple versión grabada a tres delincuentes que dicen ser autores materiales de los asesinatos, pero al señor Murillo Káram también le fallaron sus cuentas: nunca dijo cómo sus valiosos personajes, los señores identificados por el procurador como El Jona, El Pato y El Chereje, de absoluta respetabilidad como para creerles, sometieron solos a los 43 normalistas, ni habló jamás del móvil cuando todos en el mundo buscan una explicación a los motivos de la barbarie que tambalea al señor Peña Nieto y su grupo en el poder e imanta las críticas internacionales a su incapaz estilo de gobernar.
Exacerba más aún a la gente que el inquilino de Los Pinos, malaconsejado por algún otro insensible y sin oficio político, salió corriendo a Pekín, para hacer el intento de dejar atrás el fantasma de Ayotzinpa y el nuevo escándalo de su mansión de Las Lomas de Chapultepec -- valuada en siete millones de dólares y con raras ligas con la desaseada asignación de la obra del tren ligero México-Querétaro que fue abortada por necesidad --, con una comitiva que incluye a un maquillista, quién sabe para qué.
Rodeado de un equipo ineficaz y aldeano y proclive al negocio, útil sólo para la demagogia y la simulación, el señor Peña Nieto parece confundido entre las manifestaciones públicas y la descomposición de las instituciones, entre una violencia descomunal y un sistema político rehén de la corrupción y la impunidad, a menos de dos años de haber tomado el poder tras impugnados comicios manchados con la compra de millones de votos.
Ya han de saber los señores de esta decadente clase política en el poder, incluyendo a los opositores, que la barbarie de Ayotzinapa se ha vuelto un parte aguas y si, como el gobierno teme, crece más todavía el desencanto y la protesta en busca de la verdad y la justicia, mejor habría sido llegar al fondo de todo, cueste lo que costare.
Porque la sociedad no tolerará más actos propios de tiranías.
armandosepulveda@cablevision.net.mx
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miércoles, 5 de noviembre de 2014
Deslindes: Atiza la Corte el Fuego Inconforme
México, DF.- Al final de cuentas los ministros de la desprestigiada Suprema Corte de Justicia de la Nación volvieron a ponerse de rodillas ante los intereses del grupo en el poder y, con su habitual servilismo que afrenta la memoria de Don Benito Juárez, obedecieron la línea de la clase política gobernante para tirar al cesto de la basura las consultas populares en momentos de crisis política y social e inconformidad general que, todas juntas, amenazan con desbordar a las instituciones y buscan canales para desfogarse por las vías pacificas.
Cobijados con sus negras togas de lana como si el vestido restituyera algo de dignidad, los orondos ministros se pusieron otra vez en ridículo para quedar bien con Los Pinos y con el despojo del petróleo mexicano, exhibieron su ignorancia sobre economía y confirmaron con su ligereza que los órganos de justicia, como todas las instancias del Estado, atraviesan por una etapa de descomposición y nula credibilidad e integran un frágil aparato de burocracias ineptas y afines, encubridoras o beneficiarias de la monstruosa corrupción e impunidad que asfixia a la sociedad.
Mientras el país hierve en protestas sin fin contra la barbarie del Estado de tirotear, herir, asesinar y desaparecer con la fuerza a estudiantes normalistas de Ayotzinapa y, en respuesta, el gobierno se hunde en su vasta incapacidad para hallarlos y someter a la ley a los verdaderos autores intelectuales, los señores de la Corte atizan más el fuego de la ira y la indignación popular con su rechazo a las consultas ciudadanas solicitadas por millones de mexicanos con sus firmas. Anulan de plumazo la necesaria opinión de la gente sobre temas de grande importancia como el despojo del petróleo de la nación votado en las cámaras por legisladores que, en su mayoría, vendieron sus votos, para favorecer a los grandes capitales transnacional y también al criollo que con la complicidad de los gobernantes de las últimas tres décadas han conseguido acomodarse en las exclusivas listas de Forbes entre los más ricos del mundo.
Excepto el honesto voto en contra de José Ramón Cossío, los ministros de la Corte declararon improcedentes e inconstitucionales las consultas populares sobre el petróleo porque -- arguyeron – tienen relación con los ingresos y gastos del Estado. Fue la ministra Olga Sánchez Cordero, aquel aval justiciero para que la secuestradora de origen francés Florence Cassez, condenada a 60 años de prisión, saliera en libertad en 2013, la autora del proyecto que niega a los mexicanos su derecho a incidir en las decisiones de interés para la nación.
El estudio a fondo de la decisión de la inepta y corrupta clase política variopinta de desposeer a México de su petróleo para favorecerse en principio con sociedades, diezmos y otras corruptelas y beneficiar a las multinacionales petroleras y a los tiburones nacionales con el reparto del codiciado pastel, hubiera acercado a los señores de la Corte a la otra cara de la moneda: en efecto, la consulta popular afectaría el ingreso del Estado respecto a la desventajosa renta petrolera que compartiría con los monopolios si la reforma energética llegara a echarse abajo, pero con la privatización de los energéticos el gobierno perderá mucha más: parte las ganancias con extraños y pierde soberanía y fuerza política frente al paso avasallador de aquellas empresas proclives al saqueo y la dominación imperial de los pueblos tercermundistas que les abren sus puertas. En cambio Cossío consideró a la consulta, con su voto, como un derecho humano superior en jerarquía al dócil y frívolo alegato de Sánchez Cordero y compañía para convalidar el atraco de los yacimientos y despreciar el punto de vista del pueblo.
Mucha gente duda que don Benito Juárez, en su calidad de presidente de la Corte, hubiera aprobado en sus tiempos la entrega del petróleo al capital foráneo, ni cree que hubiera puesto en libertad a la secuestradora francesa o tampoco que hubiera condecorado, con toga y ribete y en ceremonia monumental, a delincuentes como Arturo El Negro Durazo, hazañas todas que ha hecho en épocas recientes el más alto tribunal de justicia de la nación como para que los actuales ministros se hinchen de orgullo. Como Jesús con los mercaderes que profanaban con su tianguis el templo de Dios, Don Benito Juárez hubiera azotado a quienes manipulan la impartición de justicia en perjuicio de la sociedad y en provecho de clanes.
Fue un momento poco afortunado de los señores ministros de la Corte volver a arrodillarse ante el poder ejecutivo, si deseaban rendirle pleitesía con prontitud, cuando el señor Peña Nieto y su grupo en el gobierno necesitan con urgencia tranquilizar las tormentas que se ciernen sobre sus cabezas, ponerle cotos a la ingobernabilidad y contener con resultados, más que con verborrea, el repudio general contra la violencia del Estado, la corrupción y la impunidad de todos los gobernantes de todos los partidos y su divorcio de los intereses de la sociedad.
En pocas semanas, desde la troglodita agresión de gentes del Estado contra los estudiantes normalistas, los señores empoderados con la farsa de la democracia perdieron el escaso margen de simpatía que conservaban entre los ciudadanos fastidiados de tanta simulación. Un breve recuento de hechos y circunstancias, con torpezas y omisiones del oficialismo, arrojaría esta verdad:
Hasta los aliados por interés y negocio, ni se diga de los afectados con las crisis política, económica y social, comenzaron a volver la espalda a su todavía ayer amada clase política en el poder y a exigirle con un rigor inusual cuentas reales por su incapacidad para frenar la violencia, la inseguridad, la corrupción, la impunidad, los vacios de autoridad, la caída de la economía y, en fin, la descomposición de las instituciones y la debacle del Estado.
Allí caben las cúpulas de los organismos empresariales: Aplaudidores incansables del giro del gobierno a favor del gran capital para entregarle la riqueza petrolera, sólo hasta hoy se han espantado por la falta de garantías y estabilidad para la inversión, pero nadie ignora que desde 2006, con el arranque del nefasto calderonato y su guerrita, el pueblo vive en la zozobra con la violencia cotidiana, las decenas de miles de asesinatos, las docenas de miles de desapariciones forzadas, las incontables fosas clandestinas halladas y por descubrir y otras barbaridades que este gobierno, en su tiempo y desde 2012, quiso ocultar con el bozal a la inmensa mayoría de los medios electrónicos e impresos que, a petición oficial, han venido maquillando las matanzas para que el mundo sepa que México vive en paz como si en el extranjero pecaran de ingenuidad.
A instancias de la clase empresarial Peña Nieto recogió anteayer la inquietud de suscribir su nuevo pacto para fortalecer el estado de derecho y contra la corrupción y la impunidad, mas debería comenzar por lanzar una cruzada entre la clase política en general y poner a disposición de la ley a todos los políticos y funcionarios priístas, panistas, perredistas y demás que se han enriquecido con el saqueo de arcas públicas y privadas y buscan para las elecciones de 2015 saltar a otros puestos para continuar con la depredación. Tiene a la mano gobernadores, alcaldes, tesoreros y otras delincuentes con fuero que han acumulado inmensas fortunas con sus corruptelas.
A nadie convence tampoco que el gobierno quiera centrar las culpas del fusilamiento de Tlatlaya en sólo seis soldados de tropa y un teniente, cuando los militares jamás proceden sin una orden y alguien de arriba debió darlas para que ejecutaran a los 22 jóvenes presuntos delincuentes en julio pasado. O decir para que le crean que el ex alcalde de Iguala, José Luis Abarca (capturado por fin ayer), es junto con su esposa los solitarios autores intelectuales de la barbarie contra los estudiantes normalistas, si testigos de la agresión saben que todo sucedió frente a los ojos de la zona militar y las policías federal y estatal.
El momento de México ya pasó a la historia y el mundo y la prensa extranjera se ha venido encima de la inexperta clase política en el poder. Sólo les queda a los gobernantes, como recurso salvador, un golpe de timón ante la creciente inconformidad popular con la voluntad de poner todo en su lugar con la ley en la mano y su urgencia de revertir la amenazante ira e indignación nacional, con la aplicación de la justicia y abrirle espacios de participación a la sociedad en la toma de decisiones. Sólo incluirla.
Viene a la memoria, en tiempos aciagos como los de México, una oportuna advertencia de Homero en su monumental epopeya Ilíada, para quien desee hacerla suya: “La victoria cambia de hombres”.
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noviembre 05, 2014
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miércoles, 29 de octubre de 2014
Deslindes Tribunal de la Verdad debería juzgar a los gobiernos estatal y federal por la desaparición de los 43 normalistas
La salida de Aguirre y la llegada de Rogelio Ortega Martínez como gobernador sustituto con un discurso salpicado de lambisconerías a Peña Nieto, nada resuelve
Continúan desaparecidos los 43 normalistas y las protestas, bloqueos carreteros y anarquistas atracos a supermercados no cesan
Al Director Juan Manuel Padrón Lara, por su descumpleaños
México DF.- Los neoliberales en el poder saben poco sobre el arte de gobernar a un país y de enarbolar la justicia, como bien todo México y el mundo deducen de la incapacidad de las instituciones para encontrar a los 43 estudiantes de Ayotzinapa y sus verdugos intelectuales, a un mes de que la autoridad local los agredió, secuestro y desapareció (nadie dice por y para qué), con la ayuda del crimen organizado y la omisión cómplice de los gobiernos estatal y federal.
Sobra decir que el pasmo y la nada atraparon a lo largo de este mes de octubre a las gobernantes y los partidos (que siempre han sido hábiles, sin embargo, para el engaño y la simulación), cuando la gente se les vino encima con paros, marchas, plantones y bloqueos, una forma de sacar a la luz su ira e indignación contra los bestiales sucesos de Iguala, además del fusilamiento de Tlatlaya, impunes como 98 por ciento de los delitos que padecen los mexicanos.
A todo el repudio nacional e internacional por aquellos crímenes de lesa humanidad, se ha respondido con palabrería y promesas, habitual a los alumnos de la demagogia, con el invento de culpables o el juicio a personajes menores, para salvarse a sí mismo y a los verdaderos criminales que ordenaron las matanzas, de ser llamados a cuentas. Un tribunal de la verdad, justo e imparcial, debería juzgar la tolerante pasividad y las omisiones de las autoridades estatales y federales en cuyas narices se sometió a tiros los jóvenes normalistas para llevárselos en patrullas municipales a desaparecerlos.
Llena de altanería la clase política arracimada en gobiernos, legislaturas, instituciones y partidos, despreció a la sociedad durante mucho tiempo con su despotismo y desoyó sus reclamos, carencias y hambre de que les sirvieran los órganos de justicia, hasta que las tragedias rebosaron la copa de la impunidad y levantaron las voces de un pueblo disminuido por las mafias que regentean la partidocracia y los dineros y recursos públicos en su inmoral provecho.
Ahora los personeros de esta clase política se hacen lenguas entre su diarrea verbal que ventilan los medios, por congratularse con un pueblo que con el tiempo y sus acciones peleadas con la ética, les ha perdido el respeto, la confianza y la credibilidad y esta vez les exige como nunca antes justicia y el regreso de los normalistas al grito que rebota por todos los rincones del país y del mundo de “¡vivos se los llevaron, vivos los queremos!” Aturdidos por la dimensión de los hechos, los políticos de todos los partidos, con su tardía y torpe reacción, se han enredado en su discapacidad mental.
Al estilo de la guerra sucia del pasado reciente las autoridades federales han querido salirse del ojo del huracán adonde su incapacidad los postró, con el desvío de líneas de investigación para querer enlodar a los desaparecidos insinuando que pertenecían al crimen organizado, pero la temeraria versión sólo sirve para que sus torpezas aticen más el fuego de la sociedad contra sus confesas ineptitudes, como la de ofrecer por incapacidad recompensas a quienes informen sobre el paradero de las víctimas y los victimarios: una genial estrategia para estados faltos de aptitud para garantizar por su cuenta y con sus instituciones seguridad y justicia a sus habitantes. O la justicia a la manera del mítico Viejo Oeste.
Hacía mucho tiempo que la sociedad mexicana, paciente y temerosa ante las arbitrariedades del poder a través de los años, no se sentía lastimada y con tanto coraje como hoy con los bárbaros sucesos de Iguala del 26 de septiembre pasado, cuando los normalistas cayeron heridos algunos y muertos otros y unos más fueron secuestrados a punta de cañón, sólo porque habían “tomado en préstamo” varios autobuses urbanos para asistir a la marcha del 2 de octubre conmemorativa de la matanza de estudiantes en Tlatelolco en 1968, perpetrada por el estado que encabezaba Gustavo Díaz Ordaz.
Hemos visto inclusive a organismos de académicos y universitarios de tradicional simpatía y docilidad borreguil con los gobiernos en turno, mostrarse con enojo y rabia mediante desplegados de prensa contra esta barbarie y la violencia en general, los yerros y la corrupción e impunidad que caracteriza a la autoridad aunque pretenda ocultarla con mordazas consentidas a la prensa, con estadísticas mentirosas y con verborrea que nadie les cree: ni sus mismos correligionarios. Así han podido estos sectores aflorar su indignación por el inaudito salvajismo de Iguala y las complicidades de los tres niveles de gobierno, aun cuando se empuje la especie de que fueron el alcalde prófugo José Luis Abarca Velázquez y su esposa María de los Ángeles Pineda Villa los solitarios autores intelectuales, para evadir culpas en las demás esferas gubernamentales.
Entre los análisis de la situación anterior a los hechos y sus consecuencias, destacan la de especialistas en seguridad que señalan a las distintas dependencias legales y de espionaje del gobierno como responsables de haber dado la voz de alerta a los altos mandos del poder sobre cómo el crimen organizado venía tomando las riendas en Iguala y muchos municipios más de Guerrero, como de otros estados del país; cómo surgía el vacío de autoridad y cómo avanzaba la delincuencia a la vista de los gobiernos municipal, estatal y federal, que por lo dicho allá mismo convivían con cierta normalidad. Dicen esas voces que los cuerpos de seguridad debieron informar todo a las cúpulas donde – suponen – desestimaron el peligro y nunca actuaron para conjurarlo.
Frente a un problema del tamaño de la tragedia de los normalistas de Ayotzinapa, tampoco hubo una respuesta inmediata y eficaz y, por falta de talento y oficio político, la autoridad federal dejó correr el tiempo escondida del alud de críticas y pudo reaccionar sólo cuando alzaron la voz el gobierno de los Estados Unidos, la ONU y la OEA, para exigir al gobierno de mexicano que sacara su cabezota de avestruz del centro de la tierra y asumiera su responsabilidad en la busca de solución al caso Iguala mientras la especie le daba vueltas al mundo horrorizando a todos. Su torpeza los había llevado a decir, para desligarse, que los actos bárbaros de Iguala eran de incumbencia local.
A estas alturas el río se ha revuelto en demasía y el recelo sobre las investigaciones y su avance hacia los culpables domina las mentes incluso entre quienes al principio confiaron en un desenlace imparcial. Porque la gente se hace, entre otras, preguntas como por qué la autoridad se olvidó de su informe inicial de que la fosas clandestinas donde exhumaron los primeros 28 cadáveres se hallaron por la delación de policías que intervinieron en la desaparición de los normalistas y sugerían que eran sus restos. O cómo violaron los protocolos mientras exhumaban y desde qué momento los forenses argentinos comenzaron a indagar la identidad de los muertos.
Más atentos a cuidar sus intereses que los de la sociedad y, en especial, los de los normalistas desaparecidos y sus familiares y el clamor nacional e internacional por que los encuentren vivos, las autoridades y los partidos anduvieron negociando a nivel de marchantes la permanencia de Ángel Aguirre Rivero en el gobierno de Guerrero y tanto el PRI-Los Pinos como el PRD-Los Chuchos se esmeraron en argucias para sostenerlo entre el polvorín que amenaza con incendiar otras regiones. Su salida y la llegada de Rogelio Ortega Martínez como gobernador sustituto con un discurso salpicado de lambisconerías al señor Peña Nieto, nada resuelve: continúan desaparecidos los 43 normalistas y las protestas, bloqueos carreteros y anarquistas atracos a supermercados no cesan. Sigue la espera de la identidad de los restos descubiertos anteayer en las orillas de un basurero de Cocula, a unos 30 kilómetros de Iguala.
Hacia dónde caminará la ira y la indignación ciudadana cuando la verdad se conozca, es un enigma que pone a la clase política la carne de gallina.
Por
elmexiquensehoy
a la/s
octubre 29, 2014
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