De un balazo en la nuca fue asesinada una mujer de entre 23 y 25 años de edad en calles del poblado de San Pedro Xalostoc
Por Beda Peñaloza
Los hechos ocurrieron el día de ayer minutos antes de las 14:00 horas entre la avenida Acueducto y calle Gasoducto, cerca de una secundaria ubicada en esa comunidad de Xalostoc, cuando la joven al parecer fue interceptada por sujetos armados que descendieron de un automóvil del que se desconocen las características, que tras obligarla a arrodillarse, uno de ellos, le disparó por la espalda y huyeron del lugar
El cuerpo de la joven que vestía un mallón (leggings) y short color negro, blusa blanca así como zapatos negros, quedo tirado sobre la terracería sobre un charco de sangre, con una herida de arma de fuego penetrada en la nuca, lo que provocó muriera instantáneamente.
Ante este lamentable hecho, personas entre ellos jóvenes estudiantes, no quisieron proporcionar ninguna información de lo ocurrido y fueron quienes dieron parte a las autoridades correspondientes
Policías municipales y de la Comisión Estatal de Seguridad, arribaron al lugar y de manera inmediata procedieron acordonar la zona para evitar la mirada de curiosos
Personal de la Fiscalía de Homicidios, se presentaron en el lugar del crimen y tras dar fe de los hechos, ordenaron el levantamiento del cuerpo que fue trasladado a las instalaciones del Servicio Médico Forense de San Agustín para realizar la necropsia de ley y se dio inicio a la Carpeta de Investigación correspondiente contra quien resulte responsable del asesinato
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miércoles, 20 de mayo de 2015
Joven obligada a arrodillarse para matarla de un balazo en la nuca
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mayo 20, 2015
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miércoles, 14 de enero de 2015
Madre iba a apagar la televisión, pero descubrió el cuerpo de su hijo
El joven de 22 años murió a causa de un paro cardíaco, su mamá entró a su cuarto tres horas después de su muerte.
México.- La madre de un joven de 22 años, descubrió el cuerpo de su hijo en su cuarto, quien murió a causa de un infarto en Yucatán.
La mamá del joven ingresó a la habitación para apagar la televisión, pensando que su hijo se había quedado dormido con ésta encendida, pero lo encontró tirado en el piso.
De acuerdo con los datos, el cuerpo fue descubierto a las 02:00 horas, en el predio número 162 de la calle 55-B entre 40 y 42, en Yucatán.
Ángel Armín Cimé Chuc, de 22 años de edad, se despidió de su familia, les dijo que estaba cansado y que iría dormir; fue la última vez que lo vieron con vida.
El cuerpo del joven fue trasladado al Semefo para la necropsia de ley. Se indicó que a la hora que se descubrió el cuerpo ya tenía más de tres horas de haber fallecido, informó el Diario de Yucatán.
En un principio se pensó que se trató de un suicidio con medicamentos, pero la Fiscalía, basada en el reporte de la autopsia, reveló que la muerte fue por un infarto fulminante al corazón, lo que sorprendió a todos, pues el joven aparentemente tenía buena salud.
México.- La madre de un joven de 22 años, descubrió el cuerpo de su hijo en su cuarto, quien murió a causa de un infarto en Yucatán.
La mamá del joven ingresó a la habitación para apagar la televisión, pensando que su hijo se había quedado dormido con ésta encendida, pero lo encontró tirado en el piso.
De acuerdo con los datos, el cuerpo fue descubierto a las 02:00 horas, en el predio número 162 de la calle 55-B entre 40 y 42, en Yucatán.
Ángel Armín Cimé Chuc, de 22 años de edad, se despidió de su familia, les dijo que estaba cansado y que iría dormir; fue la última vez que lo vieron con vida.
El cuerpo del joven fue trasladado al Semefo para la necropsia de ley. Se indicó que a la hora que se descubrió el cuerpo ya tenía más de tres horas de haber fallecido, informó el Diario de Yucatán.
En un principio se pensó que se trató de un suicidio con medicamentos, pero la Fiscalía, basada en el reporte de la autopsia, reveló que la muerte fue por un infarto fulminante al corazón, lo que sorprendió a todos, pues el joven aparentemente tenía buena salud.
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enero 14, 2015
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Diputado Octavio Martinez Varagas. el mexiquense hoy
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lunes, 10 de noviembre de 2014
Cenizas de impunidad
Solo cenizas, en un basurero público. Puede enervar el relato frío de un empleado de la muerte que apiló muchachos muertos y vivos sobre llantas y leña. Puede hartar la murmuración de un funcionario desbordado; "ya me cansé". Puede indignar la parálisis de quienes deben tomar las decisiones; lo que refleja la enorme distancia que guardan de la desesperanza y de la ira.
La bandera debería estar a media asta. El Presidente debería decretar un luto nacional. Compartir un duelo, convertirlo en cambio.
Mártires de Iguala debería nombrarse la plaza y el emblema. El 11 de septiembre de 1973, cuando el Golpe de Estado en Chile, por órdenes del entonces presidente de la República, Luis Echeverría, todas las escuelas públicas guardaron un minuto de silencio e hicieron un homenaje al gran demócrata que fue Salvador Allende.
El país entero debería rendir un homenaje a los estudiantes de Ayotzinapa, por ellos, y por la memoria, por la enseñanza y el encuentro, la solidaridad, y el duelo colectivo. No más. ¡Ya basta!, deberían decir en todas las escuelas y en todos los centros de trabajo, en un solo momento, una voz. Se hizo por Chile alguna vez. Deberíamos hacerlo por México. Por lo menos la memoria para atajar la impunidad.
Reitero: el Presidente debe rehacer su gabinete. Incorporar voces con autoridad académica, intelectual, política y civil. La mayoría de los actuales funcionarios no han dado muestras de entender la hondura de la crisis ni al país reclamante al que tienen que responder.
Sobran nombres y figuras ajenas a partidos, que -ésas sí- no se cansan, no se han cansado en sus afanes. Un nuevo pensamiento crítico y actuante es el que debe reconstruir, rehacer, redefinir.
"Si la balanza se inclina contra la legalidad, se ahondará la trampa de seguridad", afirma John Bailey en su reciente libro Crimen e impunidad.
Al país le afectan distintos malestares simultáneos; algunos de raigambre, otros coyunturales, pero de manera sistémica hay una afectación que ha impedido un avance contundente en materia de políticas de seguridad.
Bailey apunta, por ejemplo, a la ausencia de un pacto social básico; eso, considera, debilita la conducta ciudadana de acatar la ley. Algo diferente a las componendas clásicas de las élites.
Esa ausencia junto con la desconexión del sistema electoral de partidos de la realidad ciudadana ha trastocado convivencias y entregado la legitimidad a la delincuencia.
Las preocupaciones de los votantes están completamente alejadas de los intereses de las maquinarias políticas. Y aquí es donde confluyen los factores de disrupción con las propias políticas que los intentan combatir. Es donde la legalidad pierde.
Los ciudadanos observan y se enteran de los escándalos de los políticos en materia de corrupción. Los ciudadanos miran que sus votados se apropian de recursos, se enriquecen y abusan del poder sin que haya un mínimo control de sus conductas o castigos severos.
Al fortalecer al municipio y empoderar a los gobernadores, se fue gestando una expectativa superior para los políticos: es una pérdida de tiempo (y de dinero) ser diputado si en el poder local es donde está el recurso, la impunidad y el seguro de vida. Seis de cada diez pesos de los recursos federales etiquetados para seguridad se ejercen en gobiernos locales.
La competencia político-electoral con dinero acercó al narco a cambio de la protección. El dinero público de la seguridad fue malversado y el dinero sucio terminó de pulverizar a las instituciones.
Abarca es el acabado ejemplo de esa perversión. El país tiene, desde hace años, miles de desaparecidos producto de tantos y tantos Abarcas que incubaron impune e irresponsablemente los partidos políticos
No más. Debe decirse todos los días, desde el poder dañado y tambaleante hasta el ciudadano azorado, indignado y entristecido. Correrá la indignación vestida de fuego, de pedradas, de balas, de abstención electoral, de huidas, de rechazos. La ira crece. Ya no puede correr más sangre.
La bandera debería estar a media asta. El Presidente debería decretar un luto nacional. Compartir un duelo, convertirlo en cambio.
Mártires de Iguala debería nombrarse la plaza y el emblema. El 11 de septiembre de 1973, cuando el Golpe de Estado en Chile, por órdenes del entonces presidente de la República, Luis Echeverría, todas las escuelas públicas guardaron un minuto de silencio e hicieron un homenaje al gran demócrata que fue Salvador Allende.
El país entero debería rendir un homenaje a los estudiantes de Ayotzinapa, por ellos, y por la memoria, por la enseñanza y el encuentro, la solidaridad, y el duelo colectivo. No más. ¡Ya basta!, deberían decir en todas las escuelas y en todos los centros de trabajo, en un solo momento, una voz. Se hizo por Chile alguna vez. Deberíamos hacerlo por México. Por lo menos la memoria para atajar la impunidad.
Reitero: el Presidente debe rehacer su gabinete. Incorporar voces con autoridad académica, intelectual, política y civil. La mayoría de los actuales funcionarios no han dado muestras de entender la hondura de la crisis ni al país reclamante al que tienen que responder.
Sobran nombres y figuras ajenas a partidos, que -ésas sí- no se cansan, no se han cansado en sus afanes. Un nuevo pensamiento crítico y actuante es el que debe reconstruir, rehacer, redefinir.
"Si la balanza se inclina contra la legalidad, se ahondará la trampa de seguridad", afirma John Bailey en su reciente libro Crimen e impunidad.
Al país le afectan distintos malestares simultáneos; algunos de raigambre, otros coyunturales, pero de manera sistémica hay una afectación que ha impedido un avance contundente en materia de políticas de seguridad.
Bailey apunta, por ejemplo, a la ausencia de un pacto social básico; eso, considera, debilita la conducta ciudadana de acatar la ley. Algo diferente a las componendas clásicas de las élites.
Esa ausencia junto con la desconexión del sistema electoral de partidos de la realidad ciudadana ha trastocado convivencias y entregado la legitimidad a la delincuencia.
Las preocupaciones de los votantes están completamente alejadas de los intereses de las maquinarias políticas. Y aquí es donde confluyen los factores de disrupción con las propias políticas que los intentan combatir. Es donde la legalidad pierde.
Los ciudadanos observan y se enteran de los escándalos de los políticos en materia de corrupción. Los ciudadanos miran que sus votados se apropian de recursos, se enriquecen y abusan del poder sin que haya un mínimo control de sus conductas o castigos severos.
Al fortalecer al municipio y empoderar a los gobernadores, se fue gestando una expectativa superior para los políticos: es una pérdida de tiempo (y de dinero) ser diputado si en el poder local es donde está el recurso, la impunidad y el seguro de vida. Seis de cada diez pesos de los recursos federales etiquetados para seguridad se ejercen en gobiernos locales.
La competencia político-electoral con dinero acercó al narco a cambio de la protección. El dinero público de la seguridad fue malversado y el dinero sucio terminó de pulverizar a las instituciones.
Abarca es el acabado ejemplo de esa perversión. El país tiene, desde hace años, miles de desaparecidos producto de tantos y tantos Abarcas que incubaron impune e irresponsablemente los partidos políticos
No más. Debe decirse todos los días, desde el poder dañado y tambaleante hasta el ciudadano azorado, indignado y entristecido. Correrá la indignación vestida de fuego, de pedradas, de balas, de abstención electoral, de huidas, de rechazos. La ira crece. Ya no puede correr más sangre.
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lunes, 3 de noviembre de 2014
Ayotzinapa, Tlatlaya, el "Poli" y la debacle
Mexico.- A estas alturas del partido se puede decir, sin duda, que el gobierno federal falló en el cálculo y la operación policiaca y política ante la tragedia que representa la desaparición forzada de 43 estudiantes de la normal de Ayotzinapa, Guerrero, y la muerte de seis personas más en Iguala el 26 de septiembre pasado.
Los responsables de la política interna, la seguridad nacional y pública, la procuración de justicia y los derechos humanos fallaron. Cometieron el craso error de pensar que un hecho gravísimo, que constituye un delito de lesa humanidad, como la desaparición forzada de personas, era un asunto local.
En lugar de encender las alertas e intervenir de inmediato, tuvieron la caradura ponerse a hacer cálculos electorales y decidieron dejarle toda la responsabilidad al gobierno de Ángel Aguirre Rivero y el PRD. Tuvieron que darse las condenas internacionales para que ¡12 días después! el gobierno federal entrara a Guerrero para atender la crisis.
Visto ahora, las condiciones estaban dadas para el fallo. Encandilados por los éxitos que representan las reformas estructurales, dejaron pasar los intentos del Ejército mexicano para ocultar las ejecuciones cometidas por militares en Tlatlaya, en el Estado de México, la tardía atención de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos frente al caso, así como el imprudente, inoportuno, mal planeado y peor ejecutado cambio del reglamento interno y los planes de estudio del Instituto Politécnico Nacional; ahí puede estar el origen de la lenta e ineficaz actuación del gobierno federal para enfrentar y resolver estos conflictos y de su tardía reacción ante la tragedia de Iguala-Ayotzinapa.
Apabullados tras más de un mes sin lograr hallar a los normalistas desaparecidos, con José Luis Abarca, el ex alcalde de Iguala y presunto autor intelectual de los ataques hoy prófugo, para Enrique Peña Nieto y sus hombres fuertes no son suficientes las capturas de medio centenar de policías corruptos y varios cabecillas de los narcos de Guerreros Unidos.
Este grupo de políticos exitosos no se había enfrentado a una crisis de estas dimensiones y mucho menos estado frente a frente y cara al cara ante un agraviado y dolido grupo de mexicanos, que representa a quienes con justicia siempre se han opuesto al sistema y al estado de cosas que los gobiernos que han dirigido los destinos de México en los últimos 40 años han perpetuado.
Así están las cosas. Mal harían ahora los estrategas de Peña Nieto en pretender darle salida a la crisis queriendo criminalizar a las víctimas al intentar ligarlas con la banda de narcos de Los Rojos, como filtraron algunos medios. Esa ruta sería la más riesgosa ante un sector de la sociedad tan ideologizado, organizado y, sin duda, justamente agraviado.
Los responsables de la política interna, la seguridad nacional y pública, la procuración de justicia y los derechos humanos fallaron. Cometieron el craso error de pensar que un hecho gravísimo, que constituye un delito de lesa humanidad, como la desaparición forzada de personas, era un asunto local.
En lugar de encender las alertas e intervenir de inmediato, tuvieron la caradura ponerse a hacer cálculos electorales y decidieron dejarle toda la responsabilidad al gobierno de Ángel Aguirre Rivero y el PRD. Tuvieron que darse las condenas internacionales para que ¡12 días después! el gobierno federal entrara a Guerrero para atender la crisis.
Visto ahora, las condiciones estaban dadas para el fallo. Encandilados por los éxitos que representan las reformas estructurales, dejaron pasar los intentos del Ejército mexicano para ocultar las ejecuciones cometidas por militares en Tlatlaya, en el Estado de México, la tardía atención de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos frente al caso, así como el imprudente, inoportuno, mal planeado y peor ejecutado cambio del reglamento interno y los planes de estudio del Instituto Politécnico Nacional; ahí puede estar el origen de la lenta e ineficaz actuación del gobierno federal para enfrentar y resolver estos conflictos y de su tardía reacción ante la tragedia de Iguala-Ayotzinapa.
Apabullados tras más de un mes sin lograr hallar a los normalistas desaparecidos, con José Luis Abarca, el ex alcalde de Iguala y presunto autor intelectual de los ataques hoy prófugo, para Enrique Peña Nieto y sus hombres fuertes no son suficientes las capturas de medio centenar de policías corruptos y varios cabecillas de los narcos de Guerreros Unidos.
Este grupo de políticos exitosos no se había enfrentado a una crisis de estas dimensiones y mucho menos estado frente a frente y cara al cara ante un agraviado y dolido grupo de mexicanos, que representa a quienes con justicia siempre se han opuesto al sistema y al estado de cosas que los gobiernos que han dirigido los destinos de México en los últimos 40 años han perpetuado.
Así están las cosas. Mal harían ahora los estrategas de Peña Nieto en pretender darle salida a la crisis queriendo criminalizar a las víctimas al intentar ligarlas con la banda de narcos de Los Rojos, como filtraron algunos medios. Esa ruta sería la más riesgosa ante un sector de la sociedad tan ideologizado, organizado y, sin duda, justamente agraviado.
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La maldita esperanza
Mexico.- Generar esperanza de vida en la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa conlleva grandes riesgos. Es así porque llevan más de un mes sin que se tenga noticia de su paradero y estado físico; entonces el riesgo de no encontrarlos con vida será un golpe fatal para las 43 familias que aún conservan la esperanza de que regresen sanos y salvos.
La Procuraduría General de la República y la Secretaría de Gobernación, desde el viernes antepasado, comenzaron a plantear la posibilidad de que estos jóvenes estuviesen vivos. A partir de mediados de esta semana, la esperanza de muerte prevalece de manera velada en el mensaje de la PGR. Segob se mantiene en el ánimo de encontrarlos con vida, lo que de por sí denota una descoordinación entre los titulares de estas dependencias. Ojalá y estén vivos. Si no lo están, a quienes culparán será al Presidente, a Osorio Chong y a Murillo Karam, aunque ellos no tengan responsabilidad alguna.
Coincido con mi compañero de páginas Ciro Gómez Leyva cuando afirmó en su columna del lunes pasado que Iguala-Ayotzinapa es, sin duda, una historia extraordinaria que sigue produciendo historias sorprendentes y descomunales. Es comprensible su fuerza periodística.El problema es que al gobierno se le acabó el tiempo para responder a las familias afectadas, a los mexicanos y a todos los que siguen el caso fuera del país. Mediáticamente seguirá generando mucho; políticamente, se hunde más mientras pasan los días. Ya no será suficiente con encontrarlos, como tampoco lo será detener a José Luis Abarca, a su esposa y al ex jefe de la policía de Iguala.
La reconfiguración total de la seguridad pública en todo el país a partir de estos lamentables hechos deberá soportarse en las fuerzas armadas. ¿Por qué? Porque a pesar de Tlatlaya, las acciones del Ejército y la Fuerza Aérea siguen siendo las que mejores resultados en la materia presentan. A pesar de Tlatlaya, la única institución que genera esperanza son las fuerzas armadas. Los hechos de Tlatlaya no han logrado que la sociedad generalice al Ejército como un violador de derechos humanos. Quienes lo hacen son los que siempre han criticado radicalmente la naturaleza militar y, en este caso, su intervención en labores de seguridad.
Deben soportarse en los soldados, debido a que tanto los de tierra, aire y mar no representan un interés político; al contrario, los de uniforme significan el único recurso que el Presidente ha tenido desde que llegó al poder para enfrentar el abominable fenómeno de la delincuencia, y todo indica que seguirá así hasta que termine su mandato. El Ejército mexicano es el primero en entender que su propia inacción significaría entregar la nación a los delincuentes, tal y cual lo han hecho los gobernantes y funcionarios de los tres niveles.
El Presidente no necesita de protagonismos por parte de sus secretarios y funcionarios cercanos. El Presidente sabe que para el general Salvador Cienfuegos Zepeda lo menos importante es colgarse las medallas y, como dice un general que prefiere el anonimato, “Salvador ya tiene muchas, no necesita una más”.
El Presidente necesita poder ofrecer esperanza a sus gobernados. El presidente sabe que si no se soporta en las fuerzas armadas, el proyecto de nación será un fracaso.
Tristemente, las esperanzas de las 43 familias de los estudiantes desaparecidos se desvanecen y quedan fuera del discurso político y del mensaje mediático; quedan fuera de la rapiña con la que todos han querido beneficiarse en el tema de Iguala, sin darse cuenta del grave daño que le ha causado al país.
Se desvanece la esperanza al momento en que el gobierno de México “debe” mandar a distintos funcionarios a explicar por qué en México se están violando derechos humanos y, de ahí, etiquetar al país completo como un espacio sin ley.
Un espacio donde ya no cabe ni la maldita esperanza.
CABO DE GUARDIA
El enfrentamiento del pasado jueves en el cerro El Ocotillo, en Luvianos, Estado de México, no tiene nada de extraordinario que no sean los altos niveles de delincuencia que se siguen registrando en ese Estado.
La CNDH ya informó que abrió una investigación para demostrar que ahora sí cumplirá su función en tiempo y forma. Mejor debería de apoyar a los ocho deportistas que fueron secuestrados ayer en el Ajusco, a quienes por cierto liberaron después de pagar el rescate.
El secuestro es una de las peores formas de violación del derecho humano.
Enfrentarse con delincuentes no significa que el Ejército viole los derechos de nadie; al contrario, en todo caso protege los de la mayoría de la población, a pesar de lo ocurrido en Tlatlaya.
jibarrolals@hotmail.com
La Procuraduría General de la República y la Secretaría de Gobernación, desde el viernes antepasado, comenzaron a plantear la posibilidad de que estos jóvenes estuviesen vivos. A partir de mediados de esta semana, la esperanza de muerte prevalece de manera velada en el mensaje de la PGR. Segob se mantiene en el ánimo de encontrarlos con vida, lo que de por sí denota una descoordinación entre los titulares de estas dependencias. Ojalá y estén vivos. Si no lo están, a quienes culparán será al Presidente, a Osorio Chong y a Murillo Karam, aunque ellos no tengan responsabilidad alguna.
Coincido con mi compañero de páginas Ciro Gómez Leyva cuando afirmó en su columna del lunes pasado que Iguala-Ayotzinapa es, sin duda, una historia extraordinaria que sigue produciendo historias sorprendentes y descomunales. Es comprensible su fuerza periodística.El problema es que al gobierno se le acabó el tiempo para responder a las familias afectadas, a los mexicanos y a todos los que siguen el caso fuera del país. Mediáticamente seguirá generando mucho; políticamente, se hunde más mientras pasan los días. Ya no será suficiente con encontrarlos, como tampoco lo será detener a José Luis Abarca, a su esposa y al ex jefe de la policía de Iguala.
La reconfiguración total de la seguridad pública en todo el país a partir de estos lamentables hechos deberá soportarse en las fuerzas armadas. ¿Por qué? Porque a pesar de Tlatlaya, las acciones del Ejército y la Fuerza Aérea siguen siendo las que mejores resultados en la materia presentan. A pesar de Tlatlaya, la única institución que genera esperanza son las fuerzas armadas. Los hechos de Tlatlaya no han logrado que la sociedad generalice al Ejército como un violador de derechos humanos. Quienes lo hacen son los que siempre han criticado radicalmente la naturaleza militar y, en este caso, su intervención en labores de seguridad.
Deben soportarse en los soldados, debido a que tanto los de tierra, aire y mar no representan un interés político; al contrario, los de uniforme significan el único recurso que el Presidente ha tenido desde que llegó al poder para enfrentar el abominable fenómeno de la delincuencia, y todo indica que seguirá así hasta que termine su mandato. El Ejército mexicano es el primero en entender que su propia inacción significaría entregar la nación a los delincuentes, tal y cual lo han hecho los gobernantes y funcionarios de los tres niveles.
El Presidente no necesita de protagonismos por parte de sus secretarios y funcionarios cercanos. El Presidente sabe que para el general Salvador Cienfuegos Zepeda lo menos importante es colgarse las medallas y, como dice un general que prefiere el anonimato, “Salvador ya tiene muchas, no necesita una más”.
El Presidente necesita poder ofrecer esperanza a sus gobernados. El presidente sabe que si no se soporta en las fuerzas armadas, el proyecto de nación será un fracaso.
Tristemente, las esperanzas de las 43 familias de los estudiantes desaparecidos se desvanecen y quedan fuera del discurso político y del mensaje mediático; quedan fuera de la rapiña con la que todos han querido beneficiarse en el tema de Iguala, sin darse cuenta del grave daño que le ha causado al país.
Se desvanece la esperanza al momento en que el gobierno de México “debe” mandar a distintos funcionarios a explicar por qué en México se están violando derechos humanos y, de ahí, etiquetar al país completo como un espacio sin ley.
Un espacio donde ya no cabe ni la maldita esperanza.
CABO DE GUARDIA
El enfrentamiento del pasado jueves en el cerro El Ocotillo, en Luvianos, Estado de México, no tiene nada de extraordinario que no sean los altos niveles de delincuencia que se siguen registrando en ese Estado.
La CNDH ya informó que abrió una investigación para demostrar que ahora sí cumplirá su función en tiempo y forma. Mejor debería de apoyar a los ocho deportistas que fueron secuestrados ayer en el Ajusco, a quienes por cierto liberaron después de pagar el rescate.
El secuestro es una de las peores formas de violación del derecho humano.
Enfrentarse con delincuentes no significa que el Ejército viole los derechos de nadie; al contrario, en todo caso protege los de la mayoría de la población, a pesar de lo ocurrido en Tlatlaya.
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Consignan a militares implicados en caso Tlatlaya ante juez federal
El Consejo de la Judicatura Federal informó este domingo que el pasado 31 de octubre de los corrientes, aproximadamente a la medianoche, dio por cumplida la orden de aprehensión
Ciudad de México.- Los siete militares implicados en la muerte de 22 civiles en Tlatlaya, Estado de México, fueron consignados ante el Juzgado Cuarto de Distrito en Materia de Procesos Penales Federales de la misma entidad.
El Consejo de la Judicatura Federal informó este domingo que el pasado 31 de octubre de los corrientes, aproximadamente a la medianoche, dio por cumplida la orden de aprehensión librada dentro de la causa penal 81/2014.
Los siete miembros del Ejército mexicano están acusados de ejercicio indebido del servicio público, de acuerdo con las investigaciones realizadas por el Ministerio Público Federal.
De esta forma fueron notificados los soldados Alan Fuentes Guadarrama, Julio César Guerrero Cruz, Roberto Acevedo López, Samuel Torres López, Fernando Quintero Millán, Leobardo Hernández Leónides y el teniente Ezequiel Rodríguez Martínez, quien la madrugada del 30 de junio iba al mando del grupo.
Los siete miembros del Ejército mexicano están acusados de ejercicio indebido del servicio público, de acuerdo con las investigaciones realizadas por el Ministerio Público Federal de la Procuraduría General de la República (PGR).
En la misma consignación Quintero Millán, Acevedo López y Hernández Leónides enfrentan cargos como presuntos responsables de la comisión del delito de abuso de autoridad, homicidio calificado en agravio de ocho personas y alteración ilícita del lugar y vestigios del hecho delictivo, previstos en el Código Penal Federal.
Por su parte, al teniente Rodríguez Martínez el Ministerio Público de la Federación le imputa la presunta responsabilidad en el ilícito de encubrimiento, en la hipótesis de no procurar impedir la consumación de un delito.
Este grupo está relacionado con la muerte de 22 civiles ocurrida la madrugada del 30 de junio del presente año, durante un presunto enfrentamiento contra un grupo del crimen organizado.
Los hechos ocurrieron en Cuadrilla Nueva, comunidad de San Pedro Limón, municipio de Tlatlaya, Estado de México.
La Judicatura indicó que los siete acusados quedaron a disposición de este Juzgado de Distrito en reclusión en la prisión militar adscrita a la Primera Región Militar, ubicada en el Campo Militar 1-A, en México, Distrito Federal.
El Juzgado Cuarto del Estado de México envió exhorto al Juez de Distrito de Procesos Penales Federales en el DF en turno, para que en auxilio de las labores de este juzgado, les recabe la declaración preparatoria y resuelva su situación jurídica dentro del término de ley.
Ciudad de México.- Los siete militares implicados en la muerte de 22 civiles en Tlatlaya, Estado de México, fueron consignados ante el Juzgado Cuarto de Distrito en Materia de Procesos Penales Federales de la misma entidad.
El Consejo de la Judicatura Federal informó este domingo que el pasado 31 de octubre de los corrientes, aproximadamente a la medianoche, dio por cumplida la orden de aprehensión librada dentro de la causa penal 81/2014.
Los siete miembros del Ejército mexicano están acusados de ejercicio indebido del servicio público, de acuerdo con las investigaciones realizadas por el Ministerio Público Federal.
De esta forma fueron notificados los soldados Alan Fuentes Guadarrama, Julio César Guerrero Cruz, Roberto Acevedo López, Samuel Torres López, Fernando Quintero Millán, Leobardo Hernández Leónides y el teniente Ezequiel Rodríguez Martínez, quien la madrugada del 30 de junio iba al mando del grupo.
Los siete miembros del Ejército mexicano están acusados de ejercicio indebido del servicio público, de acuerdo con las investigaciones realizadas por el Ministerio Público Federal de la Procuraduría General de la República (PGR).
En la misma consignación Quintero Millán, Acevedo López y Hernández Leónides enfrentan cargos como presuntos responsables de la comisión del delito de abuso de autoridad, homicidio calificado en agravio de ocho personas y alteración ilícita del lugar y vestigios del hecho delictivo, previstos en el Código Penal Federal.
Por su parte, al teniente Rodríguez Martínez el Ministerio Público de la Federación le imputa la presunta responsabilidad en el ilícito de encubrimiento, en la hipótesis de no procurar impedir la consumación de un delito.
Este grupo está relacionado con la muerte de 22 civiles ocurrida la madrugada del 30 de junio del presente año, durante un presunto enfrentamiento contra un grupo del crimen organizado.
Los hechos ocurrieron en Cuadrilla Nueva, comunidad de San Pedro Limón, municipio de Tlatlaya, Estado de México.
La Judicatura indicó que los siete acusados quedaron a disposición de este Juzgado de Distrito en reclusión en la prisión militar adscrita a la Primera Región Militar, ubicada en el Campo Militar 1-A, en México, Distrito Federal.
El Juzgado Cuarto del Estado de México envió exhorto al Juez de Distrito de Procesos Penales Federales en el DF en turno, para que en auxilio de las labores de este juzgado, les recabe la declaración preparatoria y resuelva su situación jurídica dentro del término de ley.
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