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miércoles, 3 de diciembre de 2014

Nombran a nuevo secretario de Seguridad Pública de Iguala

Jorge Berrios Flores, sustituye a Felipe Flores Velázquez prófugo tras el asesinato de seis personas y la desaparición de 43 normalistas.

Iguala.-
El presidente municipal de Iguala, Silviano Mendiola Pérez, tomó protesta de ley, al nuevo secretario de Seguridad Pública del municipio a Jorge Berrios Flores, quien sustituye a Felipe Flores Velázquez prófugo desde hace 68 días después del asesinato seis personas y la desaparición de 43 normalistas.

El oficial Jorge Berrios Flores, rindió protesta ante los integrantes del cabildo que preside el alcalde Silviano Mendiola, como nuevo secretario de Seguridad Pública municipal, quien fue designado por la policía estatal para ocupar el cargo.

El oficial Jorge Berrios Flores, rindió protesta ante los integrantes del cabildo como nuevo secretario de Seguridad Pública

Jorge Berrios Flores obtuvo el nombramiento con categoría de oficial acreditable de operaciones, el 16 de marzo de 2014, por parte de la Secretaría de Seguridad Pública y Protección Civil (SSPYPC), dicho rango le permite cumplir con el perfil profesional para desempeñarse como titular de la Secretaría de Seguridad Pública en Iguala.

Cabe mencionar que después del ataque en contra de los estudiantes normalistas, el 26 y 27 de septiembre, el entonces secretario de seguridad pública, Felipe Flores Velázquez, desapareció del municipio de iguala por lo que es considerado prófugo de la justicia y hasta el momento se desconoce de su paradero de acuerdo con las autoridades.
Además de que la Policía Federal y la Gendarmería Nacional, se hizo cargo de la seguridad pública luego de que unos 300 policías preventivos fueran desarmados y trasladados al centro de adiestramiento de Tlaxcala, donde el próximo 6 de diciembre regresan a sus labores.
El recién nombrado secretario de Seguridad Pública, Jorge Berrios se comprometió a cumplir cabalmente con las necesidades de seguridad que la cuna de la bandera requiere, así como promover el cumplimiento de la ley.
Estamos aquí para dar resultados y garantizar la tranquilidad de la población, esa es la instrucción que traigo de mis superiores y así la haremos cumplir con el respaldo de todos ustedes”, señaló el oficial Berrios Flores a integrantes de la comuna.
Dijo que durante los dos últimos dos años se ha desempeñado en la Secretaría de Seguridad Pública y Protección Civil (SSPYPC) del Estado, adscrito a esta ciudad de iguala, por lo que aseguró que en términos generales conoce la problemática del municipio.
Agregó que de acuerdo a la estadística del 066, de las colonias donde se registran los índices delictivos más altos será la estrategia que implementara y que continuará operando en el municipio de Iguala la Gendarmería Nacional.

lunes, 3 de noviembre de 2014

La maldita esperanza

Mexico.- Generar esperanza de vida en la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa conlleva grandes riesgos. Es así porque llevan más de un mes sin que se tenga noticia de su paradero y estado físico; entonces el riesgo de no encontrarlos con vida será un golpe fatal para las 43 familias que aún conservan la esperanza de que regresen sanos y salvos.

La Procuraduría General de la República y la Secretaría de Gobernación, desde el viernes antepasado, comenzaron a plantear la posibilidad de que estos jóvenes estuviesen vivos. A partir de mediados de esta semana, la esperanza de muerte prevalece de manera velada en el mensaje de la PGR. Segob se mantiene en el ánimo de encontrarlos con vida, lo que de por sí denota una descoordinación entre los titulares de estas dependencias. Ojalá y estén vivos. Si no lo están, a quienes culparán será al Presidente, a Osorio Chong y a Murillo Karam, aunque ellos no tengan responsabilidad alguna.

Coincido con mi compañero de páginas Ciro Gómez Leyva cuando afirmó en su columna del lunes pasado que Iguala-Ayotzinapa es, sin duda, una historia extraordinaria que sigue produciendo historias sorprendentes y descomunales. Es comprensible su fuerza periodística.El problema es que al gobierno se le acabó el tiempo para responder a las familias afectadas, a los mexicanos y a todos los que siguen el caso fuera del país. Mediáticamente seguirá generando mucho; políticamente, se hunde más mientras pasan los días. Ya no será suficiente con encontrarlos, como tampoco lo será detener a José Luis Abarca, a su esposa y al ex jefe de la policía de Iguala.

La reconfiguración total de la seguridad pública en todo el país a partir de estos lamentables hechos deberá soportarse en las fuerzas armadas. ¿Por qué? Porque a pesar de Tlatlaya, las acciones del Ejército y la Fuerza Aérea siguen siendo las que mejores resultados en la materia presentan. A pesar de Tlatlaya, la única institución que genera esperanza son las fuerzas armadas. Los hechos de Tlatlaya no han logrado que la sociedad generalice al Ejército como un violador de derechos humanos. Quienes lo hacen son los que siempre han criticado radicalmente la naturaleza militar y, en este caso, su intervención en labores de seguridad.

Deben soportarse en los soldados, debido a que tanto los de tierra, aire y mar no representan un interés político; al contrario, los de uniforme significan el único recurso que el Presidente ha tenido desde que llegó al poder para enfrentar el abominable fenómeno de la delincuencia, y todo indica que seguirá así hasta que termine su mandato. El Ejército mexicano es el primero en entender que su propia inacción significaría entregar la nación a los delincuentes, tal y cual lo han hecho los gobernantes y funcionarios de los tres niveles.

El Presidente no necesita de protagonismos por parte de sus secretarios y funcionarios cercanos. El Presidente sabe que para el general Salvador Cienfuegos Zepeda lo menos importante es colgarse las medallas y, como dice un general que prefiere el anonimato, “Salvador ya tiene muchas, no necesita una más”.

El Presidente necesita poder ofrecer esperanza a sus gobernados. El presidente sabe que si no se soporta en las fuerzas armadas, el proyecto de nación será un fracaso.

Tristemente, las esperanzas de las 43 familias de los estudiantes desaparecidos se desvanecen y quedan fuera del discurso político y del mensaje mediático; quedan fuera de la rapiña con la que todos han querido beneficiarse en el tema de Iguala, sin darse cuenta del grave daño que le ha causado al país.
Se desvanece la esperanza al momento en que el gobierno de México “debe” mandar a distintos funcionarios a explicar por qué en México se están violando derechos humanos y, de ahí, etiquetar al país completo como un espacio sin ley.

Un espacio donde ya no cabe ni la maldita esperanza.

CABO DE GUARDIA

El enfrentamiento del pasado jueves en el cerro El Ocotillo, en Luvianos, Estado de México, no tiene nada de extraordinario que no sean los altos niveles de delincuencia que se siguen registrando en ese Estado.

La CNDH ya informó que abrió una investigación para demostrar que ahora sí cumplirá su función en tiempo y forma. Mejor debería de apoyar a los ocho deportistas que fueron secuestrados ayer en el Ajusco, a quienes por cierto liberaron después de pagar el rescate.

El secuestro es una de las peores formas de violación del derecho humano.
Enfrentarse con delincuentes no significa que el Ejército viole los derechos de nadie; al contrario, en todo caso protege los de la mayoría de la población, a pesar de lo ocurrido en Tlatlaya.

jibarrolals@hotmail.com