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miércoles, 26 de agosto de 2015
Efectuarán Examen de Confianza a supervisores de Obra Pública en Edoméx
A unos días de que los diputados locales dejen su cargo, el Ejecutivo estatal doctor Eruviel Ávila Villegas propuso que todos los servidores públicos encargados de la residencia y supervisión de obras públicas, de la revisión de precios unitarios, alzados y mixtos, y quienes desempeñen empleos, cargos o comisiones relacionados con funciones o actividades de visitas, inspecciones, verificaciones o equivalentes, se sometan a exámenes de control de confianza.
La evaluación tendría que hacerse ante la Unidad Estatal de Certificación de Confianza de la Secretaría de la Contraloría y el documento de certificación contaría con una vigencia de dos años, con la obligación de renovarlo antes de vencer. Además, el secretario de la Contraloría publicaría la relación de los sujetos obligados a someterse a esas evaluaciones.
De acuerdo con la iniciativa, los servidores públicos obligados deberían presentar la certificación de confianza tanto por ingreso, como por reingreso, promoción y por permanencia, cada dos años. El incumplimiento de esa obligación sería causa de responsabilidad administrativa.
Según la iniciativa, de aprobarse las reformas al Libro Décimo Segundo del Código Administrativo del Estado de México y a la Ley de Responsabilidades de los Servidores Públicos del Estado y Municipios, esos servidores además de contar con su título profesional y cédula legalmente expedidos, deberán acreditar el procedimiento de evaluación de confianza.
El 17 de septiembre del 2012 se publicó en Gaceta del Gobierno un acuerdo para crear la Unidad Estatal de Certificación de Confianza, como órgano desconcentrado de la Secretaría de la Contraloría, con autonomía técnica para aplicar procedimientos de evaluación de confianza y expedir certificaciones.
En ese acuerdo se establece que los servidores públicos de las dependencias y organismos auxiliares tienen la obligación de presentar las evaluaciones de confianza cuando desempeñen empleos, cargos o comisiones relacionados con las funciones o actividades de visitas, inspecciones, verificaciones o equivalente, a personas físicas o jurídicas colectivas.
En la exposición de motivos se señala la necesidad de garantizar que los servidores públicos encargados de la supervisión de obras públicas y la revisión de precios unitarios, alzados y mixtos, ejerzan sus funciones con apego a los principios que rigen el servicio público, a fin de ofrecer la seguridad de que los recursos públicos son ejercidos con legalidad y transparencia, y con las mejores condiciones en cuanto a precio, calidad y oportunidad.
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agosto 26, 2015
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jueves, 6 de agosto de 2015
Las instituciones en crisis de confianza
POR ALEJANDRO HERNÁNDEZ
Encuestita sobre encuesta, pregunto a 15 personas qué opinan acerca de los resultados del sondeo de Grupo Reforma relativo a la confianza que tienen los mexicanos en sus instituciones.
Muestro a cada uno los porcentajes de confianza y de desconfianza. Todos sonríen con cierto regocijo. Es una especie de pequeña venganza.
Celebran que sólo 16 por ciento crea en los partidos políticos; festejan que en la Comisión Nacional de los Derechos Humanos sólo confíe 35 por ciento; en el Instituto Nacional Electoral, 34; en el gobierno de Enrique Peña Nieto, 27; en la Suprema Corte de Justicia y en el Congreso de la Unión, 24; y en la Policía, 20. En la Iglesia y en el Ejército confía uno de cada dos.
Se lo merecen, dice uno; estoy de acuerdo, dice otro; y cada vez va a ser peor, asegura un tercero, casi alegremente, y continúan expresiones similares.
Yo, lo acepto, también he experimentado esa sensación de minidesquite. Pero luego de mi sondeo amateur, la fiestecilla interior se va desvaneciendo. Porque la desconfianza no debe celebrarse.
¿De dónde proviene el gusto de saber, o de confirmar, que los mexicanos no creemos en nuestras instituciones? ¿Vendrá de sentir que tales desaprobaciones serán un golpe en la cabeza de quienes las dirigen? ¿Será que se espera que reaccionen y rectifiquen?
Lo de la reacción me parece ilusorio, pues es evidente que todos piensan, creen, defienden, que lo están haciendo bien. Lo más seguro es que sostengan que la encuesta está errada y que no refleja el sentir de los mexicanos porque a ellos les consta que la patria entera reconoce y aplaude su trabajo.
Al margen de ello, luego del gusto inicial, qué nos queda. Nos queda un país sin confianza. ¿Y qué es un país, una familia, un médico, un actor, un equipo deportivo sin confianza?
Una institución que no goza de confianza y una persona que no confía son polos de una misma carencia. Ni la primera puede desempeñarse con altura ni la segunda puede esforzarse con entusiasmo.
La confianza da certidumbre, alienta e inspira. La confianza es un valor que nutre al que la recibe y al que la otorga. La confianza fortalece; la desconfianza debilita.
¿Qué representa la existencia de instituciones no confiables y de ciudadanos desconfiados? Representa la ruptura entre el Estado y esa parte esencial de su naturaleza: la población. Significa que en lugar de la fuerza de la unión padecemos la anemia del distanciamiento.
De los partidos políticos emergen, en su inmensa mayoría, los gobernantes y los legisladores. ¿Qué puede esperarse de los frutos si se desconfía del semillero? ¿Por qué los hombres y las mujeres de los partidos políticos, en los que no se cree, podrían ser creíbles en el gobierno?
Similares preguntas podríamos hacernos respecto del resto de lasinstituciones.
La confianza, fundamento de la acción conjunta y fuente del desarrollo y la armonía, es el gran paraguas de la democracia.
La confianza permite, entre otras cosas, que se realicen inversiones, se denuncien los delitos, se paguen los impuestos, se acuda a votar, se respalden las decisiones, se trabaje con ahínco y se crea en el futuro.
Depositarios o depositantes, todos necesitamos de confianza porque sin ella no hay fortaleza ni alegría ni compromiso duraderos.
Pero la confianza no puede imponerse ni decretarse. Tampoco se regala ni se deposita a ciegas. La confianza, ya se sabe, se construye, se gana y se merece.
Ojalá que quienes dirigen las instituciones hagan a un lado la tentación de defenderse o autoengañarse, reconozcan que sus acciones y omisiones han vulnerado la confianza y asuman el imperativo de mejorar su desempeño.
Un Estado no puede debilitarse como consecuencia de la insensibilidad y la soberbia. Los servidores públicos, fugaces por definición, están obligados a restituir la confianza en las instituciones, pues éstas no les pertenecen y no tienen derecho a fracturarlas.
Encuestita sobre encuesta, pregunto a 15 personas qué opinan acerca de los resultados del sondeo de Grupo Reforma relativo a la confianza que tienen los mexicanos en sus instituciones.
Muestro a cada uno los porcentajes de confianza y de desconfianza. Todos sonríen con cierto regocijo. Es una especie de pequeña venganza.
Celebran que sólo 16 por ciento crea en los partidos políticos; festejan que en la Comisión Nacional de los Derechos Humanos sólo confíe 35 por ciento; en el Instituto Nacional Electoral, 34; en el gobierno de Enrique Peña Nieto, 27; en la Suprema Corte de Justicia y en el Congreso de la Unión, 24; y en la Policía, 20. En la Iglesia y en el Ejército confía uno de cada dos.
Se lo merecen, dice uno; estoy de acuerdo, dice otro; y cada vez va a ser peor, asegura un tercero, casi alegremente, y continúan expresiones similares.
Yo, lo acepto, también he experimentado esa sensación de minidesquite. Pero luego de mi sondeo amateur, la fiestecilla interior se va desvaneciendo. Porque la desconfianza no debe celebrarse.
¿De dónde proviene el gusto de saber, o de confirmar, que los mexicanos no creemos en nuestras instituciones? ¿Vendrá de sentir que tales desaprobaciones serán un golpe en la cabeza de quienes las dirigen? ¿Será que se espera que reaccionen y rectifiquen?
Lo de la reacción me parece ilusorio, pues es evidente que todos piensan, creen, defienden, que lo están haciendo bien. Lo más seguro es que sostengan que la encuesta está errada y que no refleja el sentir de los mexicanos porque a ellos les consta que la patria entera reconoce y aplaude su trabajo.
Al margen de ello, luego del gusto inicial, qué nos queda. Nos queda un país sin confianza. ¿Y qué es un país, una familia, un médico, un actor, un equipo deportivo sin confianza?
Una institución que no goza de confianza y una persona que no confía son polos de una misma carencia. Ni la primera puede desempeñarse con altura ni la segunda puede esforzarse con entusiasmo.
La confianza da certidumbre, alienta e inspira. La confianza es un valor que nutre al que la recibe y al que la otorga. La confianza fortalece; la desconfianza debilita.
¿Qué representa la existencia de instituciones no confiables y de ciudadanos desconfiados? Representa la ruptura entre el Estado y esa parte esencial de su naturaleza: la población. Significa que en lugar de la fuerza de la unión padecemos la anemia del distanciamiento.
De los partidos políticos emergen, en su inmensa mayoría, los gobernantes y los legisladores. ¿Qué puede esperarse de los frutos si se desconfía del semillero? ¿Por qué los hombres y las mujeres de los partidos políticos, en los que no se cree, podrían ser creíbles en el gobierno?
Similares preguntas podríamos hacernos respecto del resto de lasinstituciones.
La confianza, fundamento de la acción conjunta y fuente del desarrollo y la armonía, es el gran paraguas de la democracia.
La confianza permite, entre otras cosas, que se realicen inversiones, se denuncien los delitos, se paguen los impuestos, se acuda a votar, se respalden las decisiones, se trabaje con ahínco y se crea en el futuro.
Depositarios o depositantes, todos necesitamos de confianza porque sin ella no hay fortaleza ni alegría ni compromiso duraderos.
Pero la confianza no puede imponerse ni decretarse. Tampoco se regala ni se deposita a ciegas. La confianza, ya se sabe, se construye, se gana y se merece.
Ojalá que quienes dirigen las instituciones hagan a un lado la tentación de defenderse o autoengañarse, reconozcan que sus acciones y omisiones han vulnerado la confianza y asuman el imperativo de mejorar su desempeño.
Un Estado no puede debilitarse como consecuencia de la insensibilidad y la soberbia. Los servidores públicos, fugaces por definición, están obligados a restituir la confianza en las instituciones, pues éstas no les pertenecen y no tienen derecho a fracturarlas.
lunes, 8 de junio de 2015
En el PRI ganamos gracias a la confianza de los mexiquenses: Carlos Iriarte Mercado
Toluca, Estado de México, 7 de junio de 2015.- En el PRI ganamos la mayoría de los municipios, de los distritos locales y federales del Estado de México gracias a la confianza de los mexiquenses y como resultado del reconocimiento al trabajo de cercanía que el PRI y los gobiernos emanados de este partido han realizado con la gente.
Así lo aseguró Carlos Iriarte Mercado, dirigente estatal del Partido Revolucionario Institucional en la entidad, durante la conferencia de prensa en donde anunció que de acuerdo con información de encuestas de salida y del propio partido, las tendencias de la votación les favorecen con una clara ventaja en municipios como Ecatepec, Naucalpan, Tlalnepantla, Toluca, Metepec, Cuautitlán Izcalli, Huixquilucan, Chimalhuacán, Ixtapaluca, Coacalco, Tultitlán, Atlacomulco, Valle de Bravo e Ixtapan de la Sal, mientras que en municipios como Atizapán de Zaragoza, Nezahualcóyotl y Texcoco la información preliminar contempla resultados muy cerrados.
Iriarte Mercado reconoció el trabajo del Instituto Nacional Electoral y del Instituto Electoral del Estado de México para la organización y conducción de este proceso electoral, el cual se llevó a cabo en paz y tranquilidad con la colaboración de los tres órdenes de gobierno.
Pero sobre todo reconoció el papel de los ciudadanos que integraron las poco más de 18 mil casillas y que dieron muestra ejemplar de participación y de confianza en las instituciones electorales.
El dirigente estatal del PRI aseguró que al igual que seguramente lo harán todos los partidos políticos y sus candidatos, el priísmo mexiquense respetará la voluntad ciudadana expresada cívica y responsablemente este día en las urnas.
“Reiteramos nuestro agradecimiento a los mexiquenses que el día de hoy refrendaron su confianza en el PRI, que es un partido que continuará cercano a la gente los 365 días del año, escuchándola y retomando sus propuestas e inquietudes para convertirlas, como gobierno, en políticas públicas que beneficien a la comunidad”, puntualizó.
Así lo aseguró Carlos Iriarte Mercado, dirigente estatal del Partido Revolucionario Institucional en la entidad, durante la conferencia de prensa en donde anunció que de acuerdo con información de encuestas de salida y del propio partido, las tendencias de la votación les favorecen con una clara ventaja en municipios como Ecatepec, Naucalpan, Tlalnepantla, Toluca, Metepec, Cuautitlán Izcalli, Huixquilucan, Chimalhuacán, Ixtapaluca, Coacalco, Tultitlán, Atlacomulco, Valle de Bravo e Ixtapan de la Sal, mientras que en municipios como Atizapán de Zaragoza, Nezahualcóyotl y Texcoco la información preliminar contempla resultados muy cerrados.
Iriarte Mercado reconoció el trabajo del Instituto Nacional Electoral y del Instituto Electoral del Estado de México para la organización y conducción de este proceso electoral, el cual se llevó a cabo en paz y tranquilidad con la colaboración de los tres órdenes de gobierno.
Pero sobre todo reconoció el papel de los ciudadanos que integraron las poco más de 18 mil casillas y que dieron muestra ejemplar de participación y de confianza en las instituciones electorales.
El dirigente estatal del PRI aseguró que al igual que seguramente lo harán todos los partidos políticos y sus candidatos, el priísmo mexiquense respetará la voluntad ciudadana expresada cívica y responsablemente este día en las urnas.
“Reiteramos nuestro agradecimiento a los mexiquenses que el día de hoy refrendaron su confianza en el PRI, que es un partido que continuará cercano a la gente los 365 días del año, escuchándola y retomando sus propuestas e inquietudes para convertirlas, como gobierno, en políticas públicas que beneficien a la comunidad”, puntualizó.
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junio 08, 2015
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domingo, 17 de mayo de 2015
Incrementa confianza en servicios médicos del ISSSTE
• El Aval Ciudadano es la voz de los afiliados que evita deficiencias en servicios médicos.
• La participación social contribuye a mejorar la confianza del paciente en las instituciones de salud.
En la Delegación Estatal del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores (ISSSTE), el Aval Ciudadano se ha convertido en una figura indispensable que contribuye a conocer la percepción e inquietudes, pero sobre todo, a la comprobación y mejora de la atención médica que este Instituto otorga a sus afiliados.
Representado por personas comprometidas con la sociedad y la calidad de los servicios médicos, el Aval Ciudadano, es un mecanismo de contraloría social, por ello, en cada Unidad Médica del ISSSTE en la entidad, se ha implementado la presencia de un representante, cuyo trabajo es voluntario y altruista.
Los Avales Ciudadanos son enlaces y voceros entre los pacientes y el ISSSTE, dedican tiempo y esfuerzo a escuchar a derechohabientes y a sus familiares y colaboran a solucionar posibles deficiencias en los servicios de salud que reciben más de un millón 200 mil afiliados mexiquenses.
Estos representantes ciudadanos ayudan a la Delegación Estatal del ISSSTE a identificar necesidades y expectativas de mejora en la calidad de sus servicios que permitan un mayor beneficio a los usuarios, adicionalmente junto con las autoridades, participan en la toma de decisiones para elevar el trato digno en la atención médica.
A través de los Subcomités –de cada clínica u hospital- de Calidad en Salud, los Avales Ciudadanos conocen a fondo problemáticas internas de las unidades médicas que posteriormente comparten con la derechohabiencia y autoridades para encontrar soluciones adecuadas.
De esta manera, y como parte de una corresponsabilidad social, los Avales Ciudadanos fortalecen la confianza del paciente y la ciudadanía hacia los servicios del Instituto; además generan condiciones de participación social en la calidad de atención de la salud, avalan resultados y contribuyen, transparentemente, a consolidar el trato digno en las ventanillas de atención, las salas de espera, los consultorios y demás espacios de atención a derechohabientes del ISSSTE
• La participación social contribuye a mejorar la confianza del paciente en las instituciones de salud.
En la Delegación Estatal del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores (ISSSTE), el Aval Ciudadano se ha convertido en una figura indispensable que contribuye a conocer la percepción e inquietudes, pero sobre todo, a la comprobación y mejora de la atención médica que este Instituto otorga a sus afiliados.
Representado por personas comprometidas con la sociedad y la calidad de los servicios médicos, el Aval Ciudadano, es un mecanismo de contraloría social, por ello, en cada Unidad Médica del ISSSTE en la entidad, se ha implementado la presencia de un representante, cuyo trabajo es voluntario y altruista.
Los Avales Ciudadanos son enlaces y voceros entre los pacientes y el ISSSTE, dedican tiempo y esfuerzo a escuchar a derechohabientes y a sus familiares y colaboran a solucionar posibles deficiencias en los servicios de salud que reciben más de un millón 200 mil afiliados mexiquenses.
Estos representantes ciudadanos ayudan a la Delegación Estatal del ISSSTE a identificar necesidades y expectativas de mejora en la calidad de sus servicios que permitan un mayor beneficio a los usuarios, adicionalmente junto con las autoridades, participan en la toma de decisiones para elevar el trato digno en la atención médica.
A través de los Subcomités –de cada clínica u hospital- de Calidad en Salud, los Avales Ciudadanos conocen a fondo problemáticas internas de las unidades médicas que posteriormente comparten con la derechohabiencia y autoridades para encontrar soluciones adecuadas.
De esta manera, y como parte de una corresponsabilidad social, los Avales Ciudadanos fortalecen la confianza del paciente y la ciudadanía hacia los servicios del Instituto; además generan condiciones de participación social en la calidad de atención de la salud, avalan resultados y contribuyen, transparentemente, a consolidar el trato digno en las ventanillas de atención, las salas de espera, los consultorios y demás espacios de atención a derechohabientes del ISSSTE
jueves, 9 de abril de 2015
La incertidumbre de las campañas
Una parte del contexto de este proceso electoral es la seria crisis de credibilidad y confianza en la política y sus principales instituciones, entre ellas, los partidos.
Por Guillermo Valdés Castellanos
Comenzaron oficialmente las campañas para renovar la Cámara de Diputados. Los 10 partidos participantes tienen mucho que ganar y perder. En algunos casos está en juego el registro o permanencia del partido; en todos, la cantidad de diputaciones federales y lo que ello implica en términos de poder político y, junto con ello, el monto del financiamiento público que recibirán durante los próximos tres años. También se definirá el posicionamiento que tendrán de inicio para la contienda por la Presidencia en 2018. La batalla será con todo.
Para disputarla, disponen de abundantes recursos: casi mil 200 millones de pesos de nuestros impuestos y mucho tiempo en los medios de comunicación (casi 14 millones de spots publicitarios, que sumados a los 22 millones ya transmitidos, dan un total obsceno), a lo que debe añadirse el dinero en efectivo, no permitido, pero que circula por debajo de la mesa y que es mucho más que el reportado oficialmente. Todo ello para convencer a los ciudadanos de que tomen dos decisiones: que vayan a votar y lo hagan por su logotipo.
Una parte del contexto de este proceso electoral es la seria crisis de credibilidad y confianza en la política y sus principales instituciones, entre ellas, los partidos. De este hecho se deriva una enorme paradoja: por separado, cada partido reconoce que la política está infestada de corrupción, pero que son los otros los corruptos, no ellos. Otros señalan que las acusaciones provienen de políticos hipócritas. Si le creemos a los dos mensajes, todos son corruptos. En el caso de algunos partidos nuevos y de no pocos candidatos, se manda el mensaje de que ellos son más ciudadanos que políticos —como si todo lo político fuera sinónimo de corrupción y lo ciudadano sinónimo de honradez y credibilidad— en un reconocimiento implícito de lo mismo.
La trampa está tendida. Si se ignora el tema de la corrupción, ¿quién les va a creer? Si se reconoce su existencia, ¿cuál partido se salva? Y, sobre todo, ¿a cuál irle y creerle? ¿Cómo recuperar la credibilidad? En suma, la política que se reconoce sucia, pidiendo que confiemos en los partidos, en su voluntad de limpiarla para representar nuestros intereses y no los de ellos. Ejercicio difícil, pero no tienen opción; algo deben decir.
Otros mensajes de las campañas ponen el acento en las acciones benéficas para la población, realizadas por los partidos en el gobierno o por sus acciones legislativas (el regalo de tabletas en las escuelas, la pensión a los adultos mayores, los vales para la entrega de medicinas, etcétera), como muestra de que la política también se trata de gobernar para mejorar las cosas. Y es cierto, pues solo desde el simplismo y el maniqueísmo más ramplones se puede afirmar que la política se reduce a la corrupción y que todos los políticos son sinvergüenzas.}
Sin embargo, ningún estratega de campañas sabe con certeza cuál de los dos discursos será más eficaz para atraer a los electores a las urnas y para conseguir votos para los distintos partidos. La razón de esa incertidumbre es que ambas realidades —política para fines privados o corrupción, y política como generadora y distribuidora de bienes públicos, aunque sea para las clientelas partidistas— coexisten y se desconoce cuál de ellas pesa más en la decisión de los múltiples segmentos que conforman al electorado. De lo que no hay duda es de que las campañas —negativas o positivas— sí importan y modificarán las tendencias actuales. Ya lo veremos.
Por Guillermo Valdés Castellanos
Comenzaron oficialmente las campañas para renovar la Cámara de Diputados. Los 10 partidos participantes tienen mucho que ganar y perder. En algunos casos está en juego el registro o permanencia del partido; en todos, la cantidad de diputaciones federales y lo que ello implica en términos de poder político y, junto con ello, el monto del financiamiento público que recibirán durante los próximos tres años. También se definirá el posicionamiento que tendrán de inicio para la contienda por la Presidencia en 2018. La batalla será con todo.
Para disputarla, disponen de abundantes recursos: casi mil 200 millones de pesos de nuestros impuestos y mucho tiempo en los medios de comunicación (casi 14 millones de spots publicitarios, que sumados a los 22 millones ya transmitidos, dan un total obsceno), a lo que debe añadirse el dinero en efectivo, no permitido, pero que circula por debajo de la mesa y que es mucho más que el reportado oficialmente. Todo ello para convencer a los ciudadanos de que tomen dos decisiones: que vayan a votar y lo hagan por su logotipo.
Una parte del contexto de este proceso electoral es la seria crisis de credibilidad y confianza en la política y sus principales instituciones, entre ellas, los partidos. De este hecho se deriva una enorme paradoja: por separado, cada partido reconoce que la política está infestada de corrupción, pero que son los otros los corruptos, no ellos. Otros señalan que las acusaciones provienen de políticos hipócritas. Si le creemos a los dos mensajes, todos son corruptos. En el caso de algunos partidos nuevos y de no pocos candidatos, se manda el mensaje de que ellos son más ciudadanos que políticos —como si todo lo político fuera sinónimo de corrupción y lo ciudadano sinónimo de honradez y credibilidad— en un reconocimiento implícito de lo mismo.
La trampa está tendida. Si se ignora el tema de la corrupción, ¿quién les va a creer? Si se reconoce su existencia, ¿cuál partido se salva? Y, sobre todo, ¿a cuál irle y creerle? ¿Cómo recuperar la credibilidad? En suma, la política que se reconoce sucia, pidiendo que confiemos en los partidos, en su voluntad de limpiarla para representar nuestros intereses y no los de ellos. Ejercicio difícil, pero no tienen opción; algo deben decir.
Otros mensajes de las campañas ponen el acento en las acciones benéficas para la población, realizadas por los partidos en el gobierno o por sus acciones legislativas (el regalo de tabletas en las escuelas, la pensión a los adultos mayores, los vales para la entrega de medicinas, etcétera), como muestra de que la política también se trata de gobernar para mejorar las cosas. Y es cierto, pues solo desde el simplismo y el maniqueísmo más ramplones se puede afirmar que la política se reduce a la corrupción y que todos los políticos son sinvergüenzas.}
Sin embargo, ningún estratega de campañas sabe con certeza cuál de los dos discursos será más eficaz para atraer a los electores a las urnas y para conseguir votos para los distintos partidos. La razón de esa incertidumbre es que ambas realidades —política para fines privados o corrupción, y política como generadora y distribuidora de bienes públicos, aunque sea para las clientelas partidistas— coexisten y se desconoce cuál de ellas pesa más en la decisión de los múltiples segmentos que conforman al electorado. De lo que no hay duda es de que las campañas —negativas o positivas— sí importan y modificarán las tendencias actuales. Ya lo veremos.
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