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sábado, 18 de enero de 2020

“La importancia en el culto prehispánico, del cerro del Ehecatl en la sierra de Guadalupe”.


Centro de Estudios Mesoamericanos. A. C.
María de la Asunción García Samper
Elvia Martínez Contreras
Jordán Daniel Flores







Dentro de la cosmovisión y Filosofía de los pueblos Hídricos Originarios que se asentaron desde épocas muy antiguas en la parte de las terrazas de Ehecatl y todo lo que hoy se llama las Venitas; los cerros, la flora, la fauna y los fenómenos naturales, formaron parte medular de los mitos, las leyendas, la religión y el modo de vida de los habitantes del México prehispánico.
Durante la época preclásica existieron aldeas de agricultores, que ya conocían la producción alfarera y cosechaban en estas terrazas constituidas por metepancles y apancles con un muro de retención con lodo y piedras con peraltes hasta de 1 metro a 1.50 que iban deslizándose desde casi arriba del cerro hasta llegar a las faldas del mismo. Algunas de estas aldeas estaban en las barrancas como la de las Venitas cubriendo el área en el que hoy está construido el Cecytem 1 Ecatepec y la Universidad Uaem. Ahí en sus jardines y áreas deportivas aún existen vestigios de estas aldeas con casas habitación de piedra y otras cuyos techos y muros estaban revestidos también con pencas de maguey.
Las familias probablemente se formaban por 4 o 6 personas que se reunían después del trabajo a comer sus alimentos en la cocina como era costumbre ante el Tecuil o estufa que hasta algunos años aún era utilizado en los pueblos de Ecatepec, alimentos que traían de la recolección y pesca en el lago de Texcoco y Acalhuacan, de la caza en la serranía y recolección también de frutos y verduras endémicas de la misma sierra.

Cerro del Ehecatl
Sus vestimentas por lo general eran del ixtle que sacaban de las pencas más jóvenes del maguey y con ellas hilaban el hilo para los huipiles, enaguas, maxtatl y mantas con las que se cubrían, también utilizaban pieles de animales como el venado, el gato montés y tigrillo que habitaban las serranías. Las hermosas plumas de tantos y tan variados colores de aves preciosas para sus tocados, ceremonias, peinados y ornato en general las proporcionaban en parte, aves que habitaban en la Sierra de Guadalupe y alrededores.
Utilizaban sandalias de piel, y algunas prendas estaban elaboradas con piel de conejo. Sus ornamentos de piedras semipreciosas, engarzados en oro y plata, fueron accesorios rituales y de belleza muy apreciados.
En estas épocas antiguas el ritual era a la madre tierra y a los 4 elementos y puntos cardinales. Norte, Sur Este y Oeste, Agua, Fuego, Tierra y Viento. Realizaron pinturas en cuevas y abrigos así como esculturas y petrograbados. Era costumbre enterrar a sus muertos en la cocina abajo del Tecuil. Abrían un espacio donde colocaban al difunto y lo cubrían con tierra y piedras, por eso hoy en día se encuentran entierros en las casas derruidas por el tiempo y algunas personas lo han interpretado como si estos lugares fueran panteones.
Estos grupos con el tiempo desaparecieron o se integraron y evolucionaron hacia el Clásico donde las aldeas se construían con plataformas, terrazas habitacionales o de culto, como lo indican los petrograbados que se asocian al culto de lo femenino y al movimiento de los astros, encontrados en el Ehecatl, así como el cambio de las estaciones que les indicaban los momentos propicios para el cultivo y la avenida de las aguas. El viento para estos pueblos fue muy importante ya que el cerro del Ehecatl venteaba sobre todo en los meses de Enero y febrero, y le atribuyeron la presencia masculina por eso colocaron a la deidad de Tlahuizcalpantecuhtli o lucero de la mañana, el caminante y Pantecatl ce Tochtli cuya imagen fue posteriormente colocada y reutilizada en el primer convento que se levantó y que hoy podemos ver a un lado de la Iglesia que fue de San Cristóbal, Esta imagen representa al consorte de Mayahuel que se identifica con la planta del maguey y la producción del pulque, ya que como mencionamos era una región altamente productora del pulque y explotaban el maguey en todas sus formas dando una gran riqueza de productos artesanales para el consumo de estas aldeas y pueblos como también para el comercio de los mismos en los tianguis o mercados locales y regionales.
El mismo cerro de Ehecatl era un lugar de observación para el control del comercio y estrategia militar, allí existen cuevas con estucos que alguna vez tuvieron pintura, así como grabados como el pendiente y el colgante del caracol cortado de Quetzalcóatl, también hay restos de esculturas y el famoso monolito llamado la piedra equinoccial de la cual se han tomado medidas astronómicas y coincide en diferentes épocas con Teotihuacan, Monte Tlaloc, Sierra de Patlachique, Monte Xoloc, Cerro Gordo y otros puntos importantes que arqueólogos y astrónomos de la UNAM de renombre tomaron y publicaron.

Piedra Equinoccial con un sol grabado.
Existe un cráneo y una oquedad para el agua que servía para medir los equinoccios.

Existen colecciones particulares con materiales arqueológicos procedentes de esta parte del Ehecatl y de las Venitas con temporalidades desde el preclásico, clásico y postclásico, pero también hay presencia de materiales del siglo XVI, XVII y XVIII.
Los materiales arqueológicos de lo que fue el museo del Centro Regional de Cultura de Ecatepec, tenía una rica colección de cerámica y lítica procedente de estas aldeas y pueblos, así como esculturas y un hermoso aro del juego de pelota que existió en lo que hoy conforma el parque Ehecatl donde existían plataformas, montículos y alguna vez el mismo juego de pelota hoy ya desaparecidos pero aún se conoce que donde está construido el sindicato de Maestros abajo del mismo aun estan los restos de uno de estos montículos arqueológicos, afortunadamente aún se tienen fotos de los mismo como un patrimonio perdido.
En las hondonadas y cañadas que conforma el Ehecatl con otros cerros del conjunto Sierra de Guadalupe, existen vestigios arqueológicos muy evidentes.
También al bajar el arroyo de temporal de las Venitas se encuentra una piedra triangular con grabados de vulvas femeninas, el sol y los ejes que marcaban los cuatro puntos cardinales o el movimiento.


Hace 40 años se investigó y se registró una gran piedra angular de tres metros de alto por dos de ancho y 70 centímetros de gruesa, alisada en una de sus caras que tenía petrograbados de un gran sol y una gran luna, los cuatro rumbos cardinales y terminaba en una cruz; esta evidencia era totalmente prehispánica y estaba colocada entre el Cerro Ehecatl y el arroyo que se llama de Las Venitas que se convertía en un río bajando a toda prisa hacia la parte del Centro de Ecatepec, sus aguas en los años 1989 a 1995 eran muy limpias, pero algunas veces arrastraba piedras y lodos de la Sierra de Guadalupe bajando con mucha fuerza inundando parte de Ecatepec.
De hecho, esta deidad prehispánica está presente como ya lo había comentado en nuestra publicación sobre la arqueología del Cerro Ehecatl, en el registro que realiza Du Solier de la cueva de los Tecotines donde aparece como Tlahuizcalpantecuhtli, el lucero de la mañana (Venus) el caminante sincretizado con el santo patrono de Ecatepec, me refiero a San Cristóbal y cuyos atributos son los mismos que presentan en los códices como el de Durán. También lo tenemos en la representación de una escultura de un mono con los símbolos de Quetzalcóatl Ehecatl y con la máscara bucal en forma de pato o del soplador del viento. Para este monte, parte de la Sierra de Guadalupe Tonantzin Cuautlicue, se le identifica como masculino por la gran cantidad de falos, tanto en cerámica como en piedra que fueron encontrados, y hoy forman parte de las colecciones particulares existentes en el municipio de Ecatepec y sus pueblos.

La pintura mural en la cueva de los Tecotines nos muestra un basamento compuesto por 4 cuerpos circulares con un teocali en su cima con techo cónico en color amarillo tipo de los templos de Calixtlahuaca y de los sitios arquitectónicos de la Huasteca Potosina, Tamaulipeca y Veracruzana, con una banda de chalchihuitl en negro sobre blanco, las escalinatas bajan desde el ultimo cuerpo y llegan al acceso del templo del cual sale un personaje ricamente ataviado con todos los símbolos característicos de Tlahuizcalpantecuhtli.


Petrograbados con la imagen del dios del Viento Ehecatl Quetzalcóatl y Falo en piedra.

Ehecatl-Quetzalcóatl fue uno de los dioses más importantes para los pueblos del panteón mesoamericano, no sólo pudo trascender, sino que conserva e incrementa sus representaciones y significados a pesar de las turbulencias políticas. Florescano señala que: “Los poderes de Ehecatl residen en su capacidad de mover los vientos por los distintos rumbos y niveles del cosmos. Es la fuerza que transporta el aire, el soplo que empuja las nubes y precipita la lluvia en la tierra”. Como dios creador y benefactor del hombre, a él se encomendaban los comerciantes, los artistas y muchos enfermos. Le dedicaban ofrendas, auto sacrificios y víctimas de su agrado, e incluso los tlaloques arraigaban su linaje en Ehecatl-Quetzalcóatl. Así, podemos concluir que en él encontramos un verdadero aliento de vida. En la foto vemos este símbolo de Ehecatl Quetzalcóatl sincretizado.

Verdaderamente el cerro del Ehecatl y su contorno guardan una gran riqueza arqueológica e histórica, ecológica ambiental que debemos proteger y ser guardianes de nuestro patrimonio que nos dejaron aquellos pueblos hídricos originarios y que muchos de nosotros descendemos de ellos.
Mucho de lo histórico y arqueológico se ha perdido por la gran mancha urbana y asentamientos irregulares, es por eso que tenemos que rescatar estos vestigios y crear un museo al aire libre en estos espacios para que todos podamos aprender de nuestro pasado y conservar lo que aún perdura.

Bibliografía
-Domínguez Chávez, Humberto, Arqueología de superficie en San Cristóbal Ecatepec, Estado de México: un estudio del desarrollo de las fuerzas productivas en el México prehispánico, Humberto Domínguez Chávez
Volumen 70 de Biblioteca enciclopédica del Estado de México
-Durán, fray Diego, Historia de las Indias de Nueva España e islas de tierra firme, 2 tt., estudio preliminar de Rosa Camelo y José Rubén Romero, México, Conaculta (Cien de México), 2002.
-López Monroy, David, “Análisis e interpretación de la ofrenda 1 del templo de Ehecatl-Quetzalcóatl, procedente del centro ceremonial de Texcoco”, en Dimensión Antropológica, vol. 42, enero-abril, 2008, pp. 33-53. Disponible en:
-Diccionario Náhuatl [en línea]. Universidad Nacional Autónoma de México [Ciudad Universitaria, México D.F.]: 2012 [ref del 01 de Abril de 2018]. Disponible en la Web
-García Samper María de la Asunción y Eduardo Corona Sánchez. San Cristóbal Ecatepec y sus Pueblos, un desarrollo histórico arqueológico. Edit. Centro de Estudios Mesoamericanos, A. C.1997.
-García Samper María de la Asunción. “La Sierra de Guadalupe y sus maravillosos parajes”, Centro de Estudios Mesoamericanos, A.C. 2017.



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