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jueves, 21 de septiembre de 2017

Vivir para servir: las mexicanas que apoyan la filantropía


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Aunque el pueblo mexicano es esencialmente generoso, aún queda mucho por hacer en el sector de la filantropía. Convocamos a las principales mujeres en el ámbito de la solidaridad para analizar qué hace falta para poder ayudar más y mejor a quien lo necesita.
Rosaura Henkel
Presidenta y fundadora de la fundación duerme tranquilo, A.C. “Siento que empatizar con el dolor de los demás nos hace a todos estar mucho más cerca de ellos y ayudar mucho más”.
Azucena Valdovinos de Yahya
Psicoterapeuta. “Ayudar a los otros debe ser un sentido de vida”.
Carmen Cabezut de Hill
Patrón honorario de la institución Casa de la Amistad para niños con cáncer, I.A.P. “Llevo 26 años en La Casa de la Amistad para niños y jóvenes con cáncer de escasos recursos en toda la República y esta experiencia me ha hecho darme cuenta de una cosa: no creo en clases sociales, creo en sentimientos”
Pixie Pliego de Devlyn
Patrona del hospital Juárez y socia fundadora de duerme tranquilo, A.C. “Mi responsabilidad en la vida es ayudar y contagiar a la gente que está junto a nosotros para que ella siga con esto”.
Elisa González
Directora ejecutiva de la fundación niños en alegría, A.C. “El trabajo en el sector social se sigue viendo como algo exclusivo de mujeres de cierto estatus, pero esos clichés se están rompiendo”.
Esmeralda Cabeza de Vaca
Presidente de Fundación Coparmex, A.C. “Nuestro objetivo es la educación. Los empresarios creemos que la forma de transformar nuestro país es ésta. Nadie se puede quedar fuera”.
Jenny Kibrit de Cababie
Presidenta del patronato del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente “Si no hay salud mental, no hay salud: no hay nada. Hay que empezar por ahí”.
Joy Ost
Voluntaria del servicio a la comunidad Fe, Esperanza y Amor. “El elemento radica en convencer a quien ayudas de que se sienta parte de la comunidad que les permite salir adelante”.
Margarita Pérez-Cuéllar
Patrona del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía y socia fundadora de Duerme Tranquilo, A.C. “La filantropía no es una actividad; es un modo de vida que recibes en tu propia familia”.
Martha Mónica Fernández
Patrona del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía “Tenemos credibilidad porque damos cuentas claras de todos los fondos que reunimos, y esas cuentas se ven. Ayudar me llena muchísimo”.
Mónica Quintero
Patrona de la Fundación Origen, A.C. “El tema de la comunicación es muy importante: que la gente vea lo que está sucediendo y dónde está sucediendo, y se comprometa de muchas más formas”.
Mónica Zapata
Directora de la Fundación Duerme Tranquilo, A.C. “Hemos podido donar alrededor de 28 millones de pesos, siendo una fundación muy joven (el pasado septiembre cumplimos tres años)”.
Sabrina Herrera
Presidenta del patronato del Instituto Nacional de Perinatología, socia fundadora de Duerme Tranquilo, A.C., directora de la Fundación Genomma Lab, patrona del Instituto Nacional de Pediatría y el Hospital Juárez de México “Si cuidas del mundo, el mundo te cuida a ti”.
Silvia Rojo García de Alba
Miembro del patronato del Hospital Juárez de México, del Child Found México, de Sivam y socia fundadora de Duerme Tranquilo, A.C. “Mi madre me enseñó que no hay otra manera de vivir más que vivir para servir”.
Sonia Fidalgo de Valle
Patrona del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía. “Llevamos dos décadas en que las ONG cada día apoyan a más gente, y más personas creen en ellas. Lo más importante es ser prácticos”.
Saskia Niño de Rivera Cover
Presidenta de la Fundación Reinserta un Mexicano, A.C. “Si no volteamos a ver las cárceles, la seguridad en México nunca va a mejorar. Creo que hay que obligar al gobierno a que entre en este tema. Es tiempo de exigir”.
Virginia Sendel Iturbide de Lemaitre
Presidenta y fundadora de la fundación Michou y Mau, I.A.P. Para niños quemados. “Algunos creerán que he ayudado a gente a vivir, pero la filantropía me salvó a mí”.
México es un país marcado por las paradojas. Y la que surge en torno al tema de la filantropía no es la menor de ellas. El 19 de septiembre de 1985, cuando un terremoto azotó la Ciudad de México, causando miles de muertos, heridos e incalculables pérdidas materiales, el gobierno fue incapaz de responder ante una tragedia de esta magnitud. Fueron los residentes de la ciudad, el pueblo mexicano, quienes se organizaron de una forma rápida y efectiva para otorgar auxilio. El país se convirtió en un ejemplo para el resto del mundo y en una muestra de solidaridad; de hecho, muchos historiadores apuntan a ese momento como un punto de inflexión para el desarrollo de la sociedad civil mexicana.
Tres décadas más tarde, ¿qué ha quedado de aquella explosión de generosidad? Bastante poco. Rosaura Henkel, presidenta y fundadora de la Fundación Duerme Tranquilo, A.C. (Asociación Civil, frente a las siglas I.A.P., que corresponden a Institución de Asistencia Privada) y presidenta del Patronato del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía, señala que “desgraciadamente, somos el país que está en último lugar de lo que es filantropía. De 36 países en los que se realizó un estudio del Johns Hopkins Comparative Nonprofit Sector, México fue el último en términos de porcentaje del PIB dedicado a la sociedad civil y en términos del PIB dedicados a la filantropía”, destaca. Los datos del estudio se recopilaron a mediados de los años 90, pero datos más recientes de los registros gubernamentales confirman la visión de que la sociedad civil en México está poco desarrollada. “Estamos en un momento bien difícil, porque existen muchas más necesidades; hay mucha más desigualdad. Somos un país que ha crecido mucho y los desequilibrios son cada vez más grandes”, señala. Así es: más de la mitad de la población infantil vive en condiciones de pobreza extrema y uno de cada siete niños mexicanos sufre desnutrición crónica, según Naciones Unidas. En este escenario, agrega Henkel, “tenemos que buscar un modelo que a las empresas les sea atractivo y en el que sigan creyendo para poder recaudar cada vez más fondos y así ayudar a más gente”.
Precisamente para analizar la actual situación de la filantropía en México, Forbes Life convocó, con la ayuda de Henkel, a un almuerzo en el restaurante El Chapulín, en el Hotel Presidente InterContinental Polanco, para reunir a algunas de las mujeres más relevantes en el ámbito de la solidaridad en nuestro país. ¿Por qué mujeres? Porque, como destaca Esmeralda Cabeza de Vaca, presidenta de la Fundación Coparmex, “las mujeres están tomando otra posición en la sociedad, ya que han accedido de forma generalizada a la educación, al trabajo remunerado y a la política, lo cual genera cambios que están relacionados con la modificación actual del rol de la mujer. Ante la competencia en el mundo de hoy, son las mujeres filántropas comprometidas con la sociedad en los temas de vulnerabilidad quienes están modificando el papel de los filántropos, ante el trabajo constante que la propia sociedad reconoce y el compromiso social con el que colaboran, tanto con horas de trabajo arduo y apoyo económico, como con un éxito y liderazgo evidentes”.
Ella es un buen ejemplo: a través de Coparmex ha logrado crear una fundación de segundo piso (es decir, no tienen fondos propios sino que los reciben de otras fuentes, pero no ejecutan proyectos ellas mismas sino que canalizan los fondos a través de otras organizaciones), que aglutina a 36,000 empresas mexica- nas, tanto grandes (190) como pymes y micropymes. Su objetivo es la educación. “Los empresarios creemos que es la forma de transformar nuestro país”, afirma. “En un grueso de miles de fundaciones, sólo 7,000 están bien constituidas y tienen autorización del gobierno para recibir fondos deducibles de impuestos. El resto, unas 20,000, no están tan bien constituidas. Pero lo importante es que cada quien pone su granito de arena. Nadie se puede quedar fuera. Existe este pecado de omisión, que es uno de los más graves: el de ‘yo no veo nada, yo no hago nada porque no puedo o no tengo tiempo’. Cada uno tiene una responsabilidad”, agrega.
Lo cierto es que la actual regulación para las OSC (Organizaciones de la Sociedad Civil) es dispersa y discrecional, y no sólo no promueve la acción de los ciudadanos, sino que excluye de su reconocimiento jurídico a más de la mitad de las OSC actuales, como son las que trabajan en el ámbito del desarrollo comunitario, los derechos humanos, la educación cívica y la ecología. Esto ha provocado que operen fuera de los marcos institucionales y con un cierto distanciamiento del gobierno.
Virginia Sendel Iturbide de Lemaitre, presidenta y fundadora de la Fundación Michou y Mau, I.A.P. para Niños Quemados, es optimista con respecto al futuro: “Se ha visto, en estudios realizado en los últimos años (Actitudes y pensamientos de los mexicanos sobre la responsabilidad social, desarrollado por American Express México), que ‘hay una tendencia en los mexicanos a fortalecer su conciencia y participación ciudadana; la sociedad mexicana es menos individualista que en el pasado y concibe su bienestar ligado a la comunidad’”, asegura. “A nivel global, estamos siendo testigos de un movimiento filantrópico encabezado por mujeres de todas las edades y condiciones económicas, con una inversión social participativa y estratégica muy relevante. Es necesario seguir potenciando el liderazgo social de la mujer y su capacidad de movilizar nuevos recursos para el avance social”.
Credibilidad: el gran desafío
En la actualidad, según estadísticas del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), la lantropía es una actividad que deja una derrama económica de alrededor de 500 millones de pesos diarios. En términos generales, el año pasado, el Producto Interior Bruto (PIB) de las instituciones no lucrativas (públicas y privadas) fue de 424,181 millones de pesos (incluyendo la valoración económica del trabajo voluntario), lo que representa el 2.7% del PIB total del país. Pero aún queda mucho por hacer. El principal problema en el que todas las participantes del almuerzo coincidieron es, en palabras de Virginia Sendel, la credibilidad. “El reto es dirigir la lantropía enfocada a resultados: liderar causas, dar seguimiento a los resultados, de nir indicadores, tener causas y tareas claras y, sobre todo, contar con personas comprometidas y profesionales”, apunta Esmeralda Cabeza de Vaca.
Rosaura Henkel pone como ejemplo la Fundación Duerme Tranquilo, A.C., de la que es fundadora y presidente. “En la actualidad, está compuesta por seis instituciones del sector salud. La fundación no tiene gastos operativos como tales; los proveemos nosotros. Los siete miembros del Patronato absorbemos estos gastos; todo lo que gastamos está etiquetado y con una rendición de cuentas muy detallada; no entregamos el dinero si no nos dicen a qué se va a destinar. Después, cada una de las presidentas de los patronatos revisamos todo lo que se hizo. Este modelo ha sido muy exitoso, porque nosotros somos ese vínculo entre sociedad civil y el sector salud”. Para Henkel, la clave para dinamizar el sector filantrópico en México radica en “encontrar un modelo que a las empresas les sea atractivo y en el que sigan creyendo para poder recaudar más fondos y ayudar a más gente”.
Éste es un punto básico para todas las fundaciones y asociaciones civiles: ¿cómo conseguir fondos sin recurrir a un modelo tan caduco como el de la caridad? Esmeralda Cabeza de Vaca afirma que: “En Coparmex, nos hemos dado cuenta de que la gente está cansada de que le pidan. Es el momento de cambiar las cosas en este país. Aprovechando que mi universo son las empresas y los empresarios, busco financiación con el fin de convencerles de que esto es un ganar-ganar”.
Sabrina Herrera, presidenta del Patronato del Instituto Nacio- nal de Perinatología, socia fundadora y miembro del Comité de la Fundación Duerme Tranquilo, A.C., y directora general de la Fundación Genomma Lab, está de acuerdo: “Analicé el tema de lo que es caridad (dar lo que me sobra), altruismo (etimológicamente, sacrificarse por los demás) y filantropía (amor por la humanidad). Estamos hablando de eso: de ser un ejemplo, puedes tener una actividad filantrópica sin sacrificar a tu familia. Creo que el tema de ser autosustentables es muy importante. Las fundaciones que están sólo basadas en donativos están sufriendo, porque llega un momento (en mi caso, por ejemplo) en que yo sé vender, pero no sé pedir. Creo firmemente en hacer intercambio y que todos ganen: México, la empresa que pone el dinero y nosotros”.
El modelo ideal
En un país en el que, como señala Virginia Sendel, “ni el gobierno, ni la iniciativa privada, ni las ONG pueden, de manera aislada, enfrentar la problemática de la sociedad”, parece que [algo en lo que prácticamente el 100% de las asistentes al almuerzo estuvieron de acuerdo] el modelo ideal que mejor funciona en México es un “sistema híbrido entre lantropía corporativa y emprendimiento social”, en palabras de Carmen Cabezut de Hill, patrón honorario de Institución Casa de la Amistad para Niños con Cáncer I.A.P. “La lantropía en México necesita impulsar modelos híbridos. Es verdad que las OSC necesitamos acercarnos a personas que confíen en nuestra causa y hagan donaciones que solventen las necesidades de nuestro trabajo. Sin embargo, en la actualidad, es indispensable trabajar con empresas que, dentro de sus estrategias de mercado, incluyan objetivos sociales”. Elisa González, directora ejecutiva de la Fundación Niños en Alegría, A.C., resume así la situación: “Estamos en un momento importantísimo en México, en el que la mayoría de las organizaciones estamos buscando dos cosas principalmente: Primera, la profesionalización de nuestros procesos en todas las áreas que una OSC debe tener para lograr con éxito sus objetivos. Y, segunda, pasar del asistencialismo al desarrollo, buscando un sistema enfocado en las personas, más humano, que permita alcanzar mejores niveles de bienestar”.
EL RETO: HACER QUE PASEN COSAS
Generar un debate. Es uno de los objetivos que Forbes Life se plantea con cada una de sus experiencias, pero también aspira a generar sinergias. Un ejemplo: Virginia Sendel consiguió un camión-museo más (el cuarto) para su campaña de prevención, que ha ganado el premio a la mejor campaña en Iberoamérica, gracias al apoyo de Silvia Rojo, quien logró cerrar un acuerdo para apoyar a la Fundación Michou y Mau, I.A.P. para niños quemados. “Este año, hemos lanzado esta campaña con tres camiones por estado y ya la hemos presentado a Centro y Suramérica. Nos la han pedido”

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