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miércoles, 25 de abril de 2018

Crónicas del primer round



Economiscopio

Por Víctor Alejandro Sierra Galindo
Economista

En esta batalla por la presidencia de México, el domingo pasado los mexicanos fuimos testigos de un nuevo formato de debate entre los candidatos que pretenden sentarse en la silla presidencial a partir del 1 de diciembre de este año. Un paso más en la evolución de los debates en México. En un esquema más dinámico, los cinco candidatos tuvieron la oportunidad de demostrarnos su capacidad, honestidad y asertividad, buscando generar certidumbre para incidir en las preferencias de un electorado que cada día se desencanta más de sus instituciones y de sus gobernantes.

Compartiré aquí la opinión de un servidor, después de observar el debate presidencial, leer algunas opiniones de columnistas destacados, observar mesas de análisis posteriores al debate y sobre todo, escuchar las opiniones vertidas por el elector de a pie, aquel que sin gran uso de tecnicismos o conocimientos sobre ciencia política, se tomó el tiempo para escuchar a los cinco candidatos y emitir su opinión sobre lo acontecido.

Muy triste que no hubo confrontación de propuestas en los temas designados para este primer debate; ningún candidato logró exponer una estrategia frontal para combatir la corrupción, ninguno mencionó como combatirán la inseguridad que se vive en todo el país y ninguno propuso como acabará con el crimen organizado. Mucho menos hablar del tránsito de drogas a Estados Unidos, los miles de jóvenes que perdemos cada día por unirse a las filas del crimen o que terminan muertos por una guerra fallida contra los cárteles de la droga; ninguno compartió estrategias sobre la participación ciudadana para buscar y perseguir actos de corrupción e impunidad. A lo mucho se abordó el mecanismo para la designación del Fiscal Anticorrupción, sin entrar en debate en los alcances que tendrá esta nueva institución. Lejos estamos de países latinos como Brasil, Perú, Guatemala, Chile, Argentina y Uruguay, por mencionar algunos, en la investigación sobre presuntos actos de corrupción. Lejos aún de presentar una propuesta para poner un alto a la violencia, que sólo en 2017 cobró la vida de 34, 327 personas.

Sin embargo, a pesar de todo lo omitido en este primer round, considero que los dos ganadores fueron: Ricardo Anaya y Andrés Manuel López Obrador, con más dividendos para el primero que para el segundo, explicaré porque: Andrés Manuel salió a hacer valer su posición de líder en practicamente todas las encuestas, siempre manteniendo una postura neutral, sin permitir entrar en confrontaciones a pesar de los 51 “ataques” que recibió por parte de los demás candidatos, siendo 32 de estos señalados por Ricardo Anaya y José Antonio Meade. Hubo momentos en que los señalamientos parecieron encerrarlo, buscando en todo momento un tropiezo, que pudiera capitalizarse en puntos negativos en las preferencias electorales. No entró en mayores detalles sobre la designación de sus candidatos o su patrimonio; salió a jugar su juego y lo logró: Afianzar su voto duro y demostrar que es el rival a vencer.

Ricardo Anaya, supo ser asertivo, logró con señalamientos puntuales contra sus adversarios, demostrar que en la recta final es el único competitivo para derrotar a AMLO. Salió a hacer lo que debía: Golpetear al puntero y desarmar al voto que se encuentra pulverizado entre Margarita Zavala, Jaime Rodríguez y José Antonio Meade. Anaya no puede, ni podrá desmarcarse de la vida de lujos que ostenta, tener a su familia hasta hace poco viviendo en Atlanta, el presunto enriquecimiento ilícito por compra-venta de inmuebles en Querétaro, y sobre todo apoyar al gobierno federal en las cuestionadas reformas estructurales.

De los otros tres contrincantes bastan pocas líneas para resumir su participación: Meade sigue siendo el tecnócrata que no conecta con el elector mediano, no logra desmarcarse de las omisiones, encubrimiento y complicidad en los grandes escándalos de corrupción que ha vivido México en lo que va de este siglo. Margarita Zavala no logra quitarse el fantasma de su esposo y peor aún, el domingo salió temerosa, nerviosa, insegura, con un discurso enfocado a atraer el voto femenino, pero sin presentar ninguna propuesta en los temas de desigualdad salarial o acceso de oportunidades para este segmento que será decisivo en la elección. Jaime Rodríguez fue el “colado”, siendo indignante que después de las trampas y las “travesuras” (como el las llama), reviviendo muertos, falseando credenciales y presentando tarjetas de descuento como credenciales de elector, personajes como el aparecerán en la próxima boleta presidencial.

Nota al pie: El candidato puntero tuvo en bandeja de plata la oportunidad de cerrar este primer asalto tumbando a sus opositores, pero lo dejó ir. Este nuevo tanque de oxígeno que tomó Ricardo Anaya lo fortalece y logrará atraer simpatía de electores de las filas de candidatos priistas e independientes. Veremos en los próximos debates si la estrategia cambia, ya que pareciera que el puntero está confiado a que el descontento social y el voto duro que ahora representa le alcanza para lograr el triunfo. Ya lo vivió en 2006 y en 2012, las encuestas fallan, el análisis de las preferencias electorales es muy volátil y cualquier error puede cambiar el escenario en el último segundo. El debate regala valioso tiempo en cadena nacional y en política cada segundo vale oro.

Víctor Alejandro Sierra Galindo
Economista

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