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lunes, 7 de junio de 2021

O7 de junio día de la libertad de prensa en México

 

Como medio de control del Gobierno sobre la prensa, 1951-1969




 

En siglo XX, el Gobierno de México y la prensa construyeron una relación de interdependencia basada en el Estado corporativo y las figuras del Presidente de la República, el Secretario de Gobernación y el Partido Revolucionario Institucional. El control sobre la prensa fie ejercido mediante mecanismos legales como la Constitución de 1917 (artículo 6 y 7), la Ley del timbre y el funcionamiento de la Empresa Productora e Importadora de Papel. Este artículo se pregunta, a través del método histórico-crítico, si hubo otros mecanismos de control, (como, por ejemplo, la celebración de El Día de la Libertad de Prensa el siete de junio de 1951) y en qué medida los periodistas lo asumieron como una oportunidad para aliarse con el Gobierno, que apenas les ofrecía una libertad limitada.

En los años sesenta y setenta en América Latina se habló mucho de la libertad de prensa; sin embargo, esto no estuvo acompañado de algún tipo de práctica.

 En ese contexto político de regímenes autoritarios, los medios de comunicación fueron obligados a mostrar las caras amables y progresistas de los gobiernos. Los periodistas que transgredieron los límites informativos de los gobiernos fueron censurados, perseguidos y, finalmente, exiliados o asesinados. En muchos países que vivieron dictaduras y gobiernos militares hubo una manifestación pública de la violación a la libertad de prensa; esta condición influyó en los modelos políticos y en una profunda ausencia de democracia.

No obstante, las violaciones a la libertad de prensa no sólo estuvieron presentes en los lugares donde se entenderían como posibles por el tipo de régimen político, sino también en algunos países que habían gozado de un tránsito aparente a la democracia durante el siglo XX, ya que pasaban por un proceso de radicalización de las ideas políticas basado en la pugna por el control e influencia en la opinión pública.

Los dirigentes políticos de los países latinoamericanos se esforzaban por parecer garantistas de las libertades de expresión y de la prensa. Pero una cosa era el esfuerzo por promocionar una imagen respetuosa de la expresión periodística ante las audiencias y ciudadanía en general y otra, que en la acción gubernamental se respetaran los principios de una libertad de prensa necesaria para fortalecer la sociedad civil.

Los medios de comunicación y la prensa repercutieron en cómo se formó la ciudadanía y en los niveles de información que podía tener acerca del acontecer diario en su país. En este texto se revisa el proceso de discusión pública acerca de la libertad de prensa vivido en México durante los años cincuenta y sesenta, tomando como nodo la celebración de El Día de la Libertad de Prensa (7 de junio, a partir de 1951).

Esta revisión sustentada en el método histórico-crítico nos conduce a responder la pregunta acerca de cómo se promocionó la libertad de prensa en México durante los gobiernos priistas de mitad de siglo y en qué medida la institución de un día especial para celebrar este principio libertario (y constitucional) fue un dispositivo de control legitimado por el Gobierno y consensuado con los mismos diarios y periodistas para mantener una relación de interdependencia (necesidad, colaboración y control) del primero sobre los segundos.

De esta manera, primero se hace una revisión de la forma como se instituyeron las relaciones de cooperación entre el Gobierno y la prensa mexicana en varios periodos históricos, antecedentes que demarcan en qué forma se creó la interdependencia.

Más adelante, se establece el peso de la consagración constitucional de los artículos 6 y 7 (libertad de expresión y libertad de imprenta) en la Carta Magna mexicana de 1917. En lo particular se explora una nueva relación del control desde el Gobierno, que no se sustentó en la censura directa, en el cierre de diarios, el encarcelamiento o tortura de periodistas, como se hizo durante gran parte del siglo XIX, sino en la configuración de una interdependencia económica de los diarios a partir de 1935.

Asimismo, se analiza el establecimiento de El Día de la Libertad de Prensa en junio de 1957 como uno de los mecanismos de control del Gobierno sobre la prensa, para lo que se analizan los discursos de los actores gubernamentales y periodistas que publicados por los diarios sirvieron para legitimar la celebración de esta fecha que fue también conocida como El Banquete de la Libertad de Prensa porque se celebraba con una gran comida en el restaurante Grillón de la Ciudad de México.

Relación prensa y Gobierno

La existencia de una relación estrecha, colaborativa e interdependiente entre el Gobierno y la prensa es una característica recurrente en la historia de América Latina. Una revisión a las historias nacionales permite encontrar referencias a personajes que transitaron del rol de periodistas al de políticos y viceversa; y la presencia de familias dedicadas a la política y a los medios de comunicación, como por ejemplo, los Santos en Colombia, los Noble en Argentina o los Nascimento Brito en Brasil, etc.

Esto da cuenta de las conexiones entre las élites tradicionales y los medios.

En el caso de México hay que considerar dos etapas. La primera, en el siglo XIX, en la que la prensa estuvo al servicio de los postulados políticos por dos razones: primero, por compatibilidad ideológica y, segundo, por censura directa (aprehensión de periodistas, embargo de maquinaria, restricciones en el papel, uso de la fuerza del Estado).

Los diferentes regímenes en el siglo XIX legislaron para ejercer control sobre la opinión pública y la libertad de imprenta.

Durante los gobiernos de Benito Juárez - antes y después de la intervención francesa- hubo una libertad relativa en la que se permitió a los impresos un ejercicio más autónomo.

Sin embargo, durante el gobierno de Porfirio Díaz, conocido como El Porfiriato (1876-1911), hubo una transformación que giró hacia la tensión entre ambos actores por las medidas de control ejercidas por el régimen y su necesidad de mantener el orden político y social.

La libertad de imprenta quedó relegada a un segundo plano porque Díaz usó la subvención para acallar la prensa, a los escritores que eran proclives al régimen se les compensó con puestos políticos y retribuciones económicas, constituyendo un “periodismo burocratizado” cuya existencia dependió de que se le otorgaran “cantidades fijas de dinero, mensuales o quincenales”.

A quienes no compartían los procedimientos políticos porfiristas se les aplicó con severidad la reforma constitucional del gobierno de Manuel González (1870-1874) que removió los delitos de imprenta del fuero especial al fuero común, permitiendo que los periodistas y editores quedaran a la merced de las interpretaciones jurídicas según la conveniencia del momento político.

Aunque durante El Porfiriato la prensa se modernizó con nuevas tecnologías, hubo cambio de rotativas, se dejó el tipo móvil y se implementó el linotipo. Así mismo, hubo cierto grado de profesionalización del oficio que estuvo acompañado de diarios con un estilo más informativo, con más acontecimientos, entrevistas y reportajes, y menos opinión y literatura.

Con el estallido de la Revolución Mexicana en 1911 y la llegada al poder de Francisco Ignacio Madero, hubo un cambio radical en las relaciones del Gobierno con la prensa. La libertad de imprenta y de opinión se exaltó como uno de los principios rectores de una sociedad democrática que se oponía a la acumulación de poder por parte del ejecutivo y al reeleccionismo.

Francisco I. Madero garantizó una prensa independiente. Entre las medidas con las que se promovió esta libertad de imprenta hubo una que no fue bien recibida por los editores y periodistas: se redujo la pauta publicitaria, se disminuyeron los subsidios gubernamentales para la prensa, afectando la principal fuente de ingresos de los periódicos.

Francisco I. Madero (1911-1913) fue coherente con sus postulados políticos y garantizó la libertad de prensa, una nueva experiencia para los editores, periodistas y políticos. Madero propició una coyuntura que requería consolidar una estabilidad nacional que demostrara que el régimen propuesto podía acercarse a los aspectos positivos de El Porfiriato (estabilidad económica, orden social y progreso infraestructural) pero con democracia y alternancia en el poder (sin control de la opinión y sin reelección presidencial).

 En este contexto, la prensa se convirtió en una de las principales plataformas desde las cuales se fraguó la inestabilidad del gobierno maderista, una libertad que tuvo pocos límites y se manifestó con editoriales, crónicas, caricaturas, reportajes y artículos de opinión que criticaron, condenaron e incluso ridiculizaron la administración maderista y a su líder.

Fueron muy pocos los diarios del siglo XIX que continuaron en el XX, entre ellos, El Monitor Republicano, El Siglo Diez y Nueve, y El Demócrata.

Una vez terminada la etapa armada de la Revolución Mexicana, los caudillos que surgieron tuvieron formas particulares de relacionarse con la prensa.

Venustiano Carranza, Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles convivieron con una prensa libre, a la vez que subsidiaron con el presupuesto público a los diarios que les eran afines.

 

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