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jueves, 9 de mayo de 2019

La prioridad de prevenir el delito



Por: Fernando Flores Bailón


Me pregunto si la fuerza es el primer recurso ante la criminalidad. Al parecer así es. Un
crimen se ataca con la fuerza antes que con la razón. ¿Será que se considera al criminal como
un ser humano que ha abandonado la racionalidad y es por esto que daña a los demás? Sin
embargo, ¿quién puede asegurar que el criminal realmente abandonó la racionalidad?
Al ser un criminal aprehendido y encarcelado es cuando, en teoría, tiene inicio una
rehabilitación, antes de eso es impensable procurar la rehabilitación, no existe un
acercamiento al criminal para instruirle desde la razón y la moralidad. Esto sería una forma
viable para prevenir delitos y no esperar a que el criminal actúe y sea detenido –por supuesto
no siempre es detenido. Curiosamente el crimen se persigue una vez que sale a la luz,
mientras no sea visto o escuchado no se le atiende. En el combate al crimen se deja de lado
un factor importante y determinante, a saber, la mente criminal. Hay que tener en cuenta que,
el criminal no nace o aparece de la nada, sin causa o motivo, hay antecedentes que son
determinantes y llevan a una persona a delinquir y dañar.
Una estrategia para combatir el delito es su prevención; es decir, no esperar a que se cometa
un crimen, no esperar a que la sociedad termine dañada y lastimada para poder ir tras el
criminal. El delito no se previene con intimidación, con más policías, equipo táctico y
cámaras de vigilancia, algo que resulta costoso a corto, mediano y largo plazo, ya que se trata
de recursos que deben estar renovándose y en constante mantenimiento. En cambio, si se
apuesta por una campaña de salud mental, en la que se brinde atención psicológica y
psiquiátrica a la población, se podría identificar a las personas que requieran la atención y el
seguimiento especial, de este modo se estaría previniendo que un criminal en potencia
terminara de formarse. A estas campañas de salud mental se debe sumar una educación cívica
y ética de calidad a temprana edad, pues hoy día los niños de preescolar son educados por lo
que miran en internet, antes que por valores. Apostar por la educación cívica y ética es apostar
por lo humano, algo que motiva a los hombres a enseñarlo a los demás y no menos
importante, es que se trata de un recurso que no se vuelve obsoleto, como una patrulla o las
cámaras de vigilancia, pues un buen ser humano no es algo que requiera estar siendo
reemplazado o atendido cada cierto tiempo, un buen ser humano encuentra la forma de
mantenerse y mejorar.
¿Por qué esperar hasta que la persona sea encarcelada para brindarle la ayuda que
supuestamente habría de reformarlo? Cuando alguien es encarcelado, antes que persona se le
considera criminal, entonces ya es diferente a los demás y por ende queda excluido o
marginado y se genera dentro de él resentimiento y desconfianza; estas personas se sienten
infravaloradas por lo que una de sus reacciones es ponerse a la defensiva, no se necesita
pensar mucho para saber que, alguien a la defensiva es desconfiado y no atiende razones.
Una persona así no querrá ser educada o ayudada, estará molesta y buscará la forma de causar
daño, dentro y fuera de prisión, la mente criminal sigue sin ser atendida y lo humano se olvida
más y más. Es importante recordar también, la escaza o nula capacidad del sistema
penitenciario mexicano para realmente reformar, es más común que los reclusos obtengan
educación criminal, que van a emplear una vez que obtengan su libertad; es decir, habrán
obtenido conocimientos de nuevas formas de delinquir, antes que una consciencia del daño
que le causan a las personas y a la sociedad.
La prevención del delito resulta más benéfica en distintos sentidos, primero, no se espera a
que haya víctimas; segundo, no se eleva el gasto público en el mantenimiento y reemplazo
de equipo e infraestructura; tercero, el criminal es reformado y difícilmente se vuelve
reincidente; cuarto, la criminalidad disminuye y no es una cifra que sólo se contiene o se
espera que el promedio no se dispare. Que el crimen sea atacado con la fuerza, antes que con
la razón, no significa que éste sea el medio más viable o el único medio; que algo se haya
hecho siempre así, no significa siempre que sea la forma correcta de hacerlo.

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