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lunes, 18 de marzo de 2019

La libertad, en reversa



Jorge Berry


Pocos esperaban la violenta reacción del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador. Quedó al descubierto la enorme y profunda molestia que le causó el documental 'El Populismo en América Latina', y que lo orilló a iniciar una auténtica cacería contra sus realizadores, recurriendo incluso a la Unidad de Investigación Financiera de la Secretaría de Hacienda, para tratar de comprobar un delito electoral cuyo fundamento es poco claro. Al final de cuentas, el documental tuvo poca difusión y menos influencia en el proceso. Mucho más grave, y más fácil de encuadrar como delito, el asunto del fideicomiso de Morena, pero ello, por supuesto, no produjo la furia presidencial.

Al mismo tiempo que se da este episodio, se publica un libro, cuya autora es Tatiana Clouthier, en el que aparece una extraña acusación de “guerra sucia cibernética” en la campaña de 2018 contra el hoy presidente. Sin mayores datos ni corroboración, se acusa, entre otros, a Enrique Krauze de participar en este 'compló'. Krauze, investigador e historiador de prestigio internacional, hizo un categórico desmentido, reservándose el derecho de proceder legalmente. Rebasa la esfera de lo creíble que una figura intelectual del tamaño de Krauze se involucre en un episodio así, pero es el precio de cuestionar al líder.

Estos arranques abruptos desde el poder no serían posibles sin el mandato masivo y popular (por eso 'populista') que López Obrador obtuvo en las urnas. Pero no es el único. El populismo, a pesar de sus fracasos como Venezuela y Argentina, sigue viento en popa en todo el mundo.

Está próxima la reunión de dos de sus más grandes exponentes, Donald Trump de Estados Unidos y Jair Bolsonaro de Brasil. Se van a entender a las mil maravillas. Y Europa tampoco se salva. El populismo, con su eterna pareja, el autoritarismo, es tema central en lo que puede ser un punto de inflexión para la salud económica del planeta.

La salida de la Gran Bretaña de la Unión Europea, el Brexit, amenaza con poner de cabeza a la economía del mundo. La primera ministra, Theresa May, intenta lograr para su país una salida ordenada. Pero el Parlamento se lo ha impedido. Ahora la Sra. May, por mandato parlamentario, debe negociar una prórroga a la fecha fatal de la salida, que es el 29 de marzo. Para ello, requiere la aprobación unánime del resto de los países de la UE. Pero al líder opositor, quien encabeza a los laboristas, Jeremy Corbyn, no le parece suficiente. Así que envió a uno de sus mastines, Nigel Farange, a cabildear a Europa, con el objeto de convencer a por lo menos un país de votar en contra, para así provocar una salida abrupta, sin acuerdos de ninguna especie, que tendría consecuencias imprevisibles y terriblemente dañinas no solo para la Gran Bretaña, sino para el resto del mundo.

¿Quiénes son Corbyn y Farange? Corbyn es paladín del populismo británico, y es tan radical, que hace inviable un triunfo laborista en una elección general. Sus propuestas incluyen el cierre prácticamente total de la inmigración a Gran Bretaña, es abiertamente antisemita, y todo lo extranjero le da urticaria. Excepto su esposa actual, Laura Álvarez, mexicana, 20 años menor que él. Antes, estuvo casado con una chilena. El presidente López Obrador presume cercana amistad con Corbyn. Farange, por su parte, es el populista británico favorito de Donald Trump. Apareció con él en varios actos de campaña en 2016, y fue el primero en entrar a la oficina de Trump en Nueva York cuando se anunció su triunfo. Su principal objetivo en Europa es Italia, también bajo gobierno populista, y espera convencerlos de votar en contra de la prórroga en el Brexit.

Sí, el populismo está de moda y creciendo. Se les olvida que el modelo no es nuevo, y que ha sido un fracaso desde Mussolini, pasando por Perón y los Kirchner, hasta Hugo Chávez y Maduro. Pero no queremos entender que el populismo y el recorte a las libertades individuales son inseparables e inevitables.

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