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viernes, 10 de junio de 2022

10 de junio del 71, a 51 años de la Matanza del Jueves de Corpus o El Halconazo

 










El 10 de junio de 1971, miles de jóvenes universitarios de la Ciudad de México volvieron a salir a las calles para exigir el libre ejercicio de sus derechos como ciudadanos y ciudadanas, sin embargo, fueron nuevamente increpados por el Estado Mexicano; controlado por un régimen autoritario, quien volvió a derramar sangre inocente para acallar cualquier voz disidente contra el sistema.

México inició el año de 1971 con un nuevo presidente, Luis Echeverría Álvarez, quien se pronunció por establecer un gobierno a favor de la concordancia con cualquier voz de oposición, así como entablar un diálogo entre el Estado y los estudiantes, quienes habían experimentado el terrorismo de Estado la noche de 1968. Acciones como la derogación del delito de disolución social (1970) y la liberación de algunos presos políticos de la cárcel de Lecumberri, llevaron a creer en la simulación.

No tardó mucho el Estado en volver a mostrar su verdadera cara, asestando los primeros golpes a los estudiantes de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), los cuales al intentar manifestar su inconformismo y expresar sus demandas hacia una mayor democracia universitaria, fueron señalados como revoltosos, comunistas, minorías violentas y criminales del Estado, cientos de estudiantes regios fueron aprehendidos en junio de 1971.

La solidaridad académica de la Ciudad de México pronto se hizo escuchar a favor de los académicos de la UANL y el rechazo del autoritarismo. Una vez más, los principales núcleos se organizaron para volver a salir a las calles de la Ciudad de México de manera pacífica, la fecha elegida fue el jueves 10 de junio de 1971, día de Corpus Christi.

La marcha integrada principalmente por estudiantes del Instituto Politécnico Nacional, Universidad Nacional Autónoma de México, Escuela Normal Superior, Universidad Iberoamericana y Escuela de Agricultura de Chapingo, entre otros colectivos universitarios, salió a las 5 de la tarde del Casco de Santo Tomás rumbo al Monumento de la Revolución. Al llegar a la Avenida de los Maestros el contingente fue encapsulado dentro de una maniobra previamente coordinada entre el cuerpo de granaderos de la Ciudad de México y fuerzas paramilitares que vestían de civiles identificados con el nombre clave de Halcones, apelativo que denotaban su formación castrense al compararse con un ave rapaz de gran fuerza, agresividad y agilidad al momento de cazar a su presa.

 

 La información que han llegado a proporcionar testigos, testimonios y expedientes, hacen evidente que entre las décadas de los 60, 70 y 80 se conformaron en el país distintos grupos paramilitares o de choque, uno de ellos fueron los halcones quienes fueron conformados por militares y pandilleros, todos bajo un mando militar e incluidos de manera clandestina dentro de la nómina del Departamento del Distrito Federal. Los porros fueron otras de las agrupaciones que se llegaron a conformar y fortalecer en aquel año por las autoridades universitarias para reprimir cualquier organización estudiantil dentro de las aulas.

Con palos de bambú en mano y propalando consignas como “Viva la revolución” o “Viva el Che Guevara”, los sujetos denominados halcones embistieron cara a cara a los manifestantes, mientras que, de las calles secundarias laterales otra división de halcones cerró el cerco. Al pasar los minutos, cientos de estudiantes caían presos, heridos o muertos, pocos lograron escapar ilesos de aquella mortal trampa.

La versión institucional que fue manejada por el Estado señalaba que el ataque a los estudiantes fue provocado por una facción radical estudiantil. Con tal mentira se buscaba revictimizar a la misma juventud mexicana y, al mismo tiempo, declarar la guerra sucia a las diversas agrupaciones universitarias de izquierda. Sin embargo, los archivos y registros visuales que fueron saliendo a la luz permitieron conocer lo que realmente ocurrió aquella sangrienta tarde, en donde cerca de 120 estudiantes perdieron la vida y otros miles fueron heridos o privados de su libertad.

En el Archivo General de la Nación se cuenta con evidencias fotográficas de la Colección Hermanos Mayo en donde se puede apreciar como las personas que formaban parte de la agrupación de Halcones mantuvieron una posición muy cercana con las fuerzas policíacas durante aquel día, mismas que; permanecieron como simples espectadores de los acontecimientos sin llegar a intervenir, a pesar de que en la manifestación se accionaron en varias ocasiones diversas armas de fuego.

Adicionalmente, los expedientes de la Dirección de Investigaciones Políticas y Sociales y de la Dirección Federal de Seguridad de la Secretaría de Gobernación dan prueba de como los diversos grupos paramilitares participaron de manera clandestina en la infiltración y ataque de la marcha estudiantil del 10 de junio, por ejemplo, en un informe  de la Dirección General de Investigaciones Políticas y Sociales se dio a conocer por los infiltrados la fecha, hora y recorrido que tendría la manifestación, por lo cual, no fue casualidad que los granaderos, el Ejército Mexicano y la agrupación de los Halcones estuvieran posicionados en las calles por donde pasaría el contingente, eligiendo la Avenida de los Maestros como la zona cero del ataque, puesto que la barda perimetral de la Escuela Normal se prestaba para acorralar a los estudiantes.

  A las 12:40 horas, los contingentes de las fuerzas públicas situados en la esquina de Ribera    de San Cosme e Instituto Politécnico Nacional han aumentado, encontrándose hasta el  momento 6 camiones de granaderos, 5 jeeps, 5 camiones antimotines, 20 agentes de   tránsito  que no permiten la entrada de vehículos “sospechosos” al Casco de Santo Tomás.

 Otros reportes comentan que aquel día se encontraban armados varios infiltrados dentro de la manifestación, los cuales al momento de disparar hacia los Halcones provocaron que estos respondieran con las armas que se encontraban dentro de los camiones de seguridad de la policía. Además, se llegaron a identificar varios tiradores que estaban distribuidos por las azoteas de los edificios aledaños, quienes tenían el objetivo de disparar contra los que intentaban escapar del lugar.

 El día 10 de junio de 1971, por la tarde, nos fue ordenado por nuestro comandante del  Segundo Batallón de Guardias Presidenciales salir de nuestro cuartel, sitio en el Ex Hospicio   de Tlalpan, vestidos de civiles (éramos alrededor de 850), para ir a confundirnos entre los estudiantes manifestantes que ese día salían del Casco de Santo Tomás… Cerca de las 18.30  hrs.; cumpliendo instrucciones comenzamos a disparar unos abajo y otros desde las azoteas  de los edificios próximos.

 Los hechos del 10 de junio de 1971 nunca fueron esclarecidos, a pesar de la promesa del entonces presidente Luis Echeverría de hacer justicia o de los intentos en 2006 por la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado para buscar el resarcimiento de los daños. Sin embargo, la Masacre del Jueves de Corpus o El Halconazo ha pasado a nuestra historia como una huella indeleble de sangre, que a 50 años no tiene “Ni perdón, ni olvido”, tal como reiteran, año con año, los sobrevivientes y víctimas del 71 y de la guerra sucia, puesto que debemos recordar que:

  “El combate que el régimen autoritario emprendió en contra de estos grupos nacionales –que se organizaron en los movimientos estudiantiles, y en la insurgencia popular- se salió del marco legal e incurrió en crímenes de lesa humanidad y violaciones al Derecho Humanitario Internacional, que culminaron en masacres, desapariciones forzadas, tortura sistemática, y genocidio, al intentar destruir a este sector de la sociedad al que consideró ideológicamente  como su enemigo. Al efecto, se utilizaron a las instituciones del Estado, pervirtiendo a las  mismas”

 

Informe de la Dirección General de Investigaciones Políticas y Sociales de las 11:25 horas del 10 de junio de 1971,

contenido en el libro “Los Papeles Secretos del 10 de junio de Enrique Condés Lara. Recuperado de Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado. “Capítulo 4. El 10 de junio de 1971 y la disidencia estudiantil”, en, Informe Histórico a la Sociedad Mexicana. Ciudad de México, 2006, p. 188. Consultado

 

A la altura de Circuito Interior con esquina Segunda Cerrada de Nogal, un grupo de halcones permanece junto a una unidad antimotines las cuales se encontraban estacionadas sobre Circuito Interior.

  Unidades de autobuses y carros particulares fueron utilizados para mover a los halcones sobre la Calzada México-Tacuba y Av. Ribera de San Cosme.

 

Los halcones pudieron moverse libremente sin ser detenidos o increpados por las fuerzas policiacas, a pesar de portar varas de bambú como armas.

 

Fuerzas policiacas caminan sobre la calle Lauro Aguirre, a pesar de su presencia, y fuertemente armados, varios grupos de halcones atravesaron dicha calle para llegar a la Av. de los Maestros.

 Al integrarse la marcha estudiantil sobre la Av. de los Maestros, es notorio la presencia de individuos que se encuentran observando a los manifestantes.

 

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