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miércoles, 7 de abril de 2021

Presentación el próximo 15 de abril a las 12 en el edificio nuevo del Suteym sección Ecatepec del libro de la Historia de Ecatepec prehispánico y del siglo XVI

 

Presentación el próximo 15 de abril a las 12 en el edificio nuevo del Suteym por la Secretaria General María del Carmen Flores Ramírez, Suteym sección Ecatepec, quien nos hablara sobre este importante libro de la Historia de Ecatepec prehispánico y del siglo XVI, editado por la editorial Centro de Estudios Mesoamericanos. A. C. año: 2021, tiene REGISTRO DE DERECHOS DE AUTOR Y ISBM.

Autores: María de la Asunción García Samper

                Elvia Martínez Contreras

                Jordán Daniel Rangel

                Erika Trejo Morgado

                Heriberto Salas Navarro

 

 

 



 

 

 

     El libro nos transporta un contexto sistemático de pensamiento, el análisis que nos permite comprender la importancia del Ehécatl para los pobladores mesoamericanos y la cauda cultural que nos legaron, propicia  extrapolar el tiempo aquel de la antigüedad con nuestro presente, con la idea general de vislumbrar el alma divina, el carácter protector de las especies mundanas, la fuerza interiorizada que permea la idea de conciencia, el tonalli cuyo calor solar e irradiación luminosa es parte de esa cosmovisión que ubica al cerro Ehécatl como un poderoso protagonista en la diversidad biológica, social y cultural de la Sierra de Guadalupe y las relaciones hombre-natura.

     El curso temporal de las energías sagradas formula conceptos que se remontan al origen, son acción y crecimiento, son susceptibles de albergar las pasiones humanas: voluntad, pensamiento, emociones. Existe una vibración que comunica a todos los seres vivos y, por ende, a la madre tierra, la preciosa Tonantzin, el espectacular Ehécatl y a los diferentes ecosistemas que obedecen al grito de la vida y a la influencia del viento, entidad dialéctica presente que, por su multiplicidad, ejerce acción eficaz sobre el mundo sobrenatural y el perceptible.

     El cono volcánico denominado cerro de Ehécatl o de la Cruz es un punto enigmático y muy bello de toda la sierra de Guadalupe. Desde hace mucho tiempo llegaron diversos grupos al paso de la observancia de leyes cósmicas calendáricas, sobre todo la del divino sol dador de vida, de naturaleza germinal. Unos pasaron y siguieron su camino y otros decidieron quedarse por un tiempo o asentarse definitivamente y aprovechar todo lo que el medio les proporcionaba. Ehécatl Quetzalcóatl se asocia con aliento-alma puntualizando la dualidad vida-muerte, también con el pronóstico de la lluvia, con la humedad relativa en el ambiente, con los rayos, los truenos, el granizo, el inicio del ciclo agrícola, los aromas, el medio por el cual viaja el sonido, la música, la oxigenación de las aguas quietas y también de los océanos, mueve las nubes, y barre los caminos para que los tlaloques traigan las lluvias.

     El cerro Ehécatl jugó un gran papel en los mitos cosmogónicos, pues es el Dios del Viento de la quinta era cósmica quien sopla a través de su máscara bucal para poner en movimiento al sol y la luna, la sucesión de los días y las noches, y conjuntamente Tezcatlipoca y Huitzilopochtli, la creación del cosmos.

     Estos grupos asentados en las faldas del Ehécatl, usaban los recursos naturales para la subsistencia, no obstante, el uso fue racional, con respeto, pidiendo permiso a la madrecita tierra para recolectar semillas, raíces, frutos, plantas comestibles, agua, fuego, árboles, animales, etc. El maguey, el nopal y la yuca que son plantas muy versátiles que proveen productos nutritivos, variados y resistentes, así como el copal indispensable para las ceremonias religiosas y curativas, el aguamiel, el pulque, la fibra de ixtle, las pencas para vivienda, vestido, y una riquísima herbolaria que junto con el temazcal brindaban alivio paras diferentes padecimientos.

     Existe evidencia de actividad de caza de mamuts y otros animales pleistocénicos con una antigüedad de al menos 15,000 años en la Sierra de Guadalupe. Los cazadores ejercían su actividad alrededor de los lagos de Zumpango, Xaltocan, Ecatepec, Texcoco, Chalco y Xochimilco. Al principio las familias humanas se movían detrás de estos animales que constituían la parte medular de su dieta dejando residuos que formaban parte de la cadena alimentaria y que eran aprovechados por otros carnívoros y carroñeros.

     La zona lacustre fue un vergel impresionante. Aves, conejos, patos, chichicuilotes, crustáceos, culebras, batracios, moluscos, insectos, mamíferos, frutos, gramíneas, reptiles, arbustos, etc. y agua dulce abundante. En un inicio se resguardaban en cuevas y posteriormente en chozas cubiertas por pencas de maguey. La sal y el tequesquite de igual manera estaban presentes en la alimentación de estos primeros pobladores de las riveras del Ehécatl.

     Evidentemente la abundancia de alimento y de agua, atraía a toda clase de animales como grandes mamíferos y en especial a los mamuts, de los cuales se conserva un ejemplar casi completo que está a resguardo del INAH y en particular en Casa de Morelos, mismo que se encontró en los Ejidos de Ecatepec, en Guadalupe Victoria.

     Hablando del patrimonio perdido, es importante mencionar que se localizó una laja de piedra en la col. Tierra Blanca en Ecatepec, con un petrograbado de la silueta de un mamut, gracias al trabajo de investigación de campo de la Antropóloga Asunción Samper, La Maestra Herlinda y el Arqueólogo René López. Esta ya no existe lamentablemente.

     La arqueología del Ehécatl y de la Sierra de Guadalupe, ha sido explorada, estudiada y registrada por la Antropóloga García Samper, el Doctor en Etnohistoria Eduardo Corona Sánchez, el Arqueólogo Francisco Rivas Castro, el Arqueólogo Andrés Gutiérrez Pérez y el Antropólogo Social René López. Este trabajo también fue realizado por otras personas que escalaban el cerro, como el maestro Gilberto Velasco y un rescatista de la Cruz Roja anónimo.

     La cueva de los Tecotines enfatiza el papel creativo y a la vez destructor de los Dioses. Así el Dios Ehécatl Quetzalcóatl fue pintado con su clásico gorro cónico y el símbolo del caracol cortado. Tuvimos la fortuna de ver esta pintura que se conservaba en un 70% antes de que la cueva fuera tapiada y humedad y hongos destruyeran esta obra prehispánica en casi su totalidad. Otro caso es el del marcador equinoccial rico en grabados hoy en día desaparecidos por agresores del patrimonio histórico de nuestros pueblos hídricos originarios.

Las cuevas estucadas del Ehécatl aún conservaban pintura mural y hoy lo único que queda son algunos fragmentos de estuco blanco adherido a sus muros, pero ya sin color y mucho menos sin trazos. Otros símbolos, como un pendiente y un collar de Ehecatl grabados en la roca y con una medida de casi 50 centímetros fueron totalmente agredidos y desaparecidos. El cuidadoso registro fotográfico y artístico que se hizo en aquellos años permite el tránsito por ese pasado glorioso y permanece como una fuente que refuerza su simbolismo. Próximamente publicaremos sobre la Arqueología de la Sierra de Guadalupe, fotografías y otros testimonios del patrimonio perdido.

     La historia de Ecatepec, uno de los municipios más poblados, está escrita en las piedras que hablan, la cerámica, pinturas, códices, el arte, los edificios prehispánicos y coloniales, los usos y costumbres, la identidad, la lucha de los pueblos hídricos originarios por preservar su legado, sus principios cívicos, morales, sus recursos naturales, sus ceremonias religiosas, la pluralidad de su cultura, el sincretismo, las transformaciones sociales, etc. El cono volcánico de este enigmático cerro íntimamente relacionado con el Dios del Viento, emparentado con el culto a Tonantzin Tlalli Coatlicue en la Sierra de Guadalupe de la que forma parte geológica, es suficiente motivo para volver en el tiempo y pensar en él como morada de alguien tan importante que significa: Viento,  aire, espíritu, vida, aliento, soplo, hálito, fuerza, es como dice Velázquez García (2009), “la manifestación gaseosa  de una compleja entidad anímica que fluye por todo el cuerpo , la cual quizá se concentra en el corazón”.

      Desde el siglo XVI poco después de la conquista, los dominicos decidieron instalarse en las faldas del Ehécatl y allí construyeron su convento para dos frailes. Las fuentes registran el lugar precisamente donde hoy están los muros de la UAEM y del Cecytem, donde por muchos años los padres del clero secular realizaban los servicios religiosos el día 3 de mayo antes de subir hasta la cima del Ehécatl con la cruz, tradición que se conserva hasta nuestros días.

     Además de la exposición de la maestra Elvia Martínez Contreras de las cual nos dice lo siguiente: La representación iconográfica de Ehécatl Quetzalcóatl es de una gran riqueza simbólica, con variedad de manifestaciones artísticas. Pintar estas obras exige el reto de realizarlas tal como fueron concebidas por el autor original, dado que existe una enorme brecha conceptual entre aquellos hombres y mujeres del pasado y nosotros con un contexto tan disímbolo, de tal forma que alterar su conformación sería una especie de sacrilegio.

     El arte prehispánico tiene un lugar sobresaliente a nivel internacional. Sus características narran las circunstancias histórico-culturales con un estilo propio de la región de origen. Es una forma de expresión sustentada en las creencias, ritos, usos, costumbres, raíces culturales, cosmovisión, organización social, identidad, etc. muy compleja, que nos lleva al análisis del pensamiento significativo de esos artistas.

     Esta exposición pictórica tiene la finalidad de introducirnos a ese mundo tan lejano y a la vez tan próximo con nuestro cerro Ehécatl, visto desde este emblemático edificio del Suteym Sección Ecatepec, mostrando algunas de las concepciones del Dios del Viento en las mitologías náhuatl (con pico de pato) y Mixteca, como 9 viento, o el cocodrilo olmeca exhalando nubes y lluvia. Ehécatl Quetzalcóatl con máscara bucal en forma de pico de ave que encontramos en el Códice Borgia o el murciélago con el Ehecatótotl en el Códice Vaticano.

     La preocupación de entender el origen del culto, el fundamento en que descansa la existencia de identidad, la lectura de los códices, la relación causa-efecto, la perduración de las creencias, son pilares en los que descansa el quehacer artístico, de ahí surge este lenguaje queriendo hacer posible la permanencia del arte prehispánico y la figura de Ehécatl Quetzalcóatl, ante la perenne marcha del tiempo.

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