lunes, 5 de junio de 2017

La resaca del 4 de junio


Independientemente del triunfador ayer en las elecciones, los mexicanos amanecimos con una resaca que me parece que se sistematiza en lo siguiente: una vez concluida la segunda etapa del proceso electoral de este 2017, y con ello la protagónica incertidumbre que acompaña a nuestra democracia, se encuentra el reto de que con la declaración de validez de la elección y la etapa de dictamen, llegue la legitimidad y legalidad de la elección para ahora sí dar paso a lo que se denomina la antesala de la elección de 2018, 'la madre de todas las elecciones'.

Las secuelas de este resultado y del proceso mismo serán los cimientos sobre los cuales se iniciará el proceso adelantado y anticipado del 2018. Quedará el nombre de las casas encuestadoras que si bien no pretenden ser como lo dice Mitofsky pronósticos, y evitando “caer en la tentación de pensar que no habrá cambios”, la diferencia en algunos abismal que daban diferente ganador con diferencias importantes fueron utilizadas como propaganda dejando atrás su función de herramienta, perdiendo credibilidad y otorgando mayor incertidumbre al proceso electoral, en virtud de que según una de ellas mismas el 80 por ciento de los encuestados no quería contestar.

Pesará sobre el resultado el derroche de recursos que se impone a la legalidad y que termina por ensuciar el proceso y al ganador, demanda sin protagonismos una mejor actuación de parte del árbitro, que se vio omiso en todo el proceso de la campaña por decir lo menos.

Quedará el antecedente de que las cifras acerca del arranque del proceso no definen el desenlace, recordando que Josefina Vázquez Mota empezó arriba todas las encuestas y su desplome sin mediar un escándalo importante fue inevitable, fuera del ya conocido del dinero entregado por parte del gobierno a su fundación de apoyo a migrantes.

Quedarán también las cicatrices de la división de la izquierda, rota por la la imposición del liderazgo de Andrés Manuel López Obrador, quien usurpó el liderazgo en la campaña que debía de ser de la candidata de Morena por la candidatura al Estado de México y pesará el resultado final del PRD, que creyéndose muerto, un líder fresco y carismático que enfrenta al líder de Morena, y haciendo una buena campaña fue capaz de revivir y meterse en la pelea.

Queda el antecedente de que los debates de formatos caducos, monótonos y que más bien parecen monólogos que debates, obligan a renovarse y que la guerra sucia en las redes sociales y las campañas negras deben quedar debajo de las propuestas. La descalificación hace evidente el nivel de la política y de los políticos, alejando más a la ciudadanía de los partidos políticos y de los políticos.

Partimos de que las candidaturas independientes perdieron atracción y que pese a la crisis de los partidos tradicionales, no por ser “ciudadanos” se convierten per se en una opción viable.

Queda para la ciudadanía una mayor exigencia para comprobar las noticias que circulan en redes sociales y de importantes medios de comunicación; la importancia de comprobar antes de viralizar noticias falsas y para exigir a la autoridad que se pronuncie al respecto.

El trabajo de preparación de la elección del 2018 ya ha comenzado, queda mucho por hacer por nuestra joven democracia, el futuro se vierte al alcance de nuestros ojos y me pregunto si los mexicanos seremos capaces de separar la venganza de las mejores propuestas, el color de candidato antes que su capacidad, las virtudes del candidato sin la mercadotecnia, el populismo sobre el compromiso de corregir el rumbo, el futuro del pasado, el pasado sobre el futuro; debemos estar a la altura, el tiempo se agota y no se ve claro.