Por MACARIO SCHETTINO
Ya hablamos del futuro esperable de cada uno de los partidos, y tenemos la paradoja de que todos estarían reduciendo su presencia, en términos porcentuales, rumbo a 2018. Esto, como se podrá imaginar, es imposible si no hay alguien que esté cosechando lo que todos pierden. Si, como le decía, es razonable esperar al PAN debajo de 25 por ciento, al PRI y a la izquierda apenas arriba de eso, pero la última dividida en dos grupos, entonces nos faltan 20 o 25 puntos que no están asignados a nadie.
También comentamos que hay un par de características comunes a los partidos: vejez y corrupción, y eso es muy importante. Existe una idea generalizada de que todos los partidos son corruptos, que tiene mucha evidencia a su favor. No creo que se pueda deducir que todos son igualmente corruptos, pero quienes sí lo creen no van a votar, anulan su voto, o esperan ansiosamente nuevas opciones, que hoy encuentran en “independientes”, que a veces no lo son.
En lo relativo a la edad, quisiera insistir en la tendencia mundial hacia el conflicto político del siglo XXI. A diferencia del siglo pasado, cuando la gran ruptura se daba entre trabajadores y empresas, o en términos políticos, izquierda y derecha, en este siglo la ruptura es entre jóvenes y viejos. En los países desarrollados, esta diferencia es porque los viejos tienen pensiones que los jóvenes tienen que pagar a través de sus impuestos. Pero estos jóvenes no tendrán pensión, y en muchas ocasiones ni siquiera empleo. Para que imagine el tamaño del problema, las pensiones en varios países de Europa superan 10 por ciento del PIB, que es prácticamente lo que los mexicanos pagamos de impuestos. Es impagable incluso allá.
En México esta diferencia no es tan marcada, pero existe. Tal vez como reflejo de lo que ocurre en los países más avanzados, a través de las redes sociales, es ya tema político. Los muy jóvenes, especialmente, están a la búsqueda de algo diferente. En 2018, 43 por ciento de los ciudadanos serán menores de 35 años, 35 por ciento estarán entre esa edad y los 55 años, y el restante 22 por ciento será de 56 años o más.
El perfil del votante de cada partido puede ser útil: el del PRI es mayor de 55 años, con educación secundaria; el del PAN es de más de 45 años, pero con educación superior; el PRD tiene la mitad de sus votantes con menos de 35 años, centrados en educación secundaria; Morena tiene votantes muy jóvenes (menos de 25 años) sin instrucción o con secundaria, y el Verde a la mitad de sus votantes con menos de 35 años, con un poco más de educación que en el caso de Morena.
Pero hay entre 20 y 25 por ciento de los votantes que no quisiera votar por estos partidos, al menos como están hoy. Quieren, según parece, opciones más jóvenes y que parezcan más honradas. Los partidos actuales, si quieren competir, tienen ahí la receta: menos vejez, menos corrupción. Eso obliga a programas más inteligentes: pensados precisamente para jóvenes, es decir, orientados al futuro, y honestos en el diagnóstico, sin el populismo que parece marca registrada de la política nacional.
Si alguno de los partidos grandes logra una transformación creíble, tiene un espacio de crecimiento muy importante. Si ninguno lo logra, hay margen para independientes. El escenario es entonces uno de dispersión, que puede llevar a la presidencia a un candidato con 25 por ciento del voto, en franca minoría en el Congreso, o en el caso de un independiente, sin siquiera fracción parlamentaria. Mañana terminamos con esto.
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viernes, 19 de junio de 2015
El futuro del sistema
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junio 19, 2015
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jueves, 18 de junio de 2015
Desaparecen los partidos estatales Futuro Democrático y PH


En el Estado de México el Partido Humanista y Futuro Democrático perderán su registro, pues no alcanzaron el porcentaje mínimo de votación exigido, que es de un tres por ciento, por lo cual se iniciará un proceso de liquidación y si hay dinero sobrante de esas fuerzas políticas pasará a formar parte del patrimonio estatal.
Antes de desaparecer, los partidos deberán cubrir sus obligaciones y los compromisos que hayan adquirido con sus trabajadores y con proveedores, y si queda algún bien o recurso remanente, de acuerdo con el código electoral estatal, se remitirá a la Secretaría de Finanzas estatal para que se adjudique de manera íntegra al patrimonio de la Universidad Autónoma del Estado de México.
Según el acuerdo del IEEM, donde se asignan los diputados de representación proporcional, en las elecciones distritales el Partido Humanista sumó el 2.46 por ciento de la votación; mientras Futuro Democrático apenas obtuvo un 0.69 por ciento de los votos. El mínimo exigido en la ley es del tres por ciento.
El consejero-presidente del IEEM, Pedro Zamudio, dijo que para el árbitro electoral por el momento ningún partido ha perdido el registro, pues primero deben concluir con todos los procedimientos jurisdiccionales, pero la ley prevé la liquidación de los partidos, con el nombramiento de un interventor que se dedica a pagar las deudas de las fuerzas políticas con sus proveedores y a partir de ahí a desincorporar bienes y sus activos para que regresen al control del instituto.
El artículo 57 del Código Electoral señala que la cancelación o pérdida del registro implica que el partido, dirigentes y candidatos deben cumplir con las obligaciones en materia de fiscalización, hasta la conclusión de los procedimientos, y de liquidación de su patrimonio; mientras el 58 indica que el dinero remanente de los partidos locales que pierdan su registro será adjudicado al patrimonio del Estado de México, por conducto del consejo general del IEEM.
Ese órgano designará a un interventor, responsable del control y la vigilancia del uso y destino de recursos y bienes del partido, quien tendrá amplias facultades para actos de administración y dominio sobre esos bienes y recursos, y todos los gastos deberán ser autorizados por el interventor. No podrán enajenarse, gravarse o donarse los bienes muebles e inmuebles patrimonio del partido político.
Además, se establece que por ningún motivo el IEEM responderá por las obligaciones contraídas por el partido que pierda su registro; las prerrogativas serán entregadas hasta el mes en el cual se cumpla con la declaración de cancelación o pérdida del registro y una vez hecho eso, se emitirá el aviso de liquidación del partido político de que se trate, en la Gaceta del Gobierno.
Posteriormente, se formulará un informe con un balance de los bienes y recursos remanentes, se cubrirán las obligaciones con los trabajadores del partido en liquidación y las fiscales que correspondan, y en caso de que queden recursos disponibles, se pagará a proveedores y acreedores del partido político en liquidación y si quedasen bienes o recursos remanentes, se adjudicarán al patrimonio de la Universidad Autónoma del Estado de México.(S)
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junio 18, 2015
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martes, 16 de junio de 2015
El futuro del PRI
POR MACARIO SCHETTINO
Toca el turno al PRI, el partido que gobernó sin competencia alguna este país desde antes de su fundación y hasta 1997 en que pudimos tener elecciones en serio. Desde entonces, no ha podido superar 40 por ciento del voto. Se mantuvo entre 35 y 40 por ciento hasta la derrota humillante de 2006, que me parece les ayudó a entender que todo había cambiado. Tuvieron 29 por ciento del voto en ese año, pero lograron recuperar casi todo para 2009, cuando alcanzaron 39 por ciento. En la elección de 2012 bajaron a 36, y ahora no llegan a 31 por ciento.
Comparando puras elecciones intermedias, el PRI pasa de 11.3 millones de votos en 1997 a 9.8 millones en 2003, 12.7 en 2009 y 10.6 millones en 2015. Todos los datos anteriores no incluyen al Partido Verde, que desde 2003 es apéndice del PRI. No lo incluyo porque confunde las cifras y porque creo que la utilidad de este partido empieza a ser inferior a su costo. Aunque el PVEM nunca ha sido muy respetuoso de la ley, en esta campaña fue francamente cínico. El uso de redes sociales incluso el mismo día de la elección es indefendible. Si el espíritu de la ley prevalece, el Partido Verde debería ser castigado con la pérdida de registro. Si antes no estaba convencido, ahora sí lo estoy, y además creo que es el momento adecuado para hacerlo. Ya ellos sabrán si se suman al PRI o vuelven a construir un partido, pero el castigo es muy importante para la salud del sistema electoral.
De regreso al PRI, me parece que sufre de los mismos problemas que ayer comentaba para Acción Nacional: un partido viejo, pero con una fama de corrupto que es insuperable. Note usted que a diferencia del PAN, el PRI tiene hoy menos votos que hace 18 años, y la tendencia indica que esta caída continuará. Sus votantes son aún más viejos que los del PAN, y sobre todo son mayoritariamente personas sin estudios. Ese perfil se reduce rápidamente en México.
Tal vez confiando en exceso en el Partido Verde, el PRI no ha renovado sus cuadros directivos. Pero insistiría en que el Verde puede ser más un lastre que un apoyo para 2018, de forma que el PRI debe hacer sus cuentas esperando una votación cercana a 25 por ciento. El Verde no podrá darle más de cuatro puntos adicionales, en el mejor de los casos. Para competir seriamente por la presidencia deberán incluir a Nueva Alianza y tal vez a Encuentro Social.
Sin embargo, tengo la impresión de que el costo de la marca será cada vez más notorio, conforme el votante tradicional del PRI desaparece por simple demografía. Si bien el PRI no requiere la revolución interna del PAN, y no tiene liderazgo disperso, tiene un problema mayúsculo con la sucesión. Desde 1997, nadie ha podido ganar la presidencia saliendo del gabinete. Ha sido el Congreso o una gubernatura lo que da el impulso necesario. Los principales gobernadores del PRI están fuera de la contienda, dudo que los secretarios puedan cambiar la tendencia mencionada, y el riesgo de confrontación interna es mayúsculo. No es como en 2009, cuando Peña Nieto tenía ya todo acomodado, pues.
Un último detalle: observe usted que en el DF, Jalisco, Nuevo León y Veracruz, el PRI no llega a 30 por ciento. En Estado de México, a 33 por ciento. En esos estados está 40 por ciento del padrón. El tiempo del PRI parece estar por terminar, también sin poder cumplir un siglo como fuerza organizada, aunque sí lleven 100 años en diversas trasmigraciones.
Twitter: @macariomx
Toca el turno al PRI, el partido que gobernó sin competencia alguna este país desde antes de su fundación y hasta 1997 en que pudimos tener elecciones en serio. Desde entonces, no ha podido superar 40 por ciento del voto. Se mantuvo entre 35 y 40 por ciento hasta la derrota humillante de 2006, que me parece les ayudó a entender que todo había cambiado. Tuvieron 29 por ciento del voto en ese año, pero lograron recuperar casi todo para 2009, cuando alcanzaron 39 por ciento. En la elección de 2012 bajaron a 36, y ahora no llegan a 31 por ciento.
Comparando puras elecciones intermedias, el PRI pasa de 11.3 millones de votos en 1997 a 9.8 millones en 2003, 12.7 en 2009 y 10.6 millones en 2015. Todos los datos anteriores no incluyen al Partido Verde, que desde 2003 es apéndice del PRI. No lo incluyo porque confunde las cifras y porque creo que la utilidad de este partido empieza a ser inferior a su costo. Aunque el PVEM nunca ha sido muy respetuoso de la ley, en esta campaña fue francamente cínico. El uso de redes sociales incluso el mismo día de la elección es indefendible. Si el espíritu de la ley prevalece, el Partido Verde debería ser castigado con la pérdida de registro. Si antes no estaba convencido, ahora sí lo estoy, y además creo que es el momento adecuado para hacerlo. Ya ellos sabrán si se suman al PRI o vuelven a construir un partido, pero el castigo es muy importante para la salud del sistema electoral.
De regreso al PRI, me parece que sufre de los mismos problemas que ayer comentaba para Acción Nacional: un partido viejo, pero con una fama de corrupto que es insuperable. Note usted que a diferencia del PAN, el PRI tiene hoy menos votos que hace 18 años, y la tendencia indica que esta caída continuará. Sus votantes son aún más viejos que los del PAN, y sobre todo son mayoritariamente personas sin estudios. Ese perfil se reduce rápidamente en México.
Tal vez confiando en exceso en el Partido Verde, el PRI no ha renovado sus cuadros directivos. Pero insistiría en que el Verde puede ser más un lastre que un apoyo para 2018, de forma que el PRI debe hacer sus cuentas esperando una votación cercana a 25 por ciento. El Verde no podrá darle más de cuatro puntos adicionales, en el mejor de los casos. Para competir seriamente por la presidencia deberán incluir a Nueva Alianza y tal vez a Encuentro Social.
Sin embargo, tengo la impresión de que el costo de la marca será cada vez más notorio, conforme el votante tradicional del PRI desaparece por simple demografía. Si bien el PRI no requiere la revolución interna del PAN, y no tiene liderazgo disperso, tiene un problema mayúsculo con la sucesión. Desde 1997, nadie ha podido ganar la presidencia saliendo del gabinete. Ha sido el Congreso o una gubernatura lo que da el impulso necesario. Los principales gobernadores del PRI están fuera de la contienda, dudo que los secretarios puedan cambiar la tendencia mencionada, y el riesgo de confrontación interna es mayúsculo. No es como en 2009, cuando Peña Nieto tenía ya todo acomodado, pues.
Un último detalle: observe usted que en el DF, Jalisco, Nuevo León y Veracruz, el PRI no llega a 30 por ciento. En Estado de México, a 33 por ciento. En esos estados está 40 por ciento del padrón. El tiempo del PRI parece estar por terminar, también sin poder cumplir un siglo como fuerza organizada, aunque sí lleven 100 años en diversas trasmigraciones.
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