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jueves, 24 de junio de 2021

Caída de Tenochtitlan: cuál fue el rencor de los otomíes con los mexicas que los hizo aliarse con Hernán Cortés

 

La superioridad de la cultura mexica sobre las demás condenó la caída del imperio en el año 1521






La caída del imperio construido por los mexicas en la ciudad de Tenochtitlan es un suceso asociado, frecuentemente, a traiciones de pueblos vecinos. Sin embargo, tomarlo desde dicha perspectiva es negar la relación de poder de esa cultura sobre el resto de las que coexistieron en el terreno que, posteriormente, se convirtió en México. De hecho, el disgusto de otros asentamientos por el sometimiento mexica desembocó en alianzas que culminaron en la caída de 1521. Tal es el caso de los otomíes.

Antes y después de la llegada de los tenochcas a la Cuenca de México, el territorio mesoamericano estuvo caracterizado por la presencia multilingüe y pluriétnica de numerosos pueblos. De hecho, el grupo dominante antes de la consolidación de la Triple Alianza era el Tepaneca, que se asentó en el lugar a mediados del siglo XII.

En sus dominios, de acuerdo con Alonso Guerrero Galván, etnohistoriador de la dirección de Lingüística del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), hubo pobladores que hablaban lenguas otomianas como mazahua, matlazinca y el propio otomí. En ese sentido, el señorío otomí ubicado en el actual municipio de Jilotepec, Estado de México, guardó un profundo sentimiento de pertenencia con el grupo hegemónico de la época.

Con el paso del tiempo, los recién llegados comenzaron a crecer y desafiar a los pueblos contiguos. De esa forma, en el año 1428, una ofensiva comandada por el Huey Tlatoani Itzcóatl superó a los tepanecas de Azcapotzalco y se hicieron del territorio que, hasta entonces, habían consolidado como propio.

Con la finalidad de borrar su pasado errante y reescribir una historia donde tuvieran el papel protagónico, los tenochcas quemaron todos los documentos y archivos en los que otomíes respaldaron su identidad. Así, sobrepusieron la cultura nahua, descendiente de Teotihuacan y Tula, por encima de todas las demás que se adaptaron posteriormente.

De esa forma, el comienzo de su expansión también implicó la reestructuración de las relaciones de poder y dominio con el resto de los grupos culturales. Una parte de los pueblos reconoció a los nuevos dominadores. Otros tantos, como el señorío de Jilotepec, consideraron la acción como una afrenta y se negaron a la subordinación.

El desencuentro provocó que los integrantes del nuevo hegemón emitieran prejuicios en torno a los rebeldes que prevalecieron durante siglos. “Incluso, los informantes de Sahagún, ya en el siglo XVI, siguen hablando mal de ellos, diciendo que son flojos y no se dejan gobernar”, afirmó el etnohistoriador Guerrero Galván.

Por ello, Motecuhzoma Ilhuicamina emprendió una campaña para conquistarlos. Aunque pudo consolidarla, el pueblo se sublevó en diversas ocasiones. Así, bajo el mando de Axayácatl y Ahuízotl, los pobladores de Jilotepec volvieron a ser sometidos por medio del belicismo. Las diferencias se mantuvieron hasta la caída de los dos asentamientos.

Con la llegada del ejército de Cortés a la Cuenca, el señorío de Jilotepec planeó no establecer contacto alguno con los europeos. De esa forma, cuando el ejército ibérico llegó a Jilotepec en 1521, se encontró con una ciudad abandonada. Pero su perspectiva cambió radicalmente cuando se enteraron del sitio a la ciudad de Tenochtitlan y decidieron aliarse con los conquistadores para liberarse del yugo tenochca.

“Sin importar que Cortés, quizá por consejo de sus traductores nahuas, ordenó el asesinato de una primera comitiva de otomíes, el grupo refrendó su alianza con los españoles y participó activamente en el asedio de Tenochtitlan. El propio Hernán Cortés menciona que fueron colocados en las orillas de la laguna para interceptar a las canoas mexicas que intentaban huir del sitio”, aseguró Guerrero Galván.

Aunque su alianza con los españoles no es tan reconocida como la encaminada por los tlaxcaltecas, sí estuvo determinada por la hostil relación con los nahuas. De esa forma, alejadas del discurso nacionalista en torno a dichos sucesos históricos, las condiciones históricas en Mesoamérica, creadas por el sometimiento de una cultura sobre las demás, fueron determinantes para concretar la avanzada de los conquistadores españoles por el territorio.

 

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