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viernes, 10 de julio de 2015

La maldición de Guadalupe

Por Pascal Beltrán del Río

El sacerdote Ramón Ortiz y Miera nació en 1814 en Santa Fe, provincia de Nuevo México, cuando ese territorio formaba parte de la Nueva España.
Tras la Independencia de México se marchó a Durango para estudiar teología bajo la tutela del obispo José Antonio Laureano de Zubiría.
En 1836 se hizo cargo de la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, en El Paso del Norte. Cuando estalló la guerra de 1846 entre México y Estados Unidos, el padre Ortiz organizó la resistencia contra los invasores. Fue capturado por las fuerzas del coronel estadunidense Alexander Doniphan y trasladado a la Ciudad de México como prisionero.
Ya en la capital y al terminar la guerra, Ortiz fue elegido diputado federal por Chihuahua y se opuso a la firma del Tratado de Guadalupe-Hidalgo, en 1848, que selló la pérdida de la mitad del territorio.
Ortiz emprendió entonces una de las labores más importantes de su vida: encargarse del traslado de centenares de familias que habían quedado en los territorios arrebatados por EU, de los cuales Nuevo México era el más poblado.
Originario de esa provincia, el sacerdote fue comisionado para facilitar la reubicación de las personas que habitaban Nuevo México desde antes del conflicto y que quisieran seguir siendo mexicanos. Dejó la Ciudad de México en septiembre de 1848 y viajó a la nueva frontera con una bolsa de 20 mil pesos para facilitar la repatriación.
El territorio de Chihuahua, en la margen derecha del río Bravo, fue identificado como el sitio más apropiado para ubicar a los trasladados.
Muchas de las 60 mil personas que habitaban Nuevo México y se habían rebelado contra la ocupación estadunidense deseaban reubicarse en México. Apenas había llegado a El Paso, el comisionado recibió de inmediato la solicitud de cuatro mil familias para ser trasladadas.
Así fue como nació Guadalupe, un poblado en la margen del río Bravo. Los terrenos para los recién llegados fueron cedidos por el estado luego de que el gobernador chihuahuense Ángel Trías enviara una iniciativa en ese sentido a la legislatura local.
Entre 1849 y 1850 las nuevas autoridades de Nuevo México intentaron disuadir a las personas que buscaban reubicarse en Chihuahua, advirtiéndoles que allá serían tratados como “bastardos”. Aun así, unas 600 familias llegaron a Guadalupe en abril de 1850.
Siglo y medio después, qué distinto pinta el futuro en ese municipio, cuya cabecera está a 60 kilómetros, río abajo, de Ciudad Juárez. El tesón que mostraron miles por instalarse en Guadalupe y seguir siendo mexicanos se ha convertido en un ansia por salir, por escapar de la violencia que hoy azota a esa población.
En 2010, los criminales que se disputan el control de Guadalupe asesinaron al alcalde Jesús Manuel Lara Rodríguez. Luego, en 2011, hicieron huir del poblado al sucesor de aquél, Tomás Archuleta Rodríguez. En 2012, fueron a la casa del director de seguridad pública del municipio, supuestamente, para vengarse de él por haber fotografiado unos cadáveres abandonados, y como no lo encontraron se llevaron a su esposa, a quien torturaron y asesinaron.
Antes, se había hecho cargo de la policía una mujer, Irma Érika Gándara Archuleta, quien llamó la atención a nivel nacional por su valentía. Ella fue secuestrada en diciembre de 2010. Casi un año más tarde sus restos fueron entregados a su familia.
En diciembre pasado aparecieron tres cadáveres en la carretera Juárez-Porvenir. Los asesinados eran tres jóvenes universitarios residentes de Guadalupe. Uno de ellos se llamaba Gabriel Gándara Archuleta, hermano deÉrika. Las familias de los muchachos tuvieron que huir del municipio.
Sería largo hacer la lista de horrores ocurridos en Guadalupe. El más reciente ocurrió anteayer, cuando mataron al único policía que quedaba en el poblado.Joaquín Hernández tenía menos de dos semanas en el puesto y fue el único que se mantuvo luego de la renuncia del resto de los miembros de la corporación.
Duele saber que la maldición hecha en Nuevo México a los ancestros de los guadalupenses se está cumpliendo.

miércoles, 1 de julio de 2015

Comunidades de la Sierra de Guadalupe incomunicadas

Los turbulentos aguaceros que se suscitaron el fin de semana, pusieron en riesgo la vida de varias familias, de la colonia Tierra Blanca, donde el arroyo de agua que baja de la parte alta de la Sierra de Guadalupe termino con parte de la calle Cerrada de Encinos, provocando que se formara un enorme desgajamiento formándose una enorme zanja, donde el agua corrió con gran intensidad y ahora los residentes de dos colonias no pueden pasar, por estar acordonada la zona, ante el eminente riesgo que corren los que ahí habitan


Por Beda Peñaloza



Matilde Jiménez una de las afectadas manifestó, que el día viernes el agua bajo de las faldas de la Sierra de Guadalupe desde la comunidad de Prolongación Las Torres hacia avenida de las Torres como si fuera el desborde de una presa, llevándose piedra, costales de arena y grava que habían colocado para prevenir que el líquido bajará y causará daños, pero que fue imposible, porque arrasó con todo dañando parte de la calle Cerrada de Encino donde debido al reblandecimiento de la tierra formo un gran socavón por donde fue más fácil que pasara a toda velocidad
Ante esta situación Yolanda Salamanca explicó que afortunadamente ninguna de las 28 familias que viven en esa calle sufrió pérdidas materiales pero que temen que ante las continuas lluvias, pueda terminar en una desgracia y hasta existan pérdidas humanas además de acabar con sus patrimonios que con mucho sacrificio han construido
Así mismo Juana Rivera y Juan Barrón señalaron que ante la preocupación de esa situación junto con más vecinos reportaron lo acontecido, a las autoridades correspondientes, por lo que el día domingo personal de Protección Civil y Bomberos llegaron a la zona en mención y tras ver la gravedad del problema procedieron acordonar la zona y notificaron a los colonos que ya nadie podía transitar por el peligro que representa y pone en riesgo sus vidas.
Por lo que el día de ayer se presentaron ante las autoridades en el ayuntamiento municipal y pidieron que personal fuera a verificar la zona, y así dos servidores públicos se dieron cita he hicieron la supervisión y notificaciones correspondientes por lo que pidieron que hicieran un escrito dirigido al alcalde para que se dé solución a su demanda
Los afectados junto con varias personas de la parte alta, insistieron que esa calle era el unico camino que tienen para pasar los estudiantes diariamente a las escuelas o los que se dirigen a su trabajo así como las amas de casa que usan esa calle para bajar a comprar su despensa, por lo que esperan que las autoridades los apoyen para que lo arreglen


Mientras que María del Carmen Jiménez Vallejo quien fue la representante para tratar de solucionar ante las autoridades correspondientes mencionó que aunque son una zona irregular como les mencionaron algunos servidores públicos están en toda la disposición de arreglar su situación y que sea el gobierno municipal y estatal quien los apoye en esa situación porque en varias ocasiones han querido hacerlo pero que solamente personas de distintas dependencias como Corett y de tenencia de la tierra solo han querido estafarlos
Por lo que para prevenir ocurra una tragedia, precisó que se ha presentado a las oficinas de obras públicas, de Desarrollo Urbano, para informarles de lo sucedido pero que espera que el día de hoy vayan hacer la verificación aunque precisaron que tenían que estar presente personal de SAPASE ya que en el lugar se encuentra el Pozo denominado Cerro Colorado y evitar que su red sea dañada.
Por lo que pide al presidente municipal licenciado Sergio Díaz Hernández así como al gobernador del Estado de México Doctor Eruviel Ávila Villegas, su intervención para que les ayuden a dar una respuesta a su queja, y que no se vayan a esperar a que existan pérdidas humanas, porque presienten que en lo que resta de esta administración ya no les harán caso