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viernes, 1 de julio de 2022

¿Y qué vamos a hacer con Dos Bocas?

Una vez terminada y operando, lo más probable es que Dos Bocas sea la refinería más eficiente de las seis que hay en el país.




Enrique Quintana

Bueno, es un decir que se inaugura. Se va a ‘cortar el listón’; se va a hacer fiesta a los cuatro años de las elecciones de 2018; se van a pronunciar discursos e incluso se va a presentar el informe trimestral de AMLO.

Pero la refinería no va a empezar a operar.

Obviamente, estamos aún muy, muy lejos, de que la refinería quede funcional.

Algunos señalan que será lo mismo que en el Aeropuerto Felipe Ángeles (AIFA).

No, desde luego.

El AIFA pudo realizar operaciones desde el día de su inauguración. No están terminadas las vialidades; le falta infraestructura y otras cosas más, pero empezó a funcionar luego de ser inaugurado.

No será ese el caso de la refinería de Dos Bocas.

No hay tampoco estimados confiables de cuándo quedará funcional.

El gobierno dice que en 2023 pues viene un periodo de pruebas. Expertos que saben del avance estiman que va a ser difícil que antes de 2024 o 2025 empiece a funcionar realmente.

En los últimos días he escuchado a más y más personas preguntarse qué vamos a hacer con los megaproyectos de AMLO cuando termine su sexenio.

Son principalmente cuatro: el AIFA, la refinería de Dos Bocas, el Tren Maya y el sistema transístmico.

Creo que las respuestas son diferentes para cada uno de ellos.

Por ejemplo, difiero de quienes piensan que la mejor opción es cerrar el AIFA. Lo propuso hace unos días Enrique de la Madrid.

Es un aeropuerto que ya está construido y funcionando.

Está incompleto y carece de la infraestructura urbana que lo haría más interesante como opción. Pero está en construcción.

La propuesta de cerrarlo responde a ponerse en contra de AMLO, como una alternativa rentable políticamente.

Creo que hay que buscar cómo integrar un sistema aeroportuario metropolitano, revisar todos los cambios, incluyendo las rutas de aproximación, probablemente con un mando único, quitando a los militares el control del AIFA e incluyendo al aeropuerto de Toluca e invertir fuertemente en el AICM para mejorar su funcionamiento.

Y hay que discutir si Texcoco puede revivirse o no.

Pero, aun si la respuesta fuera positiva, no es una opción de corto plazo.

Hay que tener alternativas porque el desarrollo requiere un crecimiento del transporte aéreo.

En el caso del Tren Maya las circunstancias son diferentes. Se trata de un proyecto cuya conclusión es incierta. Habría que valorar la posibilidad de aprovechar algunos de los tramos ya construidos y quizá cancelar la obra.

Es el peor de los megaproyectos emprendidos en este sexenio y ni por asomo va a concluirse antes de que termine la actual administración… aunque quizá se inaugure, con todos sus déficits, en 2024.

En el caso de Dos Bocas, probablemente será hasta el siguiente sexenio cuando se tenga una refinería funcional.

En ese caso, me parece que hay que hacer una evaluación cuidadosa de las seis refinerías que existen en México, de la demanda de gasolinas y otros petrolíferos, y definir una estrategia que parta de la base de los activos que ya existen.

Lo más probable es que Dos Bocas sea una refinería más eficiente que las demás.

Cuando se establezca cuál es la producción óptima de petrolíferos dadas las instalaciones existentes, se podría evaluar el cierre de algunas refinerías que son ineficientes y más viejas.

En 2021, la subsidiaria de Pemex que opera las refinerías perdió la bicoca de 220 mil millones de pesos y el año anterior habían sido 238 mil millones.

Dejar de operar algunas instalaciones sería un alivio financiero para Pemex.

Claro que hubiera sido mejor no construir Dos Bocas e invertir esos recursos en exploración y producción, para tratar de estar en capacidad de producir más crudo en la coyuntura actual.

El promedio de producción de los cinco primeros meses de este año es de un millón 753 mil barriles por día, todavía una cifra 4 por ciento inferior al promedio del año 2018.

La historia dice que frenamos la caída, pero no hemos ni regresado al nivel previo a este sexenio.

Ni siquiera con más dinero se podrá aumentar la producción. Se trata de otra filosofía respecto al riesgo, para que se meta el sector privado más y más al tema. Hoy se está saliendo.

Y, respecto al sistema transístmico, resulta que se trata del mejor proyecto de esta administración.

En un próximo comentario lo abordamos.

Pero, por lo pronto, paren la fiesta hoy. Cuando arranque realmente Dos Bocas, ni AMLO será presidente ni Rocío Nahle, secretaría de Energía.

 

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