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El Mexiquense hoy

miércoles, 7 de enero de 2015

A propósito Peña y Obama

Visita de Presidentes a E U

Cuando Porfirio Díaz fue recibido en El Paso, Texas, el 16 de octubre de 1909 —como parte de una visita recíproca entre los presidentes de Estados Unidos y de México—, el secretario de Guerra estadunidense Jacob Dickinson informó al dictador que él era el primer mandatario extranjero en pisar suelo de su país.

El dato no era preciso, pues de acuerdo con los archivos históricos del Departamento de Estado, antes que Díaz ya habían sido recibidos de manera oficial en Estados Unidos el rey y el Presidente de Hawái —previo a que ese archipiélago fuera anexado—, así como el emperador Pedro II de Brasil y el presidente guatemalteco Justo Rufino Barrios.

Sin embargo, las reuniones cara a cara entre mandatarios mexicanos y estadunidenses sí fueron de las primeras que registra la historia del continente.

Pasaría una década después de que el presidente estadunidense William Howard Taft pisara suelo mexicano —en Ciudad Juárez, para encontrarse con Porfirio Díaz— para que otro inquilino de la Casa Blanca viajara al exterior. El siguiente en salir fue Woodrow Wilson, quien asistió a la Conferencia de Paz de París, en 1919.

Y transcurriría aún más tiempo antes de que un Presidente de Estados Unidos visitara oficialmente Canadá (William Harding, en 1923) y un primer ministro canadiense fuera recibido en la Unión Americana (Richard Bedford Bennett, en 1933).

No cabe duda que la relación entre México y Estados Unidos ha sido especial en muchos sentidos, particularmente por su gran carga histórica.

Y si bien los vínculos entre las dos naciones tienen un alcance que supera con creces los contactos entre sus gobiernos, los encuentros de los presidentes de México y EU suelen ser vistos —a pesar de todo el protocolo que los rodea— como un termómetro de la relación bilateral en general.

Hoy Enrique Peña Nieto se convertirá en el undécimo mandatario mexicano en ser recibido en la Casa Blanca, desde que Harry S. Truman fuera anfitrión de Miguel Alemán Valdés en la primavera de 1947.

Desde entonces, el único Presidente mexicano que no acudió a la residencia de la avenida Pennsylvania fueAdolfo Ruiz Cortines, quien, no obstante, se encontró conDwight D. Eisenhower en Montana, en marzo de 1956.

La reunión de este martes habrá sido precedida por dos visitas oficiales del presidente Barack Obama a México. De acuerdo con fuentes mexicanas, se había decidido quePeña Nieto no acudiera a Washington mientras hubiera posibilidad de que la Cámara de Representantes de ese país discutiera la iniciativa de reforma migratoria que ya había sido aprobada por el Senado, a fin de no contaminar ese proceso.

Hace unos cuatro meses, la Casa Blanca informó a Los Pinos que Obama había optado por modificar las disposiciones migratorias del país mediante una orden ejecutiva, en lugar de seguir esperando que el Congreso aprobara los cambios. Con ello se activó la preparación de la visita de Peña Nieto.

El 20 de noviembre pasado, Obama hizo pública una orden ejecutiva que en los hechos permite que entre cuatro y cinco millones de mexicanos que residen ilegalmente en Estados Unidos no sean deportados y puedan comenzar a regularizar su situación.

Sin embargo, la constitucionalidad de esa acción ha sido cuestionada por 25 estados del país, encabezados por Texas, que han llevado el tema a tribunales. El 16 de diciembre pasado, un juez federal en Pensilvania opinó que la orden de Obama viola la Constitución, aunque ese fallo aún no es suficiente para echarla abajo.

La visita de Peña Nieto a Obama ocurre en momentos difíciles para ambos presidentes. En semanas recientes, la popularidad de ambos tocó fondo, aunque la paulatina recuperación de la economía estadunidense —a la que está atada la de México— ha sacado del hoyo la imagen deObama.

Mientras Peña Nieto todavía batalla en México con los efectos de los crímenes de Tlatlaya e Iguala y las revelaciones sobre gastos en su vida privada y en la de algunos de sus funcionarios, el Presidente estadunidense tendrá que lidiar, desde hoy mismo, con el hecho de que ambas Cámaras del Congreso sean dominadas por el Partido Republicano, que hace dos meses dio una felpa electoral al Partido Demócrata, resultado que fue percibido como una desaprobación para Obama.

Cuando Peña Nieto estuvo en Nueva York a finales de septiembre, apenas unos días antes de que fueran atacados y desaparecidos los normalistas de Ayotzinapa, nada parecía ensombrecer su imagen de estadista que había logrado sacar adelante las reformas estructurales. A diferencia de entonces, cuando ningún manifestante cruzó su camino, hoy está anunciado un mitin en la plaza Lafayette, frente a la Casa Blanca, para rechazar su presencia.

Sin embargo, esta reunión de principios de año pudiera significar una nueva oportunidad para ambos mandatarios.

Para Peña Nieto, a quien le quedan casi cuatro años de gestión, verse acompañado en un escenario visible mundialmente por Obama, quien parece comenzar a cosechar los frutos de la recuperación económica.

Y para Obama, recibiendo, a través de Peña Nieto, un espaldarazo de México a su orden ejecutiva, que pudiera caer muy bien entre la comunidad latina de Estados Unidos, de la que dependerá el Partido Demócrata para retener la Casa Blanca en 2016.

Estos dos presidentes no se han sentado a lamerse las heridas y parecen dispuestos a darle la cara a la adversidad. Pero, como siempre, lo mejor será esperar el juicio del tiempo antes de determinar qué tanto beneficiará el encuentro a uno y otro.

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