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martes, 5 de diciembre de 2017

2018, ¿una carrera ‘parejera’ de Meade y AMLO?

Las elecciones presidenciales en México nunca se han resuelto en una contienda de tres. Han acabado siendo una ‘carrera parejera’ desde que hay realmente competencia electoral.


En el año 2000, Vicente Fox logró una ventaja de 6.48 puntos porcentuales sobre Francisco Labastida. Y Cuauhtémoc Cárdenas quedó en un distante tercer lugar, a 24 puntos de Labastida.

Es altamente probable que Fox haya capitalizado una parte de los votos que hubieran sido favorables a Cárdenas en caso de que éste hubiera tenido posibilidades reales de ganar.

En 2006, Felipe Calderón derrotó a López Obrador por una diferencia de 0.62 por ciento de los votos válidos. En un distante tercer lugar, Roberto Madrazo quedó a 13.28 puntos del segundo puesto.

En ese caso claramente hubo un desplazamiento de votos originalmente priistas, hacia el PAN, lo que permitió el triunfo de Calderón.

En las más recientes elecciones presidenciales, de 2012, Enrique Peña aventajó a López Obrador por 6.63 por ciento de los votos válidos. Y, en tercer lugar, Josefina Vázquez Mota quedó a 5.89 puntos de AMLO.

Este es el caso más cercano de una competencia de tres, aunque, en cualquier caso, la diferencia entre primero y tercer lugar fue de 12.5 puntos, lo que en realidad no hizo una competencia de tres.

Si en 2018 este patrón se repitiera, sobre la base de lo que hoy se observa en encuestas y en la cobertura de medios, se estaría perfilando una competencia entre el candidato de una alianza que va a encabezar el PRI (seguramente con PVEM y Panal), José Antonio Meade, con la que encabezará López Obrador, con Morena y PT (y quizás el PES).

El PAN y el PRD, o en su caso el Frente, hasta este momento se han quedado desdibujados por el hecho de que no tienen candidato.

Los datos publicados del estudio ARMA, correspondientes a noviembre, dan cuenta de una cobertura volcada hacia Meade y AMLO en noviembre.

Y diciembre se empieza a dibujar de la misma manera.

¿A quién conviene que se configure una carrera ‘parejera’ en esta elección presidencial?

Claramente a quien va a ser el candidato del PRI. AMLO tiene un nivel de conocimiento de alrededor de 95 por ciento, y tiene el porcentaje de ‘mala opinión’ más alto entre todos los aspirantes a la presidencia.

Meade tiene un nivel de conocimiento que, según la encuesta que se use, está entre 40 y 45 por ciento.

La oportunidad que tiene de que el crecimiento en su grado de conocimiento se traduzca en un mejor balance de opinión que el de AMLO, es alto.

Si, al final de las campañas, lo que tuviéramos fuera una carrera ‘parejera’, como hemos visto en otras elecciones, el candidato del PRI tiene una buena oportunidad para que se repita el esquema del ‘voto útil’ y que haya una franja de electores que hubieran votado por el PAN o por un candidato independiente, y que muevan su voto hacia él.

Claro que también al riesgo de que una campaña inadecuada conduzca a que los votos contra el gobierno en funciones se muevan de otros candidatos opositores hacia AMLO.

Por esa razón es que las campañas contarán. Claro que entendidas de manera amplia, con presencia en medios y redes sociales, no sólo como las concentraciones en plazas públicas, como era en el pasado.

Como hemos comentado, la película aún no comienza y tendremos aún mucho por ver.

martes, 14 de noviembre de 2017

2018, la estrategia de Peña

Las encuestas presidenciales, prácticamente todas, muestran dos tendencias: el PRI no va a ganar la elección en 2018, y el partido por el que menos votarían los mexicanos es el PRI.


Si esta proyección es una mala noticia para el presidente Enrique Peña Nieto, el que sea el mandatario peor evaluado desde que se miden los jefes del Ejecutivo en México, desde hace un cuarto de siglo, la hace peor, pues lo convierte en un lastre para el candidato, no un activo.

Adicionalmente a las malas noticias electorales para el presidente, se suman la inflación de 7.0 por ciento, el alto costo del dinero con las tasas de interés más elevadas del mundo, y las dudas sobre el futuro del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que frena inversiones e impacta en el tipo de cambio. No obstante, en Los Pinos creen que el PRI y a quien unja Peña Nieto como candidato, repetirá en la silla presidencial.

No hay magia. La estrategia es clara. El golpeteo constante a los líderes del Frente Ciudadano busca minar su eventual candidatura presidencial, con la mira puesta en la polarización del electorado y que la disputa en 2018 sea parejera con Morena. El virtual candidato presidencial de ese partido, Andrés Manuel López Obrador, quiere lo mismo. Peña Nieto y López Obrador quieren batirse como en el Estado de México, una lucha entre ambos donde sólo existan dos contendientes. Pero la apuesta de López Obrador, añadir a su voto antisistémico el de los inconformes, no es la misma que la de Peña Nieto y Los Pinos. La estrategia tricolor es ganar los primeros lugares en todos aquellos estados que se pueda, pero sobre todo, llevar al candidato del PRI siempre en el mejor segundo lugar donde no gane.

Es decir, la estrategia es ser el mejor segundo lugar, donde la suma de todos esos votos le dé la victoria. Estos cálculos presuponen que ningún candidato del PRI sería suficientemente competitivo para derrotar a López Obrador, por lo que están diseñando un andamiaje electoral distinto, aprovechando la fortaleza territorial del PRI y la debilidad de Morena a nivel de estructura nacional. Morena es un partido que apenas obtuvo su registro en 2015, por lo que no hay un historial de voto suficientemente longevo para ver las tendencias de su electorado, ni amplio para analizar sus fortalezas y debilidades. En la actualidad, Morena es López Obrador, quien ha reducido sus negativos al tiempo de consolidar su base electoral. El PRI, en cambio, es lo suficientemente viejo para que el electorado aprecie más sus debilidades y fortalezas.

Como ilustración para explicar la estrategia priista, en las elecciones federales de 2015 el PRI tuvo una caída de más de 25 por ciento de su electorado y dejó de gobernar a 11 millones de mexicanos. Porcentualmente, el PRI dejó de gobernar a más de 50 millones de mexicanos en el país, como había sido hasta entonces. Es cierto que todos los partidos perdieron electores, pero ninguno como el PRI. Morena y Encuentro Social, los únicos que fueron a su primera elección, conquistaron casi cinco millones de votos, de cuales 70 por ciento fue de Morena. La tendencia de voto para el PRI ha tenido una caída sostenida de aproximadamente 45 grados; o sea, una inclinación clara, sin ser abrupta.

En los estados que son los principales campos de batalla electoral por densidad poblacional, las contiendas por las gubernaturas le han sido desfavorables al PRI en los tres últimos años. En Nuevo León fue arrollado dos a uno por el independiente Jaime Rodríguez, El Bronco. En Veracruz, Miguel Ángel Yunes ganó por clara diferencia, mientras que en Puebla la ventaja se amplió a más de 10 puntos. La Ciudad de México y Guanajuato tendrán elecciones concurrentes el próximo año, pero en ninguna de las dos gobierna el PRI y no se ve que pueda revertir la tendencia. Jalisco, que también tendrá elecciones el próximo año, es gobernado por el PRI, que ha perdido fuerza frente a Movimiento Ciudadano en los dos últimos años, y posiblemente pierda el Ejecutivo estatal. El PRI sólo gobierna uno de los estados donde se deciden las elecciones, el de México, donde superó por escasos tres puntos a Morena.

Sin embargo, en todas esas entidades, salvo en la Ciudad de México, el PRI ocupa el segundo lugar. Es muy distante en algunos estados, como en Puebla, pero ahí supera casi cuatro a uno a Morena. En Veracruz avanzó formidablemente Morena en 2015, pero se desinfló en 2016. Morena dejó de ser competitivo en ese estado del Golfo, y sólo mantiene su nivel en la Ciudad de México, donde su rival es el PRD, y en el Estado de México, donde tuvo ese avance por el desplome del PAN y una campaña tardía y acotada por presiones e intereses del PRD, cuyos dirigentes estatales estuvieron en convivencia con el PRI.

Vista fríamente la estrategia, aunque conservadora, es tácticamente inteligente. Pero para que esto pueda darse, se puede argumentar, se necesita que la contienda sea entre dos candidatos fuertes, por lo que una candidatura del Frente Ciudadano por México no sería deseable para estos fines. Lo que mejor acomodaría para esta estrategia sería que el PAN y el PRD presentaran candidaturas presidenciales individuales, para que el voto anti López Obrador no se dividiera en los estados clave para ganar la elección. Si esto es posible, como sucedió en el Estado de México, piensan que la victoria está a la mano para el candidato de Peña Nieto, cualquiera que éste sea.

lunes, 28 de agosto de 2017

2018, el destape

Quien más le habló al presidente Enrique Peña Nieto de cómo se abrió y despresurizó la sucesión presidencial en 1987, terminó inaugurando el híbrido método para la de 2018. Emilio Gamboa, coordinador del PRI en el Senado y uno de los 'maquiavelos' que hablan al oído del príncipe, en un jugueteo con la prensa, definió la mano de cuatro en el ánimo del presidente. Tras ese destape, Peña Nieto anunció indirectamente a los designados para jugar en la contienda. Esta afirmación es intuitiva a partir de la biografía de los hombres involucrados. Gamboa es un político sazonado en múltiples batallas, sumamente cuidadoso con lo que dice, e incapaz de colocar una palabra más allá de lo que se necesita para alcanzar el objetivo. Peña Nieto es ortodoxo, y como difícilmente se iba a atrever a innovar el proceso sucesorio dentro de su partido, había que abrir la válvula de presión y colocar nombres en el escenario, donde el resto de los partidos ya tienen a sus actores.

No hay una fórmula única para el destape, como se conoce al acto más importante de un presidente para escoger a su sucesor desde que Abel Quezada, uno de los moneros políticos más relevantes en la prensa, la anidó en el imaginario mexicano a través de una campaña publicitaria jugando con la sucesión de Adolfo Ruiz Cortines, cuya unción fue resultado del acto racional que suelen hacer los presidentes, a quienes muchas veces se les ha atribuido la decisión a un acto de amiguismo. Miguel Alemán, que encabezó uno de los gobiernos más corruptos de la historia, buscó en Ruiz Cortines todo lo opuesto a él, un hombre austero, que en su discurso de toma de posesión dijo que el suyo no sería un gobierno corrupto ni de amiguismos.

Años después, Gustavo Díaz Ordaz utilizó al líder de la Confederación Nacional Campesina, Augusto Gómez Villanueva –muy cercano al actual secretario de Hacienda–, para que destapara a Luis Echeverría, a quien, cuando le tocó su turno de escoger a su sucesor, mandó al secretario de Recursos Hidráulicos, Leandro Rovirosa Wade, a declarar que había seis aspirantes a la candidatura. Miguel de la Madrid, en medio de una crisis dentro del PRI, donde la disidencia le exigía abrir el proceso, les hizo caso, pero tuteló el método. Hizo que seis aspirantes a la candidatura presentaran su idea de país al Consejo Político del partido, de donde surgió Carlos Salinas. El secretario particular del presidente De la Madrid, dueño de 50 por ciento de la puerta de su despacho, era Gamboa, quien le contó a Peña Nieto la forma como su antecesor procesó la candidatura y, quizá, cómo se la abría a Salinas con más celeridad que al secretario de Gobernación, Manuel Bartlett.

Gamboa era secretario de Comunicaciones y Transportes en 1993, cuando llegó tarde a una comida en el hoy cerrado restaurante María Cristina, cerca de la Zona Rosa, a donde apresuradamente el presidente Carlos Salinas invitó a comer a seis periodistas para hablar del proceso de sucesión -ventilado en la prensa donde se discutían varios nombres- y deslizar su inclinación por Luis Donaldo Colosio. Salinas hizo lo que De la Madrid, López Portillo o Alemán hicieron: inclinarse por una persona que pensaban era lo más adecuado para las condiciones del país. De la Madrid necesitaba a alguien ideológicamente comprometido con las reformas económicas, y López Portillo pensó en De la Madrid por la crisis económica que vivía el país. Alemán buscó en Ruiz Cortines el contraste a su administración. ¿Qué hará Peña Nieto?

El presidente piensa, porque así lo ha dicho en reuniones privadas, que la corrupción no es un problema de fondo que afecta a su gobierno, y ha expresado públicamente lo fundamental de que las reformas económicas, para que rindan los frutos por lo cual fueron impulsadas, sigan su curso programado. ¿Quién está comprometido con las reformas peñistas? Nuño, quien fue uno de los arquitectos del Pacto por México, en donde se procesaron, y Meade, quien ideológicamente es el más involucrado de todos con ellas. Los dos, si hubiera modificado el presidente su creencia sobre la corrupción como una de las variables de la sucesión, no parecen tener fantasmas en el clóset, como es el caso de Narro, aunque a diferencia de los primeros, como rector de la UNAM, tomó posiciones en materia de política económica que le provocó fricciones con Nuño, en ese entonces jefe de la Oficina de la Presidencia, y como secretario de Salud propuso a principio de año en reuniones de gabinete aplazar el 'gasolinazo'.

Ninguno de ellos figura alto en las encuestas presidenciales. Pero no hay que engañarse. En este momento, esas mediciones no registran tendencia de voto, sino conocimiento. Por eso Osorio Chong, mencionado en los medios por cinco años, es quien siempre aparece en lo alto de las preferencias priistas. También tiene, a diferencia de los otros tres, más negativos y fantasmas de corrupción, reales o imaginarios, revoloteando en su clóset. A favor, por lo que se sabe, no es una variable que utilizará Peña Nieto en su elección final. Los restantes tienen como confort que el presidente dice que es irrelevante que su candidato tenga 1.0 por ciento de preferencia en este momento, porque en la campaña lo resolverá.

Nota: En la columna anterior se mencionó que el general Michael Flynn había sido el primer militar en ser consejero de Seguridad Nacional. Es incorrecto. Previamente ocuparon el cargo otros dos militares, Colin Powell con Ronald Reagan, y Brent Scowcroft con Gerald Ford y George H.W. Bush.

2018, el destape




Estrictamente Personal
RAYMUNDO RIVA PALACIO








Quien más le habló al presidente Enrique Peña Nieto de cómo se abrió y despresurizó la sucesión presidencial en 1987, terminó inaugurando el híbrido método para la de 2018. Emilio Gamboa, coordinador del PRI en el Senado y uno de los 'maquiavelos' que hablan al oído del príncipe, en un jugueteo con la prensa, definió la mano de cuatro en el ánimo del presidente. Tras ese destape, Peña Nieto anunció indirectamente a los designados para jugar en la contienda. Esta afirmación es intuitiva a partir de la biografía de los hombres involucrados. Gamboa es un político sazonado en múltiples batallas, sumamente cuidadoso con lo que dice, e incapaz de colocar una palabra más allá de lo que se necesita para alcanzar el objetivo. Peña Nieto es ortodoxo, y como difícilmente se iba a atrever a innovar el proceso sucesorio dentro de su partido, había que abrir la válvula de presión y colocar nombres en el escenario, donde el resto de los partidos ya tienen a sus actores.


No hay una fórmula única para el destape, como se conoce al acto más importante de un presidente para escoger a su sucesor desde que Abel Quezada, uno de los moneros políticos más relevantes en la prensa, la anidó en el imaginario mexicano a través de una campaña publicitaria jugando con la sucesión de Adolfo Ruiz Cortines, cuya unción fue resultado del acto racional que suelen hacer los presidentes, a quienes muchas veces se les ha atribuido la decisión a un acto de amiguismo. Miguel Alemán, que encabezó uno de los gobiernos más corruptos de la historia, buscó en Ruiz Cortines todo lo opuesto a él, un hombre austero, que en su discurso de toma de posesión dijo que el suyo no sería un gobierno corrupto ni de amiguismos.

Años después, Gustavo Díaz Ordaz utilizó al líder de la Confederación Nacional Campesina, Augusto Gómez Villanueva –muy cercano al actual secretario de Hacienda–, para que destapara a Luis Echeverría, a quien, cuando le tocó su turno de escoger a su sucesor, mandó al secretario de Recursos Hidráulicos, Leandro Rovirosa Wade, a declarar que había seis aspirantes a la candidatura. Miguel de la Madrid, en medio de una crisis dentro del PRI, donde la disidencia le exigía abrir el proceso, les hizo caso, pero tuteló el método. Hizo que seis aspirantes a la candidatura presentaran su idea de país al Consejo Político del partido, de donde surgió Carlos Salinas. El secretario particular del presidente De la Madrid, dueño de 50 por ciento de la puerta de su despacho, era Gamboa, quien le contó a Peña Nieto la forma como su antecesor procesó la candidatura y, quizá, cómo se la abría a Salinas con más celeridad que al secretario de Gobernación, Manuel Bartlett.

Gamboa era secretario de Comunicaciones y Transportes en 1993, cuando llegó tarde a una comida en el hoy cerrado restaurante María Cristina, cerca de la Zona Rosa, a donde apresuradamente el presidente Carlos Salinas invitó a comer a seis periodistas para hablar del proceso de sucesión -ventilado en la prensa donde se discutían varios nombres- y deslizar su inclinación por Luis Donaldo Colosio. Salinas hizo lo que De la Madrid, López Portillo o Alemán hicieron: inclinarse por una persona que pensaban era lo más adecuado para las condiciones del país. De la Madrid necesitaba a alguien ideológicamente comprometido con las reformas económicas, y López Portillo pensó en De la Madrid por la crisis económica que vivía el país. Alemán buscó en Ruiz Cortines el contraste a su administración. ¿Qué hará Peña Nieto?

El presidente piensa, porque así lo ha dicho en reuniones privadas, que la corrupción no es un problema de fondo que afecta a su gobierno, y ha expresado públicamente lo fundamental de que las reformas económicas, para que rindan los frutos por lo cual fueron impulsadas, sigan su curso programado. ¿Quién está comprometido con las reformas peñistas? Nuño, quien fue uno de los arquitectos del Pacto por México, en donde se procesaron, y Meade, quien ideológicamente es el más involucrado de todos con ellas. Los dos, si hubiera modificado el presidente su creencia sobre la corrupción como una de las variables de la sucesión, no parecen tener fantasmas en el clóset, como es el caso de Narro, aunque a diferencia de los primeros, como rector de la UNAM, tomó posiciones en materia de política económica que le provocó fricciones con Nuño, en ese entonces jefe de la Oficina de la Presidencia, y como secretario de Salud propuso a principio de año en reuniones de gabinete aplazar el 'gasolinazo'.

Ninguno de ellos figura alto en las encuestas presidenciales. Pero no hay que engañarse. En este momento, esas mediciones no registran tendencia de voto, sino conocimiento. Por eso Osorio Chong, mencionado en los medios por cinco años, es quien siempre aparece en lo alto de las preferencias priistas. También tiene, a diferencia de los otros tres, más negativos y fantasmas de corrupción, reales o imaginarios, revoloteando en su clóset. A favor, por lo que se sabe, no es una variable que utilizará Peña Nieto en su elección final. Los restantes tienen como confort que el presidente dice que es irrelevante que su candidato tenga 1.0 por ciento de preferencia en este momento, porque en la campaña lo resolverá.

Nota: En la columna anterior se mencionó que el general Michael Flynn había sido el primer militar en ser consejero de Seguridad Nacional. Es incorrecto. Previamente ocuparon el cargo otros dos militares, Colin Powell con Ronald Reagan, y Brent Scowcroft con Gerald Ford y George H.W. Bush.

Twitter: @rivapa

jueves, 27 de julio de 2017

2018, el factor Salinas


En poco más de dos semanas se celebrará la Asamblea Nacional del PRI, tras de la cual quedará definida la ruta del partido para la sucesión presidencial. Los priistas vienen marcando territorios y definiendo posiciones para debatir –v.g. apertura del método de selección de candidato y eliminación de candados que abra la puerta grande a un no militante–, pero están perdidos. Si antes no lograron quitarle o reducirle el poder metaconstitucional de escoger a su candidato al presidente Enrique Peña Nieto, ahora menos. La victoria pírrica en la elección para gobernador en el Estado de México fue suficientemente contundente, en la correlación de fuerzas internas, para mantener intacta su atribución. Pero esto no significa que dentro del PRI no exista un intento por restarle poder y capacidad de elegir a su relevo. El elefante en la sala tricolor se llama Carlos Salinas

El expresidente Salinas no ha dejado de jugar política de altos vuelos desde que terminó su sexenio, aún desde el autoexilio. Cercano al exgobernador Arturo Montiel, acompañó desde sus inicios a su entonces discreto colaborador Peña Nieto, a quien procuró y aconsejó. Ya como gobernador, Salinas libró una lucha con quien fue secretario de Finanzas de Peña Nieto, Luis Videgaray, quien luego se convirtió en el jefe de su campaña presidencial. Salinas presumía a Peña Nieto y a quienes llenaban el arquetipo del neopriista post baby boomer, y sus conquistas las hacía suyas. En el caso de Peña Nieto, los lazos eran aún más profundos que con otros de esos próceres del momento, como el exgobernador de Nuevo León, Rodrigo Medina, porque un incondicional de él era íntimo amigo del presidente, el abogado Juan Collado.

Si bien Salinas estaba claro que con Peña Nieto no iba a existir el tipo de Maximato que quizá llegó a idealizar con la frustrada candidatura de Luis Donaldo Colosio, se dio cuenta, desde la campaña presidencial incluso, que con Peña Nieto las cosas iban a ser muy distintas. Antes de iniciar el nuevo gobierno, Salinas mandaba desde Londres nombres para ocupar cargos en el gabinete, y para puestos de dirección general al equipo de transición. Al inicio del gobierno, hablaba directamente con los secretarios de Estado para cabildear a favor de potenciales inversionistas. La presencia de Salinas parecía omnipotente en el peñismo, hasta que le pusieron un alto.

Peña Nieto le encomendó a Videgaray aclararle a Salinas que las reglas del juego habían cambiado y que no podía actuar de la manera como lo estaba haciendo. Ese encontronazo dejó la relación maltrecha, y Peña Nieto buscó minimizar el daño. Lo buscó para decirle que cuando necesitara algo, no tenía que hablar con nadie, porque como expresidente tenía derecho de picaporte para buscarlo y solicitar todo lo que requiriera. A Salinas no le gustó esa redefinición del trato y hubo señales muy claras del distanciamiento de Salinas, como cuando en una ocasión le hicieron una invitación para participar en un evento donde Peña Nieto había llamado a todos los expresidentes –menos Luis Echeverría–, y que declinó con la explicación de que tenía compromisos previos contraídos en el exterior. El despecho político que sintió Salinas se fue convirtiendo gradualmente en una oposición soterrada a la mecánica y operación de las reformas peñistas.

El distanciamiento de Peña Nieto se dio fundamentalmente por los choques con Videgaray. Con esa relación ya deteriorada, se encontraron en una cena muy pequeña para celebrar un cumpleaños de Collado, a la que, como es su costumbre, Peña Nieto llegó muy tarde. Durante la espera, Salinas criticó la política económica de Videgaray, y el todavía secretario de Hacienda le respondió fuerte y rechazó sus observaciones. Más adelante, la forma como Videgaray maltrató a su sobrina, Claudia Ruiz Massieu, cuando aún tenía la cartera de Relaciones Exteriores en el contexto de la visita del candidato presidencial Donald Trump a México, molestó al expresidente, según personas cercanas a él. Pero la forma como fue rudamente cesada como canciller para darle el paso a Videgaray, se convirtió en algo más grande que un enojo, que detonó en una militancia antipeñista.

Salinas salió a la calle a tejer alianzas. Fuera del PRI, de acuerdo con priistas y panistas, ha establecido relación con Margarita Zavala, aspirante a la candidatura azul, y ha estado trabajando con algunos exjerarcas del PRI para ir construyendo una oposición al 'dedazo' de Peña Nieto en la sucesión presidencial. Líderes y gobernadores priistas platican con el expresidente y hay secretarios de Estado cercanos a él, como Rosario Robles, de Desarrollo Urbano y Territorial, a quien rescató financieramente cuando querían lincharla en sus tiempos de dirigente del PRD, y Aurelio Nuño, de Educación, a quien presentó con Peña Nieto. Nuño tiene en su entorno cercano a un grupo de prominentes salinistas, pero es un error pensar que por esa razón Salinas se encuentra detrás de él. Hace tiempo Nuño se anidó junto a Peña Nieto, quien lo tiene con la más alta consideración dentro del gabinete.

El expresidente es más sofisticado que eso. Conoce al PRI, a los priistas y entiende cómo la gestión de Peña Nieto le ha restado capacidad de maniobra. Pero qué tanta ha perdido para no sobreponerse a los embates que sufre, es lo que están midiendo sus adversarios dentro del partido, donde el expresidente está siendo considerado por algunos peñistas, como su principal 'enemigo'.
El expresidente Salinas no ha dejado de jugar política de altos vuelos desde que terminó su sexenio, aún desde el autoexilio. Cercano al exgobernador Arturo Montiel, acompañó desde sus inicios a su entonces discreto colaborador Peña Nieto, a quien procuró y aconsejó. Ya como gobernador, Salinas libró una lucha con quien fue secretario de Finanzas de Peña Nieto, Luis Videgaray, quien luego se convirtió en el jefe de su campaña presidencial. Salinas presumía a Peña Nieto y a quienes llenaban el arquetipo del neopriista post baby boomer, y sus conquistas las hacía suyas. En el caso de Peña Nieto, los lazos eran aún más profundos que con otros de esos próceres del momento, como el exgobernador de Nuevo León, Rodrigo Medina, porque un incondicional de él era íntimo amigo del presidente, el abogado Juan Collado.

Si bien Salinas estaba claro que con Peña Nieto no iba a existir el tipo de Maximato que quizá llegó a idealizar con la frustrada candidatura de Luis Donaldo Colosio, se dio cuenta, desde la campaña presidencial incluso, que con Peña Nieto las cosas iban a ser muy distintas. Antes de iniciar el nuevo gobierno, Salinas mandaba desde Londres nombres para ocupar cargos en el gabinete, y para puestos de dirección general al equipo de transición. Al inicio del gobierno, hablaba directamente con los secretarios de Estado para cabildear a favor de potenciales inversionistas. La presencia de Salinas parecía omnipotente en el peñismo, hasta que le pusieron un alto.

Peña Nieto le encomendó a Videgaray aclararle a Salinas que las reglas del juego habían cambiado y que no podía actuar de la manera como lo estaba haciendo. Ese encontronazo dejó la relación maltrecha, y Peña Nieto buscó minimizar el daño. Lo buscó para decirle que cuando necesitara algo, no tenía que hablar con nadie, porque como expresidente tenía derecho de picaporte para buscarlo y solicitar todo lo que requiriera. A Salinas no le gustó esa redefinición del trato y hubo señales muy claras del distanciamiento de Salinas, como cuando en una ocasión le hicieron una invitación para participar en un evento donde Peña Nieto había llamado a todos los expresidentes –menos Luis Echeverría–, y que declinó con la explicación de que tenía compromisos previos contraídos en el exterior. El despecho político que sintió Salinas se fue convirtiendo gradualmente en una oposición soterrada a la mecánica y operación de las reformas peñistas.

El distanciamiento de Peña Nieto se dio fundamentalmente por los choques con Videgaray. Con esa relación ya deteriorada, se encontraron en una cena muy pequeña para celebrar un cumpleaños de Collado, a la que, como es su costumbre, Peña Nieto llegó muy tarde. Durante la espera, Salinas criticó la política económica de Videgaray, y el todavía secretario de Hacienda le respondió fuerte y rechazó sus observaciones. Más adelante, la forma como Videgaray maltrató a su sobrina, Claudia Ruiz Massieu, cuando aún tenía la cartera de Relaciones Exteriores en el contexto de la visita del candidato presidencial Donald Trump a México, molestó al expresidente, según personas cercanas a él. Pero la forma como fue rudamente cesada como canciller para darle el paso a Videgaray, se convirtió en algo más grande que un enojo, que detonó en una militancia antipeñista.

Salinas salió a la calle a tejer alianzas. Fuera del PRI, de acuerdo con priistas y panistas, ha establecido relación con Margarita Zavala, aspirante a la candidatura azul, y ha estado trabajando con algunos exjerarcas del PRI para ir construyendo una oposición al 'dedazo' de Peña Nieto en la sucesión presidencial. Líderes y gobernadores priistas platican con el expresidente y hay secretarios de Estado cercanos a él, como Rosario Robles, de Desarrollo Urbano y Territorial, a quien rescató financieramente cuando querían lincharla en sus tiempos de dirigente del PRD, y Aurelio Nuño, de Educación, a quien presentó con Peña Nieto. Nuño tiene en su entorno cercano a un grupo de prominentes salinistas, pero es un error pensar que por esa razón Salinas se encuentra detrás de él. Hace tiempo Nuño se anidó junto a Peña Nieto, quien lo tiene con la más alta consideración dentro del gabinete.

El expresidente es más sofisticado que eso. Conoce al PRI, a los priistas y entiende cómo la gestión de Peña Nieto le ha restado capacidad de maniobra. Pero qué tanta ha perdido para no sobreponerse a los embates que sufre, es lo que están midiendo sus adversarios dentro del partido, donde el expresidente está siendo considerado por algunos peñistas, como su principal 'enemigo'.

lunes, 6 de junio de 2016

2018, ¿cómo el 5 de junio?


Por Raymundo Riva Palacio


Las portadas de la prensa nacional e internacional no pudieron ser más elocuentes el domingo. Bombas Molotov en Veracruz y Zacatecas, violencia en Chihuahua, Hidalgo y Sinaloa, documentos apócrifos contra el PRD en Quintana Roo y contra el PRI en Zacatecas, nuevos videos y audios en YouTube que vinculaban a un candidato a gobernador con Los Zetas.
La información sobre la jornada electoral del 5 de junio subrayó la violencia de la contienda. Denuncias en el Instituto Nacional Electoral donde se exigió la renuncia del secretario de Gobernación, decenas de detenidos por presuntos actos electorales en varios estados, dos incidentes de alto impacto que involucraron enfrentamientos de la policía con dos senadores panistas en Quintana Roo y Veracruz. Ningún suceso que afectara las elecciones en sí mismas, pero que el ensordecedor megáfono político magnificó como si hubiera crisis.

Fue la síntesis de la regresiva democracia mexicana que se vio en las últimas semanas, que se desbordó por las 12 elecciones para gobernadores, cuya dinámica de confrontación obedeció a que este domingo se empezaron a marcar los territorios para las elecciones presidenciales en 2018. Las noticias del domingo son inconclusas en su mayoría y no permiten ver con claridad todo el escenario para dentro de dos años y medio. Pero en una primera aproximación, se puede argumentar que si la oposición quiere arrebatar al PRI la presidencia, tendrá que replantear su esquema de alianzas para estar en niveles competitivos.

Para entender la ecuación habrá que responder las razones del porqué las expectativas de unos eran tan distintas a las confianzas de otros en estos comicios, que ya tienen reservada su cita en el Tribunal Electoral. ¿Cómo es posible que si el presidente Enrique Peña Nieto está reprobado en su aprobación en la mayoría de las 12 entidades en contienda, el PRI no fue apaleado? La aprobación del presidente estaba en los bajos 20 por cientos, razón por la cual los candidatos priistas lo escondieron de sus campañas. Su figura era negativa y los empujaba al fondo. Los gobernadores priistas locales no estaban mejor. En los nueve estados que gobiernan, el electorado quería que saliera del poder y hubiera alternancia; seis de cada 10 electores en cuatro de ellos reprobaban la acción del gobernador.

Con este nivel de rechazo a los gobernantes priistas, varios estados en pugna debieron haber sido menos complicados para la oposición, pero no lo fueron. Tlaxcala es un ejemplo, donde las dos senadoras que contendieron por el PAN y el PRD son reconocidas por su fuerza y talento y, sin embargo, el PRI les hizo la vida imposible. Aguascalientes es otro caso, donde las estrellas alineadas para una recuperación del poder por parte del PAN se les descompusieron y estaba en el umbral del fracaso. Oaxaca terminó el día con una decepción para la oposición –sin que se pueda establecer la victoria de nadie–, por la confianza que tenía el aspirante de la coalición PAN-PRD de derrotar al PRI.

La izquierda pudo arrasar en Tlaxcala y Oaxaca, pero la diáspora de sus fuerzas y la incapacidad para llegar a alianzas les impidieron cantar victoria el domingo por la noche. En Zacatecas sucedió algo similar, donde a lo largo de todo el día el candidato de Morena estuvo varios puntos detrás del candidato del PRI, toda vez que el PRD y el PT, sus aliados naturales, optaron por contender con otros compañeros de elección. Tamaulipas no puede verse bajo esta ecuación, porque el choque entre dos bloques políticos se definirá por cuál de los candidatos fue visto como el menos contaminado por la delincuencia. Veracruz sale de la norma de este domingo, por el fenómeno que se dio en el estado.

El gobernador Javier Duarte se reunió en tres ocasiones con el jefe de Morena, Andrés Manuel López Obrador, para llegar a un acuerdo. Según personas que conocen los detalles de las reuniones, la propuesta fue apoyo a cambio de nada. Les convenía a ambos, le dijo Duarte a López Obrador, porque éste aumentaría su base electoral y él dividiría a la oposición. Como a López Obrador no le importaba ganar este domingo en ningún lado sino ampliar su territorio clientelar, el acuerdo cuajó. Lo que no esperaban quienes avalaron la iniciativa de Duarte era que la salvaje lucha entre los candidatos del PRI y la alianza PAN-PRD le abriera camino a un candidato mediano de Morena, que en el último tramo del cierre de las urnas podría arrebatarles, incluso, la victoria.

Con la excepción de Durango, Hidalgo, Puebla, Sinaloa y si para el cierre de esta edición no cambian las tendencias en Quintana Roo, nadie podrá reclamar la victoria con certeza. Lo que sí podrán comenzar a revisar los estrategas electorales que tienen en el horizonte el 2018 es que la maquinaria electoral del PRI, por encima de sus propios líderes, le continúa aportando el músculo que los hace competitivos y evita derrotas que parecían inevitables. La fragmentación de la izquierda ayudó a Morena pero no colocará a López Obrador en el nivel de competencia si insiste en rechazar las alianzas. Para el PRD, este domingo es una gran lección que como están, pronto se volverán irrelevantes. Para el PAN, el mensaje está claro: si mantienen la conducción nacional como hasta ahora, la presidencia no se abrirá para ese partido en el próximo futuro. Es decir, si no cambian sus estrategias, habrá PRI por seis años más.

Twitter: @rivapa

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viernes, 10 de julio de 2015

2018: 'el caballo negro' Para la presidencia de la republica

Por Raymundo Riva Palacio



Eruviel Ávila no pierde tiempo. Cuando recientemente apareció en los indicadores de seguridad el Estado de México como número uno en incidencia delictiva, cesó al comisionado de Seguridad Ciudadana, Damián Canales, que era respaldado por el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong. Cuando el 28 de mayo afirmó que Uber nunca entraría a su estado y levantó una polémica, al día siguiente dijo que analizarían el modelo de transporte, y este miércoles le dio la bienvenida. Cuando algo no funciona, es el mensaje, actúa y cambia. Cuando alguien no escucha, le abre la chequera a los medios. En una gira a Europa de varios gobernadores hace unos días, parecía que sólo él había viajado por tantas inserciones que pagó. Como nuevo presidente de la Conferencia Nacional de Gobernadores, así volverá a ser.

Los reflejos de Ávila son rápidos, porque ven al futuro. Desde hace más de un año está en metamorfosis. Cambió el corte de pelo y de sastre. El resultado es que el político cuyo cabello rizado no daban el aire de seriedad necesario para apelar a todo tipo de público y sus trajes mal cortados lo hacían ver desaliñado, transformó su imagen pública. Como necesitaba que lo conocieran en todo el país, tapizó de publicidad a los medios de cobertura nacional. La estrategia le ha funcionado; en las encuestas de probables presidenciables sólo está debajo de Andrés Manuel López Obrador.

El gobernador no lo ha dicho en palabras, pero sí en acciones: su mapa de navegación tiene como primera estación su sucesión; como segunda, la candidatura presidencial; la última, ganar las elecciones en 2018. Puede ser cuidadoso y prudente dentro del PRI, y con el presidente Enrique Peña Nieto, a quien le debe la gubernatura y la escalera a posiciones más altas, pero no puede ser hipócrita. Ávila es el caballo negro en la sucesión presidencial, una carta a la mano del presidente, como en el Estado de México, cuando sus candidatos originales, Luis Videgaray y Alfredo del Mazo, no le daban para ganar la elección.

Ávila es de alguna manera como Luis Donaldo Colosio, a quien el secretario de Programación y Presupuesto, Carlos Salinas, arropó, lo hizo presidente del Congreso, coordinador de su campaña presidencial y senador. Fue líder del PRI y le construyó la Secretaría de Desarrollo Social, donde le dio un programa –Solidaridad–, estructura y equipo, que lo condujo a la candidatura presidencial. Ávila, sin ser del grupo íntimo de Peña Nieto, estuvo cerca de él. Meses antes del destape le mandó decir que dejara de beber para cuidar su candidatura. Tres días antes de anunciarse, Peña Nieto le dijo a su hombre de confianza Videgaray que él no sería, y a su cercano David López le dejó entrever que sería Del Mazo. Desviación mediática para quitarse presión.

Ya presidente, las visitas de Peña Nieto al Estado de México son como un ritual, y el apoyo presupuestal al estado es sustantivo. Ávila empezó su administración con grandes errores, pero en Los Pinos lo justificaban. “Cómo puede tener un buen gobierno si nos trajimos al gobierno federal a sus dos primeros niveles de funcionarios”, decía uno de los colaboradores cercanos del presidente. Cuando el estado se le iba de las manos por la ola de secuestros en Valle de Bravo, Peña Nieto, a través de Videgaray –con quien tiene una excelente relación– llegó al rescate. En mayo del año pasado le envió a José Manzur, quien era el presidente de la Comisión de Presupuesto del Congreso, para hacerse cargo de la Secretaría General de Gobierno. La Comisión era importante, pero más rescatar Valle de Bravo, el lugar de descanso de la elite de la capital federal.

Manzur lo sacó del hoyo. La seguridad en Valle de Bravo cambió radicalmente con el apoyo de la Marina. La inseguridad se movió al oriente del estado, y aunque funcionarios federales aseguran que Ecatepec, la tierra de Ávila, es el municipio más peligroso del país, la información no trasciende –la publicidad y los medios ayudan para distorsionar la realidad– al público en general. Lo que no se ve, no se siente. Ecatepec y Valle de Bravo, que podían haber castigado al PRI y al gobierno en las elecciones, no lo hicieron. Ávila sacó buenos resultados en esos municipios, y donde era imperante ganar, Atlacomulco, Metepec y Toluca, ganó.

Ávila, se puede argumentar, es el caballo negro en la sucesión presidencial, aunque la prensa política aún no lo vea. No es así en la clase política. Hace escaso un mes se casó su hija y acudió prácticamente todo el gabinete, incluidos los secretarios de Gobernación, Hacienda y, quien nunca asiste a ese tipo de eventos, el secretario de la Defensa, general Salvador Cienfuegos. Una decena de gobernadores estuvieron presentes, así como los líderes parlamentarios de casi todos los partidos. El presidente no fue porque estaba de gira en Europa, pero la boda civil se adelantó unos días para que firmara como testigo.

El gobernador Ávila tiene su maquinaria en marcha para 2018. Quien no lo vea, como en 2011, soslayará a uno de los precandidatos más sólidos para sustituir a Peña Nieto. Él parece tenerlo muy claro. Hasta tiene unapágina en internet para promover sus acciones de gobierno donde el nombre del PRI no aparece por ninguna parte. Esto, hay que aclarar, fue mucho antes del fenómeno Bronco en Nuevo León.

Twitter: @rivapalacio


martes, 23 de junio de 2015

Divide opinión destapes por la Presidencia de la República en 2018

Para 53% es demasiado pronto; 45% cree que es oportuno hablar de candidatos; Margarita Zavala, la de mejor imagen

DIVISIÓN POR LOS DESTAPES. Según la encuesta BGC-Excélsior, 53 % considera prematuro hablar de la sucesión.

CIUDAD DE MÉXICO, 22 de junio.- Poco menos de la mitad de la población con teléfono en su vivienda se ha percatado de que algunos personajes de la vida pública han expresado su disposición a contender por la Presidencia de la República en 2018. Espontáneamente se identifica a Andrés Manuel López Obrador, Margarita Zavala y Miguel Ángel Mancera como quienes se han manifestado al respecto. Para poco más de la mitad de la población este destape adelantado es prematuro, mientras que 45% lo considera oportuno, según se observa en la más reciente encuesta telefónica nacional BGC-Excélsior.
El 60% por ciento de la población con teléfono en su vivienda sabe que algunos personajes de la vida pública han manifestado su interés por contender en 2018 por la Presidencia de la República y la opinión se divide sobre la pertinencia de estos destapes: 53% piensa que es demasiado pronto y 45% que es oportuno (gráfico 1).
La mayor parte de la población (76%) sabe espontáneamente del reciente autodestape de Margarita Zavala, 43% piensa que Miguel Ángel Mancera también lo ha hecho y 35% recuerda que Andrés Manuel López Obrador ha dado a conocer su interés por competir en 2018.
El 4% dijo que sabía que el gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, también se había manifestado en ese sentido. Marginalmente se expresaron también porcentajes mínimos de encuestados por los nombres de Marcelo Ebrard Casaubón y Eruviel Ávila Villegas (gráfico 2).
Los tres personajes que se mencionaron como quienes han manifestado su interés por competir por la Presidencia de México en 2018 son ampliamente conocidos por la población.
Margarita Zavala (73%), Miguel Ángel Mancera (78%) y Andrés Manuel López Obrador (99%). Los dos primeros reciben un balance similar de opiniones positivas y negativas.
Destaca lo polarizado de las opiniones sobre López Obrador, quien divide por partes casi iguales las opiniones positivas y negativas y es quien recibe menos opinión neutra (regular). Mancera y Zavala tienen un balance similar de opiniones positivas y negativas, mientras que en el caso de López Obrador las opiniones se dividen en partes muy similares, aunque prevalece ligeramente la imagen negativa sobre la positiva (gráfico 3).
Las opiniones sobre la capacidad para ser Presidente del país que la población con teléfono en su vivienda le atribuye a cada uno de los personajes se divide entre positivas y negativas, aunque los dos contendientes de la izquierda, López Obrador y Mancera Espinosa tienen un balance más negativo que el de la panista Margarita Zavala (gráfico 4).
Sólo una cuarta parte de la población con teléfono piensa que Margarita Zavala se postuló porque genuinamente cree que tiene posibilidades de ganar la Presidencia del país.
La mayoría de los encuestados piensa que lo hizo para adelantarse a otros panistas en medio de sus divisiones o que su autodestape se explica porque su esposo, el expresidente Felipe Calderón, tiene interés de volver a Los Pinos (gráfico 5)
La gran mayoría (60%) considera que, de llegar a la Presidencia de la República, Zavala Gómez del Campo sería manipulada por su esposo Felipe Calderón (gráfico 6).
En el caso de Andrés Manuel López Obrador, 66% de la población con teléfono piensa que su tiempo ya pasó —sería la tercera vez que contendería por la Presidencia— que aburre y que debe dejarle el paso a otros políticos para que participen en la contienda del año 2018 (gráfico 7).

martes, 16 de junio de 2015

Comenzó la carrera para 2018

Por Enrique Quintana

La carrera para el 2018 ya comenzó, lo cual no debiera sorprendernos.

Hay que recordar que Vicente Fox comenzó formalmente su campaña presidencial, que finalmente lo llevó a Los Pinos, en julio de 1997.

López Obrador ha iniciado su carrera presidencial, en las ocasiones que ha contenido, en el primer caso desde diciembre de 2000 al llegar a la jefatura de Gobierno del DF, y la siguiente desde que Calderón tomó posesión. La campaña por 2018, la primera ya con su partido propio, comenzó desde hace muchos y arreció en los meses pasados.

Ahora ya hay una precandidata declarada en el PAN, Margarita Zavala. Pero además en ese partido por lo menos hay otro precandidato visible aunque no declarado: Rafael Moreno Valle.

Y en el PRI, nadie quiere moverse pues “dejaría de salir en la foto”, pero de modo natural algunos integrantes del gabinete y algunas otras figuras (como Manlio Fabio Beltrones), son jugadores naturales.

Pero, además, luego del éxito de El Bronco y de otros candidatos independientes, la baraja puede abrirse más pues junto con Jaime Rodríguez podría haber otros personajes que quisieran aspirar a contender por la presidencia sin estar afiliados a ningún partido.

Los resultados electorales del 7 de junio, con 34 por ciento de distritos y cinco de nueve gubernaturas en los que huboalternancia muestran un electorado que puede cambiar de opinión.

Eso va a animar a más y más jugadores a sumarse a la carrera, lo quees positivo para el país.

Sólo para contrastar, acuérdese lo que pasaba apenas hace una generación.

Hace 30 años el PRI no tenía competencia en la elección presidencial y el presidente en turno se convertía en el gran elector. El proceso de sucesión se resolvía por la voluntad de una persona. Si esa decisión no era buena, ponía en riesgo a millones y millones de personas.

Hoy existe la posibilidad de equivocarnos, como sucede en todas las democracias, pero en todo caso somos los electores los que pagamos las consecuencias de una buena o mala elección.

El hecho de que los aspirantes a contender por la presidencia en tres años se empiecen a hacer visibles desde ahora, nos dará una oportunidad mucho más grande de valorar, medir y juzgar.

¿Tienen ventaja quienes empiezan la carrera desde ahora?

Sí, la tienen en la medida en que pueden empezar a darse a conocer.Tienen desventaja porque van a estar expuestos por más tiempo.

Tienen ventaja los que, de cualquier partido, están en alguna posición pública que les da visibilidad. Pero hay desventaja por el desgaste asociado al ejercicio del poder.

Por cierto, algo que a muchos nos gustaría es que, al margen del partido por el que contiendan, los diferentes actores expresen su posición respecto a las reformas estructurales realizadas en los años anteriores, cuya continuidad puede dar lugar a la transformación más profunda del país en décadas.

Quizás ya sea tiempo de que en medio de las contiendas políticas, empecemos a tener políticas de Estado, que rebasen colores y sexenios, y que nos den certidumbre para el mediano plazo.

Twitter: @E_Q_


martes, 9 de junio de 2015

Prevé PAN alianzas antipriístas con miras al 2018

El líder nacional del partido albiazul, Gustavo Madero, se autodenomino como un “aliancista”, que siempre está buscando sumar las mejores propuestas
CIUDAD DE MÉXICO, 8 de junio.- Cuando la justa comicial de 2015 aún no concluye, el dirigente nacional del PAN, Gustavo Enrique Madero, anticipa que ese instituto político ya tiene la mirada puesta en el proceso electoral del 2018.
Yo aspiraría a que construyamos una mayoría opositora al PRI, que lo desbanque en el 2018. En esto, el PAN, como se está configurando el panorama, será la principal fuerza política aglutinadora para lograrlo”, advirtió.
En este contexto, el político chihuahuense se autodenominó como un “aliancista”, que siempre está buscando sumar las mejores propuestas; de ahí que de tiempo atrás su partido impulsó la figura de los gobiernos de coalición.
Creo que hay que pensar en nuevas categorías; la elección del 2018 no se puede pensar con los mismos criterios, son nuevas dinámicas, nuevas correlaciones y el PAN, sin duda, es el que lleva la punta, la iniciativa, el barco insignia de todos los que no queremos al PRI”
Antes, Madero manifestó que para la próxima legislatura que arranca el primero de septiembre, su partido canalizará sus baterías para consolidar una contrarreforma fiscal que recupere el ingreso de las familias y se aprueben reformas en materia de seguridad pública.

La reforma fiscal aprobada por el PRI y el PRD que nosotros creemos que es una mala reforma y estaremos buscando hacer la contra reforma en la materia correspondiente, son los temas que hemos anticipado y en los cuales estamos ya preparándonos desde ahorita para tener iniciativas y propuestas muy específicas”, subrayó.
En conferencia de prensa en las oficinas de la sede del PAN en el Distrito Federal, felicitó a quienes virtualmente tienen ganados ya algunos distritos locales y federales, así como a los eventuales jefes delegacionales en Benito Juárez y Miguel Hidalgo, de la capital de la República.

Ahí, sostuvo que el triunfo de Jaime Rodríguez “El Bronco”, fue una señal del hartazgo de la ciudadanía por los malos gobiernos que no hicieron su tarea, pero al mismo tiempo la ciudadanía le dio armas al PAN para consolidarlo como fuerza política en esa entidad.

Añadió que el PAN en Nuevo León será un contrapeso, en donde el llamado “Bronco” tendrá que construir acuerdos con las principales fuerzas como el PAN y el PRI.
Respecto a la composición de la nueva Cámara de Diputados, el dirigente partidario sostuvo que, tras las elecciones de este domingo pasado, Acción Nacional se consolida como la principal fuerza de oposición al PRI, pues el resto de las fracciones parlamentarias están del 10 por ciento hacia abajo y por lo tanto advirtió “debemos de ser un articulador de una mayoría opositora para construir las alternativas de lo que no queremos del PRI, no solo electoralmente sino en las políticas públicas que impulsa”.

De igual manera, durante la conferencia de prensa, Madero Muñoz, señaló que el haber recuperado la delegación Miguel Hidalgo y mantenido Benito Juárez, así como algunos distritos, su partido se fortalece por lo que Acción Nacional se ha constituido en una fuerza política emergente en la zona metropolitana. No dejar sin destacar que también recuperaron el llamado “Corredor Azul”, es decir la zona conurbada de Huixquilucan, Atizapán, Naucalpan e Izcalli, municipios todos estos del Estado de México.

jueves, 28 de mayo de 2015

Izquierda lamenta división y coquetea rumbo a 2018

Ricardo Monreal y Armando Ríos Piter se encontraron en el Foro “Para entender a México”, organizado por El Financiero. Ahí, el perredista dijo que “el peor error de Morena fue haber dividido a la izquierda”, a lo que Monreal le respondió que “el PRD se alejó de sus ideales y principios”.
CIUDAD DE MÉXICO. Se acusaron de todo… de dividir a la izquierda, de abandonar ideales, de ser los causantes del rompimiento, pero al final hubo un guiño entre ambos que podría ser la señal de que, en 2018, tal vez, Morena y PRD vuelvan a caminar juntos.

Ricardo Monreal y Armando Ríos Piter se encontraron en el Foro “Para entender a México”, organizado por El Financiero. Ahí, el perredista dijo que “el peor error de Morena fue haber dividido a la izquierda”, a lo que Monreal le respondió que “el PRD se alejó de sus ideales y principios”, además de que “de esto también quieren culpar a Andrés Manuel”.

Pero una luz apareció cuando Monreal aseguró que “la izquierda en México seguirá existiendo y ojalá en el futuro se puedan reagrupar”.
En este panel también participaron el senador priista David Penchyna y la candidata panista a la delegación Miguel Hidalgo, Xóchitl Gálvez, quienes también se repartieron culpas.

Pablo Hiriart, director general de Información política y social de El Financiero fue el moderador. A cada uno de los políticos los recibió con una pregunta.

A Penchyna le preguntó por qué votar por el PRI, si han subido los impuestos, si ya no alcanza el dinero ni para comprar una canasta básica, si no han podido acabar con la corrupción. El priista dijo: “hoy contamos con las reformas que México esperaba”, pero Hiriart le interrumpió: “¿o sea, el voto para el PRI debe ser un premio por las reformas?” Penchyna respondió que no.

“¿Por qué votar por el PRD, si es un partido dividido que ha gobernado mal?”, recibió a Ríos Piter, quien tuvo que aceptar que la izquierda vive una profunda crisis y que su partido no es lo que fue en el 2012. Sin embargo, puso como ejemplo a la ciudad de México, “donde sí sabemos gastar el dinero en atender a los más desprotegidos”. Hiriart reviró: “ustedes gastaron 46 mil millones de pesos en la Línea 12, que no funciona”. Ríos Piter trató de defenderse, pero no pudo.

A Monreal lo recibió con “Morena, un partido nuevo, pero con políticos viejos; un líder caudillo o, podríamos llamarlo, el dueño de todo”. El candidato a la delegación Cuauhtémoc alcanzó a decir que “en Morena hay muchos jóvenes”.

Monreal situó el tema en las reformas estructurales, que “no sacarán al país de sus situación actual” y puso como ejemplo la reforma fiscal, de la que opinó que deberá volver a hacerse