Totalmente confundidos están en el gobierno, porque ven en el frente la sombra de su derrota el próximo año.
El acuerdo alcanzado por los partidos de oposición y
agrupaciones de la sociedad civil enterró la profecía compartida de que Morena
va a retener la Presidencia por otros seis años.
Nada descontrola más, en la guerra y en la política, que la
sorpresa.
Ante el anuncio de la constitución del Frente Amplio
Opositor, López Obrador señaló el primer día que habría dedazo de Claudio X.
González.
Y ayer cambió, y escogió la estrategia de apuntar hacia
Carlos Salinas y Vicente Fox.
La maquinaria de propaganda morenista, como sus moneros a
sueldo, tocó por nota y evidenció que el anuncio los tomó mal parados. Ayer se
fueron contra Claudio X.
Hoy, doble contra sencillo, irán contra los expresidentes.
López Obrador, que al tomar posesión realizó el acto
circense de pedir licencia a Morena porque –dijo– iba a gobernar para todos los
mexicanos, sin distingos partidistas, calificó a la alianza opositora como “una
faramalla”.
El precandidato de Morena, Marcelo Ebrard, dijo que “nos
copiaron el método”. O sea, lo de Morena es una faramalla.
Totalmente confundidos están en el gobierno, porque ven en
el frente la sombra de su derrota el próximo año.
Desde la izquierda del Frente Cívico, a la derecha con los
exgobernadores del PAN, formularon un acuerdo para elegir a su candidata (o)
presidencial.
Esa candidatura, bien llevada, tiene muchas posibilidades de
ganar. Morena no gozará de un día de campo en junio del próximo año, porque
pagará en las urnas el desastre que han hecho en el gobierno.
Desde luego hay críticas sinceras al método para elegir al
candidato (a) presidencial.
Pero también las hay interesadas, o de quienes siempre han
estado con AMLO y se metieron al clóset por el antiintelectualismo indefendible
y reaccionario del Presidente.
Son facilitadores que vuelven al redil donde se sienten
cómodos, como algunos integrantes del Consejo Electoral Ciudadano. Sergio
Aguayo y Mariclaire Acosta, por ejemplo, ya habían condicionado su
participación en “el INE chiquito” a que no estuvieran los partidos.
Otros querían tener mayoría en el consejo. O que sólo
hubiera voto presencial y no electrónico.
No hay manera de complacer a todos.
Movimiento Ciudadano, que se quedó sin candidato porque –al
parecer– no habrá ruptura en Morena, buscará cachar a los inconformes con el
método del Frente Opositor. Es normal. Es política.
No hay métodos perfectos. Ni la democracia lo es.
La política es el arte de lo posible, y haber logrado una
alianza opositora de esta magnitud es un mérito de organizaciones civiles que
nunca bajaron los brazos para que los partidos entendieran la importancia de
rescatar a México de la descomposición galopante.
Que los partidos PAN, PRI y PRD son malos, sí, pero es lo
que hay.
Marko Cortés y Alito Moreno no son confiables, pero ¿quién
lo es? ¿Dante? ¿Mario Delgado? ¿El Verde? ¿Beto Anaya?
Todos los partidos cedieron, y no poco.
El PAN se abrió como nunca e hizo honor a su lema guía: por
una patria ordenada y generosa.
Alito Moreno, que era el gran disruptor, ya no lo es: en un
acto de realismo sacrificó su aspiración a la candidatura presidencial.
Tal vez se rompa el frente, es una posibilidad. Por ahora es
lo que hay y ha puesto a temblar a Morena y a desvariar al Presidente.
El método para elegir a la candidata (o) presidencial será
una combinación de encuestas, voto presencial y electrónico. No parece que haya
otro mejor, salvo el inaccesible, por el costo económico, que es la votación
universal en todo el país.
Hay dudas sobre la valoración de encuestas y votos de
simpatizantes. Sí y tal vez sea perfectible. Pero no se puede desconocer el
éxito del trabajo de Ana Lucía Medina, Claudio X. González, Guadalupe Acosta
Naranjo y otros que trabajaron por la creación de un frente capaz de disputarle
a Morena la Presidencia.
Mención aparte merece el gran promotor de esta alianza que
parecía imposible de amalgamar: Andrés Manuel López Obrador.
Diría Borges que “no los unió el amor, sino el espanto”.
Con un derroche ofensivo de recursos públicos, el
Presidente, Morena y sus aliados van por la mayoría calificada en el Congreso
para destruir la autonomía de la Corte, desaparecer el INE, el Inai, la prensa
libre, y poner a los tres poderes bajo el mando de una sola persona.
Eso se llama dictadura.
Y eso es lo que está en juego en estas elecciones: la
democracia en México.
Para contender contra esa dictadura anunciada por el propio
Presidente, opositores y agrupaciones de la sociedad civil se pusieron de
acuerdo y llevarán una sola candidatura.
La hegemonía de Morena está amenazada.
El proyecto del Presidente vitalicio (con o sin cargo) se
tambalea.
Ante la pesadilla de perder, veremos cómo la maquinaria de
propaganda del gobierno y su aparato de persecución política encienden los
motores de emergencia para evitar el naufragio.
No hay comentarios :
Publicar un comentario