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viernes, 12 de mayo de 2023

Los odiosos… pero indispensables partidos políticos

Los partidos pueden no gustar a la mayoría de la sociedad civil, y menos aún sus dirigencias de hoy. Ni ‘Alito’ ni Marko ni Jesús concitan vítores.



Enrique Quintana

 

Ubíquese en el domingo 26 de febrero. En decenas de ciudades, miles y miles de ciudadanos participan en concentraciones masivas.

El Zócalo de la Ciudad de México y muchas otras plazas públicas en el país estuvieron a reventar.

Quienes acuden lo hacen teniendo como objetivo la defensa del INE, pero en gran medida también el rechazo a las intenciones y políticas de la 4T, del presidente López Obrador, de Morena y sus aliados.

Los convocantes a estas concentraciones no son los partidos, son organizaciones ciudadanas, que muestran una capacidad de movilización que sorprende a todos.

Además, es la segunda ocasión, luego de las marchas del 13 de noviembre, también multitudinarias.

Pareciera que las organizaciones ciudadanas han barrido ya con los partidos opositores, algunos de cuyos dirigentes se hacen presentes tímidamente en las movilizaciones.

Esta asimetría hace creer a algunos que para 2024, será justamente la sociedad civil, esa que llena las plazas, la determinante para definir a la candidata o candidato presidencial de una eventual alianza opositora.

Hoy estamos a 12 de mayo. Han pasado ya dos meses y medio de las grandes concentraciones de febrero, y no hay aún ningún acuerdo respecto al método para definir a un eventual candidato o candidata de la alianza opositora.

Diversas organizaciones de la sociedad civil piensan que el músculo político que mostraron les da el derecho a definir cómo habrá de elegirse a su abanderado, pues piensan que el candidato será de la sociedad civil, no de los partidos.

Pero resulta que los partidos políticos que forman esa alianza consideran que en la medida que será un candidato registrado por ellos, también eso implica tener la última palabra respecto al método de selección.

Y en esos dimes y diretes la oposición está atorada.

Si hubiera una figura opositora indiscutible, por su nivel de reconocimiento, carisma con las multitudes, capacidad, experiencia y posibilidades de crecer en una campaña, entonces no habría ni discusión.

Pero no la hay.

Hay personajes que tienen capacidades y habilidades diferentes. Quizás algunos sean un poco más populares que otros, pero no hay alguien que claramente destaque sobre todos los demás.

Por esa razón, la definición de un criterio de selección que sea aceptado por partidos, organizaciones de la sociedad civil y por los propios aspirantes, es crucial para que exista la oportunidad de contar con una candidata o candidato competitivo.

Algunos suponen que el procedimiento pudiera ser muy sencillo al aplicar una encuesta y sobre esa base definir al más popular como el candidato.

El proceso no puede ser tan lineal. Sería necesario también definir el potencial de crecimiento de los aspirantes.

Es diferente elegir a quien tiene 20 puntos de las preferencias y ese es su tope a otro que tenga el mismo porcentaje pero que vaya en ascenso.

Pero, además, se requiere que los aspirantes sean aceptables para los partidos políticos.

Los partidos pueden no gustar a la mayoría de la sociedad civil, y menos aún sus dirigencias de hoy. Ni Alito ni Marko ni Jesús concitan vítores.

Pero resulta que, salvo que alguno de los aspirantes se postule como candidato independiente, serán los partidos los que postulen al candidato o candidata.

El grado de dificultad puesto a los candidatos independientes en el sistema electoral mexicano desalienta.

Y, además, los malos resultados del primer gobierno estatal ganado por un candidato independiente en Nuevo León, El Bronco, desacreditan a los independientes, más allá de algunas exitosas experiencias municipales.

Si se quiere tener la perspectiva de un candidato competitivo, éste deberá ser respaldado por los partidos.

Por eso, la clave del presente es que en el lapso de un mes o poco más, se resuelva el tema del método para designar candidato de una alianza opositora.

Si no es así, como muchas veces le hemos dicho en este espacio, Morena tendrá un día de campo en 2024.

 

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