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El Mexiquense hoy

jueves, 14 de enero de 2016

La opción de un joven en México

Un artículo de la revista Rolling Stone corre como pólvora estos días. En él, el actor y director Sean Penn relata cómo se encontró con Joaquín Guzmán Loera en octubre pasado, después de que escapó de prisión.


Hacia el final del texto, El Chapo dice que donde él creció, en el rancho La Tuna, en Badiraguato, no había, ni hay a la fecha, oportunidades de trabajo y que “la única forma de tener dinero para comprar comida y sobrevivir” es entrarle al cultivo de drogas, y que por eso, a los 15 años, comenzó a sembrar, cultivar y vender mariguana y amapola.
Casi a la par de la publicación de esta entrevista, el 2016 arranca con la terrible noticia del asesinato, el pasado 2 de enero, de Gisela Mota Ocampo, presidenta municipal de Temixco, Morelos, a manos de un grupo armado en el que se identificó, al menos, a un menor de edad. Seguramente si cuestionáramos a cualquiera de los involucrados en el asesinato, contestarían algo similar a lo que sostiene El Chapo en su entrevista: “No tenía opción”.
¿Por qué alguien como Joaquín Guzmán “no pudo” dedicar su esfuerzo, trabajo y talento a construir otro tipo de imperio, uno legalmente establecido? ¿Podrían los asesinos de Gisela Mota haber elegido otra ruta en su vida?
Estas preguntas son relevantes pues, después del asesinato en Temixco, durante la semana pasada se detonó nuevamente la discusión sobre el Mando Único Policial, que busca sustraer las tareas policiales a los municipios y dejarlas en manos de los gobernadores, así como del gobierno federal en los casos de infiltración de la delincuencia organizada. ¿Es ésta, la solución al problema? ¿El Mando Único evitará que millones de jóvenes que no tienen oportunidades, dejen de ver al crimen como una opción de vida?
Ahora que se da la recaptura de Joaquín Guzmán, por parte de las autoridades mexicanas y sin dejar de reconocer que esto es un hecho positivo, es fundamental retomar el debate de fondo frente al crimen organizado, toda vez que se corre el riesgo de caer en el triunfalismo absurdo y cortoplacista.
En este sentido, lo que ahora debe estar en el corazón de la discusión no es sólo el Mando Único, sino el conjunto de condiciones que deben reunirse y articularse para garantizar capacidad de respuesta de los cuerpos de seguridad, pero sobre todo, capacidad del Estado mexicano para brindarle opciones legales de trabajo y estudio, a los millones de jóvenes que hoy carecen de ellas.
Otro elemento indispensable en esta ecuación es el combate a la corrupción, pues no hay que olvidar que este personaje jamás debió escaparse del penal de Máxima Seguridad del Altiplano y fue precisamente la corrupción, la puerta que posibilitó la fuga.
A partir de la reaprehensión debemos exigir del gobierno de Peña Nieto definiciones puntuales, en los próximos días, en torno a estos temas.
Necesitamos información detallada de los hechos; arrestos y castigos hasta el más alto nivel a quienes permitieron la fuga en primer lugar; identificaciones puntuales de hasta dónde la corrupción ha carcomido las instancias de seguridad en el país; un nuevo impulso frente a los grupos del crimen organizado; capacidad real de coordinación entre órdenes de gobierno; y, especialmente, pensar e implementar políticas para cubrir la falta de opciones en nuestros jóvenes.
De acuerdo con un estudio del Instituto Ciudadano de Estudios sobre la Inseguridad, cuatro de cada 10 homicidios son cometidos por jóvenes entre 18 y 25 años de edad. El crimen tiene un caldo de cultivo en la desigualdad de oportunidades, en la falta de acceso a una educación de calidad y empleos bien remunerados, así como en la falta de movilidad social.
Por desgracia, el delito se ha vuelto aspiracional y hasta inspiracional. Ahí están los intentos por llevar a la pantalla grande la vida de El Chapo, como lo narra en su texto Sean Penn.
Debemos lograr que la opción que tomaron El Chapo o los asesinos de Temixco sea una opción no deseable para nuestra juventud. Hay que dejar atrás el statu quo donde millones de personas siguen al margen de las posibilidades de desarrollo.
Qué bueno que Joaquín Guzmán Loera está nuevamente tras las rejas, pero más allá de la complacencia gubernamental, este hecho debe ayudarnos a repensar con seriedad el combate a la corrupción, la coordinación entre autoridades y, sobre todas las cosas, la política integral que evite que un joven en México que anhela una mejor calidad de vida, deje de ver como opción la ruta del crimen.
Twitter: @RiosPiterJaguar

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