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lunes, 13 de abril de 2015

Desafíos del juego de ajedrez en la elección

La realidad es que tanto en recursos formales como informales, hoy las campañas son más caras que nunca y hemos sido testigos del desarrollo de una costosa burocracia electoral sin precedente en el mundo.

Por Liévano Sáenz .


Ya se ha dicho: las próximas elecciones serán distintas. Las reglas del juego han cambiado, aunque hay expresiones muy visibles que no han evolucionado como el modelo de comunicación basado en una excesiva y abrumadora campaña de promocionales en tv y radio. A los partidos se les dificulta adecuarse a las nuevas circunstancias de la competencia, la comunicación digital no es su fuerte y tampoco han sido capaces de innovar más allá de algunos esquemas de organización territorial, disminuidos por su precaria cultura tecnológica y por la falta de precisión en los listados de simpatizantes y miembros.

La fiscalización obliga a candidatos y a partidos a realizar un esfuerzo inédito para lograr cumplir con una rigurosa verificación de recursos y gastos comprobables. Es perversa la combinación de un régimen de control inflexible con sanciones de nulidad en resultados cerrados y topes de campaña poco realistas.

Es inevitable que fluya dinero paralelo para financiar el gasto electoral y ello remite al peor de los mundos, el de campañas caras y opacas. Aunque no es deseable, frente a esa circunstancia es preferible, por mucho, tener campañas con alto gasto pero transparentes en cuanto al origen y destino de sus recursos financieros, que lo que ahora tenemos.

Salvaguardar la equidad siempre ha sido más aspiración que realidad. La reforma de 1996 significó un paso trascendente hacia este anhelo; se suponía que un generoso financiamiento público serviría para contener o evitar el desvío de recursos públicos o el financiamiento de origen ilícito. Poco después, la reforma de 2008 otorgó a los partidos un acceso desproporcionado a la radio y a la tv en la modalidad de promocionales, con lo que se pretendía un ahorro sustantivo en el gasto de campaña, además de un esquema que fuera más equitativo. La realidad es que tanto en recursos formales como informales, hoy las campañas son más caras que nunca y hemos sido testigos del desarrollo de una costosa burocracia electoral sin precedente en el mundo.

La nueva realidad impone a las organizaciones políticas retos inéditos para lograr sus objetivos. Por una parte, cinco de los 10 partidos participantes se plantean la meta de rebasar el mínimo legal de proporción de votos para retener el registro. Dos de ellos, Morena y el PVEM, superarán 3 por ciento de la votación, pero requieren ganar territorios y asientos legislativos. El poder del partido de López Obrador descansa en la fuerza y el prestigio de su fundador; la del PVEM, en una agresiva estrategia de comunicación que le ha significado multas repetidas. Ambos partidos intermedios jugarán un papel importante en el nuevo equilibrio; Morena puede afectar al PRD en sus dominios, mientras que el PVEM podría, en el mejor de los casos, ser factor para que el PRI pudiera alcanzar la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados.

Del PAN no se advierte claridad estratégica en la escala nacional. Parece repetir el modelo de 2012 cuando su objetivo de disminuir al PRI solo consiguió subir a López Obrador al segundo lugar y caer ellos al tercer sitio de las preferencias. El país, en general, y varias de sus regiones, en particular, han abandonado el esquema bipartidista. A los contendientes —candidatos y partidos— les ha resultado difícil entender los nuevos términos de una contienda que, por su complejidad, se asemeja al juego de ajedrez.

Una de las evidencias más reveladoras de esta nueva circunstancia se presenta en Nuevo León, donde la incursión de un candidato independiente ha modificado las coordenadas de la disputa tradicional por el poder local asociada al binomio PRI-PAN. Con amplia ventaja en las intenciones de voto, el PRI en el estado sí ha entendido el humor social hostil a los partidos y escéptico ante los gobiernos. Su candidata a gobernadora, Ivonne Álvarez, es una opción diferente no solo por género y juventud, sino por historia personal y carisma, atributos que la llevaron a la candidatura por encima de otros correligionarios de muy alto perfil político y profesional. El independiente Jaime Rodríguez, priista hasta septiembre pasado, supo articular el ánimo opositor para competir con eficacia en el mismo mercado electoral que el PAN.

A diferencia del PRI, el PAN tuvo un proceso accidentado para seleccionar a su candidato a gobernador. Felipe de Jesús Cantú, buen político, llegó a la candidatura tarde y en un entorno partidista fragmentado que motivó al ex gobernador sustituto, Fernando Elizondo, a postularse por un partido de izquierda, con resultados magros, pero muy negativos para la imagen del PAN. La fortaleza histórica del PAN en Nuevo León permitía creer que la campaña a la gubernatura podría ir en ascenso. Sin embargo, éste no ha sido el caso, da la impresión de que a un mes de iniciada la contienda, todavía no se dan cuenta de que Jaime Rodríguez está compitiendo en su espacio.

En un entorno de tres contendientes competitivos, el manual de estrategia señala que para ser segundo antes hay que vencer al tercero en la disputa. El error no está en el candidato, sino en una estrategia de comunicación que no advierte que el mercado natural del PAN es conformado por quienes se oponen al PRI, lo que comparten con el otro candidato en disputa. Esto significa que la campaña no puede limitarse a una embestida contra el partido que hoy ocupa el primer sitio sin calcular el efecto colateral, pues como se vio en 2012 con Josefina Vázquez Mota, esta táctica implica beneficiar a la otra opción opositora, un error que explica en parte las elevadas cifras de intención de voto a favor del candidato Jaime Rodríguez, ya por arriba del PAN. De no haber corrección, es muy probable que se reproduzca la escena de la contienda presidencial de hace tres años en la que los ataques del PAN al puntero solo sirvieron para hacerle campaña a Andrés Manuel López Obrador, quien terminó en segundo lugar.

Los partidos pequeños también son parte importante de la contienda; no necesariamente por su alcance electoral, sino por el sentido político que plantea la pluralidad. Por ejemplo, la acreditada organización civil ¿Cómo vamos Nuevo León? organizó un debate en este estado y solo convocó a los cuatro candidatos con mayor intención de voto, dejando fuera a los otros seis. El rechazo a la exclusión, no solo del órgano electoral, sino la que proviene de la propia población, cobra relieve, según muestra estudio de opinión de SDP Noticias. El mensaje en Nuevo León es claro: a los partidos pequeños, ya con el registro legal en la mano, se les tiene que respetar su condición de iguales. Otra jugada maestra en la partida.

domingo, 18 de enero de 2015

Nueva ley garantizará mayor transparencia en Seguro Popular

México.- Este mes entrará en vigor el Reglamento de la nueva Ley General de Salud en materia de Protección social, el cual, tiene como objetivo transparentar el uso de los recursos públicos y contribuir a elevar la calidad de la atención que reciben los usuarios del Seguro Popular.

La Comisión Nacional de Protección Social en Salud (CNPSS) queda facultada así para que en los Acuerdos de Coordinación con las Entidades Federativas, se fije la responsabilidad de los Regímenes Estatales para administrar y supervisar el ejercicio de los recursos financieros.

Además de realizar acciones de promoción y afiliación al Sistema de Protección Social en Salud (SPSS), así como integrar, administrar y actualizar el Padrón de Beneficiarios, dio a conocer la CNPSS.

También podrá financiar, coordinar y verificar la prestación integral de los servicios de salud; reintegrar en numerario los recursos federales que no se hayan ejercido o comprobado y rendir cuentas respecto de los recursos que reciban.

Además se contempla la realización de conciliaciones trimestrales previo al envío de recursos subsecuentes con cada entidad federativa, a fin de contrastar la congruencia del padrón con los recursos enviados.

Cabe recordar que la CNPSS envía a cada entidad una cápita del orden de los dos mil 900 pesos por cada afiliado que se reporta en el Padrón.

Como parte de esta nueva ordenanza, la CNPSS conserva la transferencia de recursos a las entidades federativas de forma líquida o en especie, resaltó el organismo.

Y dispone de tiempos precisos para la transferencia de los recursos líquidos al establecer plazos de entrega de los mismos, tanto de la Federación a las entidades federativas, como de las secretarías de Finanzas o análogas estatales a los Servicios Estatales de Salud.

Con esto se busca asegurar su correcta aplicación en los fines del SPSS en beneficio de sus afiliados, indicó.

Las nuevas disposiciones establecen que las entidades, en coordinación con la CNPSS, abrirán cuentas específicas en la Tesorería de la Federación, donde se depositarán los recursos asignados para la compra de medicamentos, con lo cual se garantizará el correcto y oportuno ejercicio y aplicación de estos.

Fortalece también los mecanismos de transparencia, fiscalización y rendición de cuentas al conceder facultades a los órganos fiscalizadores, tanto federales como estatales, para evaluar el desempeño de las acciones del SPSS.

De esta forma, determina prisión y multa por desvío de recursos que consisten en cárcel de cuatro a siete años y multas de mil a 500 mil días de salario mínimo a la persona que desvíe recursos del SPSS, ya sea en numerario o en especie.

Establece, por otra parte, mecanismos para fortalecer la prestación interestatal de servicios de salud y portabilidad entre los diferentes prestadores de servicios.

Ello, pues se faculta a la Secretaría de Salud, a través de la CNPSS, a retener recursos líquidos de las entidades cuyos afiliados hayan recibido servicios en otra entidad o institución de salud, para transferirlos a éstos como pago.

La portabilidad queda entendida como la emergencia que el afiliado al Seguro Popular pueda presentar en cualquier parte del país, con la garantía de que será atendido esté o no domiciliado en la entidad en la que requiera la atención, sin que tenga que desembolsar recursos propios al momento de recibir el servicio.