Por Román Revueltas Retes
Este país era bien diferente: pareciera que los mexicanos estábamos acostumbrados a vivir adversidades económicas y a soportar estoicamente las crisis que solían desencadenarse al final de cada sexenio desde ese momento fatal en que Luis Echeverría desmadrara la armónica progresión del “desarrollo estabilizador”.
Las cosas ya no son como antes. Para ejemplificar esta aseveración, imaginemos simplemente las catastróficas circunstancias que enfrentó Ernesto Zedillo al comenzar su gestión: el estrepitoso desplome de la moneda, la desorbitada subida de las tasas de interés, la quiebra de miles y miles de negocios, la súbita insolvencia de millones de deudores, etcétera, etcétera, etcétera. Pero, este país era bien diferente: vistas las cosas, pareciera que los mexicanos estábamos extrañamente acostumbrados a vivir adversidades económicas y a soportar estoicamente las crisis que solían desencadenarse al final de cada sexenio desde ese momento fatal en que Luis Echeverría, gastando dinero a manos llenas y llevando al extremo las políticas clientelares, desmadrara la armónica progresión del “desarrollo estabilizador”. Y, justamente, si bien es cierto que bajó notablemente la popularidad del sucesor de Carlos Salinas, fue este último el primerísimo satanizado (hasta nuestros días) mientras que el doctor Zedillo pudo conducir finalmente la nave a buen puerto.
Hoy, no podemos hablar de una situación ni lejanamente parecida. Ha bajado la cotización de las monedas de los países emergentes (de todos, no estamos hablando de un efecto tequila; es decir, las turbulenciascambiarías no las estamos provocando nosotros) pero el peso no ha sufrido una depreciación abismal; el petróleo (nuevamente, el reducido precio del barril resulta de una circunstancia global, no de la torpeza particular de los responsables económicos mexicanos) se ha abaratado y esto va a impactar de manera directa las finanzas públicas pero no es una hecatombe presupuestal sino un mero ajuste) y, en fin, el tema de la inseguridad, que el Gobierno de Enrique Peña quiso desligar de la agenda luego de que pareciera ser la principal preocupación del anterior presidente de la República, ha vuelto de manera tan inevitable como trágica.
Pero la atmósfera es bien diferente. Por alguna razón (muy probablemente, por la cultura ciudadana que resulta de los usos y costumbres de la democracia), los habitantes de México nos hemos vuelto tan críticos, respondones, malcontentos, quejoso e inconformes como los de todas aquellas otras naciones donde los gobernantes suelen afrontar el rechazo mayoritario de los votantes. Y es que, más allá de las expectativas no cumplidas todavía en el tema económico (la reforma fiscal no ayudó al crecimiento, si bien parece haber aumentado los haberes en las arcas públicas), de la persistencia (o aumento, inclusive, en el caso de los secuestros) de la inseguridad pública, de la divulgación de las compras de las casas del presidente o de su secretario de Hacienda y de la agitación promovida por quienes explotan interesadamente la salvajada perpetrada en Iguala —más allá de todo esto, repito—, no se puede afirmar que el desempeño de Enrique Peña no haya sido bueno: estamos hablando, por el contrario, de una gestión exitosa de la cual se derivan acuerdos muy beneficiosos para la nación y reformas de gran trascendencia. Pero, a muchísimos mexicanos les tiene sin cuidado esta realidad y no le reconocen méritos al actual presidente. Tan evidente es el descontento de la gente que ha comenzado a circular la interrogante de cómo habrá de terminar su sexenio siendo que, a dos años apenas de haber comenzado, las cosas parecen bien difíciles.
No podemos anticipar infortunios si bien es posible que vuelvan a ocurrir terribles atrocidades y que brote algún otro escándalo por ahí. Pero sí es importante, creo yo, que tenga lugar una respuesta del Gobierno a una situación que, en México, es totalmente inédita. Porque, miren ustedes, muchas señales avisan de un nuevo fenómeno: el agotamiento de la tolerancia a la corrupción. La gente, simplemente, está harta de comprobar que no hay castigo alguno a politicastros saqueadores y esto, en un entorno donde la realidad de todos los días es muy dura para millones de compatriotas. Y el tema no es tampoco demasiado complicado: saben quiénes son y saben dónde están. Dicho de otra manera: si cualquier hijo de vecino puede localizar la fastuosa mansión actual, digamos, de un antiguo gobernador nacido en un ranchito, un fiscal no debería de carecer de pistas para emprender acciones legales y pedir cuentas.
Lo complicado es entrar en acción, naturalmente: hay que olvidar antiguas complicidades o desentenderse de acuerdos previos, por no hablar de sacrificar a personas que se creían resguardadas por su cercanía con el poder político. Pero, es un camino que, si lo emprenden nuestros gobernantes, les serviría para restaurar, de un plumazo, toda legitimidad y todo prestigio. De otra manera, en efecto, serán cuatro años muy largos.
Directorio
Mostrando entradas con la etiqueta Ernesto Zedillo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ernesto Zedillo. Mostrar todas las entradas
lunes, 26 de enero de 2015
¿Gobernar otros cuatro años así?
Por
elmexiquensehoy
a la/s
enero 26, 2015
No hay comentarios
:
Enviar por correo electrónico
Escribe un blog
Compartir en X
Compartir con Facebook
Compartir en Pinterest
Etiquetas:
Carlos Salinas
,
ciudad de mexico
,
desarrollo estabilizador
,
el mexiquense hoy
,
Enrique Peña
,
Ernesto Zedillo
,
Presidente de la República
,
Román Revueltas Retes
,
sexenio
Ubicación:
Ciudad de México, D.F., México
martes, 29 de enero de 2013
Ecatepec, precursor en la lucha subliminal* contra el hambre
Análisis del equipo editorial de Mexiquense
En 1994, Zedillo prometió en Ecatepec, erradicarla; hoy, Peña Nieto lo reitera
Pobreza y hambre se han eternizado en México
Ecatepec, Méx.- El fenómeno social de la pobreza en nuestro país se acrecentó en los últimos dos sexenios panistas al grado de llegar a los linderos de la más agudos de la marginación como lo es el hambre. De acuerdo al INEGI, Enrique Peña Nieto recibió un país con otros 8 millones de pobres, de los cuales, 7,4 millones enfrentan serios problemas para alimentarse al menos una vez al día. Gran parte de esta población que subsiste de milagro, se encuentra en las zonas indígenas y rurales del país, aunque también las podemos ubicar en municipios densamente poblados como Ecatepec, donde su alcalde Pablo Bedolla acaba de anunciar un ambicioso programa de ayuda atender a buena parte de los 720 mil casos de pobreza que se presentan en el municipio.
Hace un año, al insensible e ineficiente gobierno de Felipe Calderón le brincó en plena cara el asunto de la hambruna que enfrentaban los Rarámuris de la sierra Tarahumara, en el estado de Chihuahua, quienes desde meses atrás habían solicitado sin resultado alguno el auxilio de las instituciones. Mujeres, ancianos y niños debieron soportar el crudo invierno y sus bajas temperaturas comiendo raíces, mostrando el grado de desinterés de un gobierno de derecha que siempre crítico en el PRI sus políticas asistenciales. Fue sólo hasta que los medios dieron cuenta del estado de absoluta marginación de los Rarámuris y el estado de aguda desnutrición que ponía en riesgo sus vidas cuando los panistas los voltearon a ver, luego de doce años de absoluta indiferencia.
Pero el asunto de la pobreza y sus consecuencias inmediatas como la marginación y el hambre, no es nuevo y de hecho parece no sólo eternizarse sino ir en franco crecimiento, surgiendo las interrogantes que desde todos los ángulos de las ciencias sociales y económicas, aún no encuentran respuesta: ¿Realmente puede acabarse con el problema de la pobreza en México?
Por ello, es importante analizar las propuestas hechas al respecto por el último gobierno de corte priísta, el de Ernesto Zedillo, que ponderó la atención al tema como parte esencial en su campaña de 1994, al grado de que aquí, en Ecatepec, realizó un magno acto donde anunció su estrategia de “Combate a la Pobreza”; por cierto, con grandes similitudes a la Cruzada Nacional contra el Hambre, que el Presidente Enrique Peña Nieto puso en marcha el pasado 21 de enero en el estado de Chiapas.
Del archivo histórico de Mexiquense, extrajimos tan valioso documento histórico para que el lector haga una evaluación sobre lo planteado el 15 de junio de 1994, aquí en Ecatepec, siendo alcalde Alfredo Torres Martínez y Secretario Municipal, nada menos que el hoy gobernador, Eruviel Ávila Villegas, quienes con toda seguridad, recuerdan el trascendente acto al que acudió lo más graneado de la política nacional de aquellos años. Ernesto Zedillo, como se recordará, ganó dos semanas después del evento de Ecatepec, la presidente de la República, y muchos de sus buenos deseos quedaron congelados y plasmados, como tanto proyectos, en la tinta y el papel.
Mexiquense le pregunta, amigo lector, lo planteado ayer con lo expuesto hoy por dos proyectos priístas. Juzgue y compare.
LA PROPUESTA DE ZEDILLO
Con una población de 88 millones de mexicanos, el 15 de junio del 94, el candidato Ernesto Zedillo, presentó en Ecatepec su propuesta a todos los mexicanos en la que señaló:
Con una firme y renovada voluntad política, hoy convoco a un gran pacto nacional para combatir la pobreza. Convoco a toda la sociedad mexicana, partiendo de la conciencia compartida de que la persistencia en la pobreza ofende y de que su superación beneficia a todos por igual. Combatamos unidos éste que es el más doloroso lastre de nuestra historia.
En este pacto participará activamente el gobierno federal e invitaremos a los gobiernos estatales y municipales, así como a organismos no gubernamentales; al sector privado, al sector social y, por supuesto, a las propias comunidades y a las colonias populares.
Una estrategia exitosa para combatir la pobreza exige el concurso de todos los mexicanos”, resaltó entonces Zedillo, a la vez que expuso al país algunos de sus principales líneas a seguir:
Fomentaremos una cuidadosa coordinación entre las instituciones que participen en la superación de la desigualdad social y promoveremos la articulación de las actividades que el gobierno lleve a cabo con organizaciones de la sociedad, en el marco del pacto social que propongo.
Fortaleceremos la participación de las comunidades en la realización corresponsable, así como en la evaluación de los servicios que provee el gobierno federal.
Basaremos nuestro esfuerzo en una eficaz descentralización de la gestión gubernamental, para que beneficie eficazmente a cada comunidad.
El pacto nacional es para combatir y superar la pobreza de los pueblos indígenas, de los hombres y mujeres del campo, de los trabajadores y los jornaleros migrantes, de los habitantes de los barrios y colonias populares, de quienes viven en la tercera edad; con todos ellos es mi compromiso.
Puntualizó además que su estrategia contra la pobreza se basaría en dos vertientes:
Por un lado, asegurar que la población marginada cuente servicios básicos de salud, nutrición, vivienda y educación. Ello será el cimiento fundamental que les permitirá trabajar productivamente y asegurar un mínimo sustento familiar.
Por otro lado, debemos ensanchar las oportunidades de empleo e ingreso de las familias que menos tienen, mediante una economía de vigoroso crecimiento.
Zedillo Ponce de León, estableció en Ecatepec sus diez compromisos:
Una canasta básica de salud; nutrición para la población vulnerable; vivienda y servicios; impulso a la educación y capacitación de los más necesitados; desarrollo rural para las necesidades de los menos favorecidos; infraestructura y desarrollo regional ; combate a la pobreza y ecología; acceso a la impartición de justicia; financiamiento popular; y, crecimiento y empleo.
LA PROPUESTA DE PEÑA NIETO
Ahora, en 2013, con una población estimada de más de 114 millones de habitantes –26 millones más que en 1994--, el Presidente Enrique Peña Nieto ha establecido en su Cruzada Nacional contra el Hambre, planteamientos como los siguientes:
La Cruzada es la respuesta ética a una condición inaceptable, que agravia a millones de mexicanos. La Cruzada Nacional contra el Hambre es una política social que queremos sea de nueva generación, donde la construcción de una sociedad de derechos debe ser una responsabilidad compartida por toda la sociedad.
Con esta Cruzada, el Gobierno de la República asume un gran compromiso, que sólo se podrá cumplir a cabalidad con la participación decidida de los distintos actores de la sociedad.
Las organizaciones de la sociedad civil tienen un papel invaluable en la construcción de una sociedad más justa, equitativa, próspera en desarrollo y de oportunidades, como lo queremos todos los mexicanos.
Su involucramiento en esta Cruzada nos permitirá asegurar que el combate a la pobreza y la desigualdad cuente con un amplio y efectivo respaldo social.
El hambre, hay que decirlo, es una realidad innegable, pero es también, el rostro más doloroso de la pobreza. En el objetivo que nos hemos trazado convergen dos condiciones que son, verdaderamente, inaceptables: Pobreza extrema y carencia alimentaria.
Por eso, hay que decirlo con sus letras: En este país uno de cada cuatro mexicanos enfrentan condiciones de pobreza. Esta cifra evidencia una realidad: Las políticas asistencialistas que no fomenten la transformación productiva de los más pobres, sólo postergan las soluciones de fondo y de raíz.
Es necesario enfrentar la pobreza y el hambre desde sus causas, y no sólo atendiendo los efectos que, en buena medida, muchas de las acciones que se han desplegado en últimos años están orientadas justamente sólo a atender los efectos y nos las causas.
Para su combate ha planteado las siguientes premisas:
Primera. El alineamiento de los programas sociales que se operan desde las distintas dependencias Federales. En pocas palabras, se trata de hacer converger los programas de distintas dependencias del Gobierno de la República, y a la que queremos sumar el de las autoridades estatales y municipales, para focalizar todo el esfuerzo de manera prioritaria y en un primer orden a estos 400 municipios.
No sólo se trata de llevarles los apoyos, o de llevarles los alimentos que eventualmente vengan a mitigar esta condición. Se trata, más bien, de cambiar el entorno en el que viven esos 7.4 millones de mexicanos. De asegurarles el acceso a la salud, a la educación, a desarrollar infraestructura para alentar oportunidades de desarrollo, de empleo y productivas en esas regiones.
Segunda premisa. La coordinación estrecha con las autoridades municipales y estatales. Y para ello, he instruido ya a la Secretaria de Desarrollo Social, que ya lo viene haciendo, el establecer una agenda de trabajo puntual con cada uno de los gobernadores de las distintas entidades del país. Y que esto, también, convoca al esfuerzo de los gobiernos municipales.
Tercera. La apertura de espacios para que la sociedad civil participe directamente en la instrumentación de esta Cruzada.
Este frente común atenderá no sólo los aspectos relacionados con las necesidades de la alimentación de los mexicanos, sino, también, lo que ya he señalado, lo que tiene que ver con la mejora en las condiciones en las que viven estos mexicanos, y darles posibilidad del acceso a salud, a vivienda, alimentación, a servicios elementales, como agua potable, drenaje, entre otros servicios.
Cuarta. Aumentar la producción de alimentos y el ingreso de campesinos y de pequeños productores.
Minimizar las pérdidas de alimentos durante su almacenamiento, transporte, distribución y la comercialización de los productos alimentarios.
Y quinta. Promover la participación comunitaria contra el hambre, como esta convocatoria que hoy estamos haciendo a toda la sociedad civil. Y de manera muy señalada a aquellas organizaciones que ya desde tiempo atrás vienen participando en el combate al hambre y a la pobreza de nuestro país.
Como se aprecia, parece que entre el ayer y el hoy, existen similitudes como el lograr coordinar esfuerzos, sumar a los proyectos a todos los sectores sociales, hacer más productivo al campo. También hay buena voluntad y compromiso con los que menos tienen. Saque usted sus conclusiones del análisis que hoy presenta Mexiquense sobre dos escenarios y dos propuestas para atender la pobreza en México. Uno de ellos, presentado hace 28 años, aquí en Ecatepec.
* Lo subliminal: es aquello que se ubica por debajo del umbral de la conciencia. Cuando el término se aplica a un estímulo, hace referencia a que no es percibido de forma consiente, pero de todos modos influye en la conducta.
En 1994, Zedillo prometió en Ecatepec, erradicarla; hoy, Peña Nieto lo reitera
Pobreza y hambre se han eternizado en México
Ecatepec, Méx.- El fenómeno social de la pobreza en nuestro país se acrecentó en los últimos dos sexenios panistas al grado de llegar a los linderos de la más agudos de la marginación como lo es el hambre. De acuerdo al INEGI, Enrique Peña Nieto recibió un país con otros 8 millones de pobres, de los cuales, 7,4 millones enfrentan serios problemas para alimentarse al menos una vez al día. Gran parte de esta población que subsiste de milagro, se encuentra en las zonas indígenas y rurales del país, aunque también las podemos ubicar en municipios densamente poblados como Ecatepec, donde su alcalde Pablo Bedolla acaba de anunciar un ambicioso programa de ayuda atender a buena parte de los 720 mil casos de pobreza que se presentan en el municipio.
Hace un año, al insensible e ineficiente gobierno de Felipe Calderón le brincó en plena cara el asunto de la hambruna que enfrentaban los Rarámuris de la sierra Tarahumara, en el estado de Chihuahua, quienes desde meses atrás habían solicitado sin resultado alguno el auxilio de las instituciones. Mujeres, ancianos y niños debieron soportar el crudo invierno y sus bajas temperaturas comiendo raíces, mostrando el grado de desinterés de un gobierno de derecha que siempre crítico en el PRI sus políticas asistenciales. Fue sólo hasta que los medios dieron cuenta del estado de absoluta marginación de los Rarámuris y el estado de aguda desnutrición que ponía en riesgo sus vidas cuando los panistas los voltearon a ver, luego de doce años de absoluta indiferencia.
Pero el asunto de la pobreza y sus consecuencias inmediatas como la marginación y el hambre, no es nuevo y de hecho parece no sólo eternizarse sino ir en franco crecimiento, surgiendo las interrogantes que desde todos los ángulos de las ciencias sociales y económicas, aún no encuentran respuesta: ¿Realmente puede acabarse con el problema de la pobreza en México?
Por ello, es importante analizar las propuestas hechas al respecto por el último gobierno de corte priísta, el de Ernesto Zedillo, que ponderó la atención al tema como parte esencial en su campaña de 1994, al grado de que aquí, en Ecatepec, realizó un magno acto donde anunció su estrategia de “Combate a la Pobreza”; por cierto, con grandes similitudes a la Cruzada Nacional contra el Hambre, que el Presidente Enrique Peña Nieto puso en marcha el pasado 21 de enero en el estado de Chiapas.
Del archivo histórico de Mexiquense, extrajimos tan valioso documento histórico para que el lector haga una evaluación sobre lo planteado el 15 de junio de 1994, aquí en Ecatepec, siendo alcalde Alfredo Torres Martínez y Secretario Municipal, nada menos que el hoy gobernador, Eruviel Ávila Villegas, quienes con toda seguridad, recuerdan el trascendente acto al que acudió lo más graneado de la política nacional de aquellos años. Ernesto Zedillo, como se recordará, ganó dos semanas después del evento de Ecatepec, la presidente de la República, y muchos de sus buenos deseos quedaron congelados y plasmados, como tanto proyectos, en la tinta y el papel.
Mexiquense le pregunta, amigo lector, lo planteado ayer con lo expuesto hoy por dos proyectos priístas. Juzgue y compare.
LA PROPUESTA DE ZEDILLO
Con una población de 88 millones de mexicanos, el 15 de junio del 94, el candidato Ernesto Zedillo, presentó en Ecatepec su propuesta a todos los mexicanos en la que señaló:
Con una firme y renovada voluntad política, hoy convoco a un gran pacto nacional para combatir la pobreza. Convoco a toda la sociedad mexicana, partiendo de la conciencia compartida de que la persistencia en la pobreza ofende y de que su superación beneficia a todos por igual. Combatamos unidos éste que es el más doloroso lastre de nuestra historia.
En este pacto participará activamente el gobierno federal e invitaremos a los gobiernos estatales y municipales, así como a organismos no gubernamentales; al sector privado, al sector social y, por supuesto, a las propias comunidades y a las colonias populares.
Una estrategia exitosa para combatir la pobreza exige el concurso de todos los mexicanos”, resaltó entonces Zedillo, a la vez que expuso al país algunos de sus principales líneas a seguir:
Fomentaremos una cuidadosa coordinación entre las instituciones que participen en la superación de la desigualdad social y promoveremos la articulación de las actividades que el gobierno lleve a cabo con organizaciones de la sociedad, en el marco del pacto social que propongo.
Fortaleceremos la participación de las comunidades en la realización corresponsable, así como en la evaluación de los servicios que provee el gobierno federal.
Basaremos nuestro esfuerzo en una eficaz descentralización de la gestión gubernamental, para que beneficie eficazmente a cada comunidad.
El pacto nacional es para combatir y superar la pobreza de los pueblos indígenas, de los hombres y mujeres del campo, de los trabajadores y los jornaleros migrantes, de los habitantes de los barrios y colonias populares, de quienes viven en la tercera edad; con todos ellos es mi compromiso.
Puntualizó además que su estrategia contra la pobreza se basaría en dos vertientes:
Por un lado, asegurar que la población marginada cuente servicios básicos de salud, nutrición, vivienda y educación. Ello será el cimiento fundamental que les permitirá trabajar productivamente y asegurar un mínimo sustento familiar.
Por otro lado, debemos ensanchar las oportunidades de empleo e ingreso de las familias que menos tienen, mediante una economía de vigoroso crecimiento.
Zedillo Ponce de León, estableció en Ecatepec sus diez compromisos:
Una canasta básica de salud; nutrición para la población vulnerable; vivienda y servicios; impulso a la educación y capacitación de los más necesitados; desarrollo rural para las necesidades de los menos favorecidos; infraestructura y desarrollo regional ; combate a la pobreza y ecología; acceso a la impartición de justicia; financiamiento popular; y, crecimiento y empleo.
LA PROPUESTA DE PEÑA NIETO
Ahora, en 2013, con una población estimada de más de 114 millones de habitantes –26 millones más que en 1994--, el Presidente Enrique Peña Nieto ha establecido en su Cruzada Nacional contra el Hambre, planteamientos como los siguientes:
La Cruzada es la respuesta ética a una condición inaceptable, que agravia a millones de mexicanos. La Cruzada Nacional contra el Hambre es una política social que queremos sea de nueva generación, donde la construcción de una sociedad de derechos debe ser una responsabilidad compartida por toda la sociedad.
Con esta Cruzada, el Gobierno de la República asume un gran compromiso, que sólo se podrá cumplir a cabalidad con la participación decidida de los distintos actores de la sociedad.
Las organizaciones de la sociedad civil tienen un papel invaluable en la construcción de una sociedad más justa, equitativa, próspera en desarrollo y de oportunidades, como lo queremos todos los mexicanos.
Su involucramiento en esta Cruzada nos permitirá asegurar que el combate a la pobreza y la desigualdad cuente con un amplio y efectivo respaldo social.
El hambre, hay que decirlo, es una realidad innegable, pero es también, el rostro más doloroso de la pobreza. En el objetivo que nos hemos trazado convergen dos condiciones que son, verdaderamente, inaceptables: Pobreza extrema y carencia alimentaria.
Por eso, hay que decirlo con sus letras: En este país uno de cada cuatro mexicanos enfrentan condiciones de pobreza. Esta cifra evidencia una realidad: Las políticas asistencialistas que no fomenten la transformación productiva de los más pobres, sólo postergan las soluciones de fondo y de raíz.
Es necesario enfrentar la pobreza y el hambre desde sus causas, y no sólo atendiendo los efectos que, en buena medida, muchas de las acciones que se han desplegado en últimos años están orientadas justamente sólo a atender los efectos y nos las causas.
Para su combate ha planteado las siguientes premisas:
Primera. El alineamiento de los programas sociales que se operan desde las distintas dependencias Federales. En pocas palabras, se trata de hacer converger los programas de distintas dependencias del Gobierno de la República, y a la que queremos sumar el de las autoridades estatales y municipales, para focalizar todo el esfuerzo de manera prioritaria y en un primer orden a estos 400 municipios.
No sólo se trata de llevarles los apoyos, o de llevarles los alimentos que eventualmente vengan a mitigar esta condición. Se trata, más bien, de cambiar el entorno en el que viven esos 7.4 millones de mexicanos. De asegurarles el acceso a la salud, a la educación, a desarrollar infraestructura para alentar oportunidades de desarrollo, de empleo y productivas en esas regiones.
Segunda premisa. La coordinación estrecha con las autoridades municipales y estatales. Y para ello, he instruido ya a la Secretaria de Desarrollo Social, que ya lo viene haciendo, el establecer una agenda de trabajo puntual con cada uno de los gobernadores de las distintas entidades del país. Y que esto, también, convoca al esfuerzo de los gobiernos municipales.
Tercera. La apertura de espacios para que la sociedad civil participe directamente en la instrumentación de esta Cruzada.
Este frente común atenderá no sólo los aspectos relacionados con las necesidades de la alimentación de los mexicanos, sino, también, lo que ya he señalado, lo que tiene que ver con la mejora en las condiciones en las que viven estos mexicanos, y darles posibilidad del acceso a salud, a vivienda, alimentación, a servicios elementales, como agua potable, drenaje, entre otros servicios.
Cuarta. Aumentar la producción de alimentos y el ingreso de campesinos y de pequeños productores.
Minimizar las pérdidas de alimentos durante su almacenamiento, transporte, distribución y la comercialización de los productos alimentarios.
Y quinta. Promover la participación comunitaria contra el hambre, como esta convocatoria que hoy estamos haciendo a toda la sociedad civil. Y de manera muy señalada a aquellas organizaciones que ya desde tiempo atrás vienen participando en el combate al hambre y a la pobreza de nuestro país.
Como se aprecia, parece que entre el ayer y el hoy, existen similitudes como el lograr coordinar esfuerzos, sumar a los proyectos a todos los sectores sociales, hacer más productivo al campo. También hay buena voluntad y compromiso con los que menos tienen. Saque usted sus conclusiones del análisis que hoy presenta Mexiquense sobre dos escenarios y dos propuestas para atender la pobreza en México. Uno de ellos, presentado hace 28 años, aquí en Ecatepec.
* Lo subliminal: es aquello que se ubica por debajo del umbral de la conciencia. Cuando el término se aplica a un estímulo, hace referencia a que no es percibido de forma consiente, pero de todos modos influye en la conducta.
Por
elmexiquensehoy
a la/s
enero 29, 2013
No hay comentarios
:
Enviar por correo electrónico
Escribe un blog
Compartir en X
Compartir con Facebook
Compartir en Pinterest
Etiquetas:
Cruzada Nacional contra el Hambre
,
Ecatepec
,
El mexiquense
,
Enrique Peña Nieto
,
Equipo editorial de Mexiquense
,
Ernesto Zedillo
,
hambre
,
Pobreza
Ubicación:
Ecatepec de Morelos, MEX, México
Suscribirse a:
Entradas
(
Atom
)


