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miércoles, 28 de junio de 2017

De doña Eva Sámano a Angélica Rivera


Historias pinoleras para olvidar nuestras miserias
“Es algo muy chistoso que Obama venga a tu casa”. ¿Tú casa? Este arrebato patrimonialista se refiere a un boscoso y bello predio de 750 mil metros cuadrados y sus espacios construidos en el Distrito Federal. En el siglo XIX se le conoció como Molino del Rey. Después, su propietario le bautizó como La hormiga, para caracterizar su pequeño tamaño respecto de sus grandes señoríos.
En 1934, un michoacano forjado en el vivac de las fuerzas triunfantes de la Revolución mexicana, el enorme general Lázaro Cárdenas del Río, en congruencia con su origen, no quiso habitar el aristocrático Castillo de Chapultepec, preferido hasta entonces por los presidentes mexicanos.
El gobierno de la República adquirió La hormiga. Quien después ha sido conocido como El Gran Expropiador, le cambió de nombre al vasto predio del Bosque de Chapultepec, y la bautizó como Los Pinos, en el que impuso su sello de sobriedad republicana. Ahí se creó el adusto Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano.
Desde aquel entonces -sobre todo después de haber abandonado Palacio Nacional- ahí, en Los Pinos, han morado y despachado los sucesivos Presidentes de México.
Una servidumbre de más de mil lacayos
Cuando el oscuro reverso de Cárdenas del Río, el dipsómano michoacano Felipe del Sagrado Corazón de Jesús Calderón Hinojosa, fue echado de Los Pinos para que lo ocupara Enrique Peña Nieto, la Oficina de la Presidencia confesó que al servicio del mandatario estaba una plantilla de más de mil lacayos.
Entre el personal de Los Pinos, figuran uniformados miembros de las antes respetables y respetadas Fuerzas Armadas mexicanas, de toda la escala jerárquica. “Los amos” en turno, tratan a esos militares como servidumbre: Desde “caballitos” que montan hijos, nietos y amiguitos invitados, pasando por mandaderos hasta guardaespaldas.

Hija y nieta de López Mateos
Por las ya añosas andanzas del oficio periodístico, nos tocó observar el desempeño de la maestra Eva Sámano Bishop -nacida en Tierra Caliente, Guerrero-, quien prefirió para impartir la docencia a la niñez de las colonias más humildes de la Ciudad de México. De la ascendencia materna -de origen inglés- heredó una acerada austeridad.
En la época en la que a los rastreros aduladores les sobraban títulos por repartir, a Doña Eva le asestaron los de Madre Nacional y Gran Protectora de la Niñez. Y cómo no: Era la esposa del presidente Adolfo López Mateos. Los obsequiosos títulos no afectaron la modestia de Doña Eva.
Anualmente, procuramos estar en Atizapán, Estado de México, donde sus paisanos rinden homenaje a la memoria de Don Adolfo El Joven. Ahí conocimos y eventualmente convivimos con Eva Leonor López Sámano, hija de aquel matrimonio, conocida como Avecita, quien continuó la vocación docente de Doña Eva.
Después, hemos estado cerca de la hija de Eva Leonor, Giuliana, a quien identificamos como Avecita II. Como la abuela y la madre, Giuliana vive su vida con discreción y quietud, lejos del mundanal ruido.
Sofía Castro Rivera
La frase con la que iniciamos estas notas, la pronunció Sofía Castro Rivera. Sofía, es hija de José Alberto Castro. Don José Alberto es conocido en el mundo farandulero de Televisa como El Güero, productor y director de telenovelas “de siete pañuelos”.
En marzo pasado, la revista Hola destacó -ilustrada con fotografías a todo color- una nota que se tituló reconciliación de Sofía con su papito José Alberto. Hija y padre estaban enfriados desde que El Güero reconoció públicamente sus amoríos libres con la actriz de origen francés Àngelique Boyer. Días antes, ese romance había terminado. De ahí la reconciliación.
Destilando amor
La madre de Sofía Castro, es Angélica Rivera Hurtado. La hoja de vida de doña Angélica dice que es miembro del PRI, pero es más conocida popularmente como La gaviota, en mérito de su papel protagónico con ese remoquete en la telenovela de Televisa Destilando amor, patrocinada por una marca tequilera. Su galán fue Eduardo Yáñez.
Ahora -después de haber logrado en 2007 la anulación de su matrimonio con El Güero Castro-, doña Angélica es desde 2009 esposa de Enrique Peña Nieto, padrastro entonces de Sofía.
En su condición de hijastra del presidente Peña Nieto, Sofía habita en Los Pinos. Cuando Sofía declara que “es algo bien chistoso que Obama venga a tu casa”, en primer lugar no se refiere a un tal Obama, sino al Presidente más poderoso del mundo, Barack Obama. En segundo, a la casa que se refiere es nada menos que la ostentosa residencia presidencial de Los Pinos.
Huéspedes en la era neoliberal
En la era neoliberal mexicana, han sido huéspedes sexenales de Los Pinos doña Cecilia Occeli, a la que dejó Carlos Salinas de Gortari por su ex empleada Ana Paula Gerard Rivero. Salinas de Gortari fue acusado por Luis Téllez Kuénzler, actual presidente de la Bolsa Mexicana de Valores, de haberse robado la partida secreta de Los Pinos.
Emiliano Salinas Occeli es personaje de las revistas telenoveleras por su relación con la actriz divorciada del mazatleco Plutarco Haza, Ludwika Paleta.
Siguió a doña Cecilia Occeli, Nilda Velasco, conyugue de Ernesto Zedillo Ponce de León. El ramplón título de Primera dama lo ejerció de bajo perfil. En todo caso, los chiquillos Zedillo Nolasco se daban la licencia de invitar a sus amigochos de la escuela a disfrutar de las premieres pinoleras de las películas extranjeras que en su momento estaban causando sensación en el mundo. Ya grandecito, Ernesto Zedillo Velasco se ayuntó con la actriz Erika Buenfil.
Doña Lilian de la Concha
En 1971, en las oficinas de Coca Cola, una secretaria, profundamente creyente en la fe católica, Lilian de la Concha, se enamoró del gerente Vicente Fox Quesada, quien decía profesar el mismo credo. El 18 de marzo de 1972 contrajeron matrimonio eclesiástico. Ella se grabó las palabras del sacerdote oficiante en la iglesia de Nuestra Señora del Rayo: Lo que Dios ha unido, no lo separa el hombre…
Lilian de la Concha era conocida como una dama piadosa. Fue patrono de la Casa de Cuna Amigos Daniel. Por circunstancias que no viene al caso platicar aquí, no pudo procrear con su marido. Adoptaron a los niños Cristina, Vicentillo, Paulina y Rodrigo.
La retozona Marta Sahagún Jiménez
Cuando a Vicente Fox le entró la calentura por la gobernación de Guanajuato, en su campaña electoral en 1995 ya no apareció La Sota -como despectivamente la llamaba su marido, por su diminuta estatura. En cambio, se dejaba ver la retozona señora Marta Sahagún Jiménez, quien para entonces ya no portaba el de Bribiesca, de Manuel, su primer esposo civil y eclesiástico. Si portaba, en cambio, la insignia de Los Legionarios de Cristo, del afamado Marcial Maciel.
Sahagún Jiménez llegó a Los Pinos como tal cual, y su primer antojo fue la construcción de unas exquisitas nuevas cabañitas. Para 2002, ya las habitaba legalmente en virtud de su segundo matrimonio civil. Ya era Sahagún de Fox.
La opción por El Alcázar del Castillo de Chapultepec
Con tal patente, se daba el lujo de disponer de El Alcázar del Castillo de Chapultepec para sus extravagancias aristocráticas disfrazadas de asistencia pública, pero para revelar sus intimidades a las revistas “del corazón” prefería dichas cabañitas.
En 2007, conocida la insistencia de los Fox Sahagún por anular sus anteriores sacramentos, la Sacra Rota Romana emitió un dictamen siquiátrico: El narcisista cocalero no estaba bien de sus facultades mentales, cosa por lo demás sospechada por su adicción al Prozac.
El decoro de doña Margarita Zavala
A contrapelo de las etílicas ligerezas de su esposo y todo lo contrario a su frívola antecesora en Los Pinos, la licenciada Margarita Zavala Gómez del Campo, con una solvente hoja académica y experiencia legislativa, despachó con decoro su presencia en Los Pinos que, sin embargo, exhibía una nómina salarial de las más altas del mundo para sus más de mil lacayos.
Desde Carmen Romano de López Portillo (fundadora) hasta Zavala Gómez del Campo, las esposas legales de los Presidentes de México recibieron el encargo honorario de presidenta del Sistema Nacional de Atención Integral de la Familia (DIF), que sustituyó el Voluntariado Nacional que hasta María Esther Zuno de Echeverría atendió cuestiones de beneficencia pública.
Laura Vargas de Osorio

El DIF, invariablemente dirigido por una persona de confianza del jefe del Ejecutivo federal, tuvo entre sus humanistas misiones, como su propia denominación señala, La Familia, con especial acento en la atención de la infancia en situación vulnerable. Luego se incluiría a adultos mayores y eventualmente el combate a las adicciones. En su género, sus funciones y por sus resultados, la ONU acreditó el mexicano como modelo universal.
Por esas cosas que quedan bajo reserva hasta la noche de los tiempos, Enrique Peña Nieto dispuso que fuera la señora Laura Vargas de Osorio -y no su esposa- la coordinadora del DIF para este sexenio.
Eso libera el tiempo de la señora Angélica Rivera Hurtado de Peña Nieto para que, con su hija Sofía Castro Rivera, puedan disponer de las envidiables locaciones de las casas de Los Pinos para atender los llamados a modelar que les hacen semana a semana las publicaciones que financia Televisa. Es cuanto.