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lunes, 8 de mayo de 2017

¡Mentada de Madre! ¿Problema de Género?

Josefina Guzmán Díaz


Prácticamente todo hablante de una lengua como el español utiliza o conoce las groserías. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a pensar en su funcionamiento discursivo, ideológico y cultural. Es el propósito del presente artículo: Vincular el estudio de la MENTADA DE MADRE y la construcción discursiva del sistema sexo-género.
¿Qué son las groserías?
Con más frecuencia de lo que nos imaginamos reproducimos estas palabras o frases que en la mayoría de los casos, buscan insultar, agredir o violentar alguna situación o a las personas. Sin embargo, en otros casos, es un lenguaje coloquial o de amistad y compañerismo, como es el caso de las costas de México en donde es muy natural saludar a alguien con la frase “HIJO E’ PUTA” o el “CABRON” con el que se saludan o se aluden en la conversación los amigos. Se podría pensar que el lenguaje de las palabras altisonantes es el de las personas enojadas, vulgares, de escasos recursos económicos o educativo-culturales. Pero el uso de estos microdiscursos responde también a una serie de cuestiones ideológicas.
Diremos pues que las “GROSERÍAS” son textos que se pueden llamar también microdiscursos y que pertenecen al género corto de las palabras altisonantes en el español de México, ya que cada variante dialectal utiliza sus propias palabras y las resemantiza, es decir, les da un significado secundario al literal según sus referentes culturales. Proponemos:
Que estos textos discursivos se utilizan en la cotidianidad de la lengua y que responden a un estereotipo de hablante,
Que es principalmente masculino,
Que se reproducen canónicamente entre hombres y
Que son parte de cada cultura, como lo es la metáfora, los textos refranísticos, los chistes y otros géneros cortos que se reproducen a diario.
Analicemos los textos para poder entender mejor su uso en el habla vernácula mexicana. (escribiré estos textos en mayúscula de manera que semeje la altisonancia).
¿Cómo operan estos textos o microdiscursos?
oCómo estrategias discursivas que validan una posición ideológica, las más de las veces machista.
oCómo argumentos que ocupan una posición de poder en el discurso.
oCómo dotadas de una eficacia discursiva ya que rebatir una de estas expresiones es una clara oposición al sujeto y es un motivo de lucha abierta.
oCómo enunciador incuestionable, porque se puede estar de acuerdo o no en el uso de la palabra o frase altisonante, pero la grosería no se pone en cuestión.
Durante el trabajo de análisis del discurso que he realizado, me he podido dar cuenta que dichos micro discursos abundan en el lenguaje cotidiano. Me atrevería incluso a proponer que son los más productivos. Sin embargo este discurso tabú nunca es mencionado en la literatura ni en la lingüística, debido a sus características particulares de producción y a sus connotaciones.
La lengua no es un constructo abstracto, todo lo contrario es un elemento cultural que compartimos los seres humanos, pero más allá de la lengua está el lenguaje que abarca todo lo que nos rodea, que denota quiénes somos, qué pensamos y qué ideologías compartimos, muchas veces sin tener siquiera conciencia de ello. Es el caso de las GROSERÍAS.
¿Porqué expongo esto? Simplemente porque estos textos son casi todos de origen masculino, que denotan un fuerte desprecio hacia la mujer, que vuelven de esa “santidad” materna una expresión negativa, en oposición a otras expresiones positivas en las que está principalmente expresada la paternidad.
Son pues estos microdiscursos llamados altisonantes, los que de alguna manera desnudan la identidad de las y los sujetos, más allá de lo que ellos mismo son concientes. (Es importante señalar que este escrito opera principalmente en México, pero no me extrañaría que tuviera vigencia en otros países, por lo menos en América Latina).
Hace algunos años las llamadas MENTADAS DE MADRE eran características sólo de los hombres, las mujeres no “MENTABAN LA MADRE”. Esquematicemos la MENTADA DE MADRE en sus tres presentaciones: 1. se verbalizaba con un CHINGA A TU MADRE, 2. se mienta haciendo un ademán con el brazo derecho cuando se piensa que el receptor no alcanza a escuchar y se levanta el antebrazo con el puño cerrado y éste se balancea de manera horizontal a la cara frente a la cara y 3. se silva o toca un ritmo de mentada que es algo así como TATATATA-TA TA-TA. Sobre esto han aparecido una serie de respuesta como LA TUYA etc.
Sin embargo lo que aquí es más relevante es la ideología machista a la que responde la mentada de madre, y podemos desenmascararlo desde el momento en que no existe la expresión de CHINGA A TU PADRE sino al contrario existen las mentadas en otras modalidades como HIJO DE TU PUTA MADRE o HIJO DE PUTA, y no HIJO DE TU PUTO PADRE o HIJO DE PUTO. Para el español mexicano esos textos en masculino no tienen sentido, pero sí tiene sentido ¡QUÉ PADRE! en sentido 100% positivo y no existe ¡QUÉ MADRE! en un sentido 100% positivo. Pero si existe ME VALE MADRES, ESTO HUELE A MADRES, ES UNA MADRE, PURA MADRE, MADRES QUE, UNA MADRECITA (para poquito) y solo encontramos en lo positivo ¡ESTÁ A TODA MADRE!.
Respecto a los textos como PUTA MADRE ahí está la referencia directa del machismo y su concepción del género femenino, pues hay que recordar que para los machos todas las mujeres son “PUTAS” excepto “LA MADRE”; sin embargo su discurso está siempre plagado de altisonancias donde el referente es la madre. Existe otra expresión que es HIJO DE MIERDA, donde nuevamente los referentes son dos en uno, la madre y la mierda. Podríamos mencionar algunos casos en que la madre es “bendita” o mártir, etc. Pero sólo en el discurso, porque el macho se sirve de la madre como sirvienta y el día de las madres le regala sus utensilios de limpieza para que lo sirva bien todo el año.
Mucho se habla de la pobreza cultural y expresiva de las personas que utilizan este lenguaje; sin embargo, estos textos lo que expresan es la ideología a la que se pertenece o por lo menos el bajo nivel de análisis que le merece la lengua. En las conversaciones cotidianas podemos detectar las relaciones de poder, ya que no cualquiera puede reproducir estos microdiscursos, ni tampoco en cualquier lugar. El uso de una grosería marca el lugar que ocupa el individuo en la interacción. Esto es, que se habla así entre cuates, en relaciones más o menos horizontales, es decir, de igual a igual, y es penado en las relaciones formales o en situaciones de orden jerárquico, adultos mayores, mujeres o niños, entre otras condiciones.
Los niños no pueden decirle a su mamá, por ejemplo (o por lo menos no deberían) CHINGA TU MADRE, o utilizar esta expresión entre hermanos. Por otro lado hay usos extremos como cuando el mismo individuo se “mienta la madre” cuando narra una anécdota platica: “entonces me fui a CHINGAR A MI MADRE”, expresión que se ha hecho cada vez más frecuente y que se ha naturalizado en el discurso, lo que la hace pasar cada vez de manera menos marcada, o sea que se escucha como parte del lenguaje cotidiano y pierde importancia el referente. La madre ya no es aludida o insultada es simplemente la grosería en sí misma.
Lo que me gustaría resaltar en este espacio es cómo cada vez más este discurso machista o sexista se integra al discurso femenino de manera que naturaliza el lenguaje machista vía los textos altisonantes con la historia tan corta que tiene la mujer como sujeto de poder, no ha podido neutralizar el lenguaje sexista o machista y creo de buena fe, que no se da cuenta que lo reproduce. Aún hasta la fecha son más los hombres que se dirigen a la mujer con este lenguaje que mujeres, pero el número se amplía más y más. No con esto quiero decir que no se insulte, pero por lo menos que se utilice un lenguaje directo al sujeto como podría ser PENDEJO, BABOSO, ESTÚPIDO, etc. y sus femeninos, sin aludir a la mujer en su estado materno. El hecho es que cada grosería significa algo en masculino y tiene otra connotación en femenino. Es el ejemplo de CABRÓN que significa algo así como un gran macho que todo lo puede y que es fuerte, etc., pero siempre en un sentido positivo. En cambio una CABRONA es una mujer que abusa del poder, que puede ser en un sentido positivo pero no es garantía, incluso es sinónimo de PUTA cosa que en el hombre no se leería de está manera.
Las luchas entre los géneros, es decir, entre las feministas y los machistas, da lugar a una terrible confrontación que no lleva a ninguna parte. El utilizar el lenguaje altisonante, no nos hace mejor que los hombres, ni siquiera igual a ellos. Creo que es tiempo de que las mujeres, sea cual sea su condición económica, social, cultural, educativa, geográfica, etc., reflexionen sobre todas aquellas actitudes machistas que le moleste y trate de cambiarlas o neutralizarlas, incluyendo el lenguaje, ya que se habla sin pensar en que se reproduce un vocabulario masculino machista en las bocas femeninas. Esta no es una critica contra nadie ni es una censura, ya que la lengua no está bien ni mal, simplemente se utiliza y a veces es bueno reflexionar sobre ella.
En el caso de las siguientes expresiones podremos constatar que cada una de ellas es un metalenguaje. Y aunque en algunos casos es utilizado el mismo microdiscurso para la mujer o en femenino, la palabra, como lo comentamos anteriormente, cambia de connotación.


El listado anterior nos permite constatar que vivimos en una sociedad sexista, que representa a la ideología machista y que sigue minando nuestro lenguaje; solo basta ver las alusiones y referentes que connotan las palabras altisonantes que ponemos en nuestro corpus de análisis, claramente se pueden identificar en las primeras cuatro que son los insultos más agresivos en la cultura mexicana que refieren a la madre, en oposición al padre que tiene a una acepción netamente positiva. En el caso de la madre esta el #5 pero curiosamente en el habla cotidiana también se suple por “A TODAS MARGARITAS” pues la palabra madre es una palabra muy fuerte incluso se suple por la pura “M”.
Quisiera además resaltar un evento generacional que en México se está viviendo. Las nuevas generaciones son en algunos ámbitos a-genéricas, es decir tratan de anular las marcas de género. Esto se puede detectar en el estilo de la ropa que llevan, que es unisex, el tipo de corte que es de igual manera para ambos sexos, los nombres que utilizan, los grupos de amigos etc. En cuanto a las palabras altisonantes que se expresan, se aluden con “GÜEY” para ambos sexos, de mujer a mujer, de hombre a hombre, de mujer a hombre y de hombre a mujer. Tal vez sea sólo una moda, pero puede también ser una manera de anular esas diferencias de sexo género que se han venido discutiendo desde principios del siglo pasado y que sin más ni más por fin logran recuperar frutos.
Finalmente quiero invitar a reflexionar sobre los microdiscursos altisonantes y el género. Mis comentarios y mi opinión no importan, pero si importan los tuyos. Analiza tu vocabulario y detecta tu ideología.