Directorio

Directorio
Mostrando entradas con la etiqueta clase política. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta clase política. Mostrar todas las entradas

lunes, 4 de mayo de 2015

Sin respuesta a la desconfianza

La respuesta a la crisis de credibilidad y de desconfianza hacia la clase política ha sido lenta y muy limitada. Algunas propuestas de acción del Ejecutivo, reformas en el Legislativo y otras en la congeladora del Congreso, que pasan desapercibidas por la ausencia de la oposición.

Por José Buendía Hegewisch


Además, el espacio natural de la crítica y la rendición de cuentas de las campañas está recortado por la sobrerregulación (autopreservación) de la comunicación política, la falta de diálogo con la ciudadanía y el miedo a participar por la violencia en estados como Jalisco o Guerrero, con el asesinato del candidato del PRI a una alcaldía.

Pero la disfuncionalidad que muestra la política para resolver los problemas es insuficiente cuando quiere convencer a la clase gobernante de hacer verdadera autocrítica y de que, si el pacto de representación se rompe, el campo para la convivencia pacífica se pierde. Sus respuestas a la deshonestidad son tibias y voluntaristas, como las acciones que la Secretaría de la Función Pública presentó esta semana contra el conflicto de interés por el escándalo de corrupción en torno a la casa presidencial; la ley anticorrupción mantiene reservas, como el fuero para obligar a todos a rendir cuentas, y partidos, así como candidatos, desprecian fórmulas que les ofrecen algunas ONG para reconstruir la confianza, como el programa “3 de 3” para transparentarse. El diálogo está fracturado.

La corrupción, la impunidad y la falta de alternativas de cambio diferenciadas a través del voto acaban por llevar a la democracia a una situación en extremo delicada. A pesar de los riesgos, partidos y candidatos prefieren pertrechar sus intereses en la opacidad, inundar de mensajes frívolos las campañas y rehuir el debate, aunque se lancen dardos envenenados en una especie de caza en terreno preservado de su Gotcha electoral.

En ese contexto, ¿puede interpretarse la elección como referéndum? ¿El mensaje de las urnas, a partir de qué umbral podría leerse como demanda de renuncias o el reclamo de cambios profundos? ¿Las urnas pueden restaurar la comunicación?
Sería un error que el gobierno crea que lograr la mayoría en el Congreso para aprobar presupuestos cada vez más exiguos sea un espaldarazo a Peña Nieto. En la segunda parte de su mandato eso será insuficiente para la gobernanza sin cambios de fondo en las instituciones y en su gabinete. También se equivocaría la oposición si, como cree el PAN, es suficiente avanzar sobre las gubernaturas para atrincherarse rumbo al 2018. Peor si desestiman la crisis de representación y se mantienen en un modelo autárquico de poder compartido.

Ninguna advertencia sobre el abismo entre clase política y ciudadanía llama la atención, ya forman parte de tópicos de analistas. Su repetición, sin visos de que el mensaje sea escuchado por las élites, trasmina en la creciente preocupación de salir adelante sin que nos pasen cosas terribles; o, mejor dicho, que dejen de ocurrir, como la pérdida de control sobre la violencia en Jalisco y Michoacán; o la vida de la mayoría en la injusticia cotidiana, civil, mercantil, laboral y administrativa, como reconoció el Presidente al recibir un informe del CIDE, que pidió en respuesta a la crisis de derechos humanos por Tlatlaya y Ayotzinapa.

Esas declaraciones, generales y ambiguas, pletóricas en propuestas de 217 acciones y 20 medidas, se quedan en palabras o declaraciones de buena voluntad. Al igual, por ejemplo, que las expresiones de fe en la transparencia y en la rendición de cuentas, que se usan para envolver candidaturas sin compromiso real con ellas; se esfuma cuando alrededor de 10 de 122 candidatos a delegados en el DF han presentado la documentación del “3 de 3” que las ONG les exigen como mínima muestra de transparencia; respecto a las elecciones para las nueve gubernaturas en liza, sólo nueve de 66 candidatos las han exhibido.
A pesar de que algunas de esas organizaciones les ponen “balones” para reconstruir la confianza, la impunidad que cobija a los partidos les hace desdeñar esta clase de ejercicios. Más hiriente resulta la justificación de la opacidad por la inseguridad, cuando la incapacidad para resolverla es la primera razón que ameritaría su renuncia.

¿Guerra sucia? Los partidos se blindaron en su contra, pero recurren a ella cuando la necesitan. Lo interesante es la evolución del consenso y el debilitamiento de esa salvaguarda en la opinión pública. Cada vez se miran como parte de la Gotcha entre partidos y no como factor que agrave la desconfianza e inhiba la participación. Al contrario, las críticas jalan más que las propuestas, posiblemente como forma de catarsis.

Las críticas también se multiplican, y las peticiones de renuncia, en manifestaciones públicas, de figuras y comunicadores. Pero las respuestas son vacuas y extremadamente cuidadosas, como si la clase política siguiera creyendo que estos son “tiempos normales”.

lunes, 6 de abril de 2015

Democracia recortada

La altísima dificultad para los consensos entre los partidos explica en parte la sacralización del conjunto de las instituciones electorales. Se quiere cuidar lo ganado. Pero sería un error seguir por el camino de hacer creer que la política se identifica con sus intereses.

Por José Buendía Hegewisch


Construir una democracia confiable ha sido el mayor consenso de la política mexicana en un cuarto de siglo. El acuerdo de respetar el voto abrió cause a la alternancia en 2000. Junto con la apertura económica, el llamado a las urnas para procesar diferencias políticas ha sido la apuesta modernizadora. Sin duda ha dejado buenos resultados como las instituciones electorales y, principalmente, la conciencia del poder ciudadano de elegir a sus gobernantes. Aunque hoy es cada vez más fuerte la idea de que se ejerce en un marco que restringe las opciones. En una democracia recortada.

Esa contradicción levanta un debate entre quienes temen que la democracia se vuelva cascarón vacío, y otros que mistifican aquel consenso de la transición a pesar de las deformaciones del sistema. Unos ven como irresponsable traducir la indignación social en boicot o castigo a la participación en los comicios, mientras otros llaman a romper o anular el voto para protestar contra el sistema de abuso de poder de los partidos que se edificó a partir de aquel consenso. Y aun más, unos ven temerario explotar el desencanto y la abstención por el peligro de fortalecer los radicalismos y la violencia; otros defienden que es más necesaria que nunca por la falta de mecanismos de presión para forzar reformas de fondo a la clase política.

En ese contexto arrancan las campañas electorales y, en efecto, hay desinterés y expresiones de cansancio, cuándo no, con abierto rechazo por parte de los padres de los normalistas de Ayotzinapa, ONG, académicos, la CETEG y la CNTE en Guerrero, Oaxaca y Michoacán. En general, se percibe hartazgo por la repetición de campañas huecas y la actividad millonaria de candidatos con los que no se identifican. La fatiga ha llegado pronto, apenas se cuentan cuatro comicios federales desde que cuajó la competencia en el 2000.

El desencanto se puede atribuir a la sobreventa de expectativas o los bajos resultados de la democracia, por ejemplo, para mejorar el crecimiento o revertir la iniquidad social. Y, en los últimos años, por la incapacidad de la política para controlar la violencia, que es la característica que define a cualquier tipo de sociedad política. En la nuestra crece desde hace tiempo un abismo entre partidos y votantes, que cada vez perciben menos diferencias entre uno y otro para responder a los problemas. El llamado al voto nulo en 2009 trató de ser una protesta que expresó la falta de opciones para cambiar las cosas. No fue el grito de “váyanse todos”, sino el reclamo de “todos son iguales”: franquicias de poder para hacer negocio.

Esa deformación de nuestra democracia es una prueba de que la política es una actividad mucho más amplia que un conjunto de instituciones, como las electorales, y que por tanto no puede reducirse a cuidar el statu quo por mejor servicio que haya prestado en un momento dado. Es cierto, las últimas reformas políticas reconocieron nuevos mecanismos de participación ciudadana, nuevos y efímeros partidos y las candidaturas independientes, pero insuficientes para cambiar la imagen del funcionamiento del poder como un coto cerrado para preservar privilegios y prerrogativas a los partidos.

La pérdida de vitalidad de la democracia viene de tergiversar el consenso sobre la forma de resolver las diferencias políticas con el marco de restricciones en que se ejerce el voto. Por ejemplo, las cuotas partidistas en los órganos electorales, los presupuestos millonarios a partidos y hasta el fuero sirvieron para abrir la competencia cuando el PRI tenía la hegemonía del sistema político. Pero ahora, en un contexto de pluripartidismo, las reglas de juego son un obstáculo para la renovación de la clase política o el surgimiento, en otros países, de opciones fuera de ella, como Podemos, en España. Incluso, el acotamiento no ha impedido fenómenos especialmente perniciosos como la entrada de candidatos vinculados al crimen y el dinero del narcotráfico en las campañas a través de los registros opacos de donantes.

La altísima dificultad para los consensos entre los partidos explica en parte la sacralización del conjunto de las instituciones electorales. Se quiere cuidar lo ganado. Pero sería un error seguir por el camino de hacer creer que la política se identifica con sus intereses, dado que si se recortan las opciones de elección se debilita la auténtica política. El cansancio de la democracia es una prueba de las restricciones y de su uso por los partidos para conservar zonas de confort o coartadas para reformar lo que no funciona del modelo y arreglar las deformaciones del sistema.

martes, 10 de marzo de 2015

Las chingaderas que hacen los políticos las va a recordar la Historia: cineasta Guillermo del Toro

Criticó la corrupción del país y afirmó que los mexicanos “vivimos un duelo”.

En el marco del Festival Internacional de Cine de Guadalajara, el afamado director y escritor dio una conferencia de prensa. Allí dijo que las estructuras que supuestamente nos sostienen “nos demuelen”.
“Eso me preocupa infinitamente y más que los medios; cuando la gente habla, a veces guarda silencio”.

Del Toro dijo que le gustaría sentarse con la clase política “y prenderles el fuego para que hubiera voluntad histórica, no nomás voluntad de robar. A muchos de nosotros nos van a olvidar; pero a ellos, las chingaderas que hacen, las va a recordar la Historia”.

El director de “El Laberinto del Fauno” dijo tiene un proyecto en mente desde hace 15 años de nombre Plata, y que espera filmarla en México.

Sin embargo, la inseguridad en el país es lo que lo detiene, afirmó.

“Lo que me previene de venir es la seguridad. Mientras mis hijas no son adultas, porque en un rodaje se publican todos tus movimientos en un pedazo de papel, y es arriesgado para mí pensar en eso después del secuestro de mi jefe, pero lo voy a hacer, si no me agarra un ataque al corazón en los tacos”.

Estas declaraciones se suman a las que ayer dio el también director, Alejandro González Iñárritu, a una revista italiana donde aseveró que en México, “el Estado es la corrupción”.

“[En México] antes se secuestraba a los ricos, ahora también al tipo que vende verduras o bebidas en la calle. Los gobiernos ya no son parte de la corrupción, el Estado es la corrupción”, declaró al diario.

Y esta no es la primera vez que González Iñárritu comenta sobre la situación del país, en la pasada entrega del Oscar, el mexicano ofreció un discurso donde comentó: “Ruego porque podamos encontrar y construir el gobierno que merecemos”.

Cuando el diario italiano cuestionó a Iñárritu sobre si sentía miedo de visitar México, expresó:

“Es un miedo como el que nos convierte en lobos. Tenemos miedo porque los vemos. Usted puede ir a una oficina para presentar una queja y el lobo puede estar allí, pero no lo veo. Vivimos en una estepa”.

“Puedo volar a donde quiera, pero no puedo cortar mis raíces aún cuando hoy parece que la corrupción ha alcanzado los niveles más elementales de la vida”, añadió.

En los últimos meses, la tragedia de Ayotzinapa; una matanza de civiles en Tlatlaya, Estado de México; el pobre desempeño de la economía y los escándalos con las propiedades tanto del Presidente Enrique Peña Nieto como de su Secretario de Hacienda, Luis Videgaray, han causado una ola de reclamos constantes en México y en el extranjero.

Y no sólo de mexicanos influyentes como González Iñárritu. Recientemente, por ejemplo, un comité de las Naciones Unidad (ONU) reclamó al gobierno por hacer poco a favor de las víctimas de desapariciones, mientras que organizaciones como Human Right Watch o Amnistía Internacional consideran que el país vive una crisis de derechos humanos.

lunes, 9 de marzo de 2015

Ética, la crisis de México

El origen profundo y real de la crisis en México es ético y moral. Ese el centro de la complicada situación social y política que vive el país tras los escándalos recientes de seguridad y corrupción que encarnan los casos de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, el de la casa blanca de la primera dama y la confrontación entre distintos grupos de interés que tiene como su arena a los medios de información y las redes sociales.

La alternancia democrática conseguida en el año 2000 no trajo una renovación de la vida pública; los usos y costumbres de la Presidencia autoritaria y su visión patrimonialista se trasladaron a los gobiernos del PAN y el PRD en todos sus niveles, cancelando el anhelo y necesidad de cambio que los mexicanos expresaron entonces con su voto para dar término a más 70 años de gobiernos del PRI.

Hoy, la clase política sin importar su origen, sea priista, panista, perredista o de cualquier otro partido, sigue desdeñando a los ciudadanos y administra el gobierno como si sus recursos fueran propios y no de la nación, pero además norman su actuar bajo la premisa de la impunidad, por lo que disponen de los bienes públicos de manera discrecional, igual que los delincuentes comunes que roban, violan y matan sabedores que es muy improbable que sean castigados.

Pero por desgracia, actores y grupos sociales que legítimamente demandan cambios y cuestionan las desviaciones y excesos de los hombres del poder también forman parte de esta crisis de valores, ya que no someten su discurso y su actuar a estándares éticos que los diferencien claramente de los políticos y funcionarios objeto de sus críticas y en no pocas ocasiones actúan bajo la premisa de que la bondad de su causa justifica el uso de cualquier medio.

Y esta circunstancia también alcanza a medios y periodistas que pierden de vista el objetivo de informar y de plano desdeñan los hechos en pos de una causa generando un daño social que se suma a los que dicen combatir.

Al final, la recurrente ruptura del orden institucional promovida desde el propio gobierno y la falta de proyecto y compromiso real de parte de los actores que se dicen promotores del cambio llevan a México a una espiral de polarización que parece no tener fin y por desgracia no se ve en el horizonte el nacimiento de liderazgos políticos o sociales que tengan en su agenda reencauzar al país para rescatarlo de ese terrorífico río revuelto en el que nadan a placer gobernantes y opositores.

jueves, 12 de febrero de 2015

Deslindes



Investigar a Peña Nieto, Otra Farsa


Resulta cómico y burlesco, ingenuo y también ofensivo a la inteligencia de los mexicanos, el nuevo sainete de la clase política interpretado la semana anterior por el señor Peña Nieto y sus consejeros con el hilarante guión y orden de que un subordinado suyo, de reciente ingreso a su corte, investigue al huésped de Los Pinos, a su esposa y a su secretario de Hacienda sobre el estelar escándalo de conflictos de interés y sospechas de corrupción en la compra de mansiones y residencias campestres a proveedores consentidos de su gobierno y, para sorpresa general, le dicta de una vez la sentencia: dígale al mundo que somos inocentes.

Como broma o encargo para un día de los inocentes pasaría esta insólita decisión entre anecdotarios festivos de países democráticos y enemigos de la corrupción y la impunidad, pero manejarlo con bombo y platillo como una política efectiva para combatir los latrocinios entre la alta burocracia nacional suena a paradoja si uno considera cómo la podredumbre sepulta cada día más a las instituciones de México junto con sus cabecillas.

Con el encargo a Virgilio Andrade minutos después de haberlo nombrado titular de la resucitada e infecunda Secretaría de la Función Pública, para que les indague a los tres personajes la forma como se beneficiaron con los inmuebles a precios de ganga y plazos e intereses de cuates, por debajo de las normas del mercado, gracias a sus relaciones y complicidades con las empresas vendedoras Higa y Constructora San Román, se crea otro conflicto de interés y, para elucidarlo, habría que designar a un tercero que investigara a su vez el proceder del flamante nuevo secretario anticorrupción.

Escoger a Virgilio Andrade fue un acierto de Peña Nieto y sus consejeros para sus fines de pretender de nuevo jugarle a la sociedad el dedo en la boca, a reserva de que el acto parece, según la opinión pública nacional, una comedia fallida de Chespirito que delata la nula voluntad política del gobierno para atacar la corrupción, la impunidad, el tráfico de influencias y demás estafas de la clase política. Había para elegir entre otras grandes figuras del viejo y nuevo PRI, para una encomienda tan delicada, a personalidades de las tallas de Carlos Romero Deschamps, Arturo Montiel y Raúl Salinas de Gortari, o quizá el trío componga la terna para un definitivo fiscal anticorrupción por el cual, por cierto, velan armas tanto el PAN como el PRD, en cuyos senos abundan los candidatos a sentarse en el banquillo de los acusados y hospedarse en Almoloya de Juárez, a partir de sus lideratos.

Las cartas credenciales de Andrade revelan su estrecha amistad de muchos años con el secretario de Hacienda y ministro del año, Luis Videgaray, quien fue su jefe en la burocracia; su paso por el fraudulento Instituto Federal Electoral como representante suplente del PRI y después consejero de 2003 a 2010, incluso en 2006 cuando otorgó su votó por el despojo del triunfo de Andrés Manuel López Obrador y la imposición de Felipillo Calderón en la Presidencia de la República entre el cochinero de los notables del IFE. Faltaría mencionar el detalle de que su padre Virgilio Andrade y su tío han sido de antaño los abogados de Carlos Romero Deschamps, ícono de la corrupción activa a la muerte de su padrino Joaquín Hernández Galicia La Quina y el encarcelamiento de Elba Esther Gordillo, ambos otrora figuras de primer nivel del priato.

A su modo el señor Peña Nieto y sus fallidos consejeros, que más bien parecieran sus enemigos cuando le soplan al oído sus estrategias aldeanas para engañar tontos, responden con la torpeza y la superficialidad y el discurso con rollo demagógico y la intención de engañar a los mexicanos y dejarle al tiempo que diluya de las escandalosas marquesinas mundiales su infaltable nombre, si hablamos de la impunidad, la corrupción, la violación de los derechos humanos, las desapariciones forzadas, los crímenes de lesa humanidad, etcétera.

Porque si hubiera una voluntad política auténtica para luchar contra la corrupción y la impunidad en las decadentes instituciones, el señor Peña Nieto hubiera exigido que se creara una comisión independiente, con mexicanos de sobrada probidad y prestigio, para que averiguara entre los ocultos y aún inaccesibles contratos y declaraciones fiscales las formas como él, su esposa y el ministro del año consiguieron sumar a sus patrimonios las mansiones de Las Lomas, Malinalco e Ixtapan de la Sal, que se aquilatan en millones de dólares. Si como dice el propio orgullo de Atlacomulco nada debe ni teme: ningún pantano ha manchado su estampa, debe entonces permitir a un grupo imparcial y honesto que esculquen entre esos tufos de conflictos de interés y sospechas de deshonestidad y resuelva sobre la verdad al margen de los dichos personales de simple bla bla bla que abogan por sus inocencias.

Acá y en el extranjero la noticia de que el señor Peña Nieto pidió que le investigaran se recibió cual anuncio de otro circo más y, sin duda, a todos los críticos de oficio y mexicanos pensadores con tres dedos de frente – como decían antes -- les supo a un simple acto de desesperación de la clase gobernante la falsa y risible encomienda a Virgilio Andrade, para buscar congratularse con medios de influencia mundial, como el inglés The Economist y el estadounidense The Wall Street Journal, rotativos que después de encumbrarlo como el salvador de México y otros títulos propios de la ridiculez periodística, han derrumbado la figura del señor Peña Nieto de su frágil pedestal hasta echarlo fuera del círculo de sus preferidos por – afirma el británico -- hundir a México en “un pantano”, así como enlodarse con las sospechas de corrupción en las alturas.

Da la impresión de que las decisiones para hacer frente a las adversidades prohijadas por sus cadenas de errores, deslices, impericias y barbaridades, sin faltar la corrupción y la impunidad, se toman al calor del nerviosismo y la desesperación por atajar las avalanchas de críticas a nivel mundial, la pérdida de confianza y credibilidad y el aumento acelerado de la desaprobación de los mexicanos a la forma en que Peña Nieto y su equipo de inexpertos y autoritarios burócratas manejan al país, agazapados muchas veces en el despotismo y hasta en la amenaza velada de usar la represión para contener las protestas, el gigantesco descontento nacional contra su mal gobierno.

Han de saber los señores en el poder que para acotar la inconformidad y recuperar algo de respeto entre los mexicanos, necesitan actuar la ley en la mano y con soluciones a los graves problemas políticos, económicos y sociales por donde vienen empujando al país rumbo al indeseable desfiladero, más que discursear con falsedades y la esperanza de que la palabrería vana y complaciente los salvará del juicio popular y los sacará de la barranca adonde cayeron y, de remate, postraron a la nación.

Peña Nieto y su grupo, ni duda cabe, viven presos de ansiedad por escapar de la angustia de hallarse en un pantano de escándalos de corrupción, descrédito y de crisis de legitimidad y están sometidos al escrutinio internacional por los crímenes de estado y el lodazal de corruptelas en todas las esferas de la administración pública, desde burocracias medias hasta el propio debilitado mandatario.

Hijo de sus propias obras, al señor Peña Nieto le urge cerrar el paso al vendaval que fluyó y viene con toda su fuerza arrolladora desde el crimen de estado de Ayotzinapa acosando a su tambaleante gobierno porque, lejos de tomar al toro por los cuernos e infundir confianza entre la gente con respuestas y soluciones acordes a la realidad, su equipo dedica el tiempo a esconder la verdad, a mentir y a desacreditar a los demás como si vivieran los tiempos de la dictadura perfecta, cuando sus actitudes y reacciones a sus conflictos competían con las de las tiranías.

Aun con las farsas de moda, los señores empoderados cuanto más se mueven más se hunden en el interminable pantano de suciedad y falacias, aunque – diría The Economist – “no entienden que no entienden…”

armandosepulvedai@yahoo.com.mx

lunes, 15 de diciembre de 2014

Deslindes

Naufraga el Régimen sin Rumbo ni Estrategia

Por ARMANDO SEPULVEDA IBARRA


Frente a la rebelión pacífica de la sociedad contra el sistema político y sus devaluados protagonistas, a partir de la barbarie de Ayotzinapa, los señores de la clase política gobernante naufragan sin rumbo ni brújula entre la furia de la tormenta y, de manera despótica e irresponsable, acercan al país a cada instante al desfiladero, aferrados a su ignorancia supina con que aspiran a conjurar la ingobernabilidad sin reformarse, como si nada hubiera pasado.

Aún es tiempo de que el tenaz acoso y reclamo de la sociedad a los hombres en el poder con su protesta general por el crimen de Estado de Iguala, afloje la insensibilidad y cinismo de los gobernantes y conduzca a sus extraviadas mentes a revisar hacia adónde guían a la nación con sus desaciertos, incapacidad, omisiones, mentiras, corruptelas e impunidad, para esclarecer con certidumbre la desaparición forzada de los 43 estudiantes normalistas.

Justo en el fondo de las manifestaciones de ira y coraje contra el régimen en estado de descomposición, se hallan muchos agravios más en perjuicio de una sociedad que había soportado con paciencia y resignación la rapaz escuela de los politiquillos de todos los partidos, hábiles para adueñarse de los recursos públicos simulando sin vergüenza o moral alguna la representación de la sociedad. Incluyan aquí, amables lectores, a los desacreditados tres poderes y sus altas burocracias, siempre ávidas de ganancia personal y de vivir del cuento de la democracia sin demócratas ni procesos limpios, cuando todos saben que, para comenzar a juzgarlos, al interior de sus partidos gobiernan auténticas mafias hambrientas de poder y dinero fácil e interesadas en beneficiar con sus acciones de gobierno a los monopolios tipo Televisa, o crearse con sus cuates empresarios de medio pelo empresas al vapor, o usar las suyas, con la mira puesta en asociarse o entregarles obras en licitaciones de dudosa transparencia o de plano corrompidas por el tráfico de influencias, o recibir dádivas por debajo de la mesa, quizá una mansión en Las Lomas de Chapultepec y donaciones de terrenos y residencias, aunque esta vez no venga a propósito de las sospechas de la meteórica fortuna del señor Peña Nieto y su fallida coartada para despejar las suspicacias y la hilaridad de la gente.

Las olas de inconformidad recorren el país, van y regresan más fuertes y, como lo testimonia la prensa imparcial, los escándalos sobre las propiedades de la pareja presidencial se han vuelto la comidilla de todos los días en cualquier lugar de México y, sin embargo, ni el señor Peña Nieto ni su equipo de brillantes colaboradores saben o quieren enterarse que el grito cotidiano, más allá de las sospechas de corrupción, es por que dejen el poder en cerebros más aptos para gobernar y en manos probadas por la honestidad. Debe de haber personas que opinen que dichos señores del nuevo PRI, si fueran sensibles al clamor general y, a la vez, sintieran que así pudieran conservarse en la cima de la burocracia, iniciarían ya un cambio profundo de las corruptas instituciones con la participación de los ciudadanos y, como lo exige la ágora, las pondrían al servicio de la población, en vez de que sirvan como hoy para enriquecer a castas de políticos corruptos y a una minoría de mega millonarios que engruesan sus fortunas a la sombra de aquellos pícaros zalameros.

Atrincherados en la soberbia y el autoritarismo que rememoran al tenebroso diazordacismo y otros pasajes oscuros de la dictadura perfecta, los hombres en el poder todavía no asimilan la magnitud del descontento nacional con resonancia mundial y apuestan a que, al rato, con minucias y paliativos como crear una policía estatal para contener al crimen organizado e invertir unos pesos en zonas paupérrimas, o atentados al pacto federal como anular el municipio libre para someterlo a la Federación y desaparecer ayuntamientos infiltrados, o abrir otra línea telefónica de denuncia y otras insignificancias, al rato van a calmar y convencer a la irritada inconformidad, desactivar el enojo y la pena por el crimen de Estado y a recuperar la confianza, la credibilidad y la huidiza gobernabilidad.
Hubo esta semana, como en las demás, un nuevo traspiés del anónimo hacedor de los discursos del señor Peña Nieto, quien en su lectura en el torpe pero imprescindible telepromter tanteó los ánimos con la insensata y aventurada solicitud a los padres de los 43 desaparecidos por el Estado de que “superen el dolor”, como si sus hijos fueran cosas o hubiera algún remedio instantáneo que curara heridas y agravios como el salvajismo de despojarlos de sus seres queridos con la complicidad del crimen organizado con que cogobiernan muchas autoridades del país y, a la fecha, nada saber de su paradero a excepción de la noticia de que forenses de Innsbruck, Austria, encontraron identidad del ADN de un hueso calcinado en un basurero de Cocula – según la versión de la PGR -- con el del padre de Alexander Mora Venancio, uno de los 43 normalistas desaparecidos por el gobierno.

A toda costa quiere el tambaleante régimen echar mano del socorrido carpetazo al crimen de lesa humanidad, para borrarlo de la memoria nacional y de la creciente protesta y reclamo callejero de “¡Fuera Peña!” y el más reciente “¡Peña asesino!” y desmarcarse de una sociedad que ha decidido sentarlo en el banquillo y exigirle la verdad, justicia, castigo a los verdaderos culpables y, sobre todo, reformar la caducas, corruptas y envejecidas instituciones y estructuras del poder y cambiar la política económica neoliberal por una que rescate a la mayoría de la población de la pobreza, el hambre, el desempleo, la injusticia, la ignorancia, la desigualdad y demás calamidades que han generado políticos ineptos y corruptos al menos en los últimos cuarenta años. Un nuevo destino privilegiaría el desarrollo económico con el impulso de la pequeña y mediana empresa que, como sabemos, crean la mayoría de los empleos y generan riqueza que se distribuye con más equidad que las de las inmensas fortunas monopólicas, muchas de las cuales crecieron al amparo de las privatizaciones de bienes de la nación o con el favoritismo y sociedad de los gobernantes.

El interés del gobierno sueña con dejar las cosas como estaban antes del 26 de septiembre pasado, aciago día de la barbarie de Iguala, para volver a regodearse con su exceso de fantasía y frivolidad, retratarse de nuevo en las portadas de los medios al servicio del neoliberalismo con la etiqueta de “salvadores de México” y esperar a que los grandes capitales transnacionales vengan a colocar al país de un solo golpe mágico en el primer mundo del crecimiento y el empleo, al estilo de las hazañas de varitas de mago de cuentos infantiles. Han de saber, empero, que inseguridad e inestabilidad alejan proyectos.

Fuera de aquellas estrategias de poca trascendencia, el gobierno intenta el desgaste de la protesta nacional con ataques mediáticos a las consciencias de la sociedad, al valerse del perverso bombardeo de hipótesis inconsistentes, pistas falsas, poses demagógicas como la de decirse conmocionados con el crimen de lesa humanidad si antes habían despreciado a las víctimas y sus familiares con la irracional e inhumana comodidad de distanciarse de las desapariciones forzadas con un inconcebible “es un asunto local de Iguala”.

Si los señores en el poder ignoran cómo salir de su atolladero y la ingobernabilidad, salvar su abollado pellejo y encauzar al país lejos de la explosiva encrucijada adonde lo han abismado, para conducirlo hacia un puerto seguro, la sabiduría de la sociedad hallará entre los consejos de la experiencia y las lecciones de la historia el camino firme y esperanzador para salvar a la nación y enfilarla a un porvenir con certeza.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Deslindes


Por ARMANDO SEPULVEDA IBARRA

Frente a la rebelión pacífica de la sociedad contra el sistema político y sus devaluados protagonistas, a partir de la barbarie de Ayotzinapa, los señores de la clase política gobernante naufragan sin rumbo ni brújula entre la furia de la tormenta y, de manera despótica e irresponsable, acercan al país a cada instante al desfiladero, aferrados a su ignorancia supina con que aspiran a conjurar la ingobernabilidad sin reformarse, como si nada hubiera pasado.

Aún es tiempo de que el tenaz acoso y reclamo de la sociedad a los hombres en el poder con su protesta general por el crimen de Estado de Iguala, afloje la insensibilidad y cinismo de los gobernantes y conduzca a sus extraviadas mentes a revisar hacia dónde guían a la nación con sus desaciertos, incapacidad, omisiones, mentiras, corruptelas e impunidad, para esclarecer con certidumbre la desaparición forzada de los 43 estudiantes normalistas.

Justo en el fondo de las manifestaciones de ira y coraje contra el régimen en estado de descomposición, se hallan muchos agravios más en perjuicio de una sociedad que había soportado con paciencia y resignación la rapaz escuela de los politiquillos de todos los partidos, hábiles para adueñarse de los recursos públicos simulando sin vergüenza o moral alguna la representación de la sociedad. Incluyan aquí, amables lectores, a los desacreditados tres poderes y sus altas burocracias, siempre ávidas de ganancia personal y de vivir del cuento de la democracia sin demócratas ni procesos limpios, cuando todos saben que, para comenzar a juzgarlos, al interior de sus partidos gobiernan auténticas mafias hambrientas de poder y dinero fácil e interesadas en beneficiar con sus acciones de gobierno a los monopolios tipo Televisa, o crearse con sus cuates empresarios de medio pelo empresas al vapor, o usar las suyas, con la mira puesta en asociarse o entregarles obras en licitaciones de dudosa transparencia o de plano corrompidas por el tráfico de influencias, o recibir dádivas por debajo de la mesa, quizá una mansión en Las Lomas de Chapultepec y donaciones de terrenos y residencias, aunque esta vez no venga a propósito de las sospechas de la meteórica fortuna del señor Peña Nieto y su fallida coartada para despejar las suspicacias y la hilaridad de la gente.

Las olas de inconformidad recorren el país, van y regresan más fuertes y, como lo testimonia la prensa imparcial, los escándalos sobre las propiedades de la pareja presidencial se han vuelto la comidilla de todos los días en cualquier lugar de México y, sin embargo, ni el señor Peña Nieto ni su equipo de brillantes colaboradores saben o quieren enterarse que el grito cotidiano, más allá de las sospechas de corrupción, es por que dejen el poder en cerebros más aptos para gobernar y en manos probadas por la honestidad. Debe de haber personas que opinen que dichos señores del nuevo PRI, si fueran sensibles al clamor general y, a la vez, sintieran que así pudieran conservarse en la cima de la burocracia, iniciarían ya un cambio profundo de las corruptas instituciones con la participación de los ciudadanos y, como lo exige la ágora, las pondrían al servicio de la población, en vez de que sirvan como hoy para enriquecer a castas de políticos corruptos y a una minoría de mega millonarios que engruesan sus fortunas a la sombra de aquellos pícaros zalameros.

Atrincherados en la soberbia y el autoritarismo que rememoran al tenebroso diazordacismo y otros pasajes oscuros de la dictadura perfecta, los hombres en el poder todavía no asimilan la magnitud del descontento nacional con resonancia mundial y apuestan a que, al rato, con minucias y paliativos como crear una policía estatal para contener al crimen organizado e invertir unos pesos en zonas paupérrimas, o atentados al pacto federal como anular el municipio libre para someterlo a la Federación y desaparecer ayuntamientos infiltrados, o abrir otra línea telefónica de denuncia y otras insignificancias, al rato van a calmar y convencer a la irritada inconformidad, desactivar el enojo y la pena por el crimen de Estado y a recuperar la confianza, la credibilidad y la huidiza gobernabilidad.

Hubo esta semana, como en las demás, un nuevo traspiés del anónimo hacedor de los discursos del señor Peña Nieto, quien en su lectura en el torpe pero imprescindible telepromter tanteó los ánimos con la insensata y aventurada solicitud a los padres de los 43 desaparecidos por el Estado de que “superen el dolor”, como si sus hijos fueran cosas o hubiera algún remedio instantáneo que curara heridas y agravios como el salvajismo de despojarlos de sus seres queridos con la complicidad del crimen organizado con que cogobiernan muchas autoridades del país y, a la fecha, nada saber de su paradero a excepción de la noticia de que forenses de Innsbruck, Austria, encontraron identidad del ADN de un hueso calcinado en un basurero de Cocula – según la versión de la PGR -- con el del padre de Alexander Mora Venancio, uno de los 43 normalistas desaparecidos por el gobierno.

A toda costa quiere el tambaleante régimen echar mano del socorrido carpetazo al crimen de lesa humanidad, para borrarlo de la memoria nacional y de la creciente protesta y reclamo callejero de
“¡Fuera Peña!” y el más reciente “¡Peña asesino!” y desmarcarse de una sociedad que ha decidido sentarlo en el banquillo y exigirle la verdad, justicia, castigo a los verdaderos culpables y, sobre todo, reformar la caducas, corruptas y envejecidas instituciones y estructuras del poder y cambiar la política económica neoliberal por una que rescate a la mayoría de la población de la pobreza, el hambre, el desempleo, la injusticia, la ignorancia, la desigualdad y demás calamidades que han generado políticos ineptos y corruptos al menos en los últimos cuarenta años. Un nuevo destino privilegiaría el desarrollo económico con el impulso de la pequeña y mediana empresa que, como sabemos, crean la mayoría de los empleos y generan riqueza que se distribuye con más equidad que las de las inmensas fortunas monopólicas, muchas de las cuales crecieron al amparo de las privatizaciones de bienes de la nación o con el favoritismo y sociedad de los gobernantes.

El interés del gobierno sueña con dejar las cosas como estaban antes del 26 de septiembre pasado, aciago día de la barbarie de Iguala, para volver a regodearse con su exceso de fantasía y frivolidad, retratarse de nuevo en las portadas de los medios al servicio del neoliberalismo con la etiqueta de “salvadores de México” y esperar a que los grandes capitales transnacionales vengan a colocar al país de un solo golpe mágico en el primer mundo del crecimiento y el empleo, al estilo de las hazañas de varitas de mago de cuentos infantiles. Han de saber, empero, que inseguridad e inestabilidad alejan proyectos.

Fuera de aquellas estrategias de poca trascendencia, el gobierno intenta el desgaste de la protesta nacional con ataques mediáticos a las consciencias de la sociedad, al valerse del perverso bombardeo de hipótesis inconsistentes, pistas falsas, poses demagógicas como la de decirse conmocionados con el crimen de lesa humanidad si antes habían despreciado a las víctimas y sus familiares con la irracional e inhumana comodidad de distanciarse de las desapariciones forzadas con un inconcebible “es un asunto local de Iguala”.

Si los señores en el poder ignoran cómo salir de su atolladero y la ingobernabilidad, salvar su abollado pellejo y encauzar al país lejos de la explosiva encrucijada adonde lo han abismado, para conducirlo hacia un puerto seguro, la sabiduría de la sociedad hallará entre los consejos de la experiencia y las lecciones de la historia el camino firme y esperanzador para salvar a la nación y enfilarla a un porvenir con certeza.