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martes, 4 de julio de 2017

¿Quién puede quitar el gluten de su dieta?

Aunque cada vez más personas evitan el gluten en sus alimentos, hay un grupo en especial que no lo consume. Conoce aquí quiénes sí deben llevar una alimentación especial y por qué.


Es poco probable que la manía por los alimentos sin gluten desaparezca pronto. Mucha gente dice sentirse mejor tras adoptar una dieta sin gluten, proteína que se encuentra en el trigo, la cebada y el centeno, aunque pocos de quienes evitan el gluten padecen de enfermedad celíaca, trastorno autoinmune que ataca los intestinos y otros tejidos cuando se consume gluten.

Se sabe que aproximadamente 1 de cada 140 personas tiene enfermedad celíaca, que puede permanecer latente por muchos años y revelarse a cualquier edad. La verdadera incidencia podría ser mucho más alta. En un estudio realizado en Denver, Colorado, que siguió a niños nacidos de 1993 a 2004 hasta los años de su adolescencia, 3.1 por ciento resultó tener enfermedad celíaca.

“Hay un número increíble de personas que podrían estar afectadas”, afirma el doctor Joseph A. Murray de la Clínica Mayo, experto internacional en la enfermedad.

Aunque están bien documentadas las consecuencias en la salud de la enfermedad celíaca, hay otras razones por las que evitar el gluten puede mejorar la salud, como la sensibilidad al gluten o a alguna otra cosa del trigo (la principal fuente de gluten en la dieta occidental) y el efecto placebo: un beneficio genuino inspirado por la creencia de que el remedio elegido efectivamente funciona.

La sensibilidad al gluten no causa los daños al intestino y otros órganos provocados por la celiaquía, aunque la gente que la padece tiende a experimentar gran variedad de síntomas. La salud de tres de mis familiares, con sensibilidad no celíaca al gluten se mejoró significativamente cuando eliminaron el gluten. Una de ellas, que había luchado en vano casi diez años por perder peso, redujo 18 kilos fácilmente al eliminar el gluten de su dieta.

A pesar del interés actual en el gluten, probablemente hay por ahí mucha gente con enfermedad celíaca que no sabe que la tiene.
El trastorno puede provocar una serie de síntomas vagos y en ocasiones confusos, cuya verdadera causa podría no determinarse en más de diez años.

Entre los posibles síntomas encontramos dolor abdominal, hinchazón, gases, diarrea o constipación crónica, fatiga crónica, anemia, pérdida inexplicable de peso, calambres musculares, periodos menstruales perdidos, infertilidad, aborto espontáneo recurrente, deficiencia vitamínica, decoloración del esmalte de los dientes, pérdida de masa ósea y fracturas.

Algunas personas suponen que lo que sienten es normal y nunca mencionan sus aflicciones al médico. Y si se las mencionan, el médico puede desdeñar las quejas diciendo que “no hay nada de qué preocuparse” o atribuyéndolas a otra causa.

Sin embargo, el hecho es que la celiaquía puede permanecer latente por muchos años y en ese tiempo pueden ocurrir daños ocultos con efectos en la salud para toda la vida y a veces irreversibles. Como señaló recientemente un reporte de la Brigada de Servicios Preventivos de Estados Unidos, que revisó las evidencias, muchas de esas “consecuencias médicas adversas” son “posiblemente evitables”.

Estos factores apuntan a que un programa de exámenes para detectar la enfermedad oculta podría salvar la salud de millones de personas, especialmente de niños cuyo crecimiento podría verse obstaculizado y que podrían sufrir otros problemas de largo plazo por una enfermedad celiíaca no diagnosticada ni tratada.


Sin embargo, después de una revisión cuidadosa de los reportes publicados, la brigada no apoyó la idea de un programa de detección. No porque considere que el padecimiento no es grave o porque no existan exámenes para detectarlo. Más bien, explicó, todavía no hay suficientes evidencias para responder a “preguntas clave relacionadas con los beneficios y los daños de someter a examen de enfermedad celíaca a individuos asintomáticos”.

Entre las áreas que necesitan mayor investigación, concluyó la brigada, está determinar cuán precisos son los exámenes de detección; si examinar e identificar a personas con enfermedad celíaca puede causar daños; y si tratar la enfermedad detectada en el examen mejora la salud, prolonga la sobrevivencia y eleva la calidad de vida de personas que, en otras condiciones, no se habrían tratado.

Por ejemplo, la brigada observó que ningún estudio consideró las posibles ventajas y desventajas de examinar adultos, adolescentes y niños que no presentan síntomas. El equipo concluyó que se necesitan investigaciones mejor diseñadas para que pudiera justificarse la recomendación de exámenes como algo medicamente sensato.

Mientras tanto, millones de personas se están auto-tratando con dietas sin gluten. Esto tiene sus ventajas y sus desventajas. Si evitar el gluten las hace sentirse mejor, si pueden pagar los alimentos sin gluten, que suelen ser más caros, y si eso no las convierte en parias sociales, la gente razonable no vería razón para no hacerlo.

Una importante desventaja del autotratamiento sin diagnóstico es que para que el examen de celiaquía arroje resultados precisos es necesario que la persona haya consumido gluten con regularidad. Evitar esta proteína puede ocultar un hallazgo positivo en un examen de sangre y en muestras de biopsia de los daños en los intestinos que pueden ser resultado de comer gluten.

“Hay una prueba de sangre muy sencilla para detectar la enfermedad celíaca, pero debe de hacerse antes de cambiar de dieta”, explicó Murray en una entrevista.

Aparte del daño intestinal, no detectar la enfermedad celíaca asintomática a temprana edad puede causar un mal desarrollo de los huesos y entorpecer el crecimiento, agregó Murray. Esto puede causar “un alto riesgo de fracturas, tanto antes como después del diagnóstico de la enfermedad celíaca, lo que puede no ocurrir antes de los 40 o 50 años”, explicó.

Cuando la celiaquía no diagnosticada provoca fatiga persistente o infertilidad “se pierden años de calidad de vida que no se pueden recuperar”, advirtió Murray.

Si los síntomas son sutiles, agregó, “la gente puede estar enferma por tanto tiempo que ya no sabe lo que es estar sana. No reconocen sus síntomas ni se quejan con el médico. Si se examinara a toda la población y se encontrara y tratara a la gente con enfermedad celíaca, entonces podría no haber consecuencias en la salud.”

Sin embargo, para eso se requeriría un apego estricto a una dieta sin gluten. Pero sin diagnóstico médico de enfermedad celíaca y sin conocer sus posibles consecuencias, la gente tiende a ser menos cuidadosa con lo que come.

También hay una posible desventaja médica en el diagnóstico y el tratamiento. “Contrariamente a lo que piensa la gente, una dieta sin gluten no necesariamente es saludable”, advirtió Murray.

“Cuando la adopta gente con enfermedad celíaca, tiende a subir de peso, especialmente peso de grasa, pues ya no está malabsorbiendo los nutrientes. También tiene más tendencia a contraer síndrome metabólico”, que eleva el riesgo de enfermedad cardiaca y diabetes tipo 2.

Mientras no se encuentren evidencias que justifiquen examinar a toda la población para ver si tiene enfermedad celíaca, Murray está en favor de examinar “a todas las personas que estén en el grupo de riesgo”.

Ese grupo está formado por familiares de personas con enfermedad celíaca, así como aquellos con diabetes tipo 1, osteoporosis prematura y anemia, que pueden ser señales de enfermedad celíaca. También recomendó que se examinaran las personas con hinchazón crónica, úlceras en la boca, dolores de cabeza y fatiga crónica.

Otras personas que están en riesgo de tener enfermedad celíaca son las que sienten hormigueos o embotamiento de brazos y piernas, y las que tienen enfermedad de la tiroides, artritis reumatoide y síndrome de Sjogren.