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jueves, 8 de junio de 2017

Las guarniciones fronterizas de Chiconauhtlan y Ehecatepec época prehispánica y durante la conquista.

El Linaje del Señor Xólotl.
El primer gran conflicto bélico inscrito en los registros históricos de Ecatepec-Chiconauhtlan, aconteció poco después de que los grupos Otomíes-Pames-Chichimecas, dirigidos por Xólotl, llegaran a la región. El viejo líder Xólotl impuso la supremacía de su linaje al entregarle a Nopaltzin, su primogénito, la regencia de todos los grupos asentados en esta comarca. Esto fue posible porque previamente Xólotl, un hábil chichimeca de ascendencia tolteca, repartió tierras y casó a algunas de sus hijas con los principales hombres de Xaltocan y de otras plazas. Así, el anciano dirigente construyó sólidos tratados familiares que eran arbitrados por Tenayuca-Texcoco, con Nopaltzin como gobernante.

Fragmento de Escena de la Batalla en
la Guerra del Chichimecayotl. Códice Xólotl. Jorge Dibble. 1972.

Pero hubo señores que se rebelaron contra la preeminencia de Nopaltzin, y se enfrentaron a él en los llanos de Chiconauhtlan. Está guerra quedó registrada en el Códice Xólotl. Esa conflagración, conocida entre los indígenas como Chichimecáyotl, fue esencialmente un conflicto entre la corriente civilizatoria encabezada por los Chichimecas con mezcla de sangre Nahua y Acolhua ―que ya empezaban a toltequizarse― y un grupo de chichimecas más tradicionales que se resistieron a este cambio (Ortiz, 2011).
Las crónicas recitan que Cozcacuauh, el padre de Yacanex y también conocido como Huihuatzin, intento alzarse contra Xólotl y sus aliados. Lo anterior se desprende de los comentarios que nos legó Alva Ixtlilxóchitl, cuando afirma que: “El jefe de Tepetlaoxtoc fue Yacanex, un señor chichimeca de los tributarios y cabeza de los otros seis pueblos, hijo de Huihuatzin, que residía en Tepetlaoxtoc” (Ixtlixóchitl, 1985, pág.167).
Los historiadores mencionan dos posibles causas para esta hostilidad. La primera teoría sugiere que Yacanex, Señor de Tepetlaoxtoc, fue a la batalla por causa de una mujer Tolteca llamada Atotoztli. Mientras que la segunda especulación nos explica que hubo una fuerte resistencia a la toltequización, porque se pretendía imponer en aquel momento una nueva forma de producción ―la agricultura― sustituyendo el modo Chichimeca de apropiación por excelencia, que consistía principalmente en la caza (Ortiz, 2011).
El resultado de la guerra fue el triunfo de los grupos a favor del estilo de vida Tolteca. Otra consecuencia de la victoria fue la consolidación de los vencedores como formadores del Tlahtocáyotl Acolhua. Al poco tiempo de estos sucesos y de la boda de Nopaltzin con la tolteca Azcatlxóchitl ―hija de Pochotl y nieta de Topiltzin― se presentaron tres señores de suma importancia para la futura configuración de las relaciones políticas en el Valle de México. Ixtlilxochitl lo menciona en su sumaria relación como sigue:
“Después de dados los reinos y señoríos a los seis señores, llegaron los tres señores llamados aculhuas; llamado el primero y más principal Aculhua, y el segundo Chiconcuauh y el tercero, Tzontecoma” (1985, pág. 229).

La importancia de estos señores reside en el papel que jugaron como formadores de un nuevo linaje porque unieron a los Otomíes, Tepanecas y Acolhuas, con la estirpe Chichimeca de Xólotl y la Tolteca de Culhuacan. La progenie de Culhuacan ya se había mezclado con la Chichimeca mediante el casamiento de Nopaltzin y Azcatlxóchitl. Estas mezclas raciales configurarían, al paso del tiempo, las naciones Tepaneca, Acolhua y Mexica, acaso las más significativas en la historia prehispánica tardía del Valle de México. Ixtlilxochitl nos habla de ello:
“Llegaron los tres señores aculhuas… Teniendo noticia de la grandeza del gran Xólotl… Vinieron a darle obediencia y que les diera tierra donde poblasen, el cual se holgó de verlos porque era gente política y de buen gobierno, y casando a los dos de ellos con dos hijas que tenía… El más principal que era Aculhua, le dio a su hija la mayor llamada Cuetlaxóchitl, con la ciudad de Azcapotzalco por cabecera de su reino y señorío, con otras muchas tierras y provincias que poblaron sus vasallos; y a Chiconcuauh le dio a su hija menor llamada Zihuacxochi, y la ciudad que era de Xaltocan por cabecera de su señorío con otras muchas tierras para que poblasen sus vasallos; y a Tzontecoma le dio Acohuatlychan Acolhuacan que así se llamo después… Casándolo con una señora llamada Zihuatetzin, hija de Chalchiuhtlanetzin, señor de Tlalmanalco, tulteca, nieta de Pixahua. De esta manera los acomodó, diciéndoles que solamente que le habían de reconocer como su señor y monarca sin tributo alguna”. (Ixtlixóchitl, 1985, pág. 299).

Estos señores no estaban obligados a pagar algún tributo, y puede inferirse a partir de este hecho la especial consideración que desde un inicio tuvieron ellos, en gran parte por haber contraído matrimonio con las hijas de Xólotl y sin duda también por la reputación de alta cultura que les precedía, pues como dice Veytia:
“Aunque estas naciones eran diversas, se conformaban mucho en las costumbres, especialmente aquellas que podemos llamar características de los toltecas. Lo primero, porque no habitaban en cuevas como los chichimecas, sino en casas que sabían el arte y método de fabricar. No estaban atenidos para su sustento a la caza y pesca solamente, sino que ejercían la agricultura, sembrando y cultivando aquellas semillas mismas que los toltecas, entre las cuales cultivaban también el algodón, que sabían beneficiar y fabricar de él las ropas que se vestían. Tenían religión y daban culto a un Dios que trajeron consigo llamado Cocopitl, a cuyo honor dedicaron templos, y sabían el arte de construirlos”. (Veytia, 1999, pág. 135).

A pesar de que otros autores sugieren que estas naciones eran casi iguales a los chichimecas, se encuentra sentido en lo expresado por Veytia, y recientemente por Corona Sánchez, porque estas opiniones están apoyadas en el Códice Xólotl, que representa el momento de la llegada de estos señores al Valle de México. En la lámina dos del códice citado se les simboliza con un arco, que denota filiación chichimeca, sin embargo sus ropas son muy diferentes a las pieles portadas por los chichimecas. Corona sugiere como explicación lo siguiente:
“Al parecer los acolhuas procedieron de un área Matlatzinca-Otomí-Mazahua, es decir, de una región que compartía rasgos culturales mesoamericanos pero un poco marginales a los grandes centros que se desarrollaron en el altiplano, durante el postclásico temprano; y por ello tal vez fueron considerados como Chichimecas, diferenciándolos de los grupos toltecas y culhuas asentados en la Cuenca de México”. (Corona, 1973, pág. 32).

Con respecto a esta especial relevancia otorgada a los Acolhuas, se percibe en el mismo Corona Sánchez una posición similar y más radical cuando sugiere, con relación a los Acolhuas, una debilidad del grupo de Xólotl. Un argumento ofrecido por él investigador mencionado, para explicar esta proposición, es la cesión de tierras que hace Xólotl a Huetzin. En este caso, Corona sugiere que en realidad fue una apropiación que no pudo ser evitada por Xólotl y su gente. La autora de este documento no encuentra elementos necesarios para adoptar tal postura, y exhibe este acontecimiento como ha sido interpretado tradicionalmente.
La importancia de Huetzin, en estos pasajes históricos, merece que se examine su genealogía. Todo comenzó cuando Tzontecómatl, Señor de Cohuatlichan, contrajo nupcias con una tolteca llamada Cihuatetzin, a la que también se le conocía como Coatetl o Coatetzin. Parece plausible esta variante, pues ambas comparten la raíz tetl que es el glifo con el que se le identifica en el Códice Xólotl. El Señor de Cohuatlichan tuvo un hijo llamado Ixmitl, Itzmitl o Tlacotzin. El glifo que le da su nombre, en el Códice Xólotl, está compuesto por una flecha, que nos da la palabra mitl y un objeto negro apenas identificable. En este caso es conveniente citar la conjetura de Dibble: “Sin embargo lo más probable es que se trate de un pedazo de obsidiana, iztli” (Dibble, 2000, pág. 36).
Al crecer, el hijo del Señor de Cohuatlichan se casó con una señora llamada Malinalxóchitl. Esta dama era hija de Cozcacuauh, el que acompaño a Xólotl en su viaje al Valle de México. Con relación al señor Cozcacuahtli, el investigador Dibble dice lo siguiente: “Pero también vemos que la hija de Cozcacuauh se llamó igualmente Malinalxochitzin, y como nos indica la línea, Itzmitl se casó con la hija de Cozcacuauh. De dicho matrimonio nacieron dos hijos llamados Huetzin y Chichimecacihuatzin” (Dibble, 2000, pág. 37). Relacionado con estos mismos hechos, lo referido por Veytia coincide con lo sugerido por Dibble:
“Tzontecomatl, Señor de Cohuatlican, de cuyo matrimonio tuvo por primogénito a Izmitl, quien de poco más de veinte años casó con Malinalxóchitl, hija de Cozcacuauh, uno de los seis Señores a quien dio Xólotl los estados por la banda del sur…de este matrimonio tuvo un hijo llamado Huetzin”. (Veytia, 1999, pág. 45)

Como se verá más adelante, Huetzin fue uno de los principales personajes en la Chichimecayotl, y quizá fue su ejército el que derroto a las fuerzas rebeldes de Yacanex. Al parecer Izmitl, hijo de Tzontecoma y padre de Huetzin, se entrevistó con Xólotl para pedirle algunos pueblos para su joven hijo. Ixtlilxochitl dice que esto aconteció así:
“Y parece que a Zontecoma le dio la palabra, ya que no lo casaba con hija suya, de casarlo con hija de algún señor vasallo suyo de los más nobles, y que a él y a todos sus descendientes les favorecería mucho y les haría mercedes en todo lo que se les ofreciese… Había ochenta años de que los últimos chichimecos tributarios habían venido…treinta y nueve años contados de la venida de los aculhua… Cuando vino Izmitl, hijo del Señor Zontecoma de Cohuatlichan a ver a Xólotl para pedirle le hiciese merced de dar algunos de los pueblos de los chichimecos tributarios, a un hijo suyo, mancebito de poca edad, que tenía llamado Huetzin… Xólotl, el cual se holgó mucho de verle, y le hizo merced de Tepetlaoxtoc y otros lugares de los chichimecos tributarios”. (Ixtlixóchitl, 1985, pág. 301).

Veytia nos describe el mismo evento con alguna variante:
“De este matrimonio (Izmitl) tuvo un hijo llamado Huetzin…Dicen que siendo el niño todavía de poca edad, le llevó su padre (Izmitl) a presentar al emperador, y pedirle alguna merced, en cumplimiento de la palabra que había dado a su padre de atender a él y sus sucesores en adelante… Llegó pues Izmitl, con su hijo, y lo presento al emperador, haciéndole su petición en los términos más humildes y reverentes, sin pedir cosa alguna en particular, dejando la merced a la liberalidad del emperador. Recibiólo este benignamente… Le hizo merced de la ciudad de Tepetlaoxtoc…Y con ella un competente terreno en sus contornos”. (Veytia, 1999, pág. 46)

Más adelante, y previo compromiso al parecer arreglado por Nopaltzin, Huetzin contrajo matrimonio con la doncella tolteca Atotoztli. La novia era hija del rey Achitometl de Culhuacán y, según las fuentes, era descendiente directa de Ce Acatl Topiltzin Quetzalcóatl, por vía de Pochotl.

El Chichimecáyotl.
La toltequización chichimeca fue, evidentemente, la principal causa para la Chichimecayotl. La imposición de la forma de vida tolteca se manifestó, en la práctica, con la introducción de la agricultura en las regiones en donde tenían mayor influencia los acolhuas y los descendientes de Xólotl, como Tlotzin Pochotl y Quinatzin-Taltecatzin. Las implicaciones de la modificación al estilo de vida de un grupo étnico no merecen ser desestimadas. En el caso de los chichimecas, cuando esto aconteció, no solo se modificó su modo productivo y su manutención, sino que con la agricultura se impuso una nueva forma de organizar las relaciones sociales. Con el nuevo modelo ya no habría lugar para la vida nómada, pues no tendría sentido.
Ciertamente las principales fuentes históricas, posteriores a la llegada de los españoles a Anáhuac, subrayan como primordial causa para la guerra el deseo de Yacanex por casarse con Atotoztli. A contracorriente, la autora de este trabajo ha decidido dar más valor a los hechos citados en el párrafo inicial de este apartado, sin embargo no descalificará la importancia de esta última interpretación y propone asignarle un nuevo rol ―señalado más adelante― desde esta misma perspectiva. En la interpretación del Códice Xólotl realizada por Dibble, se señalan los siguientes sucesos:
“Yacanex pidió a Achitometl que le entregue a su hija Atotoztli por esposa… Le dice Achitometl a Yacanex que Nopaltzin ha prometido que las dos hijas, Atotoztli e Ilancueitl, se casarían con Huetzin de Cohuatlichan y Acamapichtli… Yacanex se disgustó mucho con la negativa de Achitometl”. (Dibble, 2000, pág. 47)

Ante la negativa de Achitometl, según Fernando de Alva Ixtililxóchitl, lo siguiente que ocurrió fue que Yacanex:
“Se volvió a su tierra, amenazando al rey que con las armas le había de dar a la infanta Atotoztli, y no quiso reconocer mas por su señor a Huetzin, comenzando a apercibir a sus vasallos, que ya como tengo dicho otras veces, que los pueblos que Yacatzozoloc tenía eran dados a Huetzin por merced de Xólotl”. (Ixtlxóchitl, 1985, pág. 303)

En este punto de la narración es conveniente presentar algunas sugerencias, relacionadas con las citas textuales de Dibble e Ixtlilxóchitl, acerca de las posibles motivaciones que Yacanex tuvo al pedir la mano de Atotoztli, y así establecer un casus belli.
1. Yacanex, algunos años antes a la Chichimecayotl, prácticamente tuvo que convertirse en vasallo de Huetzin, por orden de Xólotl, y contrajo una obligación de tributo para con el Señor de Cohuatlichan. Aunque el lapso transcurrido entre esos dos eventos es relativamente largo, y aunque es difícil considerar al segundo suceso meramente como una respuesta del primero, bien puede suponerse que existió una intención de Yacanex de deshacerse del vasallaje al que era sometido. El casus belli, el pretexto legal para la guerra, lo provoca Yacanex al pretender a Atotoztli cuando ya estaba comprometida con Huetzin. Yacanex sabía que, según las ancestrales normas, su petición le sería rotundamente negada. Y a pesar de eso hizo la petición de mano. Un potencial sustento a esta postura es el glifo de dientes, el tlantli (ampliamente considerado por algunos autores como expresión de tributo) que aparece en el Códice Xólotl en la principal escena de la guerra entre Huetzin y Yacanex. El tlanti también aparece en la escena en que Yacanex pide al rey Achitometl la mano de Atotoztli. Adicionalmente, en apoyo a esta hipótesis, aparece en el Códice Xólotl una representación en la que enfrente de Yacanex está el glifo tlantli, acompañado del tentli y un conejo (formas en las que tributaban los chichimecas) unidos a las vírgulas de Huetzin. Finalmente, existe la gran posibilidad de que no fuera necesario un pretexto para declarar la guerra a Huetzin pero creo que vale la pena sugerir la posible causal mencionada anteriormente.
2. Otra posible causa fue la intención de Yacanex de unir su sangre a la Tolteca para formar un nuevo linaje. Sobre esta teoría, Eduardo Corona menciona lo siguiente: “Yacaoztotl (Yacanex) quien al parecer por esos momentos intentó casarse con una de las hijas de Achitometl, señor de Culhuacan, tal vez con la intención de introducirse en el linaje tolteca y formar su Señorío” (García & Corona, 1992, pág. 68). Es verosímil la sugerencia de que Yacanex intentaba formar un nuevo Señorío. Nadie discute que la condición de Señor, en aquellos tiempos, tenía grandes implicaciones en la vida porque un linaje con legitimidad consanguínea tenía la posibilidad de protagonizar un papel hegemónico. Recuérdese que el Señorío no se limitaba sólo a los derechos de explotación de la tierra y del agua, sino que incluía el derecho a recibir tributo por parte de sus vasallos. Al observar las condiciones imperantes en la Cuenca de México en aquél período, se entiende que sería muy difícil para Yacanex y su gente acceder a la clase dominante. Es en esta trama que el matrimonio con Atotoztli y la guerra con los Chichimecas toltequizados adquiere sentido. La guerra y la posible victoria jugarían el papel de facilitador hacia estos privilegios, además de una expansión en los territorios susceptibles de ser explotados. El matrimonio con la princesa Atotoztli legitimaría el nuevo linaje irrefutablemente porque ella era descendiente del gran monarca tolteca Topiltzin Quetzalcóatl. Si Yacanex hubiese concretado sus planes, no sólo habría ganado la legitimidad para sus descendientes sino que también habría sumado una posible neutralidad tolteca en caso de un conflicto, con Nopaltzin, por el derecho a regir sobre la Cuenca de México.

En vista de que ya hemos abordado las posibles causas de la Chichimecayotl, tomando en cuenta sólo los hechos relacionados con las disensiones causadas por el matrimonio fallido con Atotoztli, puede explicarse ahora la versión que la autora de este libro considera la más completa y probable para la guerra: el conflicto entre los grupos chichimecas toltequizados y los que se presentaron renuentes a este proceso.
Si bien el proceso de toltequización involucró diversos cambios, el substancial reflejo de esto se aprecia en el deseo tolteca de cambiar la forma de vida de sus vasallos mediante la agricultura. Se cree que Quinatzin y Huetzin fueron los promotores de esta nueva disposición. El primer antecedente del inicio de la práctica agrícola ocurrió, aparentemente, en tiempos de Nopaltzin cuando:
“Xiuhtlato, Señor de Quauhtepec, uno de los descendientes de los antiguos toltecas, teniendo noticias de sus antepasados, de cómo era su pan, y que con él se criaban, y vivían, guardo en su niñez, unos pocos granos, los cuales fue sembrando, y como iban creciendo y multiplicando, iba repartiendo por los de su nación y casta, y de esta suerte volvió a crecer, y multiplicarse esta planta, y a cundir por toda la tierra. Y viendo los moradores de ella, así de chichimecas como de acolhuas, el gran provecho que les hacía, y las muchas fuerzas que les daba, tuvieron por bien de bajar el cuerpo y sembradlo, y gozar de su fruto para mantenerse, que era menos costa que la caza que mataban por tenerla más segura a cualquiera hora que querían”. (Torquemada, 1979, pág. 67)

El proceso de aculturación Tolteca comenzó varios años antes, y cuando gobierne Techotlalla será un hecho consumado. Para desarrollar la práctica agrícola en todos los grupos Chichimecas ―el motivo de discordia expresado en el Códice Xólotl y respaldado por los historiadores ― Quinatzin empleó una pequeña estratagema. Al parecer este evento sucedió en el año 12 Tochtli, e Ixtlilxochitl lo describe como sigue:
“Hizo tres cercas grandes, la una por bajo de Huexutla hacia la laguna, y otra en la ciudad de Tezcuco que había comenzado a fundar. Estas dos para sembrar en ellas maíz y otras semillas que usaban los aculhuas y tultecas. Y la otra cerca en el pueblo de Tepetlaoxtoc para venados, conejos y liebres; y dio el cargo de tener en cuenta de esto a dos chichimecas caudillos, que el uno se decía Acótoch y el otro Coácuech, los cuales, aunque en la una cerca les era de gusto, las otras dos de las sementeras, como cosa que jamás ellos habían acostumbrado, les fue pesada carga y así se confesaron con el tirano Yacanex, y con otros bandoleros de manera que fue forzoso al príncipe Quinatzin y a su sobrino Huetzin juntar sus gentes y acometer al enemigo en dos partes: en la una, en donde se había fortalecido con su gente que fue donde está ahora el pueblo de Chiautla”. (Ixtlilxóchitl, 1985, pág. 306)

Los sucesos, así narrados por Ixtlilxóchitl, también están representados en el Códice Xólotl. En la plancha tres se aprecian los tres cercados en los lugares señalados, incluyendo la distinción entre las sementeras y el de Tepetlaoxtoc, dedicado al resguardo de animales para la caza. Se advierte en el documento cómo Ocotoch y Coacuech se hacen cargo de estos cercos, y hacia la izquierda se distingue a Ocotoch en batalla contra Quinatzin.
Este intento de inculcar la agricultura, en los Chichimecas no toltequizados, enfrentó dificultades debido al cambio que representaba en el modo de vida de esta etnia. Los Chichimecas se oponían al cambio porque los sometía a mayores restricciones (sedentarismo) y a un mayor esfuerzo (la actividad de la siembra requiere un esfuerzo superior). Hubo en general varias disensiones desde los tiempos en que Tlotzin intento introducir esta práctica en su gente:
“Así tenemos, por ejemplo, que la gentes dominadas por Tlotzin huyeron a otras regiones marginales (Metztitlan y Zolotepec) para continuar con su modus vivendi, mientras que la gente dominada por Quinatzin prefirió rebelarse”. (García y Corona, 1992, pág. 67)

Está claro cuáles fueron los motivos para la Chichimecayotl. La toltequización y la práctica agrícola encarnaron un cambio demasiado radical para algunos Chichimecas, al grado de que prefirieron rebelarse y pelear por su derecho a vivir como mejor les pareciera. Sin embargo, es necesario retomar los eventos relacionados con Atotoztli, y abordarlos desde una perspectiva combinada.
Ya se ha mencionado que posiblemente Yacanex sabía del compromiso nupcial de Atotoztli con Huetzin. Y que la petición matrimonial de Yacanex fue un pretexto para librarse del tributo que lo obligaba con Huetzin, y de los esfuerzos de este por imponerles la agricultura. Es en este punto de la historia cuando Coacuech y Ocotoch, además de otros subordinados de Quinatzin, se unen a Yacanex en la rebelión.
En el Códice Xólotl se representa la versión de este conflicto, y esa obra expresa cómo Yacanex se rehúsa a pagar tributo a Huetzin y le declara la guerra, al parecer en el año 1 Tecpatl. El manuscrito parece indicar que la guerra sucedió 104 años después de la caída de Tollan Xicocotitlán y la dispersión de su gente. Hay dos escenas que representan batallas de Huetzin contra Yacanex, y de Quinatzin contra Ocotoch.
En las láminas del códice se identifican detalles significativos que aportan datos acerca de la guerra y la conformación de los grupos beligerantes. Hay una nítida diferenciación entre los dos bandos. En los siguientes párrafos se brindan algunos comentarios de esta guerra, razonados a partir de las representaciones pictográficas del Códice Xólotl:
1. Yacanex y Ocotoch parecen estar desnudos y portan arco y flechas que en este códice indica una filiación chichimeca desde la primera plancha. Yacanex porta “un tocado de plumas que, según Sahagún, eran comunes en los pueblos de las montañas ya que los trabajaban muy bien” (Dibble, 2000, pág. 49). Corona Sánchez señala además que “el tocado con plumas de águila real era común en la indumentaria chichimeca en tiempos de guerra” (García y Corona, 1992, pág. 68). Quinatzin y Huetzin portan ropajes diferentes y poseen, aparte de las armas chichimecas, una lanza que indica nuevas costumbres: Ixtlilxochitl menciona que los acolhuas fueron quienes trajeron esta arma (Ixtlixochitl, 1985).
2. Quinatzin y Huetzin están acompañados de una vírgula unida a un rombo con puntitos dentro. Se desprende de lo mostrado en otras láminas de este mismo códice que este glifo tiene el valor fonético de “chi” y es usado frecuentemente para indicar la palabra completa chichimeca. Parece que indica filiación chichimeca o, como sugiere Dibble, hace referencia al idioma que hablaban estos señores, que de cualquier manera sería alguno que refiriera a la identidad chichimeca (Dibble, 2000).
3. Otro dato visible es la evolución de una identidad relacionada con lo que sería el tlahtocáyotl acolhua. Se distingue el glifo que indica acolhua, y se ve como este acompaña a Quinatzin y Huetzin, a pesar de que estos señores no eran del mismo pueblo. Esta acción sugiere que formaban parte de una misma nación o unidad.
4. El códice contiene, debajo de las escenas de enfrentamientos, los topónimos que indican los lugares de batalla. Debajo de Quinatzin y Ocotoch está el topónimo de Tezcoco o Tezcutzinco, y abajo de Yacanex y Huetzin está el topónimo de Chiautla. Estas escenas incluyen el glifo que indica la fecha 1 Tecpatl, y debajo de la representación de la batalla entre Yacanex y Huetzin está un arco con flecha que es usado frecuentemente para denotar una filiación chichimeca. Así, es válido pensar que este glifo sea el que determina el nombre de la guerra: la Chichimecáyotl.


Las Guarniciones Militares en Chiconauhtlan-Ehecatepec.
Chiconauhtlan-Ehecatepec fueron dos sitios guarda fronteras, localizados en las orillas de lago de Acalhuacan y Texcoco, propiedad de la etnia Otopame-Chichimeca y otopame-nahua. Estas dos subregiones del noroeste de la Cuenca de México fueron sojuzgadas por el Tepaneca Tezozomoc, y más tarde por su hijo Maxtlal, quienes impusieron los gobernantes que estuvieron a la cabeza de ambos Altepetls. La dominación Tepaneca comenzó con la caída de Ixtlilxóchitl, el padre de Netzahualcóyotl, y la persecución del hijo del Tlatoani Acolhua. Se conoce este hecho a través de uno de los cronistas más confiable, miembro de la nobleza texcocana, que expresa lo siguiente:
Tezozomoc convocó a sus dos hermanos Hepcoatzin y Acamapichtli, señores de México, para hacer la guerra contra Tzompantecuhtli, rey que a la sazón era del reino de los otomies, que tenía su corte en Xaltocan y contra los de Cuauhtitlán y Tepotzotlán y juntando para el efecto de sus gentes fueron sobre ellos y de tal manera hicieron la guerra que se apoderaron del reino de los otomíes y Tzompantecuhtli, su señor, determinó irse huyendo a la provincia de Metzitlán de donde era también. Techotlalatzin, viendo estas alteraciones, juntó su gente y se puso con ella en Chiconauhtlan, para desde allí conocer los designios de los tepanecas y mexicas. Y cuando dieron la batalla a Tzompantecuhtli y le ganaron la ciudad de Xaltocan, pasó cerca de su ejército un escuadrón de los otomíes que iban huyendo y llevaban en medio mucha gente miserable… Fue en su seguimiento hasta Tezontepec en donde echó de ver que era gente forajida; y como supo de su calamidad, trabajos y como era gente doméstica, los mandó volver y les dio tierras y lugares en la provincia de Mazahuacan y en Cuauhtitlán y Tepotzotlán, dando y repartiendo algunos pueblos y lugares de los Mexicanos. (Ixtlixóchitl, 1985, pág. 77)

Es decir, la gente de origen Otomí fue manipulada para formar Estado en la Cuenca de México, como población para colonizar y defender las fronteras, como carne de cañón. Ixtlilxochitl comenta, en alusión a este hecho:
Así mismo movieron otros otomíes del Reino de los tepanecas y de la provincia de Cuahuacan que los amparase y les diera tierras en que poblar, porque Tezozomoc, su señor, los tenía muy o¬primidos con hechos y tributos excesivos que cada día les imponía; el cual los admitió y envió a poblar en Yahualiuhcan y Macapan, en donde permanecieron. (Ixtlixóchitl, 1985, pág. 78)

Con Xaltocan-Otumba tomada por los Tepanecas en el año 2 Pedernal ―entre el 1298 y 1357 de nuestra calendarización― una parte de los grupos otomíes ahí asentados emigró hacia el Valle de Acalhuacan. Durante el predomino Mexica, Moctezuma Ilhuicamina conquistó los territorios otomíes de Teo Tlalpan, más tarde Axayácatl subyugó el Valle de Toluca, y Ahuízotl avasalló a Jilotepec-Chiapan. La invasión Mexica dio lugar a que grupos de Otomíes huyeran nuevamente, ahora hacia la zona Tarasca, y otros continuaran emigrando a Tlaxcala. (Othón, 1933).
Mucho se ha discutido sobre la presencia Otomí desde épocas tempranas, tanto en la región del Valle de México como en Tlaxcala y Puebla. La autora de este texto opina que los grupos que se aluden en las crónicas quizás sean varios y distintos, porque es probable la presencia Otomí en Acalhuacan desde el Formativo Temprano. Palpablemente tenían esos grupos diferentes niveles culturales, de acuerdo con su procedencia, dependiendo si ésta estaba dentro o fuera del área mesoamericana (Othón, 1933).
En la región de Acalhuacan había gente del grupo Nahua y en las periferias de las aldeas existían comunidades Otomíes. Sahagún nos comenta que:
“Estos otomíes fueron gente muy valiente, tenían sus lugares en partes bajas y Atalayas en los cerros” (Sahagún, 1979, p. 166).

Muñoz Camargo explica que habitaron cerca de montes y serranías, y que fueron diestros cazadores de fauna como venado, liebres, conejos y codornices (Muñoz, 1970). Fray Juan de Torquemada considera en su relación sobre ellos:
“Habiendo gente extranjera hacían ahumadas desde la primera, y respondían de las otras y la gente se rejuntaba para la defensa… Estos Otomíes cazan con redes, y con arcos y flechas. También son muy grandes labradores de maíces, y de otras semillas y legumbres. Habitan en tierras frías y tienen casas pajizas muy grandes. La ropa que visten y el calzado son de maguey, la cual labran y tejen muy bien. De las pencas sacan el hilo y lo hebran, sacan también el aguamiel, y se hace el papel”. (Torquemada, 1979, pág. 181)

Las posiciones naturales en los bordes de Chiconauhtlan-Nepohualco, colindantes con Chiconauhtlan-Ehecatepec, fueron necesarias para defenderse de las invasiones de los de México-Tenochtitlán y México-Tlatelolco. Los fortines fronterizos de Ehecatepec y de Chiconauhtlan-Nepohualco, situados en la Sierra de Guadalupe, son atribuidos a la cultura de los Otomíes-Matlames y Otomíes-Chichimecas nahuatlizados. En las faldas de la Sierra de Guadalupe, y del cerro de Ehecatepec, se distribuían los pueblos habitados por los Otomíes nahuatlizados. Chiconauhtlan defendía las fronteras cuidando los intereses de los Acolhuas, y Ehecatepec vigilaba a favor de México-Tenochtitlán.
El cerro de Ehecatepetl mantiene vestigios de haber sido un baluarte fortificado. Desde la cima se visualiza Chiconauhtlan-Nepohualco, Tecamac-Ozumbilla, Texcoco, Acolman-Teotihuacán y Tepexpan. Desde la cumbre también se observa todo el Lago de Texcoco, México-Tenochtitlán, México-Tlatelolco, Coacalco, Tultitlán, Cuauhtitlan, Tlalnepantla, Naucalpan, y toda la Sierra de Guadalupe.
Existen restos arcaicos de cuevas, en el cerro de Ehecatepetl, que quizás sirvieron de refugio a los vigilantes. Esas cavernas estuvieron en algún momento estucadas y pintadas. Aún quedan trazas de estucos, como en la llamada cueva de los Tecotines, con murales donde se ve al dios Ehecatl-Quetzalcóatl-Tlahuizcalpantecuhtli, saliendo de su templo y vigilando. Existe evidencia arqueológica de que este cerro fue igualmente un santuario dedicado a Ehecatepetl. Falos en gran cantidad, encontrados en el templo, indican un culto masculino a la montaña. También sirvió el monte de adoratorio a Tlahuizcapaltecuhtli, el lucero de la mañana o planeta Venus.
Así como terrazas peraltadas y claro fosos naturales lo que hacía que este sitio fuera inexpugnable a la llegada de otros grupos militaristas de México Tenochtitlán u otros lugares de la cuenca de México o puntos diferentes del altiplano.
Del mismo modo, el asentamiento de Chiconauhtlan fue concebido como una guarnición militar estratégica, dotada con varios puestos de vigilancia. En Chiconauhtlan se advierte una sección más amplia y preservada de todo el sitio arqueológico. Se distinguen terrazas con el sistema de metepancles y las habitaciones de los guerreros. Las terrazas de Chiconauhtlan estaban amuralladas, y todavía pueden verse estos muros de piedra en los peraltes de las mismas.
Las terrazas en Chiconauhtlan mantienen evidencia de cimientos de casas habitación, de cerámica de superficie y materiales líticos. El análisis de esos elementos permite establecer que sus constructores y habitantes fueron Pirindas y Matlatzincas, ubicados entre los años 800 y 1200 de nuestra era. Lo anterior significa que esos grupos vivieron entre el postclásico temprano y el postclásico tardío, en tiempos del contacto español.

Los asentamientos prehispánico fortificados de la región de Ecatepec y de Chiconauhtlan-Nepohualco situados en los cerros de Tepetle y de Ehecatepetl y parte de la sierra de Guadalupe, son atribuidos a la cultura de los Otomíes-matlames y otomíes-chichimecas nahuatizados, que contaron con sitios especializados para guardas y defender sus fronteras sirviendo Chiconauhtlan a los acolhuas y los de Ecatepec a los de México-Tenochtitlan grupos hegemónicos. En las Faldas del cerro de Ecatepec y de la sierra de Guadalupe se distribuían los pueblos habitados por los otomíes-nahuatizados sus casas se distribuían en las terrazas para proteger a su señor.
Durante la primera mitad del posclásico, los nuevos grupos van consolidando sus asentamientos y para la segunda mitad de la fase se han de suceder las primeras grandes luchas internas para poder alcanzar el control regional, o al menos el control de un área mayor a la de sus ocupaciones. Al mismo tiempo esta situación de enfrentamientos iría fijando fronteras e iría separando a los grupos, para dar lugar al establecimiento de asentamientos como Chiconauhtlan, además para empezar a desocupar amplias zonas entre dichos grupos. Quizá este momento concluiría con la fuerte lucha de que se tiene noticia entre un enorme grupo de chichimecas-pames y matlatzincas acosados por las huestes militaristas de México Tenochtitlan y México Tlatelolco, la gente que se había establecido y fortificado en Malinalco y otros sitios de guarnición militarista en las fronteras del estado de México con Morelos y Michoacán y sus alrededores, tras la cual y en la que vencieron estos últimos, habrían de guardarse en paz por mucho tiempo surgir las delimitaciones de cada cual y dar lugar al inicio de los Grandes Señoríos Acolhuas que habrían de conocer los Españoles a su llegada (García Cook, 1973).
Foto Aérea y Mapa con los Sitios Prehispánicos en la Región de Ecatepec y sus Pueblos, se Puede ver los Sitios que se Localizan en Área. Inah DEL Estado de Mexico. Foto proporcionada por la Directora en 2005, Arqueóloga. Teresa García García.

Mapas Topográficos de la Sierra de Guadalupe en ella se
Puede Observar el Terraceado del Cerro de la Cruz. AGN.

Foto Aérea del Vistas Desde el Cerro de Ecatepec. Tomadas por la
Cerro de Ecatepec con sus autora.
Fosos y Terrazas.

Vistas Desde una de las Terrazas al Cerro de Ehecateptl. Fotos tomadas por la autora.
Tres Vistas Desde Puntos Distintos Arriba del Cerro de la
Cruz o del Ehecatepetl. Fotos tomadas por la autora.
El asentamiento prehispánico de Chiconauhtlan, fue concebido desde su construcción como una guarnición militar estratégica con varios puestos de vigilancia, Chiconauhtlan nos muestra una sección más amplia y preservada de todo el sitio arqueológico, sus terrazas con el sistema de metepancles para la explotación del maguey cimarrón producto del pulque, así como para las casas habitación de los guerreros, estas terrazas estaban amuralladas y aun podemos observar estos muros de piedra en los peraltes de las mismas.
Este sistema de terrazas peraltadas y con muros de contención y de defensa militar evidentemente fortificados, con revestimiento de piedra y laja que van bajando desde la cima hasta el valle, estas terrazas tienen evidencia de cimientos de casas habitación así como de cerámica de superficie y materiales líticos en abundancia la información que estos nos dan en una tipología cerámica que se trata de grupos de cultura étnica Pirindas-Matlatzincas y que tienen una temporalidad desde 800 a 1700 D. C. o sea que vienen desde el posclásico temprano al posclásico tardío y tiempos de contacto español y conquista y colonia en esta región.
También como los sitios guarda frontera de Tlaxcala como es el caso de Cacaxtla, nuestro sitio presenta fosos profundos realizados por el hombre para no permitir el acceso. Otros fosos son naturales, además del sitio contaba con cuevas profundas y nueve caídas de agua lo que permitió que contaran con agua suficiente para la población militarista que aquí se localizaba, y también para los sitios de protección para la clase gobernante que cuando se ponían los tiempos difíciles, subían y pernotaban en lugares apropiados para su protección.
Plano AGN: Siglo. XVI. Cerro de Chiconauhtlan y Pueblos
de Santo Tomás y Santa María. Archivo General de la Nación. Mapoteca.
Cerró con las Terrazas peraltadas y los Fosos.
Vista de dos Puntos del Valle se ven las Terrazas. Fotos tomadas por la autora en trabajo de campo.

Enfrentamiento Otomíes Matlames contra los de México Tenochtitlán.
Mural de Ixmiquilpan, Foto del Archivo de Monumentos Históricos.

En la primera mitad del postclásico los grupos étnicos van consolidando sus colonizaciones, y para la segunda mitad se presentan las primeras luchas de importancia por el control regional, o al menos por el control de un área mayor a la ocupada. Al mismo tiempo, estos conflictos fijaron fronteras y separaron a los grupos étnicos, dando paso a asentamientos como el de Chiconauhtlan. Quizás este momento, documentado en las crónicas, concluya con el terrible combate de los Chichimecas, Pames y Matlatzinca, contra las huestes de México-Tenochtitlán y México-Tlatelolco (García Samper, 2010).
Las fuentes históricas acomodan el combate mencionado en el año 1384 de nuestra era. Ángel García Cook especula, por los datos arqueológicos recopilados en sus investigaciones en Puebla y Tlaxcala, que la batalla aconteció cinco ciclos calendarios antes, es decir, en el año 1124. Y es razonable esa opinión porque a partir del siglo XII, de acuerdo a los restos arqueológicos, aparecen cabalmente delimitadas las fronteras entre el Estado de México ―hacia la región de Texcoco y Tlaxcala― y entre Michoacán y el Estado de México, y lo que será más tarde Guanajuato (García Cook, 1976).
Batalla de Aztatlán. Lienzo de Tlaxcala.

Pero el que las fronteras hayan sido definidas no impidió que los combates entre dichos grupos étnicos ―registrados por las fuentes― se hayan realizado ulteriormente a la fecha supuesta. Para la mitad del postclásico las luchas internas por la posesión territorial y política fueron agudas. En la segunda etapa del periodo citado, con la llegada de los Teochichimecas que se radicaron en la región de los Pirindas, se estabilizó la situación, se ratificaron las fronteras, y se conformaron los Señoríos que actuarían como satélites del poder dominante en la Cuenca de México. También eso acaeció en las fronteras de los Señoríos Tlaxcaltecas:

“Inmediatamente antes de la llegada de los españoles la mayoría de los asentamientos mazahuas se encontraban en la región que ahora corresponde al municipio de San Felipe del Progreso así como las regiones circundantes, es decir, el occidente del Valle de México, al norte y al oeste de los Valles de Toluca y de Ixtlahuaca, así como la región de la Sierra de San Andrés, cubriendo además las partes limítrofes con el Estado de Michoacán. Esta región es prácticamente la misma que ocupan en la actualidad”. (Ruiz, 1970, pág. 49)
Batalla de Metztitlán, Lienzo de Tlaxcala.

La realidad indica que el origen de este grupo étnico es difícil de precisar, en gran parte por la escasez de fuentes que investiguen sobre él, así como por lo escueto de las pocas que lo abordan, y especialmente por su frecuente asimilación con los grupos Otomíes (García Samper, 2010). Ejemplos de lo mencionado anteriormente pueden verse en las declaraciones de diversos historiadores, y algunas se presentan a continuación:
Fray Diego Duran, al reseñar cómo Moctezuma El Viejo ordenó distribuir los trabajos para la expedita conclusión del Templo de Huitzilopochtli, dice que: “Los maçahuaques, que es la nación otomí, conviene a saber, chapanecas, xiquipilcas, xocotlancas, cuauhuanecas, maçauacanecas, que es los que llaman cuauhtlaca, mandó que su oficio no fuese otro sino traer arena para el edificio” (Durán, 1967, pág. 231).

En la relación anterior, Durán identifica a los maçahuaques con la nación otomí, y cita pueblos de ambas etnias. Por su parte, Alfredo Chavero consideró que los otomíes fueron divididos por la migración Chichimeca, al pasar por el Valle de Toluca:
“Arrojando unos a su derecha, que son los que ocupan las montañas de nuestro valle, y a la izquierda los otros que son los mazahua vecinos de los tarascos, los que aislados desde entonces modificaron naturalmente su lengua que se convirtió en dialecto”. (Chavero, 1978, pág. 44)
Lamina del Códice Duran Donde se observan las Batallas de los Españoles contra los Indígenas Quienes Atacan Desde dos Cerros Amurallados.

En esta ocasión se observa la sugerencia de que ambos grupos eran unidad, hasta su eventual separación geográfica. Clavijero sugiere que la lengua Mazahua es un dialecto Otomí. Otro elemento que contribuye a la confusión es el topónimo de Xocotitlán, localidad mazahua, porque en un mural está representado en la cima de un cerro Otontecutli Xócotl, deidad Otomí. Sahagún, al hacer una descripción de ambos grupos, enumera varias similitudes (García Samper, 2010).
Si se considera la práctica prehispánica de nombrar los lugares que habitaban conforme al nombre de su principal caudillo, entonces resulta creíble lo mencionado por Bernardino de Sahagún cuando sostiene que los Mazahuas adoptaron el nombre de su primer caudillo: Mazatl Tecutli. Mazahua quiere decir gente del venado, y a la llegada de los españoles habitaban una región conocida como Mazahuacan (de Sahagún, 1979, pág. 201). Por otra parte Ixtlilxóchitl, en su relación de la historia tolteca, diserta:
“Los tultecas fueron los segundos pobladores de esta Nueva España después de los gigantes... Salieron de una ciudad llamada Huey Xalax y la causa de su venida a estas partes fue porque en aquella ciudad tuvieron ciertas disensiones, y halláronse culpables siete caudillos… Y fueron desterrados de toda aquella tierra… Estos siete caudillos, que se llamaban Chalcatzon, Acatl, Ehecatl Coahuatzon, Mazachouatl, Olxiuhcouatl, Tlalpahuitz y Huitz, con todas sus gentes vinieron descubriendo y poblando todas las partes por donde pasaban”. (Ixtlixóchitl, 1985; pág. 209).

A partir de lo anterior podemos entender, como una posibilidad, que el personaje llamado Mazacohuatl haya sido el Mazatl Tecuhtli mencionado por Sahagún. Con respecto a Mazahuacan encontramos información en lo mencionado por Ixtlilxóchitl, que al aludir la repartición de tierras de Xólotl a sus caudillos menciona:
“A Tecpa e Iztaccuauhtli les dio hacia la parte del poniente, dándoles a Amaxahuacan, por cabecera” (Ixtlixóchitl, 1985, pág. 93).

Si tomamos en cuenta que cuando Xólotl llegó a las tierras Toltecas todavía había remanentes de esta nación, es perfectamente posible que esta ciudad haya sido fundada por ellos mismos, antes de la llegada de los Chichimecas. Para reforzar lo anterior se puede recurrir nuevamente a Ixtlilxóchitl cuando dice, con respecto a Xólotl y la repartición de territorio, que:
“Mandó repartir toda la tierra… Dándole a cada noble la gente que le cupo y un pueblo para que fundase con ellos… Poniendo a cada pueblo el nombre del noble que la poblaba, y en los lugares señalados de los tultecas, como eran las ciudades, no quitándoles el nombre”.(Ixtlixóchitl, 1985, pág. 88).

El que los actuales mazahuas hablen una lengua otomí, tiene una posible explicación al remontarse a la época del repartimiento de tierras que realizó Xólotl, pues posiblemente fue en ese período cuando el grupo étnico asimiló la lengua de los recién llegados chichimecas, que eran mayoría. En cuanto a la dominación mexica de estos grupos, nos dice Jiménez Moreno que:
“Durante el reinado de Xólotl se consolidaron tres señoríos que en conjunto se conocen como Acolhuas. El de los tepanecas con capital en Azcapotzalco, y el de los Oto-Mazahuas, regido desde Xaltocan” (Jiménez, 1963, pág. 112).

Al desmembrarse el reino de Xaltocan los Mazahuas terminaron confinados a la región noroeste del Valle de Toluca, donde actualmente habitan. Después de fragmentarse Xaltocan, los Mazahuas tuvieron un lapso breve de independencia que terminó cuando fueron sometidos por Tezozomoc de Azcapotzalco. Al declinar el poderío Tepaneca, con la derrota de Maxtla a manos de Itzcóatl, el vasallaje fluyó hacia los Mexicas, Eso queda demostrado con la participación Mazahua en la construcción del Templo de Huitzilopochtli, por orden de Moctezuma Ilhuicamina. Además, según Jiménez Moreno, el sucesor Axayácatl conquistó algunos pueblos Matlatzincas, Otomíes y Mazahuas, que vivían independientes en el Valle de Toluca (Jiménez, 1963, pág. 194).
El incipiente militarismo prehispánico, que se inició en los albores del postclásico temprano, quedó plenamente consolidado para el postclásico tardío. Ahora la organización regional indígena está afirmada en un conjunto de Señoríos o Cacicazgos ―una especie de Estados Confederados con un poder central― el cual gravita en torno a Huango, para la región que venimos tratando en este apartado. Se observó en esta época la huida de un importante número de militares y la desocupación masiva de la mayoría de las localidades eminentes de la fase anterior. Se nota también la llegada de nutridos grupos, tal vez Chichimecas, provenientes sobre todo de la Cuenca de México y del Sur de Puebla.
El período postclásico suscitó un florecimiento regional con el arribo de estas gentes, sobre todo de los provenientes del sur, que inyectaron nueva cultura al área. Se incrementó la población, explotándose toda la tierra disponible para el cultivo. Se consolidó el poder en manos del estamento militar, ahora ya completamente definido, que incrementó la tendencia de establecer sus poblaciones principales en lugares inaccesibles y de fácil defensa. Se fundó Huango, que desempeñó un importante rol al final del postclásico. El territorio de Michoacán sirvió de refugio, en épocas críticas, al Señor de los Purépechas y a toda su familia.
Los asentamientos insignes de esta fase cultural estaban localizados en la región de Tecamac, Ojo de Agua y Teotihuacán. Fueron construidos en la cima de los cerros, o en laderas bajas cuando existió algún arroyo permanente. En esta fase ya se advierte, con certeza, que Chiconauhtlan estuvo habitada por Otomíes dependientes de Acolhuacan o de Texcoco. Acolhuacan está organizada, en ese momento, como una confederación de pequeños Estados militaristas. Chiconauhtlan desempeñó, incontestablemente, un papel jerárquico dado su enorme extensión territorial y su posición estratégica.
Escena de batalla de un sitio Fortificado.
Fuente: Historia Tolteca Chichimeca.

Los Otopames fueron escudo humano contras los invasores de la región, y por eso surgieron puestos fronterizos como los descritos en este capítulo. Es necesario verificar si estos emplazamientos son verdaderamente fortalezas Acolhuas. Los cerros fortificados presentan plataformas, terrazas habitación, y fosos con muros de contención de lajas y piedra. Estos rasgos arquitectónicos, son muy útiles para determinar cómo funcionaban las guarniciones de control militar en la época prehispánica.