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domingo, 28 de mayo de 2017

Segunda vuelta, ¿ahora sí?



Por PABLO HIRIART


Manlio y Diego no quitan el dedo del renglón, y los perseverantes a veces se salen con la suya: segunda vuelta en la elección presidencial si nadie obtiene más de 42 por ciento de los votos.

Animados por las lecciones francesas, estos dos destacados personajes de la política nacional dieron un nuevo impulso a su propuesta que ha ganado seguidores, pero no ahí donde se tiene el voto de calidad, en Los Pinos.

Sin embargo en el gabinete hay abiertos partidarios de la segunda vuelta y no es imposible que el presidente haya cambiado su percepción.

En lo personal no creo en una segunda vuelta en frío, porque la presidencia no tiene problemas de legitimidad. Y si alguien no quiere reconocer su derrota, como ha sido el caso en México, no lo va a hacer ni en segunda ni en tercera ni en quinta vuelta.

Pero con el candado que le pone Beltrones a la segunda vuelta, que es formar un gobierno de coalición, sí tiene sentido.

Dicen los impulsores de la propuesta que no es equitativo ni práctico para la gobernabilidad del país que un candidato presidencial que gane con 32 o 34 por ciento de los votos emitidos se lleve todo.

Con ese escaso porcentaje el triunfador se queda con todos los puestos en el gabinete, en las delegaciones y en los órganos desconcentrados o el sector paraestatal.

En Francia, luego de ganar claramente en la segunda vuelta, el presidente Emmanuel Macron armó un gobierno de coalición, con los socialistas (interiores y exteriores), conservadores moderados, ecologistas y liberales.

No empieza su gobierno con el 24 por ciento que sacó en la primera ronda (que implicaría el 76 por ciento en contra), y que según la legislación mexicana sería suficiente para tomar posesión como presidente, sino con 66 por ciento y arropado por un amplio abanico ideológico que lo tiene a él como líder.

Las segundas vueltas, por lo general, tienen la virtud de aislar las opciones radicales y fortalecen las posturas de centro.

Todo suena muy bien y es ineludible que México llegue, tarde o temprano, a la segunda vuelta de la elección presidencial.

Pero Manlio, Diego y muchos otros, quieren que esa reforma electoral se realice ya, y que esté lista para la elección el próximo año.

El problema, además de la aparente resistencia en Los Pinos, es que los tiempos están encima.

No se puede cambiar la legislación electoral cuando ya esté en marcha el proceso comicial, que arranca oficialmente en septiembre de este año.

Para que pueda darse esa reforma constitucional tiene que convocarse cuanto antes a un periodo extraordinario del Congreso y sacarla fast track, lo mismo en las legislaturas de los estados.

Y el que va puntero en casi todas las encuestas se haría la víctima al decir que esa nueva arquitectura electoral es para impedir que llegue a la presidencia.

No importa. Que haga berrinche. Pago por ver.

Sin embargo, una segunda vuelta lo puede favorecer a él. Un priista difícilmente votaría por el PAN ni un panista por el PRI.

De todas maneras el intento es bueno. Vale la pena replantearlo y tener un gobierno fuerte a partir del próximo año para enfrentar los grandes retos del país con una base de apoyo más amplia que los treinta por ciento en que parece que nos vamos a mover.

Twitter: @PabloHiriart