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lunes, 24 de abril de 2017

Demagogia migrante… en México


Son literalmente millones los que pueden verse forzados a regresar por la política antimigrante de Trump. Millones que regresarían a una tierra donde no quieren vivir y muchos ajenos a ella, incluso con un español cargado de acento y un bagaje cultural estadounidense. Si tienen un pasaporte verde con un águila es sólo porque no han podido acceder a otro de color azul con, paradójicamente, otra águila estampada.

Donald Trump ha evidenciado a los mexicanos, y sus gobiernos, en su ninguneo con esos migrantes expulsados. Simplemente no existían.

Fueron muchísimos los expulsados por el presidente Obama y sus antecesores. Fue un regreso en las sombras. Actualmente hay reflectores, pero el fondo se mantiene inalterado. México, por sus pobres perspectivas de bienestar futuro y brutal inseguridad, es un expulsor de personas. Una cantidad imposible de estimar son migrantes internos: el que se muda de ciudad o estado huyendo del crimen. Otros optan por buscar naciones más promisorias.

Las acciones ante el posible diluvio de expulsados muestran a gobierno y sociedad con pobreza de visión y riqueza en demagogia. El gobierno habla de ofrecer a los expulsados lo que no puede dar a los que aquí están, sobre todo en materia de educación y trabajo. Casi parece una burla.

La oleada de migrantes muestra, no que hiciera falta, el desastroso mercado laboral mexicano. El formal, esto es, el normado por leyes y reglamentos que lastran tanto la creación como la destrucción del empleo. No por nada la mayoría de los trabajadores en México son informales. No porque así lo quieran, sino porque la sombra de la ilegalidad es el recurso último para muchos emprendedores que no pueden permitirse papeleos y otros costos.

La solución no está en inspecciones de la Secretaría del Trabajo obligando a empresas a regularizar trabajadores. Tampoco en oficinas burocráticas (no deja de ser irónico) que promueven el 'emprendimiento'. Acciones como facilitar revalidaciones de estudios de migrantes son bienvenidas, pero menores comparadas con lo que realmente se necesita con urgencia.

Esto es liberalizar, radicalmente, el mercado laboral: reducir los costos de contratación, pero sobre todo de despido. Eliminar la pesadilla que es tener, como espada de Damocles, los onerosos costos de liquidación legal de trabajadores cuando éstos son inadecuados o cuando, a pesar de ser excelentes, el negocio enfrenta otros problemas que implican el imperativo de reducir la planta laboral. Porque no hay mayor motor de creación de trabajos que permitir su destrucción. Eso se demuestra todos los días, precisamente, en Estados Unidos.

Hay otra demagogia migrante que ojalá el gobierno y sociedad de México un día eliminen: fingir que los migrantes temporales en el país, sobre todo centroamericanos, no existen, mientras que en realidad su tránsito por el territorio nacional es un infierno de extorsión, violación (de las mujeres) y muerte. No sólo Trump es un experto en demagogia migrante.