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martes, 10 de enero de 2017

Los pactos ya no son como antes


Por Salvador Camarena


En Los Pinos tuvieron semanas para preparar una puesta en escena, la firma de un pacto entre sectores productivos, y ni así pudieron lograr un mensaje de unidad para un momento que se sabía crítico: el enojo por la liberación de los precios de los combustibles.

Ayer aprendimos que los pactos ya no son como antes. La Coparmex se dio el lujo de mandar al presidente Peña Nieto a por los chicles con su pretendido acuerdo. ¿Ello ocurre porque la patronal es más fuerte que el mandatario? Eso sería muy grave. ¿No será más bien que los del gobierno no supieron amarrar los términos de la firma?

Si iba a resultar inevitable comparar este acuerdo –tan genérico y retórico que no merece la pena ni aprenderse su nombre– con los pactos de los ochenta, ¿no habría sido oportuno tomar apuntes de lo que según Miguel de la Madrid hizo que el Pacto de Solidaridad Económica jalara (en la medida en que jaló, porque ya sabemos que luego sobrevino la crisis política tras la elección del 88)?

¿Qué le costaba al gobierno federal mandar a alguien al Fondo de Cultura Económica por un volumen de Cambio de Rumbo, Testimonio de una Presidencia, 1982-1988, que no es otra cosa que una memoria en primera persona de los tiempos de De la Madrid?

Si así lo hubieran hecho, y descontado el autobombo en que llega a incurrir el colimense, a partir de la página 771, situada en diciembre de 1987, habrían podido leer esto:

“En el terreno político surgieron mayores posibilidades de conflictos y de radicalización de la discusión política (…). Lo único que podía salvarnos era el temor al conflicto.

“Echeverría me dijo: ‘mire, lo que usted tiene que hacer es poner a las partes a platicar.

“La idea inmediatamente me hizo efecto. Sentí que tenía que desarrollarla.

“Pedro Aspe y Gustavo Petricioli me presentaron la parte teórica del pacto (…) se trataba de un planteamiento complejo, bien estudiado, producto del seguimiento (…) de los planes de choque en todo el mundo (…) de manera que no se trataba de una propuesta sacada de la manga, sino de una prueba de la capacidad del Estado para prever circunstancias extraordinarias.

“La actitud positiva de los sectores estuvo determinada por su temor de que se agravara la situación, con el riesgo de llegar a la anarquía.

“La negociación con los empresarios es mucho más difícil (…). Propuesta que hacíamos, propuesta que (el CCE) tenía que llevar a los empresarios, consultar y traernos la respuesta (…). Negociar con ellos requiere una maniobra mayor.

“Habrá desánimo en todos los sectores, vamos a requerir de mucho esfuerzo para salir adelante. Sólo en la medida en que estemos conscientes de ello tendremos alguna posibilidad de éxito.

“El éxito del pacto será, esencialmente, un éxito político. El éxito económico será sólo una consecuencia de ello.

“El factor intangible, subjetivo, que permitió la aceptación del pacto fue la oportunidad sicológica que la misma crisis creó: la gente estaba asustada, temía el conflicto social y el endurecimiento político.

“Hay que tener metas concretas. Sólo así puede evaluarse la capacidad real de acción del gobierno”.

Al releer a De la Madrid es claro que a nivel económico la crisis de los ochenta era mucho, mucho más grave que la actual. Sin embargo, surge la duda sobre si la crisis política no era tan grave como la actual. Con el agravante de que a De La Madrid la patronal no le hizo el feo, y menos en público.

Esto es cada día más preocupante.