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viernes, 13 de enero de 2017

La gallina


MACARIO SCHETTINO


Pues dijo el presidente Peña Nieto, en referencia al petróleo, que se nos fue muriendo la gallina de los huevos de oro, y rápidamente fue motivo de burlas y críticas. Unos, haciendo mofa del término, como se acostumbra en México, con tal de no tomar en serio nada; otros, afirmando que no debería ser sorpresa el fallecimiento de la gallina, puesto que es resultado de que se han robado todo. Más aún, hay quienes sostienen que se trata de un asesinato, y no muerte natural, puesto que desde el gobierno (me imagino que la mafia del poder) se fue desmantelando Pemex hasta llegar a la tragedia actual.

Siempre es más fácil burlarse, acusar robos o conspiraciones, que tratar de entender qué ha ocurrido. En realidad, como ya hemos insistido en varias ocasiones, México no es un país petrolero como lo imaginamos. Sin duda tenemos recursos, tanto en tierra como en aguas someras y profundas, así como mantos de gas, incluyendo gas de lutitas. Pero no contamos con mantos inmensos como los de Arabia Saudita, Irak o Venezuela. Tuvimos uno de ese nivel, que se llama Cantarell, que fue la causa del entusiasmo de López Portillo y su círculo cercano de desarrollistas. Fue esa promesa de “administrar la abundancia” que se convirtió en la peor crisis económica de la historia moderna.

Desde 1981 extrajimos petróleo en abundancia de ese manto, alcanzando el máximo en diciembre de 2003, con 2.2 millones de barriles diarios (mbd) en el activo Cantarell, de los cuales 2.1 millones eran del puro campo Akal, el Cantarell original, para un total nacional de casi 3.5 mbd. En noviembre pasado, último dato disponible, la producción del activo fue de 200 mil barriles, de los que Akal aportó 62 mil, y el total nacional apenas superó dos mbd. Desde los primeros barriles que produjo Cantarell ya de manera estable en 1979 hasta el cierre de 2016, según mis cuentas, este activo ha aportado 14 mil 650 millones de barriles. Eso no es una gallina, es un avestruz.

Quienes afirman que Pemex fue abandonado en los últimos 20 años (me imagino que los años del neoliberalismo, como dicen), tienen que explicar entonces por qué fue en este periodo que la inversión en esa empresa fue muchas veces superior a lo invertido en toda la historia previa. De 1999 a 2016 se invirtieron 273 mil millones de dólares en Pemex, más de 16 mil millones de dólares por año. Lo que sí pasó, y no comentan esos críticos, es que durante buena parte de ese tiempo Pemex Refinación perdió el equivalente a la mitad de lo que se invertía. No por intentos de desmantelar desde el gobierno, sino por la ineficiencia y corrupción acumulada gracias al sindicato y a parte de los directivos de la empresa.

Nos quedan los que afirman que hubo personas que se robaron todo lo que aportó Cantarell. Vale la pena recordarles que somos uno de los países en los que el gobierno recauda menos. Durante todos esos años (y hasta 2013), la recaudación por impuestos sumaba entre 9.0 y 10 por ciento del PIB, cada año, mientras los gastos del gobierno estaban entre 20 y 22 por ciento del PIB. Más de la mitad de la diferencia la cubrían los ingresos petroleros, con entre seis y siete puntos cada año. Es decir, Cantarell financió lo que los mexicanos no quisimos pagar, desde 1981 y hasta 2013. A partir de 2014, el hundimiento simultáneo del precio internacional y la producción nos ha puesto en una situación complicada, y ahora todos se quejan. Bueno, viene de antes como puede ver.

Así que ya no hay más gallina…