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lunes, 30 de enero de 2017

Humor presidencial





El Privilegio de Opinar
Manuel Ajenjo



EL PRIVILEGIO DE OPINAR Por: Manuel Ajenjo
Murió el político Humberto Romero Pérez. Fue Secretario de prensa del presidente Adolfo Ruiz Cortines y, poderosísimo, Secretario Particular del presidente Adolfo López Mateos. Poco antes de morir dio a la luz un libro: Los dos Adolfos, en el que narra su trayectoria al lado de estos dos presidentes. Don Humberto consignó en el libro una anécdota de Ruiz Cortines que lo pinta como un político perspicaz poseedor de un cruel sentido del humor: Francisco Galindo Ochoa pretendía ser Gobernador del estado de Jalisco. Eso lo sabía el omnipotente Presidente que había pensado en otro candidato pero que citó a don Pancho en su despacho.
Cuando éste recibió el aviso creyó que iba a decirle que él era el bueno. “Pancho, váyase usted a Guadalajara, pero no se vaya en avión. Tómese un gabinete en el tren Pullman que sale a las 7 de la noche. Enciérrese y no le abra a nadie”- fueron las órdenes de Ruiz Cortines. Con estas palabras el aspirante estuvo más que convencido de su candidatura. Cuando Pancho llegó a Guadalajara, no había pancartas ni manifestación en su favor.
El PRI acababa de destapar al licenciado Ramírez Valdés. El Presidente le había tomado el pelo a Galindo Ochoa que regresó echando pestes. Días después Romero le comentó a don Adolfo. “Señor, Pancho anda diciendo groserías de usted... ¡Y sabe muchas!- fue la respuesta del socarrón Mandatario.
ADOLFO, EL VIEJO
Recuerdo dos anécdotas que alguna vez leí de Ruiz Cortinez: don Adolfo fue candidato a la Presidencia de la República a los 62 años. Sucedería al licenciado Miguel Alemán que fue Presidente a los 46. La diferencia de edades era notoria, más aun si consideramos lo jacarandoso de don Miguel que contrastaba con lo austero de don Adolfo. Ávido de saber lo que el pueblo pensaba de él, interrogó a su colaborador el doctor Treviño Zapata:
“¿Qué nuevos cuentos o chismes se andan contando por ahí de mí?”. Pues lo de siempre señor -dijo el médico- que si ya está usted viejo, que si ya tiene muchos años, que si ya no... Don Adolfo lo interrumpió para decirle:
“Bueno, ¿me quieren para que los gobierne o para semental?”.
Un chiste de ese tiempo: camina Ruiz Cortines por una calle de la ciudad de México, un pordiosero le pide una limosna. El Presidente mete la mano al bolsillo del pantalón que está roto. ¿Pasitas? -piensa- ¿cuándo compré pasitas?
La otra anécdota ocurrió cuando Ruiz Cortines tuvo que nombrar a su sucesor. Tortuoso y taimado como era les hizo creer a todos que el elegido sería su Secretario de Agricultura Gilberto Flores Muñoz -el mismo que años después muriera asesinado por su nieto. Desde 1929 y hasta 1994 el gobierno mexicano tuvo un inútil periódico llamado El Nacional por el que desfilaron plumas altamente prestigiadas pero que por su carácter de oficial -especie de Hora Nacional de la prensa escrita- nadie leía. Cuando el nombre de Flores Muñoz se escuchaba por todos lados como el bueno para ser ungido, el director de dicho periódico le insinuó a don Adolfo que le diera la oportunidad de publicar en el diario del gobierno la noticia de que los ánimos presidenciales se inclinaban por la candidatura de don Gilberto. La respuesta del Presidente fue contundente: “Está bien, publíquelo pero no se lo platique a nadie.
GDO
En Los dos Adolfos, el licenciado Romero -apodado El Chino- cuenta de cómo metió la pata que le costó 14 años de ostracismo político por haberse burlado en más de una ocasión de Gustavo Díaz Ordaz -sucesor de López Mateos- al que por su fealdad le puso Tribilín, cosa que jamás le perdonó.
A propósito de lo anterior, recién leí en el magnífico ensayo sobre el humor de Rafael Barajas El Fisgón, “Sólo me río cuando me duele”, que siendo ya candidato Díaz Ordaz visitó a López Mateos en Los Pinos, solícito Romero Pérez lo recibió: “Don Gustavo, ahora mismo lo atiende el Presidente”, Díaz Ordaz con ironía le dijo: “Tribilín, a mí llámame Tribilín”.
Dicen que don Gustavo tenía mucho sentido del humor. Es proverbial que en una ocasión alguien insinuó que los poblanos tenían dos caras, él, que era poblano, respondió: “Usted cree que si yo tuviera dos caras usaría ésta”.
El licenciado Fernando López Arias, tenía la cara chueca, era más feo que un coche por debajo. Fue Gobernador de Veracruz cuando Díaz Ordaz era Presidente.
Como tal recibió la visita del Primer Mandatario en el puerto jarocho. Poco antes del arribo presidencial se desató un “norte” de los que azotan esa parte del país. “Caray, señor Presidente, es una lástima que los días estén tan feos” -le dijo a la manera de disculpa el Gobernador al visitante. A lo que el poblano replicó: “Y acaso los López están muy bonitos”.
ÁLVARO OBREGÓN
El Manco de Celaya tenía gran sentido del humor que sumado a la picaresca un tanto cuanto cínica de los hombres de la Revolución produjo anécdotas como la siguiente: gobernaba el país el sonorense cuando la Ford Motor Company estableció su primera agencia en el país.
El gerente de la firma estadounidense tenía la consigna de la casa matriz de regalarle un automóvil al Presidente.
Con esa intención el gringo se presentó ante el General en el Castillo de Chapultepec donde residía. “Señor, tengo órdenes de regalarle uno de nuestros automóviles para que usted compruebe la calidad de la marca Ford”, fueron más o menos las palabras del gerente.
Amigo, eso no es posible -replicó el revolucionario- parecería que usted quiere sobornar al Presidente de México. Sí me interesa tener uno de sus autos pero no regalado.
Entonces se lo voy a vender –dijo el gringo astutamente- cuesta 1 peso. Siendo así -dijo Obregón sacando con dificultad la cartera- véndame de una vez dos.