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domingo, 22 de enero de 2017

El militante y el arrogante

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Por Alejandro García Olmos
Es evidente que el sistema de partidos está colapsando, sin embargo los análisis siempre son fuera de estos, jamás de analiza desde una introspectiva de ellos, pues los encargados de hacerlo, bajo ninguna circunstancia violan la legendaria pero dañina corrección política.
Hay quienes afirman que pasara mucho tiempo aún para que el sistema de partidos caiga y se de paso a la era de gobernantes “independientes”, pero creo que el problema de la ineficacia de los agremiados de los partidos políticos incrustados en las escalas del poder (una de las causa de la crisis del sistema de partidos), radica, en su falta de formación, los vicios que se reproducen, la falta de formación de generaciones y sin lugar a dudas la imposición de candidatos sin militancia comprobada. La cicuta la han bebido todos los institutos políticos de nuestro país, ninguno se salva.
Derivado de lo anterior podríamos pensar que el problema es solamente interno (que en realidad es la “punta de iceberg”), pero también ataca las fibras sociales. Postular a alguien sin experiencia, formación ni militancia a cargos de elección popular, en el ejercicio de gobierno o en tareas partidistas tales como la dirección de los institutos políticos, es una de las razones por la cuales el descontento social a crecido en la última década de nuestra vida pública. La sociedad ya no está para improvisaciones, es decir no solo es injusto para los demás militantes del partido político que utiliza esta técnica de subsistencia en el poder, sino que existen altas probabilidades de que el improvisado postulado fracase y lo hagan en base a su desconociendo, solo que esta vez no se trata de un ensayo, la terrible situación versa en el manejo de partidas presupuestales, programas de desarrollo social, recursos destinados a la infraestructura y un sinfín pérdidas irreparables para el horario público. Al ciudadano le importa poco si esta persona, salto de un momento a otro a la escena política, lo que espera es resultados, pero temo que el supuesto impulsado al poder, no está preparado para los retos que nuestra sociedad tiene delante, retos reales.
Los partidos políticos ya no se dan la oportunidad de formar nuevas generaciones, pareciera que son una espacie de outsourcing, que rentan a personas para que se encarguen de los problemas de las ciudades, inventan a personas que no tardan mucho en demostrar que la decisión de candidatearlos en las competencias electorales, nunca fue buena, pues para los individuos que llegan de manera fácil , también les es fácil comportarse con arrogancia, irremediable frivolidad y varios resultan ser hasta abyectos. Sin darse cuenta que la ciudadanía acusa de recibo esos errores y su venganza es la más legítima: en las urnas. Efectúan estas acciones porque nuestra endeble democracia se los permite.

Disrumpir las filas de los partidos políticos, denostar los talentos formados dese hace años, no respetar las militancias, es siempre el suicido de cualquier clase política,

Así la imposición, franquea el horizonte democrático, así los que ocupan las posiciones secuestradas, cumplen con el lapso constitucional ocupando el espacio y al terminar son remplazados por alguien con características similares, formar una clase política fuerte, pujante y que se vacuna así misma con el remplazo generacional, se convierte en imposible.